En español, la palabra aislar significa tanto «aislar» como «proteger», que es lo que hacemos la mayoría cuando conseguimos dinero. Nos compramos un coche para poder dejar de ir en autobús. Nos mudamos del piso con todos esos vecinos ruidosos a una casa tapada por un muro. Nos alojamos en hoteles caros y tranquilos en lugar de en los vibrantes hostales que solíamos frecuentar. Utilizamos el dinero para aislarnos del riesgo, del ruido, de las molestias. Pero el aislamiento se consigue a costa de aislamiento. Nuestro confort exige que nos privemos de los encuentros espontáneos, de la música nueva, de las risas desconocidas, del aire fresco y de las interacciones fortuitas con personas desconocidas.
Los investigadores han
concluido una y otra vez que el indicador más fiable a la hora de
predecir la felicidad es sentirse parte de una comunidad. En la década
de 1920, solo el 5 por ciento de los estadounidenses vivían solos. Hoy
en día lo hace más de una cuarta parte de la población, la cifra más
alta de la historia según la Oficina del Censo. Mientras tanto, en los
últimos veinte años el consumo de antidepresivos se ha disparado en un
400 por ciento, y el uso abusivo de fármacos para el dolor se ha
convertido en una epidemia imparable. La correlación no prueba la
causalidad, pero estas pautas guardan relación. Tal vez sea hora de
hacer algunas preguntas impertinentes sobre aspiraciones que antes eran
incuestionables, tales como el confort, la riqueza y el poder.
Christopher Ryan
No hay comentarios:
Publicar un comentario