Nadie muere de viejo, o al menos así estaría legislado si los estadísticos gobernasen el mundo. Todos los meses de enero, justo cuando la implacable tiranía del invierno ha impuesto su blanco dominio, el gobierno de Estados Unidos publica su Informe preliminar sobre las estadísticas de mortalidad. Ni entre las primeras quince causas de muerte, ni en ningún otro lugar de ese insensible sumario se puede encontrar una relación de los que simplemente se extinguen. Con obsesiva pulcritud, el informe asigna, en sus ordenadas columnas, una categoría clínica específica de alguna patología fatal a todos los octo y nonagenarios. Ni siquiera los pocos cuya edad se registra en tres dígitos escapan a la ordenada nomenclatura de los tabuladores. Por orden no sólo del Ministerio de Sanidad, sino también por el decreto universal de la Organización Mundial de la Salud todo el mundo ha de morir de una causa concreta. En treinta y cinco años de médico en ejercicio nunca he cometido la temeridad de escribir el término «vejez» en un certificado de defunción, porque sé que me devolverían el impreso con una escueta nota de algún funcionario informándome que había vulnerado la ley. En todo el mundo es ilegal morir de viejo. Los estadísticos parecen incapaces de aceptar un fenómeno natural a menos que esté tan bien definido como para encajar limpiamente en una categoría concreta y fácilmente delimitable. El informe anual de los contables federales de decesos es muy ordenado —no muy imaginativo y, en mi opinión, no refleja fielmente la vida real (y la muerte real)—, pero, eso sí, muy ordenado. Estoy convencido de que muchas personas mueren de vejez. Aunque haya anotado cualquier diagnóstico científico en los certificados de defunción oficiales para satisfacer al Departamento de Estadística, yo sé bien de qué han muerto esas personas. En un momento dado, alrededor del 5 por ciento de nuestros ancianos vive en residencias asistenciales. Si han estado allí más de seis meses, la inmensa mayoría nunca abandonará la residencia con vida, excepto quizás por un breve período terminal en un hospital, donde algún joven médico residente rellenará uno de esos certificados de defunción tan pulcros. ¿De qué mueren estos ancianos? Aunque sus médicos registren obedientemente causas diversas, tales como ataque cerebrovascular, o insuficiencia cardíaca, o neumonía, en realidad estos ancianos han muerto porque algo en ellos se ha consumido. Mucho antes del desarrollo de la medicina científica todo el mundo sabía esto. El 5 de julio de 1814, Thomas Jefferson, con setenta y un años, escribía a John Adams, de setenta y ocho: «Nuestras máquinas han estado trabajando setenta u ochenta años, y es de esperar que, con lo gastadas que están, empiecen a fallar, un eje por aquí, un disco por allá, después un piñón o un muelle; y aunque podamos remendarlas por un tiempo, a la larga acabarán parándose».
jueves, 31 de agosto de 2023
Ha Joon Chang
Medio siglo después de la debacle de Toyota, su marca de lujo, Lexus, se ha convertido en una especie de icono de la globaliza- ción, gracias al libro del periodista estadounidense Thomas Friedman The Lexus and the Olive Tree. Esta obra debe su título a una epifanía que Friedman tuvo en el "tren bala" Shinkansen durante su viaje a Japón en 1992. Había hecho una visita a una fábrica Lexus, la cual le impresionó en grado sumo.
