martes, 29 de mayo de 2012


'Una mochila para el universo' (Destino) es «una guía para cambiar lo que no nos funciona». Lo dice sin temer la palabra 'autoayuda' su autora, Elsa Punset (Londres, 1960). Da herramientas para identificar y gestionar emociones, para conocerse. Pero con el respaldo de la ciencia que permite hoy ver qué pasa en nuestro cerebro, medir sus reacciones químicas ante el miedo y el amor, pilares de la estructura emocional. Sabemos que la razón no está enfrentada a las emociones que rigen nuestras vidas, y que la felicidad se logra con entrenamiento emocional.
-¿Por qué la gimnasia emocional es tan saludable?
-Hace cincuenta años no hacíamos ejercicio. Hoy sabemos cuánto beneficio genera. Lo podemos medir. Con la mente y las emociones pasa lo mismo. No debemos resignarnos a lo que nos ha tocado en la vida. Estamos en la era de la gestión emocional y empezamos a comprender sus beneficios.
-¿La regla de oro?
-Comprender los mecanismos básicos de la mente; que el cerebro es un órgano milenario, caduco para el mundo actual y al que debemos ayudar a actualizarse para vencer su poderosa tendencia al sesgo negativo, a la infelicidad.
-¿Primer paso para lograrlo?
-Entender qué nos pasa. Por qué sentimos lo que sentimos.
-¿Por qué el cerebro es conservador y temeroso?
-Para protegernos, da señales de alarma que cree de ayuda. Lo ha hecho durante milenios. En un entorno hostil y de amenazas incesantes, era un mecanismo utilísimo. Se ha consolidado en la corteza cerebral, que nos permite pensar, soñar, recordar, creer y prever. El cerebro emocional lo rige todo y las emociones te quieren hacer sobrevivir. Tenemos la capacidad de prever y recordar lo malo y las emociones que nos dicen ¡cuidado! Ahora vemos que esto tiene un impacto brutal sobre nuestro cuerpo; que lo que sientes te afecta, que el estrés te daña físicamente. No solo te hace infeliz; te enferma. La energía que gastas en preocuparte se la quitas a la creatividad y a la inteligencia.
-¿Nos engaña mucho el cerebro?
-Es un órgano ciego con sentidos. A veces somos sus esclavos sin saberlo. Solo vemos lo que nos interesa ver. Es un peligro y por eso el libro insta constantemente a retar al cerebro. Pero ahora sabemos que es plástico, que puede cambiar.
-¿Es la gran revolución de la neurociencia?
-Sí. Se creía que a los 18 años se iniciaba un declive irreversible. Pero sabemos que la neurogénesis es constante, aunque a ritmo más lento. El neurólogo Álvaro Pascual dice que somos una montaña nevada. Su forma, su pendiente, y sus rocas son la genética. Nuestra mente es un trineo. Si te lanzas siempre por el mismo camino, al final el trineo va solo. La tendencia más común es pensar, sentir y decir lo mismo. La única forma de contrarrestarlo es exigir a tu cerebro que explore otras vías, que cambie.
-¿Por qué el pesimismo se contagia más?
-Nos contagiamos las emociones como los virus, pero mucho más las negativas. Tenemos neuronas espejo y mecanismos que nos llevan a imitar a los demás, a sentir lo que sienten, de forma inconsciente. Las emociones negativas son señales de miedo y sabemos cuán atento está el cerebro al miedo.
-¿Cómo gestionar ese miedo?
-Comprendiéndolo. Entrenando al cerebro en positivo. Si lo comprendes, puedes transformarlo. Si no, vives en piloto automático y aplicas lo aprendido sin darte cuenta. Es casi imposible salir de ahí.
-¿Qué no debe faltar nunca en nuestra mochila emocional?
-Amor y curiosidad.
-¿En qué porcentaje depende la felicidad de nuestra actitud?
-Los expertos dicen que en un 50%. La mitad son circunstancias, temperamento y disposición genética hacia el pesimismo o el optimismo. La otra mitad es mejorable en función de cómo te juzgues a ti y a los demás y como interpretas las cosas.
-¿Nuestra verdadera identidad está en las emociones?
-La emoción es vida. Es fluida. No nos enseñan a reconocerlas y a gestionarlas y eso desconcierta al cerebro, que quiere permanencia. En los escáneres cerebrales vemos además que es fugaz. Somos lo que sentimos y lo que hacemos sentir. La gente olvidará tus acciones, lo que haces, pero jamás lo que le haces sentir.

Elsa Punset

martes, 22 de mayo de 2012

Jesús Lizano



Tengo 80 años. Nací y vivo en Barcelona. Soy poeta irremediablemente, no tengo mérito. Me casé y me divorcié: tengo un hijo, David (50). Nunca he votado. Soy anarquista poético: mi patria es el mundo, mi familia es la humanidad. Prosigo en la aventura creativa que me vive.
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Libros, papeles y máquinas de escribir rotas se amontonan alrededor de Lizano en el salón de su casa. No tiene ordenador: "Sólo tengo desordenador", bromea. Luce una barba de profeta y de poeta. Su obra hasta el año 2000 está reunida en Lizania. Aventura poética (Lumen). Está muy enfermo, y antes de morir sueña con ver publicado el resto de su obra en Lizania. Aventura libertaria (con Manifiesto anarquista, Cartas al poder libertario, La vuelta al mundo en 80 años...): ¿alguien se presta a editarle? Acaba de publicar El ingenioso libertario Lizanote de la Acracia o la conquista de la inocencia (Virus editorial, con DVD de una lectura pública), y ¡Hola, compañeros!, manifiesto anarquista
Qué es ser poeta?Ser mensajero de la belleza.

¿Usted lo es?
No puedo evitarlo, como no puedo evitar hacer pipí. Es un imperativo de la naturaleza, una energía creativa que me tiene, que me vive.

Se nace poeta, pues.
Yo nací gracias al papa Pío XI: mis padres eran primos y sin su dispensa mi madre jamás se hubiese casado.

¿Cuándo comenzó a escribir poesía?
"Tiene usted madera de escritor", me dijo un profesor a los doce años. ¡Bah, eso es anecdótico! El artista lo es más allá de su voluntad. Es una fuerza que le tiene. El artista de verdad, quiero decir.

¿Hay artistas de mentira?
Sí, los que buscan premios, galardones, medallas, cargos, sillones de académico... Para el artista auténtico no hay amor propio, no hay vanidad.

¿Acaso no quiere reconocimiento?
El artista de verdad vive sólo para su obra, y su obra es para los demás. La obra no nace hasta que no llega a los demás. El artista sabe que no tiene mérito, que es la energía creativa la que le vive. Por eso no se le puede conocer ni juzgar sin leer su obra.

¿Cómo le han juzgado?
Muy bien, excepto desde el poder literario, y es lógico: en vez de buscar su apoyo he criticado que la cultura esté en manos del poder.

¿Y qué quiere el poder?
El poder agradece que guardes las formas, la educación, que seas adulador..., y yo no atildo mi indumentaria, no vigilo mi aspecto, olvido cuidarme...

Vaya...
Cuido mucho mi vida interior, y nada la exterior. A la burguesía le importa la forma, no el fondo: es normal que yo no les guste. ¡Pero que lean mi obra, que la lean!

¿Descubrirán a un anarquista?
De un anarquismo poético, no político.

¿Qué propone su anarquismo poético?
Fe en lo humano, fe en que podemos superar la estructura dominante-dominado, fe en que la ayuda mutua sea nuestra única ley y moral. ¡Basta ya eso de que las ideas estén por encima de las vidas! Todos somos compañeros. Mi patria es el mundo y mi familia es la humanidad.

Me temo que hoy su anarquismo poético no pinta mucho...
¡Mi mundo no es de este reino!

¿Veremos ese mundo que sueña?
El primer verso de mi primer libro fue "he descubierto tierra". Aquella tierra era la Acracia... Se verá cuando nos coordinemos en comunidades humanas, no políticas, no religiosas, no familiares...

