lunes, 13 de enero de 2025


 Newton

  Si está usted bajo mucho estrés —como ocurre cuando está traumatizado por algún acto de violencia, una violación, un abuso o un accidente grave— es muy posible que entre en estado de pánico, estalle, y pierda el control por un tiempo, sintiendo que se está volviendo loco y actuando de forma extraña. Por grave que sea, en general tenderá a superarlo y a recuperar el control de sus pensamientos y acciones, pasado un tiempo del primer efecto del trauma. Temporalmente, sin embargo, y especialmente en casos de acontecimientos traumáticos inesperados, pasa por tal estado de shock que no puede pensar con claridad. Afortunadamente, estos casos son excepcionales. En términos generales, su cerebro y su sistema nervioso central funcionan bastante bien y tiene usted capacidad para elegir sus pensamientos, sentimientos y acciones —¡a condición, claro está, de que así lo crea!—. Si usted cree que todo ello está fuera de su control y que actúa usted completamente a merced de sus pensamientos y emociones, es probable que provoque precisamente ese resultado. Teóricamente, usted está capacitado para modificar sus pensamientos, emociones y conductas, pero es posible que esté convencido de que no lo puede hacer y, por tanto, se rinda y se deje controlar por ellos. Así por ejemplo, puede que piense que no hay forma alguna de frenar la ansiedad o el pánico, y entonces deje de luchar y permita que éstos invadan su vida. En realidad es usted capaz de hacer algo al respecto, incluso cuando se encuentra en grave estado de pánico, pero sigue pensando que no puede hacer nada y acaba teniendo pánico de su pánico. ¡Entonces sí que se arma una buena y pierde del todo el control!

Albert Ellis

 



 Las personas más bellas 

con las que me he encontrado 
son aquellas que han 
conocido la derrota, 
conocido el sufrimiento, 
conocido la lucha, 
conocido la pérdida, 
y han encontrado su forma 
de salir de las profundidades. 

Estas personas tienen 
una apreciación, 
una sensibilidad y 
una comprensión de la vida 
que los llena de compasión, humildad y 
una profunda inquietud amorosa. 
La gente bella no surge de la nada.

Elisabeth Kübler Ross

domingo, 12 de enero de 2025


 Medusa

 “Yo he tenido muchos profesores de literatura. Pero he tenido solamente un maestro. Y ese maestro fue mi padre. Me acuerdo que un día me dijo: «Tú sabes que hay un escritor que es mejor que Dumas, y que se llama Balzac. Y hay un escritor que es mejor que Balzac, y que se llama Flaubert. Y un escritor mejor que Flaubert, y que se llama Stendhal. Y un escritor mejor que Sthendal, y que se llama Proust.» De este modo abría para mí un panorama de lecturas verdaderamente ilimitado. Esta yo creo que fue una de las circunstancias principales que forjó y fomentó mi vocación de escritor”.

Julio Ramón Ribeyro



 

 Como los estoicos valoraban la tranquilidad y tenían presente el poder de los demás para alterarla, podríamos esperar que hubieran vivido como eremitas y que nos aconsejaran hacer lo mismo, pero no hicieron tal cosa. Creían que un ser humano era, por naturaleza, un animal social y que tenemos el deber de formar y mantener relaciones con otras personas, a pesar de los problemas que puedan derivarse de ellas.

 En las Meditaciones , Marco Aurelio explica la naturaleza de este deber social. Los dioses, dice , nos crearon por una razón: nos hicieron, señala, «para cierto deber». Así como la función de una higuera es cumplir con la tarea de la higuera, la función de un perro es cumplir con la tarea del perro y la función de la abeja es cumplir con la tarea de la abeja, la función de un ser humano es cumplir con la tarea del ser humano; esto es, realizar la función para la que los dioses nos han creado. 

 ¿ Cuál es, pues, la función de un ser humano? Los estoicos piensan que nuestra función primordial es ser racionales. Para descubrir nuestras funciones secundarias, tan solo hemos de aplicar nuestra capacidad de razonamiento. Descubriremos que hemos sido diseñados para vivir entre otras personas de modo mutuamente ventajoso; descubriremos, dice Musonio, que «la naturaleza humana se asemeja a la de las abejas. Una abeja no puede vivir sola: muere si se queda aislada».  Descubriremos, como señala Marco Aurelio, que «el compañerismo es el propósito que se oculta detrás de nuestra creación». Así pues, una persona que cumple con la función de ser humano será racional y social. 

