viernes, 30 de abril de 2021
LAS 7 REGLAS DEL ALQUIMISTA PARACELSO (1493-1541)
Hace 30 años, el 21 de febrero, Sándor Márai se suicidó en San Diego de un disparo. Estaba a punto de cumplir 89 años. Salió de su país en 1948 y jamás volvió. Quizá si hubiese vivido unos meses más hubiera recogido los reconocimientos que en vida no pudo recibir. Porque en septiembre de ese mismo año la Academia Húngara de Ciencias, que lo había expulsado por motivos políticos, lo aceptó de nuevo y en noviembre se celebró en Budapest un simposio sobre él y su obra. Después los reconocimientos han seguido dentro y fuera de Hungría (Ernö Zeltner, Sándor Márai, Universidad de Valencia, 2005).
En febrero de 1985 da cuenta que su hermano menor, Gábor, murió. Pero su quiebre anímico se produce con la enfermedad, agonía y muerte de su esposa: Ilona Matzner, Lola, con quien vivió más de 60 años. Ella se rompe el brazo izquierdo, luego tiene que ser apoyada por enfermeras en su propia casa, aparecen los síntomas de senilidad, y es internada en el hospital. Quiere que la muerte los alcance antes de que él quede definitivamente ciego y ya ni siquiera siente nostalgia, “ya no queda esperanza alguna”. “Irnos juntos, sin dolor, es mi última ilusión”.
Se mantiene firme por sentido de responsabilidad. En el hospital donde acompaña a su mujer, piensa que “si no creyera que ella me necesita (o me hiciera ilusiones de ello) tomaría una decisión drástica respecto a mí mismo. Pero no tengo derecho a escapar”. Ella ya casi no está consciente, no ve ni oye, parece que no sufre. “Tal vez haya sido un error esperar tanto; habríamos tenido que irnos antes, a la vez”.
Hay personas que están en un estado depresivo y no quieren salir de dicha situación aunque parezca que sí. A nivel inconsciente sabotean todos sus deseos conscientes de recuperación. En las profundidades de su mente existe el convencimiento de que «yo soy así y nada se puede hacer para que cambie».
La primera pregunta que le hemos hecho se refiere a su concepción de la literatura, y a la posible evolución de dicha concepción, desde que publicara su famoso ensayo, ¿Qué es la literatura?
J.-P.S. –Siempre he pensado que si la literatura no lo era todo, no era nada. Y cuando digo todo, entiendo que la literatura debía darnos no sólo una representación total del mundo –como pienso que Kafka la ha dado de su mundo– sino también que debía de ser un estímulo de la acción, al menos por sus aspectos críticos. Por tanto, el compromiso, del que tanto se ha hablado, no constituye de ninguna manera, para mí, una especie de rechazo, o de disminución, de los poderes propios de la literatura. Al contrario, los aumenta al máximo. Es decir, pienso que la literatura debería serlo todo. Eso es lo que pensaba en la época de ¿Qué es la literatura? Y sigo pensando lo mismo, es decir, que me parece imposible escribir si el que lo hace no rinde cuentas de su mundo interior y de la manera en que el mundo objetivo se le aparece. Digo: mundo –es una expresión de Heidegger– porque, para mí, estamos en el mundo, o sea: todo lo que hacemos tiene por horizonte el mundo en su totalidad. Por consiguiente, la literatura puede tener, totalmente, constantemente, por horizonte el mundo en su totalidad, y al mismo tiempo, [79] nuestra situación particular dentro del mundo. Pero hoy, ello es evidente, he cambiado un poco en cuanto a los poderes de la literatura. Es decir, pienso que debernos contentarnos con dar esa imagen del mundo a las gentes de esta época, para que puedan reconocerse en ella y que, luego, hagan con ella lo que puedan. Tienen que reconocerse en esa imagen, comprender que están en el mundo, hay que desvelarles su horizonte. Pero, a partir de ahí, si hemos conseguido eso, no podemos hacer más. Pienso, por ejemplo, en un libro como Los hijos de Sánchez, un libro del cual se ha dicho que podría sustituir a la literatura. Su autor es un sociólogo, que ha vivido con una familia muy pobre de México, y que ha interrogado a todo el mundo, en esa familia, durante años, con un magnetófono, naturalmente, y que luego se ha limitado a hacer una selección, sin añadir nada. Y los diferentes relatos, los diferentes discursos de esas gentes interfieren unos en otros, se completan. Allí puede encontrarse todo: datos sociológicos, el problema de las clases sociales, el problema de la miseria, y también la psicología, el tema de la técnica. En fin, es un libro riguroso, sociológico. El autor no ha intervenido, salvo para hacer la selección, para evitar las repeticiones. Pues bien ¿qué le falta a ese libro, para que sea literatura? Le falta horizonte. Esas gentes no son capaces, porque hablan como nosotros cuando no somos escritores, de desarrollar todos los horizontes que les rodean. Por eso pienso, a pesar del enorme interés intrínseco de Los hijos de Sánchez, que libros semejantes nunca podrán sustituir a la literatura. En esa encuesta, esas gentes son como son, pero la literatura es algo más...