Según Friedman, a menos que encajen en una serie concreta de políticas económicas que denomina "el corsé dorado", los países del mundo del olivo no serán capaces de unirse al mundo del Lexus. Al describir el "corse dorado", compendia en buena parte la ortodoxia económica neoliberal de nuestro tiempo: para encajar en él, un país debe privatizar las empresas de propiedad estatal, mantener baja la inflación, reducir el tamaño de la burocracia gubernamental, equilibrar el presupuesto (si no tiene superávit), liberalizar el comercio, desregular la inversión extranjera, desregular los mercados de capitales, hacer convertibles las divisas, reducir la corrupción y privatizar las pensiones.8 Según él, este es el único camino hacia el éxito en la nueva economía global. Su "corsé" es el único equipo adecuado para el duro pero emocionante juego de la globalización. Friedman es categórico: "Desgraciadamente, este corsé dorado es 'de talla única' [...]. No siempre es bonito, suave o cómodo. Pero está ahí y es el único modelo en la percha para esta temporada histórica".9 Sin embargo, la verdad es que si el gobierno japonés hubiera seguido a los economistas del libre comercio a principios de la década de 1960, no habría habido Lexus. En el mejor de los casos, ahora Toyota sería un socio minoritario de algún fabricante de coches occidental, o aun peor, habría desaparecido. Lo mismo habría podido decirse de toda la economía japonesa. Si el país se hubiera puesto el corsé dorado de Friedman antes, Japón habría seguido siendo la fuerza industrial de tercera clase que era en los años sesenta, con su nivel de ingresos en pie de igualdad con Chile, Argentina y Sudáfrica,10 un país cuyo primer ministro fue despachado de un modo insultante como "un vendedor de transistores" por el presidente francés, Charles de Gaulle.; ' En otras palabras, si los japoneses hubieran seguido el consejo de Friedman, ahora no estarían exportando Lexus sino que aún estarían discutiendo sobre quién es el dueño de qué morera (que da de comer a los gusanos de seda).
miércoles, 30 de agosto de 2023
EVA SANDOVAL
«La mayoría de las visiones que tenemos sobre el peligro no son reales. Muchos jóvenes pasan horas bebiendo alcohol y perdiendo el sentido, pero eso no nos parece tan peligroso como pilotar una moto». De esta conversación en Montevideo quedó una idea clara: nuestros miedos son propios. Dejemos de traspasarlos a los que nos rodean para que puedan vivir sus vidas exactamente como hayan elegido vivirlas. En mi opinión, un verdadero peligro es vivir una vida sin hacer lo que amamos.
Si un huevo se rompe por una fuerza exterior, la vida se acaba. Si un huevo se rompe por una fuerza interior, entonces la vida empieza. Grandes cosas ocurren en el interior.
Esta frase, que se atribuye comúnmente a Jim Kwik (aunque su esencia resuena en filosofías orientales y corrientes de desarrollo personal), es una metáfora brillante sobre la naturaleza del cambio, la autonomía y la resiliencia.
Si la analizamos a fondo, encierra una verdad psicológica y existencial profunda:
1. La fuerza exterior: La reactividad y la ruptura
Cuando la presión viene de fuera (expectativas sociales, crisis imprevistas, mandatos ajenos o el simple peso de las circunstancias), el individuo actúa como un sujeto puramente pasivo.
El cascarón se rompe y lo que hay dentro se dispersa o se destruye.
Representa el trauma no procesado o la alienación: permitir que el entorno defina el momento y la forma de nuestra ruptura. Es la vida que se acaba porque se pierde el control sobre el propio destino.
2. La fuerza interior: La maduración y la metamorfosis
Cuando el cascarón se rompe desde dentro, no es un acto de destrucción, sino de liberación.
El polluelo rompe el cascarón solo cuando ha alcanzado el nivel de desarrollo necesario para sostener su propia vida en el mundo exterior.
Aquí, la ruptura es sinónimo de nacimiento, despertar y soberanía. Representa las crisis que elegimos, los procesos de introspección, el cuestionamiento de nuestras propias creencias limitantes y la decisión consciente de cambiar.
3. "Grandes cosas ocurren en el interior"
El verdadero trabajo es invisible a los ojos del mundo. Antes de que se note cualquier cambio externo (la ruptura del cascarón), ha tenido que ocurrir un proceso biológico, químico y existencial silencioso en la penumbra.
Nadie ve la gestación, solo el nacimiento. En términos humanos, esto nos recuerda que el crecimiento real —el que perdura— no surge de la búsqueda de validación externa o de reaccionar a los golpes de la vida, sino de cultivar la fortaleza, el criterio y la voluntad en nuestra propia intimidad.
En conclusión: La metáfora nos invita a dejar de ser víctimas de las presiones del entorno y a convertirnos en los autores de nuestra propia transformación. El dolor del crecimiento interno es constructivo; la presión externa no gestionada, destructiva.