 Para cumplir con mi deber social — mi deber con los de mi especie — debo preocuparme por toda la humanidad. Debo recordar que los seres humanos hemos sido creados para los demás, hemos nacido, dice Marco, para trabajar juntos, como hacen nuestras manos o nuestras pestañas. Por lo tanto, en todo lo que hago mi objetivo debe ser «el servicio y la armonía de todo». Más exactamente, «estoy obligado a hacer el bien a mis hermanos humanos y a tolerarlos». 

 Y cuando cumplo con mi deber social, afirma Marco Aurelio, debo hacerlo en silencio y con eficiencia. Idealmente, un estoico debe ser tan inconsciente de los servicios que presta a los demás como la vid cuando ofrece un racimo de uvas al viticultor. No se jactará del servicio servicio que acaba de prestar, sino que realizará el siguiente servicio, tal como la vid sigue produciendo uvas. Por lo tanto, Marco Aurelio nos aconseja cumplir con resolución los deberes para los que los seres humanos hemos sido creados. Nada más, dice, debería distraernos. De hecho, al despertar por la mañana, en lugar de yacer perezosamente en la cama, hemos de levantarnos para cumplir con las tareas propias del ser humano, aquellas para las que fuimos creados.

Willian Irvine

sábado, 11 de enero de 2025


 García Márquez

 "En lo más profundo de sí mismo, Tsukuru Tazaki lo comprendió: los corazones humanos no se unen sólo mediante la armonía. Se unen, mas bien, herida con herida. Dolor con dolor. Fragilidad con fragilidad. No existe silencio sin un grito desgarrador, no existe perdón sin que se derrame sangre, no existe aceptación sin pasar por un intenso sentimiento de pérdida. Ésos son los cimientos de la verdadera armonía."

Haruki Murakami 

 



 Lady Mary no pensaba igual. Su posición como esposa del embajador posibilitó su amistad con algunas de las principales mujeres de la ciudad, nobles elegantes que le abrieron la puerta de sus habitaciones, sus baños, su comida, sus costumbres y sus pensamientos. Llegó a comprender que el sistema otomano — en el que las mujeres vivían en serrallos estrictamente femeninos, separadas durante los actos religiosos y a las que se les negaba participar en política — era visto por las mujeres menos como una cárcel y más como un camino hacia una clase peculiar de libertad. Sus nuevas amigas no parecían intimidadas o marginadas; eran cultas, inteligentes, parecían muy felices y estaban empoderadas de formas que nunca hubiera imaginado. Sí, una gran parte de su tiempo lo pasaban con otras mujeres, pero dentro de ese mundo eran más libres que muchas europeas, libres para poder opinar y para poderse expresar como deseasen. Eran inteligentes y estaban bien informadas. Establecían una fuerte amistad entre ellas basada en el afecto. Acabó viéndolas como expertas ejerciendo el poder de forma indirecta. Eran mujeres que llevaban vidas plenas, aunque muy diferentes a las de las modernas mujeres europeas, quienes, demasiado a menudo, pasaban su tiempo compitiendo con otras mujeres por el poder y la atención en un mundo de hombres.

Y eran libres con sus cuerpos. Se quedaron asombradas al ver la armadura que llevaba lady Mary, su pesado vestido y sus ballenas y corsés rígidos; ella, en cambio, se asombraba de su desnudez despreocupada a la hora del baño. Una de las muchas pequeñas cosas que atrajeron su atención fue que la piel de las mujeres islámicas fuera tan hermosa y careciese de marcas. ¿Dónde estaban sus cicatrices de la viruela?