http://www.filosofia.org/hem/dep/cri/ri03078.htm
El 4 de enero de 2010 moría, a los noventa y tres años de edad, el ingeniero japonés Tsutomu Yamaguchi. Un cáncer de estómago consiguió lo que sesenta y cinco años antes no habían logrado las dos bombas nucleares lanzadas sobre Hiroshima y Nagasaki: llevárselo al otro mundo. Y no es retórica, es literal. Yamaguchi es la única persona reconocida por el gobierno japonés que logró sobrevivir a explosiones de las dos bombas atómicas lanzadas por EE. UU. durante la segunda guerra mundial. Algo que, cuando uno entra en detalles, se le antoja como un fallo del software de la existencia, vamos, que es imposible.
En 1974 asistí a un seminario en la Universidad de Dayton, donde W. Clemente Stone habló sobre el tema de tener un sentimiento de urgencia. Stone era un magnate de los negocios que había amasado su fortuna en los seguros. Su sesión se titulaba: “Hágalo ahora”, y una de las cosas que nos dijo fue esta: “Antes de levantarse de la cama cada día, diga ‘hazlo ahora’ cincuenta veces. Al final del día, antes de acostarse, lo último que debería hacer es decir cincuenta veces ‘hazlo ahora’ ”. Calculo que habría unas ocho mil personas en el auditorio ese día, pero sentí como si me estuviera hablando personalmente a mí. Me fui a casa, y durante los siguientes seis meses seguí su consejo. Lo primero que hacía cada mañana antes de levantarme y lo último que hacía antes de dormir era repetir las palabras “hazlo ahora”. Me dio un tremendo sentimiento de urgencia. El mayor peligro al que se enfrenta en este momento es pensar que hará que el crecimiento personal sea una prioridad en su vida después. ¡No caiga en esa trampa! Recientemente leí un artículo de Jennifer Reed en SUCCESS [Éxito]. Ella escribió: ¿Puede existir una palabra más insidiosa? Después, como cuando decimos “Después lo haré”, o “Después tendré tiempo de escribir ese libro que ha estado en mi mente los últimos cinco años”. O: “Sé que tengo que organizar mi economía… pero lo haré después”. “Después” es uno de esos matadores de sueños, uno de los innumerables obstáculos que ponemos para desviar nuestras oportunidades de éxito. La dieta que comienza “mañana”, la búsqueda de trabajo que ocurre “con el tiempo”, la persecución del sueño de la vida que comienza “algún día” se junta con otros obstáculos autoimpuestos y nos ponen en modo de piloto automático. ¿Por qué nos hacemos esto? ¿Por qué no pasamos a la acción ahora? Seamos sinceros: lo conocido es fácil; el camino desconocido está lleno de incertidumbres
Siempre quise saber lo que había detrás de la famosa frase de Facundo Cabral "No soy de aquí ni soy de allá...", y cuando lo supe, amé esta historia que ahora les cuento y que tanto tiene qué ver con un sentimiento tan noble como el amor: El perdón.