¿Descubriremos esa tierra mediante la política?
No: en vez de vernos como fragmento de lo natural, como mamíferos humanos, la política nos obliga a vernos como fragmento de lo social que los dominantes controlan.

Pero necesitamos organizarnos...
Sí, pero no que unos pocos sean los que nos organicen, manipulen y, si conviene, nos destruyan, como en las guerras.

¿Cómo se ha ganado usted la vida?
Licenciado en Filosofía, impartí clases en un instituto durante unos años. El primer día anuncié a los alumnos: "¡Estáis todos aprobados, venid a clase sólo si queréis!". Y me hice llamar antiseñor. El director me conminó a cambiar de actitud.

¿Obedeció usted?
¡No! Y al tercer año dejaron de renovarme el contrato. Entonces me empleé como corrector literario de una editorial. Pero mi necesidad imperiosa de escribir poesía irritaba a mi jefe, que me denunció a su superior.

¿Y volvieron a despedirle?
Di a leer mi poesía al superior, ¡y entendió!: me puso un despachito para mí: a la vez que hacía mi trabajo como corrector, pude seguir escribiendo durante 22 años.

Tuvo suerte.
Sí, porque no se puede crear sin tiempo libre, sin libertad de pensar y sentir: por eso la compañera de mi vida ha sido la soledad.

¿No ha tenido amor?
Sí, he tenido amor y he tenido compañera. Un amor que ha sido el amor de mi vida... y una constante compañera: la soledad.

¿Y ahora?
Mi consuelo es hacer la compra cada mañana y saludar a las vendedoras del mercado, que me quieren mucho. Esto alimenta el alma. Saldré un día a la calle con un cartelito al cuello que diga: "Necesito cariño".

Habla de la conquista de la inocencia...
No se trata de conquistarla, sino de que sea ella la que nos conquiste. ¡La naturaleza!

¿Qué poetas le emocionan?
Todos los auténticos. Es ella, la poesía, la que me emociona. Pero se están muriendo los poetas. Mire, yo mismo...

¿Qué le pasa?
Leucemia. Me estoy muriendo. Estoy enfermo, agotado... ¡Pero no deprimido!

¿Le asusta la muerte?
En absoluto. Morir de viejo es natural. He llegado a viejo, he tenido muchas experiencias y lo comprendo mejor todo: está bien, no hay drama. He vivido.

¿Está contento?
Tampoco. Pero el intríngulis es tener vida interior. Y albergo la ilusión de ver publicada la segunda parte de Lizania antes de morir. Gastaré mis ahorros en editarme.

¿Nos despedimos con un poema suyo?
"El capitán / no es el capitán. / El capitán / es el mar...".

Jesús Lizano

Edad


¿Edad? La de mis ideas: mi artritis tiene años. Quiero explorar el universo para descubrir lo humano. Si la solución no llega concentrándote en el problema, abre foco al infinito: igual no hay problema. Cuando no puedas cambiar lo que ves, cambia tu mirada. . . Y después verás
El mundo no es apasionante ni aburrido: es como lo miras. Es creatividad, concepto etéreo que Carson aspira a transformar en ciencia. Por el intento, algo así como meter una mariposa en un frasco, le dan el doctorado en Harvard. Y por su método Creates: connect, reason, envision, absorbe, transform, evaluate, strength (conecta, razona, visualiza, absorbe, transforma, evalúa, consolida). Shelley se ríe de mis pifias en inglés y, al verme sonrojado, dice que son "adorables" y pide que vuelva a equivocarme: "El bilingüismo -añade- es creativo" (sobre todo -pienso yo- para quien posee la lengua dominante). Y si la creatividad es hija de la necesidad, a lo mejor de lo peor, aquí seremos muy creativos.
Empecé a interesarme por la creatividad cuando investigaba enfermedades mentales.

¿Por qué?
Porque determinada herencia genética predispone a ser creativo; también te hace proclive a psicopatologías: trastorno bipolar, esquizofrenia, adicciones...

¿Por qué el genio deviene locura?
Porque ambos dependen de nuestros filtros de percepción de la realidad. La percepción no sirve para captar al máximo lo que sucede, sino para no captar demasiado.

¿La vista sirve para no ver demasiado?
Si filtramos con rigidez la información exterior, caemos en la rutina y la pobreza mental; si filtramos menos, podemos ser más creativos; y si no filtramos nada, el chorro de percepciones de la realidad nos desborda hasta la locura. El loco ve demasiado.

¿Cómo regulamos esos filtros?
Con un neurotransmisor, la dopamina, que también estimula el tránsito entre los estadios mentales del proceso creativo. A más dopamina, más laxos son esos filtros. Hay personas que heredan cierta capacidad de modularlos y de modificar estados mentales.

¿Por qué con la misma predisposición unos son genios y otros enfermos?
El creativo añade a esa predisposición genética capacidad intelectual y talento. El talento ya no depende de la herencia, sino del trabajo realizado para adquirir habilidades. Así, el creativo recibe más información y además sabe procesarla y relacionarla. El psicótico simplemente se ve desbordado por ella.

¿Cómo?
Alucinaciones, ilusiones. El psicótico es incapaz de distinguir entre la información de la realidad y la creada en su propio cerebro. John Nash, el Nobel de Economía (Una mente maravillosa en la película), en su paranoia oía a los marcianos "del mismo modo en que concebía mis ecuaciones".

Aquí dijo que prefería esas voces, porque le hacían "más feliz que la realidad".
El psicótico acaba oyendo lo que quiere y puede llegar a preferir la ilusión, si le es menos dolorosa que la realidad. Esa misma habilidad también forma parte de la resiliencia y de todo proceso creativo. Estudié a un gran narrador que, de niño, para huir del maltrato de su padre alcohólico escapaba a los mundos que creaba en su mente.

¿Y acabó siendo un gran novelista?
En su caso, sí, pero, atención, sólo convirtió el escapismo en literatura cuando aprendió a hacer partícipes a los demás -con talento y técnica- de los nuevos mundos que había descubierto en sus fugas mentales.

El viaje es compartido o no es arte.
En lenguaje mítico: el creador se enfrenta a lo desconocido -el caos- y cumple la misión de matar al dragón, el miedo colectivo, pero, para convertir ese desafío personal en arte, tiene que regresar con algo, el conocimiento, que compartirá con todos.

Sólo tiene genio quien lo brinda.
El creador viaja hasta donde nadie había estado, pero no para huir sólo él -es locura- sino para llevarnos a todos con él: es arte.

Y sin arte, la humanidad no progresa.
Es su explicación darwinista, bioevolutiva: las mutaciones genéticas facilitan la creatividad a algunos humanos para que eleven la especie a nuevos estadios de conciencia. Van Gogh o Goya nos enseñan a ver y Mozart a escuchar: ensanchan nuestro mundo.

¿Cómo es el cerebro creativo?
Busca la novedad y la hiperconectividad: relaciona con facilidad y frescura conceptos y nociones -tiene visiones- que a la mayoría nos parecen imposibles de relacionar.

Sabe conjugar peras con manzanas.
Esa capacidad, desbordada, conduce a la esquizofrenia, uno de cuyos síntomas es la sinestesia: ver sonidos y oír colores. Logran así mezclar percepciones que la mayoría de los humanos sólo conocemos separadas.

También se logra con siete whiskies.
La humanidad siempre ha usado sustancias psicoactivas para modificar su percepción y estado de conciencia. Un dato: cinco de ocho premios Nobel de Literatura estadounidenses eran alcohólicos, pero -ojo- no fue su alcoholismo el que los hizo genios.

También hay grandes creadores de sanas costumbres pequeñoburguesas.
Aprenden a transitar por el proceso creativo sin sustancias psicoactivas, una ayuda peligrosa, porque, para obtener de ellas el mismo resultado, debes aumentar la dosis cada vez hasta llegar a la esclavitud de la adicción. Y sin libertad no hay creación.