Al final descubrió cuál era la razón, y, en 1717, escribió una carta sobre ello: «Voy a contarle una cosa que hará que le entren ganas de estar aquí. La viruela, tan letal y común entre nosotros, aquí es completamente inocua, por la invención de la variolación, que es como se llama lo que hacen. Hay un grupo de ancianas que se gana la vida realizando la operación, cada otoño, durante el mes de septiembre, cuando el calor ha menguado. Preguntan a la gente si algún miembro de su familia quiere pasar la viruela; hacen fiestas con ese propósito y, cuando los reúnen (habitualmente quince o dieciséis juntos), las ancianas aparecen con una cáscara de nuez llena de la materia de la mejor clase de viruela y preguntan qué vena quieres que te abran. Inmediatamente, una de ellas abre con una aguja la vena que le has ofrecido (lo que no te duele más que un arañazo común) e introduce en ella toda la materia que puede caber en la cabeza de su aguja y, después de eso, tapona la pequeña herida con un pedazo hueco de cáscara. [...] Los hijos o los pacientes jóvenes juegan juntos el resto del día y hasta el octavo día están en perfecto estado de salud. Luego la fiebre empieza a subirles y guardan cama dos días, muy pocas veces tres. Rara vez les salen veinte o treinta manchas en la cara, pero nunca les dejan marca, y en ocho días están tan bien como lo estaban antes de la enfermedad. No hay ningún ejemplo de alguien que haya muerto durante ese proceso, y créame cuando le digo que la seguridad de este experimento me parece satisfactoria...».

Esta fue una de las primeras descripciones occidentales de lo que hoy llamamos inoculación.

Thomas Hager

viernes, 10 de enero de 2025


 Foucault


 

 En algunos sectores del cristianismo incluso se llegó a sospechar profundamente de los libros y los textos escritos, que podían estar repletos de errores y recoger transacciones con el mundo de lo oculto. En el relato que el historiador pagano Amiano Marcelino nos dejó de las acciones de Valente, el emperador oriental del siglo IV que organizó una persecución de las prácticas paganas, leemos que «en todas las provincias orientales, los propietarios de libros, temerosos de correr un destino similar, quemaban sus bibliotecas, tan grande era el terror que se había apoderado de todos».[1143] Su editor comentaba que «Valente redujo en gran medida nuestro conocimiento de los autores antiguos y, en particular, de los filósofos». Varios observadores señalan que los libros dejaron de circular y que el estudio se convirtió cada vez más en un dominio exclusivamente eclesiástico.[1144] En Alejandría alguien advirtió que «la filosofía y la cultura viven actualmente su momento de más horrible desolación». Edward Gibbon cuenta un relato según el cual el obispo Teófilo permitió que la biblioteca de la ciudad fuera asaltada y anota que «casi veinte años después, el aspecto de los anaqueles vacíos motivaba la indignación y el pesar de todo aquel cuya mente no estuviera completamente ensombrecida por el prejuicio religioso». Basilio de Cesarea lamentaba la forma en que la discusión se había atrofiado en su ciudad natal. «Ya no celebramos reuniones ni debates ni encuentros de hombres sabios en el ágora, ya no tenemos nada de lo que en otro tiempo hizo a nuestra ciudad famosa».[1145] Charles Freeman nos dice que a finales del siglo VI, cuando Isidoro de Sevilla empezó a reunir su colección de Etimologías, un compendio de conocimientos sagrados y seculares, ya era difícil localizar los textos de autores clásicos, a pesar de que en su caso, como veremos, Isidoro contaba con una biblioteca propia. «Los autores eran», dice, «como colinas azules en el horizonte y resultaba difícil incluso ordenarlos cronológicamente».

Peter Watson 


 

jueves, 9 de enero de 2025


 Rousseau



 

 "Un libro, piensas, es una cajita milagrosa: puedes meterlo en el bolsillo de tu abrigo y en él caben, sin embargo, muchas más cosas de las que existen en el mundo".

