domingo, 25 de septiembre de 2016
viernes, 23 de septiembre de 2016
domingo, 18 de septiembre de 2016
Nacho Cardozo
Nacho Cardozo: "Sé que soy famoso, pero
sigo viajando en el 145"
Tomer Urwicz
El día de este coreógrafo parece que dura más de 24 horas, pero gracias a su obsesión por el trabajo y su amor al arte alcanzó la fama y logró trascender las fronteras.
Nadie puede hacer todo al mismo tiempo. Nadie puede dirigir una obra de teatro y, a la salida, asegurarse de que haya taxis para todo el mundo. Nadie puede salir a buscar financiamiento para un espectáculo musical y, dos horas después, crear coreografías de la nada mientras hace musculación. Nadie puede estar en dos lugares al mismo tiempo. Pero Ignacio "Nacho" Cardozo lo intenta todos los días, con un rigor inquebrantable y una meticulosidad que lo hace estar en todos los detalles; dos de las varias cualidades que lo han llevado a ganar 11 premios Florencio, ser requerido por grandes compañías de espectáculos del exterior y darse el lujo de renunciarle a Marcelo Tinelli.
Es que si hay algo que valora este hombre a los 57 años es el tiempo. O, mejor dicho, hacer rendir esos instantes en que se sumerge en una acción. ¿Por qué? Porque en cada responsabilidad que asume -desde dirigir junto a Rafael Pence su academia de baile hace 17 años, ser el actor protagónico de La jaula de las locas, ejercer de comentarista de Carnaval y hasta preparar el acto final de la escuela Cervantes- intenta sacarle brillo "a la chapita" con su nombre. No en vano se encuentra con señoras que fueron a ver una obra suya más de dos veces solo porque en el cartel consignaba: "Dirección: Nacho Cardozo".
-¿Se considera famoso?
-Sí, sé que soy famoso, pero sigo viajando en el 145 o en el 116. No me paro en el pedestal. Cuando estuve en el programa de (Marcelo) Tinelli (Patinando por un sueño), en 2007, me hacían sentir que no era famoso. En la escala de valores y trabajo el coach (entrenador o coreógrafo) no es nadie. Las estrellas son las privilegiadas, aún cuando su carrera haya comenzado hace diez días. Yo me desesperaba en esa pelea permanente en la que uno envidia al otro, en la que se pierde el tiempo y no hay disciplina para ensayar.
Algo parece haberle quedado a Nacho de su pasaje por el colegio de curas de la Sagrada Familia, al que iban solo varones. Más allá de que sus primeros recuerdos sean los enormes pasillos, el silencio, las clases de deportes y el piano de la iglesia, lo cierto es que parte de su disciplina, admite, nació en esa temprana edad.
El resto lo aprendió en el curso de teatro de la Alianza Uruguay-EEUU -al que entró en forma condicional junto a una joven "petisa" de pelo con flequillo, Laura Sánchez- y con los golpes de la vida.
Estaba por ingresar a cuarto de Primaria cuando falleció su padre, un distribuidor de películas que le adelantaba todos los estrenos. Los Cardozo entraron en crisis. Los tres hermanos, todos varones (el bailarín es el del medio), cambiaron del colegio a una escuela pública y más cerca de su casa de Malvín. Lejos de ser un momento traumático, Nacho lo vivió como una liberación. Fue inscripto en la Escuela Experimental, en la que, por las tardes, tenía talleres artísticos. Ese fue su primer encuentro con el que sería su oficio.
Otro poco le vino por herencia. Su abuelo había sido electricista en el Teatro Artigas y sus hermanos, si bien no se dedican a la música, son buenos con los instrumentos: el grande, fanático de Los Beatles y el chico, de la música brasileña. Lo único seguro durante su formación es que a Nacho no lo convencía ninguna carrera tradicional, a lo sumo pensaba en ser profesor de gimnasia o periodista. Pero un test psicológico (su "gran deuda", dice, es no haber hecho terapia) confirmó lo que él intuía: lo suyo era el arte.
Se fue metiendo en ese mundo de a poquito, sin saltearse ningún paso. En este sentido, es de los que puede decir que viene desde abajo. En realidad de arriba, porque su primera participación en una obra fue cambiando rollos de acetato con manchas que se proyectaban en una pared. Se necesitaba alguien de baja estatura, apasionado por el teatro y que no tuviese problema en permanecer una hora y media colgado en el techo, para generar ese efecto. Y ahí estaba él.