¿Crear: transpiración o inspiración?
Con transpiración: sudor y esfuerzo, puedes adquirir talento y con él convertir en obra cualquier atisbo de creatividad.

¿Se pueden malgastar genes creativos?
Hemos estudiado a personas con una gran predisposición creativa heredada y visiones únicas, pero incapaces del esfuerzo necesario para convertirlas en obra.

¿Cómo se aprende la creatividad?
Hay muchas técnicas. Mi favorita es abrir y cerrar el foco: concentrarse en la hormiga hasta la molécula y después dispersarse de golpe en la infinitud del universo.

¿Algo más concreto?
Cuando se estanque en un problema, váyase a pasear y verá la solución en el cielo infinito o tal vez descubra así que no había problema. Cuando no pueda cambiar lo que ve, cambie su mirada y entonces verá...

¿Qué motiva al creador: dinero, fama, sexo, el cariño de los demás?
Es libre: encuentra la recompensa en su interior, en la creación misma.

Shelley Carson

Rosa Parks




En 1955, Rosa Parks tenía 42 años. Afroamericana, natural de Montgomery, Alabama, e hija de un carpintero y una maestra de escuela. De profesión, costurera. Pero además, secretaria y ayudante en la Asociación Nacional para el Avance del Pueblo de Color.
En aquellos años, los negros sufrían en EEUU la humillación -especialmente en el sur- de no poder compartir con los blancos los mismos lugares públicos: escuelas, restaurantes, salas de espera... la segregación llegaba al punto de que en los baños se mostraban letreros de "sólo blancos" o, directamente, "negros no". Las leyes Jim Crow, heredadas de la esclavitud del siglo XIX, fueron diseñadas para que los afroamericanos se sintieran inferiores y así mantenerlos marginados de la sociedad.
Gente como Rosa Parks tenía claro que las cosas podían cambiar. El 1 de diciembre de 1955, cogió un autobús público para volver a su casa. Por entonces, los vehículos estaban señalizados con una línea: los blancos adelante y los negros detrás. Así, la gente de color subía al autobús, pagaba al conductor, se bajaba y subía de nuevo por la puerta trasera.
En el asiento equivocado
Parks se sentó en los asientos del medio, que podían usar los negros si ningún blanco lo requería. Cuando se llenó esa parte, el conductor le ordenó, junto a otros tres negros, que cedieran sus lugares a un joven blanco que acababan de subir. "Éste ni siquiera había pedido el asiento", dijo después Parks en una entrevista a la BBC. Los otros se levantaron, pero ella permaneció inmóvil.
El autobusero trató de disuadirla. Debía ceder su asiento, es lo que marcaba la ley. "Voy a hacer que te arresten", le dijo el conductor. "Puede hacerlo", respondió ella. Cuando la policía le preguntó que por qué no se levantaba, contestó con otra pregunta: "¿Por qué todos ustedes están empujándonos por todos lados?".
Condenada pero libre
"Mientras más obedecíamos, peor nos trataban", asegura Parks en sus memorias. "Aquel día estaba fatigada y cansada. Harta de ceder". Por el lance del autobús, Rosa Parks pasó la noche en el calabozo, acusada de perturbar el orden público y pagó una multa de catorce dólares. Sin embargo, el caso trascendió y acabó por dar voz a los movimientos por el fin de la segregación que ya habían comenzado a hacerse notar.
Indignado y hastiado, un joven y desconocido pastor bautista llamado Martin Luther King organizó una oleada de protestas contra la segregación en los autobuses públicos de Montgomery que duró 382 días. Los treinta mil afroamericanos que participaron hicieron marchas de hasta nueve kilómetros, y cuando les preguntaban cómo se sentían, algunos respondían: "Mis pies, cansados. Mi alma, ¡liberada!".
Mientras, el caso Parks llegó a la Corte Suprema del país, que declaró que la segregación era una norma contraria a la constitución estadounidense, que declara iguales a todos los individuos de la nación. Un año después, el gobierno abolió cualquier tipo de discriminación en los lugares públicos.
Parks, que falleció en 2005 a los 92 años, continuó luchando durante el resto de su vida por los derechos civiles de los afroamericanos. En 1999, recibió la Medalla de Oro del Congreso de los EEUU.

viernes, 18 de mayo de 2012

Walt Whitman

¡Oh, capitán, mi capitán!




¡Oh, Capitán! ¡Mi Capitán! Terminó nuestro
espantoso viaje,
El navío ha salvado todos los escollos, hemos ganado
el premio codiciado,
Ya llegamos a puerto, ya oigo las campanas, ya el
pueblo acude gozoso,
Los ojos siguen la firme quilla del navío resuelto y
audaz;
Mas, ¡oh, corazón, corazón, corazón!
¡Oh, las rojas gotas sangrantes!
Ved, mi Capitán en la cubierta
Yace frío y muerto.

¡Oh, Capitán! ¡Mi Capitán! Levántate y escucha las
campanas;
Levántate, para ti flamea la bandera, para ti suena el
clarín,
Para ti los ramilletes y guirnaldas engalanadas, para
ti la multitud se agolpa en la playa,
A ti te llama la masa móvil del pueblo, a ti vuelve sus
rostros anhelantes;
¡Ea, Capitán! ¡Padre querido!

¡Que tu cabeza descanse en mi brazo!
Esto es un sueño: en la cubierta
Yace frío y muerto.

Mi Capitán no responde, sus labios están pálidos e
inmóviles,
Mi padre no siente mi brazo, no tiene pulso, ni
voluntad,
El navío ha anclado sano y salvo; su viaje, acabado y
concluido,
Del horrible viaje el navío victorioso llega con su
trofeo;
¡Exultad, oh, playas, y sonad, oh, campanas!
Mas yo con pasos fúnebres,
Recorro la cubierta donde mi Capitán
Yace frío y muerto.

Love

Buda


El odio no disminuye con el odio. El odio disminuye con el amor

Ni el odio ni la venganza son la solución. No debemos alimentar ni la violencia ni la ira hacia los demás ni hacia uno mismo, porque eso solo aumenta ese sentimiento negativo. El auténtico bienestar está en querernos a nosotros mismo y en desearles lo mejor a los demás aunque pensemos que no se lo merecen.

La compasión es una de las bases del budismo y es el camino hacia la felicidad. Abrirse a los demás supone perdonar sus faltas y ser humilde a pesar de los errores de los demás.

Buda

Carlos Pellicer Cámara



Estar árbol a veces, es quedarse mirando (sin dejar de crecer) el agua humanidad y llenarse de pájaros para poder, cantando, reflejar en las ondas quietud y soledad.

Octavio paz

martes, 15 de mayo de 2012

Thomas J Watson



"No tenia ni el menor impulso de acumular dinero, ni siquiera de preocuparse por el. Quería ascender en el mundo y sabía que para eso tenía que gastar. Jamás se asustó porque escaseara el dinero, yo creo que nunca le paso por la imaginación que no pudiera ganar más".
"Recuerda siempre que la vida no es tan complicada como dice la gente, y cuanto más vive uno más claro ve que el éxito y la felicidad dependen de muy pocas cosas. Te doy una lista de los activos y los pasivos importantes".

Pasivos                                                            Activos

Ideas reaccionarias                                         Visión
Amor al dinero                                                Desinterés
Malas compañias                                            Amor
Falta de carácter                                              Carácter
Falta de amor al prójimo                                 Buenos modales
Falsos amigos                                                  Amigos(reales)
                                                                         Orgullo de lo realizado

Pase lo que pase,me dijo, es una época de grandes cambios y nadie pasa por ella sin problemas. No hay que preocuparse. A veces se refería a mis malas calificaciones y decía: me gustaría que te fuera mejor en la escuela y estoy seguro que a ti también, pero en algún momento algo va a agarrar y vas a ser un gran hombre.