Gerardo fue a consultarme por problemas personales diversos, que incluían un profundo sentimiento de culpa por haber abandonado a su mujer y a su hijo al cabo de sólo algunos años de matrimonio, cuando el niño tenía dos años. Eso había sucedido quince años atrás, y aunque se había divorciado y vuelto a casar, Gerardo se sentía profundamente perturbado por el daño que había hecho, sobre todo a su hijo. "¿Cómo puedo perdonarme a mí mismo?", me preguntaba. "¿Cómo puedo rectificar lo que hice?" Lo conduje a través del proceso que acabo de describir, y él imaginó que aconsejaba a un amigo que había hecho lo mismo que él, y empezó a revivir el terror que había sentido años atrás, la sensación de estar abrumado por responsabilidades que estaban más allá de su capacidad, el saber que no amaba a su esposa y que se había dejado influir por las presiones de ella para casarse, urgido por una exagerada necesidad de que lo consideraran "un buen muchacho", etcétera. No renunciaba a la convicción de que en aquel momento podría haberse comportado de manera más honrada y responsable, pero comenzó a entrar en la conciencia de su yo más joven y a apreciar, al menos, que no había sido empujado por la crueldad ni por un capricho, y que en su universo de entonces, tal como él lo había percibido, no tenía las opciones que ahora le resultaban evidentes. Decidió buscar a su hijo y a su primera esposa; reconocer su error y comprender el dolor que les había causado; aceptar el derecho de ellos a haber acumulado cierta ira contra él; y descubrir si había algo que él pudiera hacer ahora para ayudarlos. Se perdonó a sí mismo y reconoció que ellos tenían derecho a no perdonarlo, si así lo preferían. Pudo ver el dolor de ellos con una claridad y una compasión que no le eran posibles mientras estaba ocupado en reprocharse su conducta; y, al verlo, pudo avanzar en la dirección correcta. Su ex esposa no se había vuelto a casar y él no pudo atravesar su muro de amargura; pero con su hijo pudo establecer una relación completamente satisfactoria para ambos, después de un largo y difícil período de sospechas, lágrimas y manifestaciones de ira por parte del hijo. "La culpa y la compasión no se llevan bien", me confesó Gerardo. "Mientras pensaba en lo malo que era, otra parte de mi siempre se sentía a la defensiva, y se autoprotegía. Cuando me deshice de eso, por primera vez pude ver las cosas desde el punto de vista de ellos, en términos realistas. Ahora, sea lo que fuere lo que pueda hacer por ellos, estoy dispuesto a hacerlo, y eso me hace feliz. Y acepto que hay cosas que no puedo hacer, y me siento en paz."
jueves, 29 de abril de 2021
En 1995, al artista se le diagnosticó la enfermedad del Alzheimer. Los signos de su enfermedad son evidentes en el trabajo de las Piezas de conversación. Sin embargo, el brote más fuerte de Alzheimer que recibió William es aún más perceptible en sus últimos trabajos realizados entre 1995 y el año 2000. En este periodo se muestra con claridad la evolución y el paso de los años a través de una serie de autorretratos. El miedo, la ira y la resignación se expresan mientras el artista lucha para preservar su conciencia artística contra el progreso gradual de la demencia. Mientras tanto, Patricia Redmond es el ancla emocional más fuerte de William. Intenta en todo momento hablarle ya que el artista está perdiendo gradualmente su capacidad de comunicación verbal. El artista ingresó en el hospital nacional de neurología y neurocirugía en Queen Square. William Utermohlen hizo sus últimos dibujos a lápiz desde el 2000 hasta el 2002. Fue atendido por su esposa, amigos y cuidadores en el hogar hasta que su deterioro hizo necesaria su admisión a la residencia de ancianos Princess Louise en 2004. Finalmente, falleció en el hospital de Hammersmith en Londres el 21 de marzo de 2007.
https://historia-arte.com/artistas/william-utermohlen
Aquel que desee convertirse en maestro del hombre, debe empezar por enseñarse así mismo antes de enseñar a los demás; y debe enseñar primero con el ejemplo antes de que lo haga verbalmente. Pues aquel que se enseña a sí mismo y rectifica sus propios procedimientos, merece más respeto y estimación que el que enseña y corrige a otros, eximiéndose a él mismo.
[Carta de Cesare Pavese a Constante Dowling antes de su suicidio].