Roald Dahl 



 

 Una de las anécdotas más famosas relacionadas con Gauss y su capacidad matemática ocurrió cuando era niño. Según cuenta la historia, tenía tan solo 10 años cuando su maestro de escuela les asignó la tarea de sumar los números del 1 al 100. Mientras sus compañeros se afanaban en realizar la tediosa suma, Gauss sorprendió a todos al entregar la respuesta correcta en tan solo unos segundos. ¿Cómo lo hizo? Porque se percató de una propiedad matemática que le permitió simplificar el problema. Observó que si se sumaba el primer número (1) al último (100), el segundo (2) al penúltimo (99) y así sucesivamente, se obtenía siempre un resultado de 101. Al darse cuenta de esto, el pequeño genio simplemente multiplicó 101 por la cantidad de pares de números que había (50 en total) y obtuvo el resultado correcto: 5050.

miércoles, 8 de enero de 2025


 


 Aristóteles

 Dijo una vez Haruki Murakami: "A veces, el destino es como una tormenta de arena que te sigue donde vayas. Intentas escapar, pero siempre te alcanza. No puedes huir, porque esa tormenta eres tú mismo. Todo lo que puedes hacer es atravesarla, paso a paso, sabiendo que te herirá, que dejará marcas profundas. Pero cuando termine, ya no serás la misma persona que entró. De eso se trata la tormenta."


 

martes, 7 de enero de 2025

 «El origen de la palabra bárbaro es griego y a lo largo de la antigüedad clásica adquirió los tres significados principales que ha conservado hasta nuestro días: uno etnográfico, uno político y uno ético». Por ejemplo, Homero lo emplea en la Ilíada para referirse a los carios de Asia Menor, de los que dice que «hablan de modo bárbaro», con lo que quería decir que no se les entendía lo que decían (sin embargo, a diferencia de otros autores de la antigüedad no desdeña a los extranjeros por ser «mudos», y tampoco compara su lengua con «los parloteos de las aves o los ladridos de los perros», como tantos otros de China a España hicieron).  Con el paso del tiempo, la opinión que los griegos tenían de sí mismos cambió a medida que los progresos realizados en filosofía, ciencia, arte y política empezaron a madurar. Entonces empezaron a pensar en sí mismos como el «pueblo ideal» y a ver a sus enemigos como almas inferiores. En el año 472 a. C., durante las guerras con Persia, Esquilo desdeña a sus enemigos y los califica como «bárbaros», en parte porque «hablan como caballos», pero principalmente porque piensa que sus tradiciones políticas son primitivas: apenas eran algo más que esclavos subyugados por un militar oriental tirano, y no disfrutaban de las libertades con que contaban los griegos. «Bárbaro» había dejado de ser un término neutral para convertirse en un insulto.

El significado cambió una vez más durante el período helenístico, cuando la cultura griega y el gobierno romano coexistieron en el Mediterráneo oriental. En esta época, cuando el hombre empezó a ser juzgado por su humanidad y sus hábitos éticos y sociales, más que por sus conquistas militares, el término bárbaro pasó a designar a quienes eran rudos y crueles y carecían de educación. Según Arno Borst, ésta era la forma en que Cicerón entendía la palabra barbarus, y es por ello que las élites romanas, formadas en la cultura helénica, vilipendiaban a los cristianos, a quienes consideraban primitivos, enemigos del imperio y bárbaros. (Los primeros cristianos, como hemos señalado, aceptaban orgullosos el insulto: «Sí, somos bárbaros», afirmó Clemente de Alejandría). Todos estos significados, sin embargo, resultaban pálidos a la hora de describir a los pueblos germánicos que invadieron el recién cristianizado imperio en el siglo V. El término revivió entonces, pero «magnificado hasta significar lo satánico». «Las tribus germánicas invasoras hablaban dialectos incomprensibles y su poder era básicamente militar, eran gente robusta, como los campesinos, que despreciaba la civilización urbana y cuyas supersticiones paganas rechazaba el cristianismo»
Peter Watson 

 



 5. Si convierto la autosuficiencia en una necesidad desesperada, dependeré constantemente del extremo en que la esté logrando a cada momento. 

6. Considerar sagrados a los demás es perderme y estar siempre necesitado. Considerarme sagrado a mí mismo supone dejar de ser capaz de apreciar realmente a los demás y de relacionarme con ellos. Cualquiera de las dos opciones me creará ansiedad, puesto que ni yo ni los demás somos dioses ni llevamos vidas constantes. 