Ofrecemos una selección de comentarios de los colaboradores de esta casa editorial sobre la vida y obra de Carlos Fuentes (1928-2012).
José Saramago (premio Nobel de literartura en 1998):
 


“Carlos Fuentes hizo compatible la mayor exigencia crítica, el mayor rigor ético, que son los suyos, con una corbata bien elegida. No es pequeña cosa, créanme.”
Nadime Gordimer (premio Nobel de literartura en 1991):
File:Nadine Gordimer 01.JPG
“Carlos Fuentes tiene un vocabulario admirable, el temple literario para abordar los asuntos políticos con pasión poética y la pasión sexual que exige análisis del poder. Ha visto el mundo con sus propios ojos y con el tercer ojo de un gran escritor.”
John Elliot (historiador de iberoamericanista)

“Me conmovió y me sentí honrado por la hecho de que me pidiera escribir un prólogo para la reedición de Terra Nostra, novela que ejerce y ejerecerá una fascinación duradera entre los historiadores de hispanoamérica [...] Con el ojo y la imaginación del gran novelista que es, Carlos captura en esa obra aspectos de la historia de España y México, de la compleja relación que los une y los separa y que con frecuencia no ven los historiadores demasiado pegados a los documentos [...] nos invita con su prosa lúcida e irresistible, a entender y aceptar las ambigüedades de la vida.”
Milán Kundera (escritor)
”Hacia el final de Terra Nostra, Fuentes mismo nos procura la llave de su método: “Una vida no basta. Se necesitan múltiples existencias para integrar su personalidad”.[...] La vieja mitología de la reencarnación se materializa en una técnica novelesca. Terra Nostra es un inmenso sueño en el que la historia está hecha por personajes que reencarnan sin cesar y que nos dicen: son siempre nosotros, nosotros somos los mismos que continuamos representando el espectáculo de la historia. La continuidad histórica no sólo reside en el vínculo causal de los acontecimientos, sino también en la identidad de los actores”.
Elena Poniatowska (escritora)
“Fuentes podrá gritar, finalmente, que salió victorioso de la batalla contra la indiferencia, la abulia y la simulación, una osadía en un país donde se lee poco y se entiende menos y que, a pesar de ello, todos han oído hablar de esa “persona” que hizo de la suya una profesión: el escritor Carlos Fuentes”.
Nuria Amat (escritora)
“Cuando Fuentes habla tiene algo que resulta contagioso, te estimula a escribir la novela total que el ya ha conseguido”
Hugh Thomas (histioriador)
“Carlos Fuentes es un conquistador no de pueblos y civilizaciones, sino de imaginaciones y sueños [...] pienso también en el Fuentes inmortal que la gente recodará cuando el siglo termine sus conversaciones y sus desacuerdos[...] a menudo una gran novelista refleja mejor el espíritu de los tiempos que un gran historiador”.
El afán totalizador
E l e n a P o n i a t o w s k a
1/3
—¿Qué vas a ser de grande?
—Todo.
—¿Qué vas a hacer con tu vida?
—Todo. Voy a ser el todo de todos.
—¿Cómo?
—Voy a inaugurar un nuevo tiempo, voy a sacudir a las buenas conciencias, voy a cambiar el statu quo, voy a jugármela, voy a ser escritor, voy a entrar a todas las casas, meterme en camas victorianas y virginales, cargar todas las culpas, voy a hacerle ver a mis contemporáneos y a sus hijos y a los hijos de sus hijos toda la corrupción y la hipocresía de la sociedad emanada de la Revolución Mexicana, rasgar todo el velamen, recorrer los paralelos y los meridianos de la tierra, voy a atreverme a todo, voy a darle la vuelta a todos los cerebros, a la cintura de todas las mujeres.
—No se puede hacer todo.

—Yo sí porque soy el icuiricui, el macalacachimba. Los mexicanos son un hueso duro de roer, no entienden o son salvajemente indiferentes y crueles y a medida que pasa el tiempo se acendra su envidia y su rechazo. También son cortesanos y obsequiosos porque en la política se asciende con la lengua. En su laberinto de la soledad, Octavio Paz analiza los rasgos de nuestro carácter y Carlos Fuentes se lanza a una pesquisa feliz que será la de toda su vida y encuentra al banquero ambicioso que antes galopó sobre su caballo en aras de la Revolución, a la catrina empobrecida ya sin sus haciendas temerosa de desclasarse si se casa con el que “los trescientos y algunos más” consideran su caballerango, a la taquimecanógrafa ambiciosa que enseña las piernas, a la niña clase mediera que lo único que quiere es aparecer en la sección de Sociales del periódico de la vida nacional. En medio de los zarpazos, en Las Lomas y en la Bondojito, en El Pedregal de San Ángel y en la Candelaria de los Patos, Carlos Fuentes cosecha a sus personajes, los mezcla en la
inmensa y transparente licuadora de su escritura y sienta a la misma mesa a la puta y a la “niña bien” para confrontarlas y confrontarnos con un México que nace con muchos trabajos a lo que hoy llamamos modernidad.
Los cincuenta, los sesenta, los ochenta, los dos mil son los años de Carlos Fuentes, como los treinta fueron los de José Clemente Orozco, Diego Rivera y David Alfaro Siqueiros, Alfonso Reyes, Martín Luis Guzmán, José Vasconcelos, Mariano Azuela y otros. Si los Tres Grandes pintan, Fuentes escribe y nos descubre la ciudad que lleva el horrible nombre de Distrito Federal al mismo tiempo que inventa una nueva forma de narrar. Doble re volución, descubrir y nombrar, lanzarse y domesticar.
El fenómeno Carlos Fuentes se inicia en 1958 con La región más transparente, aunque antes, en 1954, aparezca su anticipo, el aperitivo del banquete: Los días enmascarados. La región más transparente exalta o escandaliza. La frase de Fernando Benítez en defensa de La región más transparente resulta profética: “Cualquiera que sea el destino del libro mexicano ya no lo espera el miserable y caduco ninguneo”.
El joven sofisticado y cosmopolita demostró entonces con su talento y su férrea disciplina que era el dueño de sí mismo y de la obra emprendida y que su trabajo lo hacía feliz. Es muy importante la felicidad, el gusto por la vida que imparte Carlos Fuentes. Así como Pita Amor llegaba al Sans Souci o al Leda, desnuda bajo su abrigo de mink y se lo abría para gritar: “¡Yo soy la reina de la noche!”, Fuentes asevera: “Hay formas del prestigio que lo abarcan todo”. Sale en la madrugada a ver qué agarra, los días no le alcanzan, las noches tampoco, trepida, no le cabe en los ojos todo lo que quiere ver pero adentro tiene otros ojos. Una de las claves del éxito es tener dos de todo. Tras de él hay otro Fuentes de repuesto. Y otro México mejor, y otro libro en proceso y un destino muy distinto al de los escritores “finos y sutiles” que catalogó Antonio Castro Leal en una antología que aburría de luz por la tarde como el pavo rreal de Agustín Lara. En la literatura mexicana, salirse del canon es una falla tan grande como la de César Garrizurieta quien decía que estar fuera del presupuesto es estar en el error y ser un político pobre, un pobre político (y después se suicidó). Así Fuentes va consignando a los arribistas que abusan de su poder y hacen gala de su cinismo y su riqueza.
Tuve el privilegio de conocer a Fuentes antes de que se hiciera escritor porque íbamos a los mismos bailes en las embajadas y en las casas de Las Lomas y lo observaba sentarse al lado de madres y chaperonas de las hijas que pronto sacaría a bailar y preguntarles si su bolsa era de Hermès o de Cartier y su perfume Chanel número 5, el mismo que Marilyn Monroe usaba de camisón. “¡Ay, este Carlitos tan galán y tan inteligente!”. En las casas estilo colonial californiano con escalera a lo Hollywood, Fuentes me hacía notar: “Fíjate bien, las paredes tienen roña”. “¿Cómo que roña?”. “Sí, roña, están chinitas. Mira Poni, allá en cada esquina hay escupideras de oro —el tesoro de Moctezuma, my dear— en las que escupe el licenciado papá de la niña de la fiesta”. En casa de los Barbachano, Fuentes bebía una horchata tras otra: “Esto es como bañar tu alma —levantaba su vaso en el aire— te limpia de todas las envidias”. Después de la fiesta, a las cinco de la mañana, corría a los caldos de Indianilla a platicar con el tortero, el taxista, el Cristo Alcalá que impartía su doctrina por Canal del Norte y Ferrocarril de Cintura y hacía que las ratas flotaran por encima de las aguas del canal del desagüe La Bandida; que componía canciones para que los políticos no le cerraran su antro; Gladys García, la putita de San Juan de Letrán, apostada en la esquina de la calle de Madero:“Óyeme güerito ¿le saco punta a tu pizarrín?”; la mujer tortuga que así quedó por desobedecer a su madre; el bolero y la noviecita santa. Carlos todo lo engullía, emparejaba su paso al del cargador y al del oficinista de parranda, y al llegar a su casa escribía que Gladys García, con sus ojos de capulín y su cuerpecillo de tamal anhelaba una casa que la cobijara. Fuentes, sensibilizado hasta la exacerbación, ni pulido ni discreto, ni fino ni sutil (cualidades básicas del escritor de los cuarenta), Fuentes torrencial mecanografiaba con un solo dedo sus espectaculares obsesiones: la sexualidad y los excrementos, el nacionalismo y la arqueología, el terrorismo verbal y el de las acciones políticas, el niño que llevaba adentro, el mismo que lo hacía chiquear su persona y descubrirse enfermedades. (Fuentes, por ejemplo, mastica mucho su comida; si encuentra algún pequeño nervio en su carne, lo hace bolita y lo deposita cuidadosamente sobre su plato; alguna vez conté diez bolitas; el steak au poivre no debió estar a la altura). Fuentes quería apropiárselo todo (pero no que le hiciera daño).
Una vez, bailando en una fiesta de disfraces, los dos muy jóvenes, me dijo:
—Voy a descubrir el lenguaje.
—¿El lenguaje?
—Sí, voy a perder la inocencia, el lenguaje me va a hacer suyo, la palabra me hará vivir y viviré sólo para ella, seré su dueño.
No le entendí bien y sólo acerté a preguntarle:
—¿Y yo?
—Me temo que nunca vas a perder la inocencia, eres una ingenua, pareces monjita.
( En efecto acababa de estar tres años en el Convento del Sagrado Corazón en Torresdale, Filadelfia).
El diálogo se me ha quedado grabado desde los dieciocho años.