No fue lo único. Fue acomodador en el Teatro Stella, en donde vio la primera actuación de Les Luthiers en Montevideo; fue parte del personal de mantenimiento en el Anglo (lustraba la escalera principal y limpiaba los salones) y ayudó a las compañías extranjeras que llegaban a la Alianza, donde fue influenciado por el zapateo americano y las luces de Broadway.
De ahí que, tiempo después, se decidiese a incursionar en la comedia musical; un estilo que lo hace sentir cómodo y del que es uno de los primeros exponentes en el país.
-Se trata de obras caras, que necesitan mucho despliegue, ¿cómo hace para financiar esas producciones?
-Hay una empresa de supermercados que me apoya ciegamente. Tratamos de alternar una obra de mucho presupuesto con alguna de un elenco más reducido. Me fijo que el texto tenga algo para decir, que no sea una pelotudez. Con esto me refiero a que el público se lleve algo para la casa, sin ser algo demasiado dramático. Es que la gran misión de un espectáculo es que te entretenga. Y, además, intento que empresas me apoyen con infraestructura, que una marca de ropa financie la vestimenta de un actor o uso los trajes que me regalan exalumnos de mi academia.
-¿Esto no convierte a su teatro en comercial?
-Si alguna persona cree que lo que yo hago es comercial, está equivocado. Quiero que venga gente a mis espectáculos y quiero ganar dinero por lo que hago. Para eso ensayo muchos días y le dedico esfuerzo. Pero si por comercial se entiende el estilo de Buenos Aires en el que lo importante es mostrar un culo, no. Eso es teatro burdo, sin sentido.
Pero a pesar de toda esa ambición, Nacho conoce sus limitaciones. Sabe que "en Uruguay nunca se va a poder hacer el Fantasma de la Ópera " al estilo de Nueva York y que el Teatro Solís "es el único" que tiene los adelantos técnicos necesarios para grandes despliegues. "En el resto no hay nada", asegura.
Se da cuenta, también, de que su cuerpo (al que le dedica horas de entrenamiento y dieta) le está marcando el paso de la edad: la voz ronca y una pequeña arritmia dan prueba de ello.
Por eso los domingos, salvo que tenga función, es el día de descanso. Aprovecha para dormir hasta tarde y bailar con la cuerda de tambores Cuareim 1080, sus vecinos. Vive en lo que era el Conventillo Medio Mundo, por la calle Durazno. Está ahí "por casualidad". Era ahorrista del Banco Hipotecario y tras luchas por puntaje y antigüedad fue a parar a ese lugar, a pesar de no haber sido una de sus primeras preferencias. Hoy está enamorado de la casa, de la cercanía a la rambla a donde sale a andar en bicicleta y de la "esencia carnavalera" presente en el barrio que le recuerda los desfiles que disfrutaba de pequeño en pleno Malvín.
El Carnaval es otra demostración de ese equilibrio que intenta entre lo popular y lo "intelectual"; una armonía que, dice, le sale sin pensarlo. Y que disfruta a la hora de actuar, aun cuando la crítica, sobre todo la teatral, "destaca los papeles dramáticos" y muy poco a la comedia.
Fue jurado de desfiles, del concurso oficial (renunció cansado de las peleas por intereses personales que tenían algunas figuras del medio), coreógrafo, bailarín y hasta comentarista en TV Ciudad.
Es que, sin importar de qué faceta del arte se trate, es un hombre de varios papeles. Oficios que fue aprendiendo por vocación y bajo el miedo de no saber si iba a ganar el suficiente dinero como para poder vivir con dignidad. Tal es así que estuvo tres años en Asunción de Paraguay, sin más interés que el económico, para ayudar a su madre que estaba enferma (retornó al país tras su muerte). Y si bien hoy puede darse algunos lujos y ya se cuentan por cientos los alumnos que pasaron por sus clases, mantiene esa exigencia que lo hace ser un obsesionado del trabajo y de los detalles. Un profesional que sufre tanto cuando a un actor se le cae la peluca en medio del escenario, como cuando una obra llega a su fin y hay que esperar la próxima función.
Sus cosas
Su reloj
Cuando era niño, Nacho escuchaba cada 15 minutos el sonido de un reloj carillón que reposaba sobre el trinchante, en el living de su casa de Malvín. Hoy este reloj no funciona y no consiguió relojero alguno que vuelva a hacer girar las agujas. Pero sí actuó en una obra, como escenografía.