Ivan Ferreiro
Hay algo sobrenatural en tu manera de bailar
martes, 29 de agosto de 2023
Claramente, hemos olvidado nuestra conexión con la naturaleza, sin comprender que sin ella, nosotros no podríamos subsistir. Los que ridiculizan la iniciativa de considerar a los árboles seres vivos, se están ridiculizando así mismos al estar respirando el oxígeno procedente de un ser vivo, no de un objeto sin vida.
Los árboles son nuestros compañeros. Creciendo cerca de los edificios como ya he señalado, gracias a su efecto en el microclima, contribuyen a reducir hasta un 10% el consumo energético de calentadores y radiadores, además de dar sombra en verano y ser una pantalla para frenar el viento invernal y las olas de frio y de calor.
Los Japoneses, desde hace milenios, siempre han venerado a los árboles y les ha dado la importancia que se merecen, hasta el punto de ser recomendado como terapia a muchos enfermos o personas estresadas, de darse baños de bosque, que significa el pasear entre árboles, oler sus esencias, escuchar el canto de sus moradores y disfrutar de la tranquilidad y belleza que desprende el caminar por sus senderos. Está demostrado científicamente y ya es aconsejable por parte de algunos médicos occidentales, que en estos baños en el bosque, la tensión arterial disminuye, se potencia el sistema inmunitario, aumenta el nivel de energía, reduce ansiedad, depresión, ira, estrés y propicia un estado de relajación. Es un verdadero hospital verde del que podemos aprovecharnos. Es por ello que en grandes capitales de Japón, existes bosques señalados para esos baños imprescindibles para reforzar la salud de sus habitantes. Un ejemplo de ello está en los jardines del Shinjuku Gyoen que se encuentra justo en el centro de Tokio.
Uno de los programas de medicina forestal más ambicioso del mundo es el de Corea del Sur. El gobierno ha creado el Centro Nacional de Terapia Forestal, con 37 bosques nacionales de recreo y está formando a quinientos instructores de medicina forestal. El Plan Nacional de Bosques pretende con ello crear un estado de bienestar verde, en el que los bosques aporten felicidad a todo el mundo en todas las fases de su vida. Proteger nuestros bosques urbanos es tan importante como cuidar de nuestras selvas tropicales o bosques de montaña. Los árboles son una parte vital e integral de nuestra vida urbana como ya he señalado.
https://www.fronterad.com/los-arboles-seres-vivos/
lunes, 28 de agosto de 2023
Gustavo Adolfo Bécquer
las violetas suave olor,
brumas de plata la noche fría,
luz y oro el día,
yo algo mejor;
¡yo tengo Amor!
Aura de aplausos, nube radiosa,
ola de envidia que besa el pie.
Isla de sueños donde reposa
el alma ansiosa.
Dulce embriaguez
¡la Gloria es!
Ascua encendida es el tesoro,
sombra que huye la vanidad.
Todo es mentira: la gloria, el oro,
lo que yo adoro
sólo es verdad:
¡la Libertad!
Así los barqueros pasaban cantando
la eterna canción
y a golpe de remo saltaba la espuma
y heríala el sol.
-¿Te embarcas? gritaban, y yo sonriendo
les dije al pasar:
Yo ya me he embarcado, por señas que aún tengo
la ropa en la playa tendida a secar.
w dyer
“Malgastar nuestra preciosa energía vital persiguiendo algo que no queremos, y ¡no tener nunca suficiente de lo que perseguimos sin descanso!”. Por suerte, este es un desequilibrio relativamente fácil de corregir, a pesar de lo que nos hayan dicho sobre las dificultades que supone vencer las adicciones. El concepto de combatir y vencer una adicción ya es un mal planteamiento de la cuestión; creo que debemos empezar por eliminar esas palabras de nuestro vocabulario. Martin Luther King, Jr., observó una vez que la única forma de convertir a un enemigo en un amigo es mediante el amor, no el odio o el combate.
domingo, 27 de agosto de 2023
ISAK DINESEN
“Cuando se hubieron acostumbrado a la idea de la poesía, me pedían: Habla otra vez. Habla como lluvia. Por qué sentían que el verso era como la lluvia es algo que no sé. Quizá sea una expresión de aplauso, porque en África la lluvia siempre es deseada y bienvenida.”