Vivimos sin prestar ninguna atención a lo que ocurre a nuestro alrededor. Sí, hemos llegado a ser muy eficientes en lo referente a hacer cosas. Lo que hacemos, lo hacemos ya tan eficientemente que no necesitamos ninguna conciencia para hacerlo. Se ha convertido en algo mecánico, automático. Funcionamos como robots. Todavía no somos hombres, somos máquinas. Eso era lo que George Gurdjieff decía una y otra vez, que el hombre, tal como existe, es una máquina. Ofendió a mucha gente, porque a nadie le gusta que le llamen máquina. A las máquinas les gusta que las llamen dioses; entonces se sienten muy felices, se hinchan de satisfacción. Gurdjieff decía que las personas eran máquinas y tenía razón. Si te contemplas a ti mismo" verás lo mecánico que es tu comportamiento. El psicólogo ruso Pavlov y el psicólogo norteamericano Skinner aciertan en un 99,9 por ciento cuando dicen que el hombre es una maravillosa máquina y nada más. No hay alma en él. He dicho que aciertan en un 99,9 por ciento; solo fallan por un pequeñísimo margen. En ese pequeño margen están los budas, los despiertos. Pero se les puede perdonar porque Pavlov nunca se encontró con un buda; sólo se encontró con millones de personas como tú. Skinner ha estudiado a los hombres y a las ratas y no ha encontrado diferencia. Las ratas son seres más simples, eso es todo; el hombre es un poco más complicado. El hombre es una máquina sumamente sofisticada, las ratas son máquinas simples. Es más fácil, estudiar a las ratas; por eso los psicólogos siguen estudiando a las ratas. Estudian a las ratas y llegan a conclusiones acerca de los hombres... y sus conclusiones son casi correctas. Digo «casi», fijaos bien, porque esa décima del uno por ciento es el fenómeno más importante que ha sucedido. Un Buda, un Jesús, un Mahoma... esas pocas personas despiertas son los auténticos hombres. Pero ¿dónde puede B. F. Skinner encontrar un buda? Desde luego, no en Estados Unidos. He oído contar que un hombre le preguntó a un rabino: -¿Por qué Jesús no decidió nacer en Estados Unidos y en el siglo xx? El rabino se encogió de hombros y respondió: -¿En Estados Unidos? Habría sido imposible. En primer lugar, ¿dónde ibas a encontrar una virgen? Y en segundo lugar, ¿dónde ibas a encontrar tres sabios?
En cualquier sociedad existe un consenso ciertamente misterioso, que cambia a lo largo de décadas y para el que no es pretencioso utilizar la palabra prestada del alemán Zeitgeist (el espíritu de los tiempos). He dicho que el sufragio femenino es ahora universal en todas las democracias del mundo, aunque su reforma es, de hecho, sorprendentemente reciente. Aquí hay algunas fechas en las que se permitió votar a las mujeres: Nueva Zelanda (1893), Australia (1902), Finlandia (1906), Noruega (1913), Estados Unidos (1920), Inglaterra (1928), Francia (1945), Bélgica (1946), Suiza (1971), Kuwait (2006).
Jonas Salk
Jonas Salk fue un médico, investigador y virólogo estadounidense nacido en Nueva York en 1914 bajo el seno de una familia humilde provenientes de emigrantes ruso-judías. Se graduó de secundaria como un alumno súper dotado e ingresó en la facultad de medicina de la Universidad de Nueva York a los dieciséis años.
Tras graduarse en 1939 y obtener plaza de interno en el hospital Monte Sinaí, uno de los más prestigiosos del país, contrajo matrimonio con la psicóloga Donna Lindsey. Durante toda su carrera siempre fue un gran investigador amante de lo desconocido.
La poliomielitis se consideraba el problema de salud pública más peligroso en los Estados Unidos de posguerra. Las epidemias anuales eran cada vez más devastadoras; la de 1952 fue el peor brote de la historia de la nación, es por ello que los científicos se embarcaron en una carrera frenética para encontrar un tratamiento o una forma de prevenirla.
En 1947, siendo director del laboratorio para la investigación vírica de la Universidad de Pittsburgh, la Fundación Nacional para la Parálisis Infantil le propuso unirse a los diferentes equipos que buscaban un remedio para la poliomielitis. En 1952 obtuvo un primer resultado en forma de vacuna trivalente, para la que empleó virus muertos por aplicación de formalina.
Más de 1.800.000 niños en edad escolar formaron parte del comité de prueba. El 12 de abril de 1955 se hizo público el éxito de la vacuna. Salk fue aclamado como un «trabajador milagroso» y el día «se convirtió casi en una fiesta nacional». Había llevado a cabo su tarea únicamente para desarrollar una vacuna segura y efectiva lo más rápido posible, sin interesarse en su beneficio personal.
Salk se convirtió de inmediato en un personaje célebre, hasta el punto de tener que dirigirse a la nación, a instancias del presidente Eisenhower, en un mensaje televisado.
Con el paso del tiempo, su vacuna acabó por ser sustituida en numerosos países por la más tradicional desarrollada por Albert Sabin, en la cual se empleaban virus vivos de actividad atenuada. En 1963 fundó el Instituto Salk en la localidad californiana de La Jolla, el cual poco después se convertiría en uno de los centros de investigación médica más importantes del mundo.