7. Querer y ayudar a los demás no me convierte en buena persona, pero es una de las cosas más gratificantes que puedo hacer. Me impedirá estar demasiado pendiente de mí mismo y actuar como si fuera el centro del universo. 

8. Querer a los demás y a mí mismo no son objetivos incompatibles, sino que, por el contrario, pueden ser una doble fuente de interés y placer vital. 

9. Si trato de comprender el punto de vista de los otros, teniendo en cuenta sus objetivos y propósitos, entenderé mejor su conducta y no me disgustaré tanto con ella. Los comprenderé mejor y disfrutaré más con ellos. 

10. A menudo compararé mis rasgos y cualidades con los de los demás para ver cómo mejorar, si puedo. Sin embargo, no me compararé globalmente con ellos como personas. Simplemente, veré que a veces tienen mejores cualidades que yo y otras no. 11. Procuraré entender mejor a los demás y así, además, aumentarán las probabilidades de que ellos me entiendan a mí.

Albert Ellis


 

 Tú no te irás, mi amor, y si te fueras, aún yéndote, mi amor, jamás te irías…


RAFAEL ALBERTI MERELLO

lunes, 6 de enero de 2025



 

 El verdadero deber del filósofo que soporta en sus hombros el peso de la civilización consiste, por lo tanto, en promover la revolución con la habilidad técnica especial que sólo él domina, es decir, mediante la guerra intelectual.

Su tarea estriba en sacudir a los hombres de su indolencia y letargo, en barrer, con ayuda de sus armas críticas, las inútiles instituciones que obstruyen el progreso de modo semejante a como los filósofos franceses socavaron el anden régime no más que con el poder de las ideas. No ha de recurrirse a la violencia física o a la fuerza bruta de las masas: apelar a la multitud, que representa el nivel más bajo de la conciencia de sí mismo alcanzada por el Espíritu entre los hombres, es emplear medios irracionales que sólo pueden producir consecuencias irracionales; una revolución de ideas engendrará por sí misma una revolución en la práctica: Hinter die Abstraktion stellt sich die Praxis von selbst (Tras la teoría abstracta, la praxis se materializa por sí misma). Pero como estaba prohibida la difusión de folletos políticos, la oposición se veía reducida a abrazar métodos de ataque menos directos, y así las primeras batallas contra la ortodoxia se libraron en el terreno de la teología cristiana, cuyos profesores habían tolerado hasta entonces, y en cierto modo hasta alentado, una filosofía que se había revelado eficaz para sustentar el orden existente. En 1835 David Friedrich Strauss publicó una vida crítica de Jesús en la que el nuevo método crítico se utilizaba para mostrar que algunas partes de los Evangelios eran pura invención, al paso que consideraba que otras no representaban hechos, sino creencias semimitológicas acariciadas en las primeras comunidades cristianas, como un estadio en la evolución de la conciencia de la humanidad, y abordó todo el tema como un ejercicio de examen crítico de un texto históricamente importante, pero no merecedor de confianza. Su libro provocó una tormenta inmediata no sólo en los círculos ortodoxos, sino también entre los jóvenes hegelianos, cuyo representante más prominente, Bruno Bauer, entonces profesor de teología en la Universidad de Berlín, publicó varios ataques contra él desde el punto de vista de un ateísmo hegeliano aún más extremo, negando de plano la existencia histórica de Jesús e intentando explicar los Evangelios como obras de pura ficción, como la expresión literaria de la «ideología» dominante en su tiempo, como el punto más alto alcanzado en aquel período por el desarrollo de la Idea Absoluta. En general, las autoridades prusianas miraban con indiferencia las controversias sectarias entre los filósofos, pero en esta disputa ambos bandos parecían sustentar opiniones subversivas en lo tocante a la ortodoxia religiosa y, por lo tanto, con toda probabilidad, política. El hegelianismo, al que hasta entonces se había dejado en paz por considerársele un movimiento filosófico inofensivo y hasta leal y patriótico, fue acusado súbitamente de mostrar tendencias demagógicas. El mayor oponente de Hegel, Schelling, por entonces un piadoso y acerbo reaccionario, un viejo romántico, fue llamado a Berlín para que refutara públicamente aquellas doctrinas, pero sus conferencias no produjeron el resultado deseado. La censura se hizo más severa y los jóvenes hegelianos vinieron a hallarse en una situación en que debían optar por una capitulación total o por desplazarse aún más hacia la izquierda política de lo que la mayoría deseaba. La única liza en que la cuestión podía ser agitada eran las universidades, donde una libertad académica restringida, pero, sin embargo auténtica, continuaba sobreviviendo. La Universidad de Berlín era el asiento principal del hegelianismo, y Marx no tardó en sumergirse en el estudio de su política filosófica.