Raymond Carver
Esa frase de Raymond Carver captura a la perfección una de las verdades más crudas y, al mismo tiempo, más liberadoras del oficio de escribir (y del arte en general).
Escribir "sin esperanza y sin desesperación" es despojar al acto creativo de una carga emocional que a menudo lo paraliza.
Las dos trampas del creador
Para entender por qué Carver anhelaba ese estado, vale la pena desglosar los dos extremos que Dinesen proponía erradicar:
La Esperanza: Puede sonar contradictorio, pero la esperanza en la escritura a menudo se convierte en una trampa de expectativas. Es esperar el aplauso, la obra maestra instantánea, la validación externa o la genialidad en cada línea. La esperanza genera ansiedad por el futuro; te saca del papel y te pone a pensar en el éxito de la página terminada.
La Desesperación: Es el reverso de la moneda. El miedo a la página en blanco, la voz autocrítica que dice que nada de lo que haces vale la pena, el peso del fracaso previo o la convicción de que el talento se ha esfumado. La desesperación paraliza el presente.
El refugio del oficio
Al eliminar ambas, ¿qué queda? El oficio puro. Queda el "escribir un poco cada día".
Se convierte en un acto casi monacal, una rutina desprovista de melodrama. Si lo que escribiste hoy es brillante, no te elevas hasta el cielo (sin esperanza); si lo que escribiste es mediocre, no te hundes en la miseria (sin desesperación). Mañana te vas a sentar a escribir otra vez, de todos modos.
Para Carver, un autor que batalló con el alcoholismo, las carencias económicas crónicas y la presión de moldear el realismo sucio americano, esa ecuanimidad no era solo una postura estética, era una estrategia de supervivencia. Era la única manera de mantener la mirada limpia y la mano firme sobre la máquina de escribir.
Es el ideal de ver la escritura no como un arrebato místico ni como un tormento existencial, sino como una práctica diaria, constante y extrañamente pacífica.
sábado, 26 de agosto de 2023
Jack london
También llevé el collar de hierro de los siervos alrededor de mi cuello en parajes helados; amé a princesas de casas reales en la cálida y perfumada noche tropical, donde esclavos negros refrescaban el sofocante aire con abanicos de plumas de pavo real, mientras, desde la lejanía, más allá de las fuentes y de las palmeras, llegaban a mis oídos rugidos de leones y aullidos de chacales. Pasé más de una noche en algún desierto helado, acurrucado, calentando mis manos en las fogatas alimentadas con estiércol de camello; y me quedé tumbado bajo la escasa sombra de arbustos resecos de artemisas junto a charcos evaporados, implorando agua con la lengua seca, mientras a mi alrededor, desmembrados y esparcidos sobre la tierra alcalina, se hallaban los huesos de hombres y animales que habían muerto implorando un poco de agua.
viernes, 25 de agosto de 2023
El Tao devenga enormes dividendos una vez que asimilamos que la vida y la muerte —la existencia y la no existencia— son sólo una manifestación más del yin y el yang. A muchos occidentales nos cuesta comprender este concepto porque hemos crecido en una cultura materialista que por defecto enfatiza las «cosas». De ahí que las personas se centren demasiado en asuntos de la existencia mundana —casas, coches, escuelas, ropa, profesiones, impuestos, política y escándalos— y que descuiden los usos de la no existencia. Apreciar la no existencia nos permite existir más plenamente. Y debemos enfrentarnos al vacío para alcanzar esa plenitud. Un bebé aparece cuando se vacía el útero. Una mente serena emerge cuando se vacía el ego. Una vida es dichosa cuando se ha vaciado del miedo a la muerte. Centrándonos en el vacío, apreciamos la plenitud. Desde un punto de vista cósmico, incluso la vida humana más larga, pongamos de un siglo, es un mero parpadeo de conciencia, una luciérnaga que brilla durante un ahora en una eterna sucesión de noches de verano. Para abrazar la idea de que la vida tiene un origen (el Tao) al que un día regresará para manifestarse de nuevo en otras formas hay que darse cuenta de que la existencia y la no existencia están vinculadas. Tu ego será disuelto por la muerte, pero tu energía vital será reciclada y transformada. Mientras que los científicos occidentales necesitaron siglos para descubrir las leyes de conservación que gobiernan a las energías no vivas, los antiguos filósofos chinos e hindúes entendieron que las energías vivas también se conservan.