Su caja
Nunca usó las decenas de marcadores de colores que guarda esa caja de madera. Le pertenecían al diseñador de vestuario Julio Martínez, su amigo. Al momento de repartir los bienes del fallecido y desmantelar la casa, Nacho se quedó con esta cajita y el boceto de un traje, a modo de recuerdo.
Su disco
El día de descanso Nacho quiere escuchar una música que no tenga "nada que ver" con la de su trabajo de la semana. Y hay un disco que lo emociona cada vez que lo hace sonar: Cruzando las grandes aguas, de Marilina Ross. Eso, si no se va a la esquina de su casa y se pone a bailar al ritmo de los tambores de C1080.
Privacidad enjaulada
"La gente no sabe mucho de mí, porque me he encargado de que no se supiera. Tampoco soy de ponerme una bandera en el pecho. ¿Soy gay? Sí, soy gay. Salta a la vista, es como sumar dos más dos: el tipo tiene más de cincuenta años, no tiene hijos y nunca se lo ve al lado de una mujer". Así de directo Nacho Cardozo habla sobre su sexualidad, sin que se le pregunte. Su homosexualidad nunca le trajo problemas laborales y, aclara, jamás recibió alguna "queja de un padre" que lleva a sus hijos a la academia de baile, porque "se valora el profesionalismo". Distinta es su situación sobre no haber tenido hijos. Los niños le "encantan" y cuando sus sobrinos eran pequeños solía cuidarlos algún fin de semana, pero sabe que "sería complicadísimo por un tema de tiempos y de dedicación" ser padre. Sin embargo, a los hijos de sus amigos los siente como propios. En eso se parece al personaje protagónico de La jaula de las locas, Albin, quien muestra un profundo amor por un hijo que no es suyo. No en vano este papel fue el que más le gustó de los tantos que encarnó en su carrera actoral y con el que vuelve a las tablas en 2014, una década después de que se presentase por primera vez en Montevideo.
sábado, 17 de septiembre de 2016
Zoya Kosmodemyanskaya
La partisana que fue el orgullo soviético
Los partisanos eran guerrilleros europeos que se oponían a los ejércitos de ocupación, fueron organizaciones clandestinas de resistencia en la Segunda Guerra Mundial.
El movimiento Partisano en la Unión Soviética, comenzó el 3 de julio de 1941, cuando Stalin hizo un llamamiento por radio para formar un gran movimiento guerrillero para detener el avance de los alemanes.
Los primeros partisanos soviéticos se encontraron con salvajes represalias alemanas contra la población nativa, por ejemplo en Bielorrusia, en un sólo mes, los nazis fusilaron a casi 10,500 "partisanos campesinos" en venganza por la muerte de dos soldados alemanes.
El movimiento Partisano en la Unión Soviética, comenzó el 3 de julio de 1941, cuando Stalin hizo un llamamiento por radio para formar un gran movimiento guerrillero para detener el avance de los alemanes.
Los primeros partisanos soviéticos se encontraron con salvajes represalias alemanas contra la población nativa, por ejemplo en Bielorrusia, en un sólo mes, los nazis fusilaron a casi 10,500 "partisanos campesinos" en venganza por la muerte de dos soldados alemanes.
Zoya Kosmodemyanskaya era una chica rusa de 15 años que se había unido a las Juventudes Comunistas en 1938, y tres años después, ante el llamamiento de Stalin se integró en el destacamento partisano 9903 del Frente Occidental junto a otros dos mil voluntarios.
Después de un corto entrenamiento, Zoya fue destinada a la región de Bolokolamsk, en Moscú, donde su grupo participó con éxito colocando minas en las vías y carreteras para sabotear el avance de los nazis.
Después de un corto entrenamiento, Zoya fue destinada a la región de Bolokolamsk, en Moscú, donde su grupo participó con éxito colocando minas en las vías y carreteras para sabotear el avance de los nazis.
El 17 de noviembre de 1941 fue publicada en la Unión Soviética la Notificación Nº 428 que ordenaba:
"Evitar que el ejército alemán pueda movilizarse en pueblos y aldeas, expulsar a los ocupantes nazis de cualquier zona poblada, casa o establo, para que éstos queden a la intemperie a merced del frío".
También les exhortaba a "destruir y quemar los asentamientos de la retaguardia alemana".