Así como a mí, Carlos lo definía todo y leía el futuro, al desentrañar la ciudad nada lo estimuló tanto como el habla popular. Durante su infancia y su adolescencia su español fue el de los clásicos oficios diplomáticos. Ahora descubría otro sugerente y mágico y la posibilidad de consignar este lenguaje lo emocionaba. Hay que ir a El Overol, El Burro, Las Catacumbas, El Golpe con su ring de box en que se contonean las Gladys García. Los grandes espejos reflejan a una turba guapachosa, las ilusiones y el que rete chula ha de ser la mar. Parece contradictorio que este niño bien, con cara de roto y traje de roto, se inclinara sobre la cabrona “raza de bronce”, sin embargo, su entusiasmo contagió a las “niñas bien” que compartían sus correrías nocturnas al lado de Enrique Creel, su amigo del alma con quien escribió su primera novela, Holofernes que quedó inconclusa. Carlos invita al California Dancing Club a los catrines siempreávidos de emociones fuertes y cuando alguien se acerca a las muñequitas porcelanizadas que bailan mambo en hilera (dispuestísimas por lo demás a darle su llegón a la democracia), Carlos alebrestado previene el pleito. Sus “puntadas” atraen y repelen, su vitalidad lo hace
simpatiquísimo; los sábados y los domingos no se conciben sin Fuentes quien introduce a Amecameca, because of Sor Juana of course, días de campo en Teotihuacan, con fin de fiesta en el mercado bajo cuyos tendidos de manta Fuentes prueba garnachas y chalupas en medio de un júbilo y una exaltación que lo hace bañar su alma en una horchata o en una de esas estridentes aguas frescas acomodadas sobre una cama de alfalfa.

Carlos Fuentes con Luis Buñuel
Todas estas experiencias son parte de su afán totalizador, de esa empresa vastísima: cambiar el destino de México al reflejar su sortilegio y su podredumbre y no sólo eso; buscar a otros autores que quisieran meter la vida y la historia de un continente en libros y darles resonancia universal. ¡Boom!
México, a través de Carlos Fuentes, es un truco de prestidigitación, el encuentro de civilizaciones, el enfre ntamiento entre el roto de la colonia Roma —que podría ser Archie Burns— y el caifanazo o el musafir de la Bondojito. Fuentes tiene prisa. Las imágenes pasan rápido, a los diálogos hay que pescarlos al vuelo, no vaya a esfumarse todo. Carlos carrerea a Enrique Creel: “Oye, vámonos de putas porque me falta el capítulo 13”. El país es México y Carlos va a exponerlo como los muralistas a la historia patria, la superficie de maíz, y el agua quemada—símbolo prehispánico del sacrificio— todo junto pero no revuelto porque todo cabe en un jarrito sabiéndolo acomodar.
Fuentes inaugura en los sexenios alemanista y ruizco rtinista el “despegue” de la literatura nacional, el milagro mexicano. El país se industrializa, se vuelve sujeto de crédito y Las Lomas de Chapultepec —antes Chapultepec Heights— se convierten en emblema de la Revolución Mexicana. El lema sexenal del último año de gobierno es: “Éste es el año de Hidalgo, pendejo el que deje algo” y el gobierno en pleno acompañado por sus compadres o sus compañeros de banca vacía las arcas. Al ver que para los políticos robar es normal, todos lo hacen, desde el presidente hasta el portero, cada quien a su escala. Guillermo Haro decía que esta política nos destruiría; Fernando Benítez alegaba que si los políticos hacen algo no importa tanto que roben. Guillermo Haro demostró que tenía razón. Somos el país de la mordida y en 2008 vivimos la era de los triunfadores y triunfar es chingar antes de que te chinguen.
Fuentes también inaugura una modalidad sorprendente nunca jamás vista en México: la literatura como profesión. Antes de Fuentes, los escritores eran funcionarios públicos y escribían los domingos. Teñían su escritura con la suave melancolía del sacrificio y la entrega a la patria. Había un honor del escritor, pero ese honor no radicaba en la escritura sino en su sacrificio en aras del lábaro patrio. Bajo el fino casimir crecía el empuje lento pero seguro del vientre de los nuevos revolucionarios, los Federico Robles, los Artemio Cruz. Mientras tanto nada sucedía en la calle de Plateros, hoy avenida Madero, salvo el temor de los “pelados” a subirse a la acera que tenían prohibida. Espléndido observador, Fuentes nos mete a México por donde nos quepa. Nos retaca de imágenes y nos da mucho de dónde escoger. Ávido, determinado, para Fuentes ninguna zona es sagrada. Si todo sirve para escribir sabiéndolo acomodar, Fuentes democratiza la literatura, la pone a circular, la vuelve objeto de cambio. Los lectores recurren a Fuentes-autor no sólo para informarse sino para verse retratados y, en ese reflejo, encontrarse a sí mismos. La literatura tiene que ver con la vida real y la vida está en los libros.
El segundo logro de Fuentes es prestigiar la carrera de escritor, hacerla glamorosa, divertida y respetada. Carlos se le abalanza a Neruda, a Arthur Miller, a Moravia, a Styron a Pasolini, corteja a Shirley MacLaine, a Jean Seberg, a Candice Bergen, a Debra Paget, a Susan Sontag, a Geraldine Chaplin, a María Casares y en ese muchacho que grita: “Véanme, aquí estoy, mírenme, háganme caso” hay mucho del adolescente que obligó a Siqueiros a leer su primera novela en una playa de Mar del Plata. Buñuel ama a Fuentes y él lo anima, le grita en el oído cosas que le hacen sonreír. Antes, los mexicanos se quedaban a la orilla, rumiando sus rencores, pensando que si el glorioso visitante en turno no los requería, no tenían por qué acudir al banquete. Fuentes vio a los famosos y ¡zas!, en menos de lo que canta un gallo ya estaba enfuentizándolos. Me viene a la cabeza este trabalenguas
que asocio con Fuentes: “Perejil comí y me emperejilé ¿cómo me desemperejilaré?”. Después de leer La región más transparente uno piensa que jamás volverá a desenfuentizarse, porque nada tan arrebatado e insaciable como verlo moverse dentro de la piel de sus personajes.
Al asumirse como escritor, Fuentes abrió la puerta para los que vendrían después. Ni Agustín, ni Sáinz tuvieron miedo de su vocación: allí estaba el ejemplo de Fuentes que al mismo tiempo que construía una obra monumental edificaba a conciencia su propio monumento.