Joseph Conrad
Esa frase de Joseph Conrad despoja a la existencia de cualquier adorno y la reduce a su elemento más crudo: la confrontación directa.
Mirar al problema de frente —ya sea una tormenta en alta mar, una crisis interna o el peso de la realidad— es, en sí mismo, el primer acto de resolución.
La evasión solo dilata el problema y agiganta la sombra de lo que tememos.
jueves, 24 de agosto de 2023
Pita Amor
Le gusta cómo vengo vestida? Hay que tener agallas para salir a la calle vestida así, ¿eh? Me puede servir coca-cola. Nosotros sabemos que en el Olimpo no se bebe alcohol, el alcohol es para la servidumbre, ¿está usted de acuerdo?
Buda
miércoles, 23 de agosto de 2023
Wildcat Kelly, pálida a más no poder Estaba parada junto al sherif
Y cuando el sherif dijo :
te mandaré a la cárcel»
Wildcat levantó la cabeza y gritó:
Oh, dame tierra, mucha tierra bajo cielos estrellados
No me cerques…
Oh, dame tierra, mucha tierra bajo cielos estrellados
No me cerques
Déjame andar por el ancho campo abierto que amo
No me cerques
Déjame existir en la brisa del atardecer
Y escuchar el rumor de los álamos
Dime adiós para siempre, pero te pido, por favor,
Que no me cerques.
Ese fragmento tan cinematográfico y melancólico pertenece a una de las canciones más emblemáticas de la música country y la cultura del Western norteamericano: "Don't Fence Me In" (No me cerques).
El Autor
La historia de la autoría de esta canción es curiosa y tiene dos nombres clave:
Robert Fletcher (Poeta): Un ingeniero de caminos de Montana escribió el poema original en 1934, inspirado en la inmensidad del paisaje del oeste estadounidense.
Cole Porter (Compositor): El legendario compositor de Broadway compró los derechos del poema de Fletcher y lo adaptó, dándole la estructura musical y el ritmo definitivo.
Aunque Cole Porter suele llevarse el crédito principal, legalmente ambos comparten la autoría. La canción se convirtió en un éxito colosal en 1944 cuando fue grabada por Bing Crosby y The Andrews Sisters, transformándose en un himno de libertad.
Análisis del Fragmento
El texto que se cita es una traducción muy poética de la introducción narrativa de la canción (el verse), que prepara el escenario para el famoso estribillo.
1. El Conflicto: Civilización vs. Libertad Salvaje
El inicio plantea un choque inmediato. Tenemos a Wildcat Kelly (un nombre que evoca a un gato montés, indomable y salvaje) frente a frente con el sheriff, que representa la ley, el orden, las paredes y la reclusión de la civilización. La palidez de Kelly refleja el miedo físico a perder lo que más ama: su libertad.
2. La Cárcel como Metáfora del Encierro Moderno
Cuando el sheriff la amenaza con la cárcel, la respuesta de Wildcat Kelly no es un ruego de piedad, sino una declaración de principios. Para un espíritu del oeste, la peor prisión no son solo los barrotes de hierro, sino cualquier cosa que tape el horizonte.
3. El Manifiesto del Vagabundo (The Open Road)
«Oh, dame tierra, mucha tierra bajo cielos estrellados / No me cerques…»
El espacio infinito: Exigir "mucha tierra" y "cielos estrellados" es reclamar el derecho a la inmensidad. El cielo nocturno sin límites es el único techo aceptable para el personaje.
El grito de individualismo: La frase "Don't fence me in" (No me cerques / No me pongas vallas) se convirtió en un lema cultural en EE. UU. Simboliza el rechazo a la domesticación, a las normas urbanas y a la pérdida de la individualidad que trajo consigo el fin de la era de la frontera salvaje.
Un dato curioso
En la versión original en inglés, Wildcat Kelly es un hombre ("Wildcat Kelly, looking mighty pale..."). Al traducirse al español o interpretarse de forma libre, el personaje a menudo se visualiza como una mujer de armas tomar, lo que le añade un toque extra de rebeldía y fuerza dramática al relato.