Como una buena partisana, Zoya junto a otros camaradas se dedicaron a la tarea de sabotear y quemar, en apenas 5 días, 10 aldeas donde estaban establecidas las tropas germanas. El armamento personal de Zoya y varios de sus camaradas consistía en una pistola "Nagán", algunos cócteles Molotov y varias antorchas.

El 27 de noviembre, luego de algunas escaramuzas con el enemigo, el grupo partisano se dispersó quedando Zoya aislada, pero aún así, ella decidió continuar sola y logró quemar dos casas y un establo en la aldea de Petrischevo, donde se acuartelaban algunos oficiales y soldados alemanes con alrededor de 300 caballos.
Previamente los alemanes habían montado una red de colaboradores dentro de los mismos partisanos, con los que hacían labores de espionaje, debido a lo cual no fue muy difícil identificarla y enseguida capturarla. De hecho fue delatada por uno de sus mismos compañeros partisanos, un tal Vassili Klubkov, que proporcionó la información a cambio de vodka.
Aquí la historia no es muy clara. Unas fuentes indican que logró incendiar las casas y otras difieren diciendo que fue detenida “antorcha en mano” disponiéndose a hacerlo. Bueno, el asunto es que fue capturada por los nazis.
Luego de su captura, Zoya fue torturada durante dos días de interrogatorios en los que la única información que dio fue su nombre de guerra: "Tania". Fue tan brutal el interrogatorio, que al convencerse de que la detenida no hablaría, le aplicaron quemaduras con fósforos y hasta le ocasionaron un corte con una sierra en la espalda. Mientras la torturaban estaba vestida con una sencillo camisón muy fino y descalza, y aun así, la hicieron caminar a la intemperie (noviembre del 41, cerca de Moscú, imagínense el frio) durante largo rato, y esto duraba hasta que el soldado alemán de turno que la custodiaba ya no soportaba el frío bajo su capote. Este ciclo se repitió durante toda la noche cada media hora, y luego, le prohibieron a la familia de la casa donde la torturaban, darle algo de beber a Zoya, bajo pena de muerte.
En la mañana del tercer día la llevaron a la calle donde ya habían construido la horca, con un cartel en el cuello que decía "incendiaria de casas"
Previamente los alemanes habían montado una red de colaboradores dentro de los mismos partisanos, con los que hacían labores de espionaje, debido a lo cual no fue muy difícil identificarla y enseguida capturarla. De hecho fue delatada por uno de sus mismos compañeros partisanos, un tal Vassili Klubkov, que proporcionó la información a cambio de vodka.
Aquí la historia no es muy clara. Unas fuentes indican que logró incendiar las casas y otras difieren diciendo que fue detenida “antorcha en mano” disponiéndose a hacerlo. Bueno, el asunto es que fue capturada por los nazis.
Luego de su captura, Zoya fue torturada durante dos días de interrogatorios en los que la única información que dio fue su nombre de guerra: "Tania". Fue tan brutal el interrogatorio, que al convencerse de que la detenida no hablaría, le aplicaron quemaduras con fósforos y hasta le ocasionaron un corte con una sierra en la espalda. Mientras la torturaban estaba vestida con una sencillo camisón muy fino y descalza, y aun así, la hicieron caminar a la intemperie (noviembre del 41, cerca de Moscú, imagínense el frio) durante largo rato, y esto duraba hasta que el soldado alemán de turno que la custodiaba ya no soportaba el frío bajo su capote. Este ciclo se repitió durante toda la noche cada media hora, y luego, le prohibieron a la familia de la casa donde la torturaban, darle algo de beber a Zoya, bajo pena de muerte.
En la mañana del tercer día la llevaron a la calle donde ya habían construido la horca, con un cartel en el cuello que decía "incendiaria de casas"
Según testigos y vecinos de la aldea de Petrishevo, Zoya antes de su ejecución realizó un llamamiento a los aldeanos: "No se rindan, hay que ayudar al Ejército Rojo. Nuestros camaradas vengarán mi muerte contra los fascistas. La Unión Soviética jamás será vencida". Dirigiéndose a los soldados alemanes Zoya gritó: "Ríndanse antes de que sea tarde, pueden ahorcarnos a muchos de nosotros, pero nunca a 170 millones". Esto supuestamente lo decía ya con la soga al cuello, mientras oficiales alemanes la fotografiaban. Cuando quiso decir algo más, un oficial alemán quitó el cubo sobre el que se sostenía y quedó colgando. Intentó agarrar con sus manos la cuerda pero los alemanes la golpearon hasta que expiró su último aliento.