En 1975 renunció a la dirección del Instituto para proseguir su labor investigadora en el ámbito privado. Y en 1995 fallece. Fue un gran investigador y además permitió un importante avance en el mundo de la medicina y las enfermedades.
https://culturizando.com/la-interesante-historia-jonas-salk-descubrio-la-vacuna-la-polio/
miércoles, 28 de abril de 2021
Las cosas no suceden de un día para otro. Un pensamiento no es más que una gota de agua, no es gran cosa, pero una gota más otra gota más otra gota… acaban llenando un vaso. Al principio puede parecer poco, pero, con la perspectiva que da el tiempo, te darás cuenta de que es mucho lo que has avanzado. Un pensamiento no produce ningún cambio en tu vida, pero un pensamiento repetido una y otra vez acaba pasando a formar parte de ti.
martes, 27 de abril de 2021
El concepto de pesca industrial sostenible no existe o al menos no sería como hasta ahora se lo ha conocido a nivel mundial. Este es el principal mensaje del documental Seaspiracy, estrenado en la plataforma Netflix el pasado 24 de marzo.
El audiovisual, del cineasta Ali Tabrizi, comienza como un estudio de los desechos oceánicos y luego recorre los numerosos casos de destrucción y corrupción que se dan en la pesca industrial en países como Japón, China, Escocia, Somalia o Liberia.
Se puede observar desde millones de tiburones y delfines muertos en la pesca incidental hasta cómo varias organizaciones conservacionistas estarían motivadas por el dinero para apoyar sellos que marcan a cierta producción de mariscos como sostenibles cuando no lo son.
Uno de los datos revelados, por ejemplo, es que en Islandia, en un solo mes, se atraparon “accidentalmente” 269 marsopas, 900 focas, de cuatro especies diferentes, y 500 aves marinas.
En un puerto de atún en Japón y una granja de salmón en Escocia, se puede ver a Tabrizi, que también es el narrador del audiovisual, agacharse en las esquinas y buscar a los detectives al amparo de la oscuridad.
Los mercados de aletas de tiburón en China se filman con cámaras espía. Muchas de las aletas que llegan al gigante asiático provienen de Ecuador. Aunque hemos observado comunicados del Gobierno chino asegurando que condenan este delito, los productores de Seaspiracy lograron filmar cómo a plena luz del día se desembarcan camiones llenos de cientos de sacos de este producto que sirve para cocinar una sopa que no tiene “gusto” y que sirve para mostrar el estatus social en ese país, ya que un plato de este caldo cuesta más de $ 100.
En tanto, los esfuerzos para investigar los abusos de los derechos humanos en la industria pesquera tailandesa están cargados de recordatorios del riesgo para Tabrizi y la vida de su equipo. Aquí se entrevistó a varios hombres que fueron esclavizados y relatan los horrores que vivieron en los barcos.
Uno de los mayores hallazgos que se muestran en el audiovisual es sobre las etiquetas Dolphin Safe en latas de atún que se expenden en Estados Unidos y gran parte de Europa. Estos distintivos prometen a sus usuarios que el atún que consumen ha sido pescado de forma sostenible y que ningún delfín ha muerto en las faenas.
Sin embargo, el documental demuestra que las organizaciones ambientales como el Earth Island Institute, a cargo de otorgar estas etiquetas, no pueden asegurar que no haya delfines muertos o enredados en los artes de las faenas atuneras y, además, uno de sus representantes señaló que existe la posibilidad de que sus observadores a bordo de los barcos puedan ser sobornados.
Otro de los aspectos abordados es la basura que genera la industria de la pesca. Redes y equipamientos constituirían más del 50 % de los desechos marinos y los cuales son letales, ya que están hechos para matar.
En la pieza audiovisual se entrevistó a Sylvia Earle, oceanógrafa, investigadora, activista por los mares que ha estado en las islas Galápagos para realizar sus estudios y fundadora de Ocean Blue. Ella abogó por la defensa de los mares y la vida que albergan.
Al ser consultada si los mariscos sostenibles y sustentables existían, ella contestó: “He buscado mucho, de verdad, un ejemplo de lugar donde es sustentable una extracción a gran escala de vida silvestre, pero simplemente no existe”.