Este texto aparece de forma central en el libro de Yalom "Criaturas de un día" (Creatures of a Day: And Other Tales of Psychotherapy, publicado en 2015). De hecho, le da nombre a uno de los capítulos más conmovedores de esa obra: el quinto relato se titula, precisamente, "Don't Fence Me In" (No me cerques).
En ese capítulo, Yalom relata el caso de un paciente llamado Charles, un hombre de 77 años, antiguo director general de una gran empresa, sumamente independiente, vital y espontáneo. El conflicto de Charles surge cuando, debido a su edad y a ciertas circunstancias, se ve obligado a mudarse a una comunidad o residencia para personas mayores que funciona bajo normas muy estructuradas y estrictas.
Para un espíritu que siempre fue dueño de su destino, la rigidez del lugar le resulta asfixiante, sintiéndose atrapado en una especie de prisión burocrática. Durante las sesiones, la famosa canción de Wildcat Kelly y el lema "Don't fence me in" se convierten en el eje simbólico de su terapia: la resistencia humana frente a la pérdida de autonomía, el rechazo a ser domesticado por la vejez y la desesperada necesidad de mantener un horizonte abierto —una "tierra bajo cielos estrellados"— hasta el último de sus días.
Es un ejemplo bellísimo de cómo Yalom utiliza la cultura popular y la música para conectar con la angustia existencial de sus pacientes.
Emily Dickinson
Porque no pude detenerme ante la muerte,
martes, 22 de agosto de 2023
Massimo Pigliucci
Finalmente, uno de los rasgos más atractivos del estoicismo es que los estoicos estaban dispuestos a considerar las objeciones a sus doctrinas y, por tanto, a alterarlas de acuerdo con aquellas. En otras palabras, se trata de una filosofía abierta, dispuesta a incorporar las críticas de otras escuelas (por ejemplo, de los llamados escépticos de la época antigua) así como de los nuevos descubrimientos. Como dice la famosa frase de Séneca: «Los hombres que realizaron estos descubrimientos antes de nosotros no son nuestros amos, sino nuestros guías. La verdad está abierta a todos; aún no ha sido monopolizada. Y queda mucha para que la descubra la posteridad». En un mundo de fundamentalismo y doctrinas inamovibles, resulta refrescante adoptar una visión del mundo que está inherentemente abierta a revisión.
Paul contestó con agudeza: «Si tengo que elegir entre vivir y analizar, elijo vivir cualquier día. Huyo de la enfermedad de la explicación y lo incito a que haga lo mismo. El impulso a explicar es una epidemia del pensamiento moderno cuyos portadores principales son los terapeutas contemporáneos: cada uno de los psiquiatras que he conocido sufren de ese mal que es adictivo y contagioso. La explicación es una ilusión, un espejismo, una construcción, una canción de cuna reconfortante. La explicación no existe. Llamémosla por su nombre: la defensa de un cobarde contra el terror, el tremendo y doloroso terror a la precariedad, a la indiferencia y el azar de la pura existencia»
lunes, 21 de agosto de 2023
Daniel Goleman
El espíritu creativo ha vuelto a las andadas, en esta oportunidad en una noche fría de 1865. El químico Friedrich Kekulé acaba de descubrir la esquiva estructura de la molécula de benceno, un importantísimo hallazgo para la química orgánica. Kekulé atribuye su descubrimiento —y tendremos que confiar en su palabra— a una visión que experimentó mientras soñaba despierto. El señor Kekulé informó que, después de un largo día de reflexión, estaba relajándose frente al fuego, mientras contemplaba las brasas que volaban en el hogar en esquemas circulares. Dice que entonces cayó en una suerte de ensueño, y que mientras semidormitaba comenzó a ver que las chispas bailaban como formando una serpiente. De pronto formaron un círculo remolineante, como si fueran una serpiente mordiéndose la cola. Kekulé afirma que entonces despertó de golpe con una imagen nueva y precisa de la estructura de una molécula de benceno: ¡un anillo! El enfoque de Kekulé en cuanto a la solución de problemas: Piensa mucho; luego relájate y permítete soñar'.