Su cuerpo colgado fue dejado a la intemperie como escarmiento y ejemplo durante casi un mes, donde fue golpeado y vejado en varias ocasiones por soldados alemanes y quienes los apoyaban. El día de año nuevo de 1942, un nazi borracho le arrancó parte de la ropa y mutiló su cuerpo congelado. Al día siguiente el mando alemán, ante la inminente llegada de tropas soviéticas, ordenó descolgarla y enterrarla. Posteriormente, su cuerpo fue llevado por los soviéticos al cementerio de Novodievichi en Moscú.
La historia de Zoya Kosmodemyanskaya se hizo popular poco después, cuando Piotr Lidov, periodista del periódico Pravda publicó un artículo con su historia el 27 de enero de 1942. El periodista había oído hablar de aquella ejecución a un campesino de edad avanzada, y quedó fuertemente impresionado por el coraje de la joven mujer. El artículo llegó a ser leído por Stalin, quien le concedió de inmediato la orden de Héroe de la Unión Soviética, convirtiéndose así en la primera mujer que obtuvo aquella distinción.
En su honor fueron llamados con su nombre muchas escuelas, barcos, calles de varias ciudades, montañas y hasta dos asteroides. Se erigieron innumerables memoriales estatuas en todo el territorio soviético: Moscú, Leningrado, Minsk, Kiev, Stalingrado, y fueron bautizados de la misma forma todo tipo de colectivos, asociaciones, comités y células de partidos.
La historia de Zoya Kosmodemyanskaya se hizo popular poco después, cuando Piotr Lidov, periodista del periódico Pravda publicó un artículo con su historia el 27 de enero de 1942. El periodista había oído hablar de aquella ejecución a un campesino de edad avanzada, y quedó fuertemente impresionado por el coraje de la joven mujer. El artículo llegó a ser leído por Stalin, quien le concedió de inmediato la orden de Héroe de la Unión Soviética, convirtiéndose así en la primera mujer que obtuvo aquella distinción.
En su honor fueron llamados con su nombre muchas escuelas, barcos, calles de varias ciudades, montañas y hasta dos asteroides. Se erigieron innumerables memoriales estatuas en todo el territorio soviético: Moscú, Leningrado, Minsk, Kiev, Stalingrado, y fueron bautizados de la misma forma todo tipo de colectivos, asociaciones, comités y células de partidos.
En septiembre de 1991, casi cincuenta años después de la muerte de Zoya, se creó una gran controversia alrededor del mito de la joven partisana. Un artículo publicado en el semanario ruso Argumenty i Fakty afirmaba que nunca hubo tropas alemanas en el pueblo de Petrischevo, y que Zoya fue capturada por los campesinos locales que no estaban conformes con la destrucción de sus bienes. Que en sus actos de sabotaje Zoya había herido a campesinos rusos en lugar de atacar a las tropas alemanas. Que era una fanática estalinista y que mostraba evidente sintomatología de esquizofrenia. Que fueron todas estas actitudes las que llevaron a los campesinos de Petrischevo a delatarla ante los alemanes e indicarles el lugar donde pernoctaba en las afueras del pueblo.
Como en todo debate nacionalista ya se imaginarán ustedes, hubo fanáticos y detractores. Tomemos en cuenta que esta información salió a la luz a los pocos meses de haberse disuelto la Unión Soviética.
Como en todo debate nacionalista ya se imaginarán ustedes, hubo fanáticos y detractores. Tomemos en cuenta que esta información salió a la luz a los pocos meses de haberse disuelto la Unión Soviética.
De todas formas los pueblos siempre necesitan sus propios héroes y, para los soviéticos, la gesta de Zoya fue el reflejo de la lucha de toda una generación de trabajadores que supieron defender a su país, el primer Estado Socialista de la historia, frente a la invasión del fascismo liderado por la Alemania de Hitler.
El heroísmo de la joven muchacha representaba también el de tantos y tantos combatientes anónimos que perdieron su vida por la defensa de la URSS y la liberación de los pueblos de Europa de la barbarie nazi-fascista.
El heroísmo de la joven muchacha representaba también el de tantos y tantos combatientes anónimos que perdieron su vida por la defensa de la URSS y la liberación de los pueblos de Europa de la barbarie nazi-fascista.