¿La solución? Según el documental la única forma de acabar con esta presión desmedida a la vida marina es dejar de comer pescado, mariscos en general, o reducir el consumo del mismo al mínimo.
https://www.eluniverso.com/larevista/ecologia/la-pesca-industrial-sostenible-no-existe-el-duro-mensaje-del-documental-seaspiracy-de-la-plataforma-netflix-nota/
A diferencia de mis hermanas, también me gustaban mucho los animalitos domésticos. Cuando terminaba el parvulario, un amigo de la familia que regresó de África me regaló un monito al que le puse Chicho. Rápidamente nos hicimos muy buenos amigos. También recogía todo tipo de animales y en el sótano había improvisado una especie de hospital donde curaba a pajaritos, ranas y culebras lesionados. Una vez cuidé a un grajo herido hasta que recuperó la salud y fue capaz de volver a volar. Me imagino que los animales sabían instintivamente en quién podían confiar. Eso lo veía claro en los varios conejitos que teníamos en un pequeño corral en el jardín. Yo era la encargada de limpiarles la jaula, darles la comida y jugar con ellos. Cada pocos meses mi madre preparaba guiso de conejo para la cena. Yo evitaba convenientemente pensar de qué modo llegaban los conejos a la olla, pero sí observaba que los conejos sólo se asomaban a la puerta cuando me acercaba yo, jamás cuando se acercaba otra persona de mi familia. Lógicamente eso me estimulaba a mimarlos más aún. Por lo menos me distinguían de mis hermanas. Cuando comenzaron a multiplicarse los conejos, mi padre decidió reducir su número a determinado mínimo. No entiendo por qué hizo eso. No costaba nada alimentarlos, ya que comían hojas de diente de león y hierbas, y en el patio no había escasez de ninguna de esas cosas. Pero tal vez se imaginaba que así ahorraba dinero. Una mañana le pidió a mi madre que preparara conejo asado; y a mí me dijo: - De camino a la escuela lleva uno de tus conejos al carnicero; y a mediodía lo traes para que tu madre tenga tiempo de prepararlo para la cena. Aunque lo que me pedía me dejó sin habla, obedecí. Esa noche observé a mi familia comerse "mi" conejito. Casi me atraganté cuando mi padre me dijo que probara un bocado. - Un muslo tal vez —me dijo. Yo me negué rotundamente y me las arreglé para evitar una "invitación" al estudio de mi padre. Este drama se repitió durante meses, hasta que el único conejo que quedaba era Blackie, mi favorito. Estaba gordo, parecía una gran bola peludita. Me encantaba acunarlo y contarle todos mis secretos. Era un oyente maravilloso, un psiquiatra fabuloso. Yo estaba convencida de que era el único ser en todo el mundo que me amaba incondicionalmente. Pero llegó el día temido. Después del desayuno mi padre me ordenó que llevara a Blackie al carnicero. Salí al patio temblorosa y con un nudo en la garganta. Cuando lo cogí, le expliqué lo que me habían ordenado hacer. Blackie me miró moviendo su naricita rosa. —No puedo hacerlo —le dije y lo coloqué en el suelo—. Huye, escapa —le supliqué—. Vete. Pero él no se movió. Finalmente se me hizo tarde, las clases ya estaban a punto de comenzar. Cogí a Blackie y corrí hasta la carnicería, con la cara bañada en lágrimas. Tengo que pensar que el pobre Blackie presintió que iba a suceder algo ! 1 terrible; quiero decir que el corazón le latía tan rápido como el mío cuando lo entregué al carnicero y salí corriendo hacia la escuela sin despedirme. Me pasé el resto del día pensando en Blackie, preguntándome si ya lo habrían matado, si sabría que yo lo quería y que siempre lo echaría de menos. Lamenté no haberme despedido de él. Todas esas preguntas que me hice, y no digamos mi actitud, sembraron la semilla para mi trabajo futuro. Odié mi sufrimiento y culpé a mi padre. Después de las clases entré lentamente en el pueblo. El carnicero estaba esperando en la puerta. Me entregó la bolsa tibia que contenía a Blackie y comentó: - Es una pena que hayas traído a esta coneja. Dentro de uno o dos días habría tenido conejitos. Para empezar, yo no sabía que mi Blackie era coneja. Creía que sería imposible sentirme peor, pero me sentí peor. Deposité la bolsa en el mostrador. Más tarde, sentada a la mesa, contemplé a mi familia comerse mi conejito. No lloré, no quería que mis padres supieran lo mucho que me hacían sufrir. Mi razonamiento fue que era evidente que no me querían, por lo tanto tenía que aprender a ser fuerte y dura. Más fuerte que nadie. Cuando mi padre felicitó a mi madre por aquel delicioso guiso, me dije: "Si eres capaz de aguantar esto, puedes aguantar cualquier cosa en la vida."
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