Matthew White
En uno de los grandes contrastes de la historia, el pueblo que dio la bienvenida a Colón, los taíno (o arawak) de las Bahamas, era uno de los más amables jamás registrado. En palabras del propio Colón: «Ni llevan ni saben nada de armas, porque les enseñé espadas y las cogieron por la hoja y se cortaron por ignorancia». «Son un pueblo afectuoso, sin codicia, y aptos para cualquier cosa… no hay mejor tierra ni mejor pueblo. Aman a sus vecinos como a sí mismos, y su lengua es la más dulce y amable del mundo, y siempre sonríen .» Naturalmente, lo primero que hizo Colón fue apoderarse de ellos para saquearlos. «Serían magníficos sirvientes», anotó. «Con cincuenta hombres pueden ser sometidos y obligados a hacer lo que se quiera con ellos.» A continuación se dirigió hacia el sur, adentrándose en las Indias Occidentales, preguntando por cualquier trozo de oro que pudiera encontrar a su alrededor. Exploró las islas más grandes, Cuba y La Española, y no halló nada de valor para robar salvo a los nativos. Siempre al acecho de la oportunidad, observó: «Desde aquí, en nombre de la Santa Trinidad, podemos enviar a todos los esclavos que puedan ser vendidos ». Para demostrar su argumento, secuestró a unos pocos nativos para llevárselos a España como muestra. A continuación dejó un pequeño asentamiento en La Española y zarpó de vuelta a España con aquellas maravillosas noticias.
Mo Yan
Una vez vino un cuentacuentos a nuestro mercado. Yo me escaqueé de los trabajos que me había asignado mi madre y fui allí en secreto a escuchar los cuentos. Mi madre me criticó por ello. Por la noche, cuando mi madre se disponía a confeccionar las chaquetas de invierno bajo la débil luz de la lámpara de aceite, no pude controlarme y recité los cuentos que había aprendido durante el día. Al principio, ella no tenía ganas de escuchar ni una palabra porque le parecía que ser cuentacuentos no era una profesión normal y que los cuentacuentos eran personas charlatanas y unos farsantes; además, los cuentos que contaban no versaban sobre cosas buenas. No obstante, poco a poco le fueron atrayendo los cuentos que le recitaba. Más adelante, cada vez que se celebraba la feria, mi madre no me asignaba ninguna tarea; me había dado un permiso implícito para ir a escuchar los cuentos. Para recompensar su gratitud y también para presumir de mi buena memoria, le recitaba con todo detalle todos los cuentos que había escuchado durante el día.
Al poco tiempo, no me satisfacía recitarle los cuentos de los cuentacuentos tal cual, así que me inventaba detalles durante mi relato. Con el propósito de que le gustaran a mi madre, creaba unos nuevos párrafos e incluso modificaba el final del cuento. La audiencia no se limitó solo a mi madre, sino que mi hermana, mis tías y mi abuela también formaron parte. Hubo veces en que después de escuchar el cuento, mi madre expresaba sus preocupaciones. Parecía que se estaba dirigiendo a mí pero también podría ser que estuviera hablando consigo misma: “Hijo mío, ¿que vas a hacer en el futuro?, ¿quieres ganarte la vida contando cuentos?”.
Entendí la preocupación que tenía mi madre porque en mi pueblo un chico hablador no estaba bien visto, a veces podía traer problemas, para sí mismo e incluso para la familia. En mi relato 牛 (Toro) el chico que es rechazado por su pueblo por hablar demasiado es parte de la historia de mi pubertad. Madre me recordaba frecuentemente que hablara un poco menos porque esperaba que pudiera ser un chico tranquilo, generoso y callado. Sin embargo, yo había demostrado tener una enorme competencia lingüística y una gran disposición para hablar, lo que resultaba ser tremendamente peligroso. Pero mi capacidad para recitar los cuentos le producían mucha alegría a mi madre. ¡Qué gran dilema tenía ella!
Como dice un refrán chino: Es fácil cambiar de dinastía, es difícil modificar la personalidad y aunque mis padres me habían educado con mucho cuidado, no consiguieron cambiar el hecho de que a mí me gustara hablar. Esto le había dado un sentido irónico a mi nombre Mo Yan que significa “no hables”.
jueves, 17 de agosto de 2023
Miguel de Unamuno
"Agranda la puerta, padre,
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