Leer más en: http://www.sentadofrentealmundo.com/2011/05/la-partisana-que-fue-el-orgullo.html#ixzz3K2h8yjrV
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domingo, 11 de septiembre de 2016
sábado, 10 de septiembre de 2016
Hans Hermann Hoppe
AEN: What do you say to the critique that the private-property society as you describe it appears quite authoritarian?
HOPPE: This is a left-egalitarian critique. They claim that authority should play no role in social life and that there should be no rank or position. But of course, there can be no society without structures of authority. In the family, there is always a hierarchy. In communities, there are always leaders. In firms, there are always managers.
But in a market, none of these authorities have taxing power. Their rule depends entirely on voluntary consent and contact. But the state attempts to break down these competitive centers of authorities and establish a single authority overriding all others. If you don't comply, the state cracks down.
It is a ridiculous idea that we need the state to tell social authorities that they need to adhere to a uniform set of rules and obey a single master. Society does not need uniform modes of association. Market exchange makes social harmony possible even within the framework of radical diversity.
Today's so-called multiculturalists don't see that there is a difference between having a globe with many different cultures and imposing that diversity on each point on the globe. It is a difference between a regime of private property and a statist regime where the rest of us merely obey. Ultimately, those are the only two systems from which we have to choose.
HOPPE: This is a left-egalitarian critique. They claim that authority should play no role in social life and that there should be no rank or position. But of course, there can be no society without structures of authority. In the family, there is always a hierarchy. In communities, there are always leaders. In firms, there are always managers.
But in a market, none of these authorities have taxing power. Their rule depends entirely on voluntary consent and contact. But the state attempts to break down these competitive centers of authorities and establish a single authority overriding all others. If you don't comply, the state cracks down.
It is a ridiculous idea that we need the state to tell social authorities that they need to adhere to a uniform set of rules and obey a single master. Society does not need uniform modes of association. Market exchange makes social harmony possible even within the framework of radical diversity.
Today's so-called multiculturalists don't see that there is a difference between having a globe with many different cultures and imposing that diversity on each point on the globe. It is a difference between a regime of private property and a statist regime where the rest of us merely obey. Ultimately, those are the only two systems from which we have to choose.
viernes, 9 de septiembre de 2016
Paul Eluard
en mi pupitre en los árboles
en la arena y en la nieve
escribo tu nombre. En las páginas leídas
en las páginas vírgenes
en la piedra la sangre y las cenizas
escribo tu nombre.
En las imágenes doradas
en las armas del soldado
en la corona de los reyes
escribo tu nombre.
En la selva y el desierto
en los nidos en las emboscadas
en el eco de mi infancia
escribo tu nombre.
En las maravillas nocturnas
en el pan blanco cotidiano
en las estaciones enamoradas
escribo tu nombre.
En mis trapos azules
en el estanque de sol enmohecido
en el lago de viviente lunas
escribo tu nombre.
En los campos en el horizonte
en las alas de los pájaros
en el molino de las sombras
escribo tu nombre.
En cada suspiro de la aurora
en el mar en los barcos
en la montaña desafiante
escribo tu nombre.
En la espuma de las nubes
en el sudor de las tempestades
en la lluvia menuda y fatigante
escribo tu nombre.
En las formas resplandecientes
en las campanas de colores
en la verdad física.
escribo tu nombre.
En los senderos despiertos
en los caminos desplegados
en las plazas desbordantes
escribo tu nombre.
En la lámpara que se enciende
en la lámpara que se extingue
en la casa de mis hermanos
escribo tu nombre.
En el fruto en dos cortado
en el espejo de mi cuarto
en la concha vacía de mi lecho
escribo tu nombre.
En mi perro glotón y tierno
en sus orejas levantadas
en su patita coja
escribo tu nombre.
En el quicio de mi puerta
en los objetos familiares
en la llama de fuego bendecida
escribo tu nombre.
En la carne que me es dada
en la frente de mis amigos
en cada mano que se tiende
escribo tu nombre.
En la vitrina de las sorpresas
en los labios displicentes
más allá del silencio
escribo tu nombre.
En mis refugios destruidos
en mis faros sin luz
en el muro de mi tedio
escribo tu nombre.
En la ausencia sin deseo
en la soledad desnuda
en las escalinatas de la muerte
escribo tu nombre.
En la salud reencontrada
en el riesgo desaparecido
en la esperanza sin recuerdo
escribo tu nombre. Y por el poder de una palabra
vuelvo a vivir
nací para conocerte
para cantarte
Libertad
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