Carlos Fuentes con Pasolini en Venecia, 1967
De 1958 a 1980, Fuentes publica hasta dos libros por año, como en 1962 cuando aparecen Aura y La muerte de Artemio Cruz, obras clave dentro de la trayectoria de Fuentes. En nuestro país, antes de Fuentes no se usaba ser escritor profesional. El propio Alfonso Reyes le aconsejó seguir la carrera de Leyes no fuera a padecer escaseces, y sobre todo no fueran a mal juzgarlo. En ese tiempo, la literatura era un pasatiempo que a nadie molestaba, ni siquiera al autor. En cambio, Fuentes se lanza a letra tendida a riesgo de descalabrarse, abraza explicaciones de la conciencia nacional y recetas de crepas de huitlacoche. Hasta fines de los cincuenta, ningún escritor tuvo esta formidable capacidad de trabajo. La vida de Carlos consiste en escribir, leer, alimentar su cerebro, recorrer su país, hablar y hacer el amor. Su conversación es igual a su prosa: avasalladora. Le preocupa el silencio. Para él, la historia de América Latina se ha callado desde que a Sor Juana le prohibieron escribir. Ante esta orden, Fuentes se obliga a meter la historia y la vida de un continente, su afán totalizador explica su fertilidad. Así como los muralistas acumularon metros de pintura sin dejar un espacio en blanco, sin olvidar
un solo personaje, Fuentes aprieta las páginas con signos. Ninguna escritura tan nerviosa, tan fulgurante como la de Fuentes. A diferencia de Julio Torri, Fuentes es un buen actor de sus emociones, un extraordinario difusor de su propia obra. Para 1972 la lista es apabullante: Arthur Miller, Alberto Moravia, Joseph Losey, John Kenneth Galbraith, Arthur Schlessinger, Kurt Vonnegut, Milan Kundera, Hermann Bloch, Norman Mailer, William Styron, Gregory Peck, Susan Sontag, Shirley MacLaine, Geraldine Chaplin, Jane Fonda, Debra Paget, Jean Seberg, Candice Bergen y su esposo Louis Malle, y María Casares a quien le dedica El tuerto es rey. De seguro Carlos no quiere perderlos como perdió a los niños de su infancia, sus compañeros de clase cuando su padre, embajador de México en Chile, en Río de Janeiro, en Washington, lo llevaba de la mano a la nueva escuela para recibir la lección en otro idioma. ¡Cuántos exilios en la vida de Fuentes! Para cada país, un cambio de piel, niño salamandra, niño que buscó siempre sentirse bien dans sa peau, como dicen los franceses, bien dentro de su piel.
El fenómeno Fuentes devora el universo en el cual ya no cabe. Por lo pronto no vive en México, escoge París, Londres, Berlín, es visiting professor en Princeton después de haber estado en el Smithsonian Institute, sus libros son lectura obligatoria para la agregación del español en Francia y en las universidades de Estados Unidos. De las reseñas en “México en la Cultura” pasa al New York Review of Books, al Sunday Times, al Times, al Times Literary Suplement, al Nouvel Observa teur, Le Monde, L’Express, Les Lettres Françaises. Sus libros se imprimen en ediciones de bolsillo del mundo entero y en 1974, cuando Fuentes no tiene ni cuarenta y seis años, la editorial Aguilar publica sus obras completas. Fuentes podría cantar a voz en cuello esa canción de“Antes de que tus labios me confirmaran que me querías, ya lo sabía, ya lo sabía”.
Quizás una de las aspiraciones de la literatura latinoamericana sea apoderarse del hombre y su circunstancia como lo pidió Ortega y Gasset. Pero en ninguno está tan agudizado este afán como en Fuentes. A diferencia de los escritores europeos que parecen ya no tener nada que decir y los norteamericanos que combaten a la televisión, el cine, la radio, la antropología social, Internet, el iPod que les quitan sus temas, en América Latina todo está por decir y Fuentes le da “una voz total a un presente que sin la literatura carecería de ella” y a un pasado “que está allí, inerte, yerto, y aguarda a que se le reconozca. La historia de la América española es la historia de un gran silencio… Tenemos que rescatar el pasado, contestar a través de la literatura al silencio y a las mentiras de la historia”.

En el prólogo a Fervor de Buenos Aires, en 1923, Borges escribe: “Si en las siguientes páginas hay algún verso logrado perdóneme el lector el atrevimiento de haberlo compuesto yo antes que él. Todos somos uno, poco difieren nuestras naderías y tanto influyen en las almas las circunstancias que es casi una casualidad esto de ser tú el leyente y yo el escribidor”. Lejos de Fuentes esta modestia; él es el escritor y no lo es por casualidad; su trabajo le ha costado. Los leyentes permanecen apoltronados, Borges bien puede desear integrarlos, Fuentes no se expone al ninguneo. Desde niño fue el pastor de la ciudad (cuando en México DF había algo que pastorear). Sus increíbles historias lo atestiguan: En el tugurio El Golpe, de pronto su mesa empieza a moverse y bajo ella surge una enana, maquillada, con ricitos rubios, chapitas y brazos regordetes. “Carlos, no es posible, esto lo viste en una película de Buñuel”. “No, si te digo que hasta me sacó a bailar. Primero se puso colérica porque estaba durmiendo la mona debajo de la mesa pero cuando se le pasó la borrachera subió encantadora a sentarse en mis rodillas. Acercó su cara a la mía y la vi vieja, vieja, vieja como de ciento cincuenta mil años, apergaminada, y su voz tremendamente estridente cubría incluso los sonidos chillones de los mambos de Pérez Prado”. Carlos exhibe una aventura tras otra y resulta fácil intuir que la enana es el ensayo general de un buen capítulo de La región más transparente.
Carlos Fuentes supo jugársela solo, procesar lo viejo, perderse para reencontrarse, escribir “tu miseria personal será el azar de tu grandeza posible, tú y yo lucharemos contra nosotros mismos”. En este águila o sol, cara o cruz, ha vivido su vida. Desde La región más transparente nos metió a sus novelas y nos enseñó que había otro camino que el fracaso. Logró expandirnos. En Berkeley escuché al escritor J.J. Armas Marcelo decir que ninguna versión tan importante de España para los escritores de treinta a cuarenta años como la que Fuentes da en Terra Nostra desde su posición de mexicano:“Fuentes logró lo que nosotros intentamos”.