Isaíah Berlin 


 Vendé los ojos de los árboles

Con un pañuelo verde
Y dije: búsquenme.

Y los árboles me hallaron en seguida
Con una carcajada de hojarasca.

Vendé los ojos de los pájaros
Con pañuelo de nubes
Y dije: búsquenme,

Y me hallaron los pájaros
Con un trino.

Vendé los ojos de la tristeza
Con una sonrisa,
Y me halló la tristeza al día siguiente
En un amor.

Vendé los ojos del sol
Con mis noches
Y dije búsquenme.

Allí estás, dijo el sol,
Detrás de ese tiempo
No te ocultes más.

No te ocultes más
Me dijeron todas las cosas
Y todos los sentimientos
A los que intenté vendar los ojos.

Marín Sorescu


 

 “En otros tiempos la obligación moral era "llevar una vida "decente". Si traicionabas a tu esposa, te sentías culpable por buscar el placer. Ahora se trata de lo contrario, si no buscas el placer, si no estás dispuesto a gozar, te sientes culpable. Y no estoy hablando de una hipótesis abstracta. Me encuentro todo el tiempo con psicoanalistas que me dicen que ésa es la razón por la cual la gente acude a la consulta. Se sienten culpables de no gozar lo suficiente. La gran paradoja es que el deber de nuestros días no impone la obediencia y el sacrificio, sino más bien el goce y la buena vida. Y quizá se trate de un mandato mucho más cruel. Probablemente el discurso psicoanalítico es el único que hoy propone la máxima: "gozar no es obligatorio, te está permitido no gozar". La paradoja de la sociedad permisiva es que nos regula como nunca antes."

Slavoj #Zizek

sábado, 4 de enero de 2025


 Baudelaire

 Una palabra que se aleja del vacío decir cotidiano, una palabra que nos define, que lleva nuestra sangre y nos compromete, tal como Nezahualcóyotl se comprometió con su padre, su herencia y su nombre. Asomémonos al pensamiento de este monarca impresionante, en algunos retazos de su escritura.

(…) ¿Es verdad que se vive sobre la tierra?
No para siempre en la tierra: solo un poco aquí.
Aunque sea jade se quiebra, aunque sea oro se rompe, aunque sea plumaje de quetzal se desgarra.
No para siempre en la tierra: solo un poco aquí.
(…) Así somos, somos mortales, de cuatro en cuatro nosotros los hombres, todos habremos de irnos, todos habremos de morir en la tierra.
 (…) Como una pintura nos iremos borrando.
Como una flor, nos iremos secando aquí sobre la tierra. (…)  (…) aunque fuerais de jade, aunque fuerais de oro, también allá iréis, al lugar de los descarnados.
Tendremos que desaparecer, nadie habrá de quedar. (…) Es la pluma de un hombre que enfrentó muchos duelos en su vida, la pérdida de su reino, su padre y hasta su nombre, sin renunciar jamás al deseo que le permitió erguirse y hacerse cargo de quien era.
Nezahualcóyotl no fue un bárbaro ni un salvaje, como quiso hacernos creer la historia oficial. Lejos de eso fue un pensador, un filósofo, un estadista y sobre todo, un valiente. Pero no fue el único.



 

 El Inconsciente demuestra que hay una distancia enorme entre la realidad y la verdad. La primera es «objetiva» y la segunda «subjetiva».

Ante esta ambivalencia tomo partido por el sujeto y llamo verdad a la «realidad psíquica» de cada persona. Para el análisis es la que importa porque es la única con la que podemos trabajar.

