sábado, 8 de agosto de 2026

 En español, la palabra aislar significa tanto «aislar» como «proteger», que es lo que hacemos la mayoría cuando conseguimos dinero. Nos compramos un coche para poder dejar de ir en autobús. Nos mudamos del piso con todos esos vecinos ruidosos a una casa tapada por un muro. Nos alojamos en hoteles caros y tranquilos en lugar de en los vibrantes hostales que solíamos frecuentar. Utilizamos el dinero para aislarnos del riesgo, del ruido, de las molestias. Pero el aislamiento se consigue a costa de aislamiento. Nuestro confort exige que nos privemos de los encuentros espontáneos, de la música nueva, de las risas desconocidas, del aire fresco y de las interacciones fortuitas con personas desconocidas.

Los investigadores han concluido una y otra vez que el indicador más fiable a la hora de predecir la felicidad es sentirse parte de una comunidad. En la década de 1920, solo el 5 por ciento de los estadounidenses vivían solos. Hoy en día lo hace más de una cuarta parte de la población, la cifra más alta de la historia según la Oficina del Censo. Mientras tanto, en los últimos veinte años el consumo de antidepresivos se ha disparado en un 400 por ciento, y el uso abusivo de fármacos para el dolor se ha convertido en una epidemia imparable. La correlación no prueba la causalidad, pero estas pautas guardan relación. Tal vez sea hora de hacer algunas preguntas impertinentes sobre aspiraciones que antes eran incuestionables, tales como el confort, la riqueza y el poder.

Christopher Ryan 

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Archivo del blog

Buscar este blog