lunes, 14 de mayo de 2012


Terry Fox era un chico común, nacido en Winnipeg, Canadá en 1958. Desde chico fue incentivado por sus padres Rolly y Betty a la práctica de deportes. En el básquet se formó como deportista. Pero en 1977, los dolores en su pierna derecha, lo obligaron a dejar la actividad.
Se le diagnosticó osteosarcoma, una agresiva forma de cáncer en los huesos. Su pierna fue amputada por encima de la rodilla. Y se tuvo que someter a un intenso programa de quimioterapia.
La agresividad del tratamiento no bajó sus defensas, sino que las potenció. Los primeros estudios, le dieron a Fox un 15% de posibilidades de vida. Pero al poco tiempo, a través del desarrollo de la medicina, su esperanza de vida había crecido al 50%.
Esa fue la inyección anímica que Terry necesitaba para comenzar con su cruzada. En agosto de 1979 se inscribió en la maratón de Prince George. A pesar de contar con una precaria pierna ortopédica, y los dolores que le causaba andar, completó el recorrido y prendió su pasión.
Recaudar fondos
Inspirado por Dick Traum, el primer amputado en completar la maratón de Nueva York, Terry comenzó el 12 de abril de 1981 una acción solidaria que conmovió a todo Canadá. El objetivo era recaudar un millón de dólares para el estudio de la enfermedad. Lo llamó “Maratón de la Esperanza”.
“Necesitamos su ayuda. Las personas en los hospitales con Cáncer, en todo el mundo, necesita creer en milagros. No soy un soñador. Mi acción no dará respuestas definitivas para encontrar la cura del Cancer. Pero creo en los milagros. Tengo que hacerlo”. Estas palabras fueron escritas por Terry en una carta que le envió a la Sociedad Canadiense de la lucha contra el Cáncer, luego de que se le amputara la pierna.
En silencio y con bajo perfil, comenzó a unir el Océano Atlántico con el Pacifico, corriendo. La ceremonia de inicio fue mojar su pierna ortopédica en el agua. A partir de allí, comenzó a correr. Hoy, en ese lugar, hay un monumento que lo recuerda.
A medida que pasaban los kilómetros, su historia se fue difundiendo y cada vez más personas lo acompañaron. Su hermano, Darrell estaba con él en una camioneta.
A un promedio de 42 kilómetros darios, Terry comenzó a atravesar Canadá. Su legado fue creciendo y las distancias quedaban atrás.
Pero el 1 de septiembre de 1980 en Thunder Bay, Terry tuvo que abandonar la carrera después de 5373 kilómetros y 143 días. Un fuerte dolor en el pecho le impedía respirar con normalidad. Fue trasladado a un hospital. El Cáncer se había propagado a los pulmones.
Comienza la leyenda
“Voy a dar lo mejor. Voy a pelear. Prometo que no me voy a rendir”, dijo Terry cuando era trasladado al hospital. A esa altura, se llevaban recaudado más de 24 millones de dólares.
Mensajes de esperanza de todo el mundo comenzaron a llegar. Incluso el Papa, Juan Pablo Segundo, envió un telegrama de apoyo.
El 28 de junio de 1981 Terry murió, pero su legado apenas comenzaba. El 13 de septiembre de ese mismo año, se realizó la primera edición de la Maratón Terry Fox. Llegó a convocar a más de 300 mil canadienses y se recaudaron 3,5 millones de dólares. La prueba se realiza hasta el día de hoy, y no hay vencedores, solo es parte de una acción caritativa.
La hermana de Terry, Judith, lídera su Fundación y unas 4 mil competencias en su nombre, se realizan en todo el mundo.
En Canadá, es una de las personas más recordadas. Existen distintos monumentos por donde estuvo corriendo. Al cumplirse 25 años de su proeza, en forma conmemorativa, su cara apareció en la moneda de un dólar y Adidas, lanzó una zapatilla con su nombre. Lo recaudado en ventas, fue destinado a la fundación. El cine no se perdió su historia, y también hay una película que lo recuerda.
Desde el deporte, a 30 años de su hazaña, la memoria de Terry Fox continúa vigente.

miércoles, 9 de mayo de 2012

El Tequila

EL TEQUILA


Investigación y Guión: Conti González Báez




La población de Tequila, ubicada a 56 Kilómetros al Noroeste de la ciudad de Guadalajara, tiene una gran importancia cultural para nuestro país, ya que da nombre a la bebida mexicana por excelencia.
De origen prehispánico, se llamó Tequillan o Tecuila, que se ha interpretado como “lugar en que se corta” o “lugar de tributos”. Sus primitivos pobladores fueron chichimecas, otomíes, toltecas y nahuatlacas.
El español Cristóbal de Oñate conquistó la región en 1530. A su llegada, los naturales levantaron albarradas para defenderse en el cerro de Teochtinchán o Teochtenchán, pero al ver que todo era inútil, recibieron en paz al conquistador.
Los franciscanos, encabezados por Fray Juan Calero, poblaron el sitio actual de Tequila con grupos de indígenas traídos del cerro del Chiquihuitillo, fundando la población de Santiago de Tequila el 15 de Abril de 1530, la cual se dio en encomienda a Juan de Escárcena.
A principios de 1541 tuvo lugar una insurrección de los indios, a la que se unieron los de Tequila, Ahualulco y Ameca, remontándose al cerro de Tequila guiados por Tenamaxtli, ya bautizado como Diego Zacatecas.
Fray Juan Calero fue al cerro a pacificarlos, invitándolos a bajar, pero fue sacrificado a flechazos y pedradas, despojado de sus hábitos y colgado ante el ídolo que veneraban.

El Virrey Antonio de Mendoza, alarmado por la rebelión, viajó de México a la Nueva Galicia, decidido a sofocar esa insurrección. Apresaron al cacique Diego Zacatecas, quien fue puesto en libertad a condición de que los indios tornaran a su pueblo y se dedicaran al trabajo y al estudio de la doctrina. Finalmente, fue enviado a España.
Una vez derrotados los rebeldes, Fray Francisco Lorenzo continuó la labor pacificadora de los naturales mediante su evangelización.
En 1824, Tequila se convirtió en Cabecera de Departamento, luego fue el doceavo cantón de Jalisco, se le concedió el titulo de Villa y el 9 de enero de 1874 se le concedió el titulo de Ciudad.
A partir de algún tipo de los cientos de agaves que existen en México, se obtienen en varios lugares aguardientes similares, que reciben el nombre genérico de mezcal y toman el apellido de la población donde nacen, siendo el más famoso de todos el mezcal de Tequila.
En sus alrededores se da muy bien el agave azul y existen grandes y pequeñas fábricas del prestigiado licor, conocido antiguamente como "vino de mezcal de Tequila".
El cultivo del agave tequilero se remonta a las sociedades prehispánicas. Los agaves o mezcales fueron considerados como plantas providenciales, místicas y divinas.
Los tiquila, tiquilos o tiquilinos, tribu de origen náhuatl, aprendieron a cocer el cogollo del maguey y a fermentar el jugo que de él obtenían, consiguiendo así un licor fuerte. Este fue usado por numerosas tribus y lo bebían solamente los sacerdotes, ancianos y guerreros, siendo asociado con mitos y leyendas en los que se narra que el maguey había sido una creación divina.
La diosa Mayáhuel es el símbolo de la fecundidad de la tierra. Al ser convertida en maguey, brindó a los mexicas los dones necesarios para sobrevivir. Su nombre posiblemente deriva de Mayahual, centro del maguey cercado por las pencas entrelazadas y se refiere a todos los brazos que florecen para el mismo pueblo.
Mayáhuel también es madre de los cuatrocientos conejos Centzon Totochtin, los cuatrocientos o innumerables dioses de la embriaguez. La diosa tenía cuatrocientos pechos para alimentar a sus hijos.