Rolón 

viernes, 3 de enero de 2025


 

 Si un país es sabiamente gobernado,

    sus habitantes están satisfechos.
    Disfrutan de la labor de sus manos
    y no pierden el tiempo inventando
    máquinas que les ahorren esfuerzo.
    Puesto que aman tiernamente sus hogares
    no están interesados en viajar.
    Quizá haya carruajes o barcos,
    aunque no van a parte alguna.
    Quizá haya un arsenal de armas,
    aunque nadie las usa jamás.
    La gente disfruta de su comida,
    se complace con su familia,
    pasa los días de fiesta en su jardín,
    se deleita en los quehaceres de la vecindad.
    Y aun cuando el vecino país se halla tan próximo
    que oyen cantar a sus gallos, ladrar a sus perros,
    están contentos de morir a edad avanzada
    sin haberlo visitado jamás.

Lao Tse


 Baudelaire

jueves, 2 de enero de 2025

 Avram Noam Chomsky es uno de los lingüistas e intelectuales más relevantes e influyentes de toda la segunda mitad del siglo XX y principio del XXI . Hoy, cuando tan fácil resulta cuantificarlo todo, se sabe que es el pensador más citado en el campo de las humanidades. Su ingente obra ha transformado parcial o completamente diversos campos de estudio: la lingüística, las ciencias cognitivas y la política. Como el dios romano Jano, que tenía dos rostros orientados en direcciones opuestas, Chomsky ha trabajado paralelamente en la lingüística —construyendo un modelo teórico nuevo, la «gramática generativa», muy conectado a las capacidades cognitivas de la mente— y en la política, como crítico del poder global de Estados Unidos, de su militarización y dominio mundial, de la perversión del sistema democrático y de la función propagandística y casi totalitaria de determinados medios de comunicación de masas en las sociedades occidentales. Si su tarea en lingüística ha sido eminentemente teórica —entender cómo funciona el lenguaje enclavado en la mente—, su labor política ha tenido también una vertiente práctica, activista: la de contribuir a cambiar las instituciones y la dinámica del supuesto mundo democrático a partir de un análisis profundo de las fuerzas, los intereses y los organismos que lo determinan, a menudo desde la sombra. Que haya logrado sacar a escena poderes fácticos que desearían permanecer invisibles, que haya mostrado a miles y tal vez millones de personas cómo funcionan realmente la política, el poder y las comunicaciones estadounidenses, es una consecución intelectual revolucionaria de igual envergadura que la que ha alcanzado en el campo de la lingüística.

    La producción de Chomsky es ingente. Cerca de un centenar de libros, cientos de artículos y miles de discursos, todo ello completado con incontables entrevistas y cartas. Esta portentosa capacidad comunicativa está basada en un conocimiento muy riguroso de las cuestiones que trata en los dos campos de su actividad. Su mentalidad es científica, analítica. No se permite ninguna afirmación gratuita e infundada, ni siquiera de orden hipotético o conjetural. Sabe que sus ideas son tan opuestas a las dominantes que necesita fundamentarlas en las bases conceptuales y empíricas más firmes; de lo contrario, las muchas instancias poderosas interesadas en acallar su voz crítica se apresurarían a derribar toda su construcción intelectual. Si de algo no cabe dudar en su tarea, pues, es del más autoexigente rigor científico e intelectual, surgido tanto del propio talante personal como de la necesidad pragmática de crear un discurso compacto y sin fisuras.

Stefano Versace


 


 Jodorowsky


 

 Alighieri nació en épocas de contiendas religiosas. Participó en una facción que defendía a su ciudad en contra de la intervención de cualquier fuerza extranjera. Él fue parte de los «güelfos blancos», contrarios a la presencia en Florencia del hermano de Felipe el Hermoso, Carlos de Valois. Pero perdió. Cuando Carlos entró a la ciudad reprimió sin piedad a los Blancos, y el 27 de enero de 1302 desterró a Dante de su Patria.

Allí empezó un derrotero que lo llevaría por Verona, Luca, Rávena, Mantua, Plasencia y nuevamente a Rávena, donde murió en el año 1321.
En 1315 Florencia había concedido una amnistía a los exiliados. Pero quienes quisieran volver no solo debían pagar una suma de dinero, sino aceptar que se los declarara delincuentes en una ceremonia religiosa. Dante rechazó esto por considerarlo indigno y prefirió seguir en el exilio. Un duelo más, porque para él el exilio implicaba la pérdida de su identidad, otra de las formas de la muerte.
En la antigüedad, el vínculo de una persona con su tierra era tan fuerte que el destierro era el peor de los castigos. Obligado a caminar por un mundo lleno de desconocidos, el exiliado cargaba con la angustia de estar lejos de su paisaje, sus aromas y su hogar.
Página 105 De pronto, cuando La Divina Comedia comenzaba a destacarse como una obra sin par, a los florentinos se les pasó el enojo e invitaron a Dante a volver, pero él les respondió que a esa ciudad no regresaría ni muerto.
Palabra que cumplió al pie de la letra.
La historia de su cuerpo es también significativa.
Años después de su muerte, cuando su figura se había agigantado, Florencia intentó repatriar sus restos. El papa León X en persona intercedió para lograrlo. Sin embargo, al abrir la tumba no encontraron el cadáver del poeta.
En el año 1865, mientras se realizaban unos trabajos en la capilla Braccioforte de Rávena, al derribar una pared, los obreros descubrieron un ataúd que contenía un esqueleto y una inscripción:
Huesos de Dante depositados aquí por mí, Fray Antoni Santi, 18 de octubre de 1677.
Se supone que monjes franciscanos de Rávena se encargaron de ocultar el cuerpo para impedir que fuera devuelto a Florencia.
Una leyenda cuenta que un monje que vivía en el lugar confesó que una figura fantasmal envuelta en un lienzo rojo solía deambular por las noches y que, cuando le preguntaba quién era, el espectro respondía: Soy Dante.
En el año 1829, en la Basílica de Santa Cruz, en Florencia, se construyó una tumba en honor al escritor. En su frente puede leerse: «Honrad al más alto poeta». Sin embargo esa tumba está vacía. Su cuerpo permanece en su sepulcro en Rávena.
Más allá de estas idas y vueltas, en la vida y en la muerte, lo cierto es que La Divina Comedia es una obra hija del exilio y de la pérdida. Una creación fruto del duelo.
Gabriel Rolón 

miércoles, 1 de enero de 2025


 

 El Manual de Epicteto empieza con la siguiente frase, que se ha hecho célebre: «Algunas cosas dependen de nosotros y otras no dependen de nosotros». Dice que nuestras opiniones, impulsos, deseos y aversiones son ejemplos de cosas que dependen de nosotros, y que nuestras posesiones y reputación son ejemplos de cosas que no dependen de nosotros. [6] De esta afirmación se sigue que tenemos dos opciones respecto a los deseos que se forman en nosotros: podemos desear cosas que dependen de nosotros o podemos desear cosas que no dependen de nosotros.

 Sin embargo, si deseamos cosas que no dependen de nosotros, a veces no conseguiremos lo que queremos, y cuando esto suceda, «conoceremos la desdicha» y nos sentiremos «frustrados, miserables e irritados». [7] En particular, dice Epicteto, es estúpido desear que nuestros amigos y familiares vivan para siempre, ya que esto no depende de nosotros. [8]

 Supongamos que tenemos suerte y que después de desear algo que no depende de nosotros, lo conseguimos. En este caso, no acabaremos sintiéndonos «frustrados, miserables e irritados», pero durante el tiempo en el que hemos deseado lo que no depende de nosotros, sin duda hemos experimentado cierto grado de ansiedad: como no dependía de nosotros, existía la posibilidad de no conseguirlo, y esto ha sido una fuente de preocupación. Por lo tanto, desear cosas que no dependen de nosotros perturbará nuestra serenidad, aun cuando acabemos por conseguirlas. En conclusión, cuando deseamos cualquier cosa que no depende de nosotros, nuestra serenidad se verá probablemente perturbada: si no lo conseguimos, nos frustraremos, y si lo conseguimos, sentiremos ansiedad a lo largo del proceso.

William B. Irvine


 

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