Según el relato de los tiempos antiguos, una terrible tormenta se abatió sobre un campo de agaves y varios rayos cayeron sobre las plantas, cociendo el corazón de las mismas, lo que provocó que por el cocimiento de los almidones, se convirtieran en una forma de miel.
Asombrados, los indígenas vieron brotar el aromático néctar, que bebieron con temor y reverencia, considerándolo como una dádiva divina de Mayáhuel, por lo que a partir de ese momento lo utilizaron en su ritos ceremoniales, creando en sacerdotes, sabios y guerreros estados de euforia.
La planta del maguey fue muy importante para la economía doméstica. En los códices prehispánicos se hace referencia al agave, mencionando sus usos en la elaboración de alimentos, bebidas, azúcar, papel, jabón, fibras textiles, calzado, agujas e hilo para coser, cuerdas, clavos y tejamaniles para los techos de las casas. Sus pencas secas se usaban como combustible y también tenía valor medicinal, ya que su savia se utilizaba para curar heridas.
El aprovechamiento del agave continuó durante la Colonia. Debido a la necesidad de una bebida más fuerte, los españoles descubrieron que varias especies producían un licor reconfortante y transparente que se conoció como mezcal o mexcal, uno de los nombres del agave.
Los españoles introdujeron el proceso de destilación en alambiques, que habían aprendido de los moros, lo que dio origen al Tequila.
No existen documentos sobre los primeros alambiques tequileros, ya que el Tequila tuvo que hacerse clandestinamente en un principio, debido a que, para favorecer la importación de vinos y aguardientes españoles, el gobierno colonial prohibió la fabricación de productos americanos que pudieran hacerles la competencia.
Sin embargo, dado el volumen que alcanzó su producción y lo necesitado que estaba el gobierno de dinero, éste optó, en el siglo Diecisiete, por autorizarla y cobrar el impuesto correspondiente.
Gracias a ello, el erario pudo sufragar las primeras obras importantes para introducción de agua potable a la ciudad de Guadalajara y, años después, la construcción del palacio donde aún hoy despachan los gobernantes de Jalisco.
Así, la destilación del entonces llamado vino de mezcal estuvo controlada por los españoles, quienes le dieron una actividad productiva que pronto conformó un mercado, generando el desarrollo de plantaciones de agave.
Don Pedro Sánchez de Tagle, Marqués de Altamira y Caballero de la Orden de Calatrava, fue quien introdujo el cultivo del agave en el valle de Tequila y estableció una destilería y taberna en la Hacienda de Cuisillos, la primera en toda Nueva Galicia, hoy Jalisco.
La familia Cuervo y Montaño fundó una destilería en la Hacienda de Arriba. En 1785 el Virrey Matías de Gálvez logró que el rey de España prohibiera la fabricación y venta de bebidas embriagantes, medida que duró una década. Una vez abolida esta orden, José María Guadalupe Cuervo fundó una destilería en la Hacienda Cofradía de las Ánimas, que se llamaría después la Taberna de Cuervo y es el origen de la actual Casa Cuervo, recibiendo del rey de España la primera concesión para producir Tequila.
María Magdalena Ignacia Cuervo, hija de José Guadalupe, se casó con Vicente Albino Rojas, quien bautizó a la destilería con el nombre de La Rojeña. José María Castañeda fundó, en Tequila, la destilería de La Antigua Cruz.
Al iniciar el siglo Diecinueve, ya existían 24 haciendas tequileras, 12 en Tequila y 12 en Amatitán.
Con la consumación de la Independencia en 1821, los licores españoles tuvieron dificultades para llegar a México, lo que permitió a los fabricantes de Tequila incrementar sus ventas en Guadalajara e iniciar su comercialización en la Ciudad de México y el centro del país.
En 1860, Jesús Flores, propietario de las tabernas La Floreña y La Constancia, adquirió La Rojeña, siendo el primero en envasar el Tequila en frascos y garrafones de vidrio. Diez años después fue fundada La Herradura en Amatitán.
Cenobio Sauza, ex administrador de la destilería de José Gómez Cuervo en San Martín, adquirió la destilería de La Antigua Cruz, que después se denominó La Perseverancia e inició la exportación de su producto a Estados Unidos.
Desde el siglo Dieciséis, las destilerías de la región de Jalisco, la Nueva Galicia, abastecían de su bebida a las zonas mineras del Norte de la Nueva España. Por tierra llegaban a las ferias de otras regiones y al puerto de San Blas, cercano a Tequila y fundado en 1768.
En esa época, el Tequila llegaba a Estados Unidos en carreta. El ferrocarril aceleró la expansión del comercio y la modernización industrial de las principales destilerías estuvo ligada a su exportación.
A finales del siglo Diecinueve y principios del Veinte, la fabricación de Tequila ya era una de la principales industrias en Jalisco, pero tuvo que competir con los aguardientes europeos que también llegaban por ferrocarril de costa a costa en los Estados Unidos.
Otro problema fue la preferencia por lo francés que sentía la clase alta mexicana, que consideraba al Tequila una bebida propia para el "populacho".
Desde 1910, durante una exposición en San Antonio, Texas, se empezó a llamar al mezcal "vino de Tequila" y de ahí a usar la palabra "Tequila" como identificador del aguardiente.
La consumación de la Revolución provocó que los mexicanos fueran más nacionalistas y volvieran los ojos al Tequila, bebida cuya producción aumentó gracias al apoyo del gobierno, que favoreció a conciencia una imagen del Tequila casi como un símbolo nacional.
El cine mexicano, en su "época de oro" de los treintas y cuarentas, fue un gran promotor del Tequila e impulsó el conocimiento y difusión de la bebida, que llegó a convertirse en la más popular de México.
También los grandes compositores vernáculos volcaron su inspiración para celebrar los efectos del Tequila en muchas de sus canciones.
En 1930, una epidemia de influenza española azotó el Norte del país. Un famoso médico de Monterrey, quien resistió el ataque de la epidemia, lo atribuyó a su costumbre de beber todos los días su copita de Tequila antes de comer, por lo que recetó a sus pacientes hacer lo mismo, teniendo como resultado una rápida disminución de enfermos en su comunidad, por lo que otros médicos lo imitaron.
El auge petrolero de esa época propició un considerable incremento en las ventas y consumo de la bebida, gracias al embotellado en envases de medio litro, fáciles de manejar y transportar.
Durante la Segunda Guerra Mundial, el Tequila aumentó notablemente su exportación a los Estados Unidos de América, cuyos pobladores lo consumían en lugar del Whisky.
Al término del conflicto, fue necesario realizar un gran esfuerzo para sostener la exportación, buscando promover su consumo en Europa y Sudamérica.
A partir de 1950, la industria tequilera mejoró sus técnicas de producción. Aumentaron los campos de cultivo para el Agave Azul Tequilana Weber y se empezaron a producir Tequilas más variados y accesibles a todos los gustos y paladares.
En los últimos treinta años el Tequila ha pasado de ser una bebida regional a una de aceptación nacional, siendo una de las bebidas con mayor reconocimiento y crecimiento en los mercados de exportación, principalmente a los Estados Unidos y Europa.
Ante el aumento del consumo mundial del Tequila, surgieron en varios países otros licores que eran vendidos como tal, sin serlo. Los productores mexicanos lograron que el gobierno sólo permita llamar Tequila a la bebida producida a partir del Agave Azul Tequilana Weber, únicamente en una región bien definida del país.
Durante muchos años se buscó el reconocimiento internacional de esta medida, hasta que en mayo de 1997, México firmó con la Unión Europea un acuerdo para proteger la Denominación de Origen del Tequila, que tomó como ejemplo las denominaciones de origen para Jerez, Champaña y Cognac.
Para proteger y salvaguardar esta denominación, se creó el Consejo Regulador del Tequila, que verifica el cumplimiento de la Norma Oficial Mexicana y garantiza al consumidor la calidad del producto. Lo integran productores de Tequila, productores de agave, envasadores, distribuidores y representantes gubernamentales..
Hoy, como nunca antes, el Tequila es la bebida de moda, no solamente en nuestro país, sino también en el extranjero.
La materia prima utilizada para la elaboración del Tequila es el Agave Azul Tequilana Weber, una de las 136 especies de plantas llamadas agave que crecen en México. El naturalista sueco Carlo de Linneo lo llamó agave en 1753, aprovechando esa palabra griega que significa “admirable” o “noble”.
Se distingue por el intenso color azul de su roseta, que es la forma que toman las hojas de la planta. En 1900, un botánico europeo de apellido Weber clasificó la planta, por lo que la denominación científica lleva su nombre, Agave Azul Tequilana Weber.
Este agave se da en suelos arcillosos de clima semiseco, sin cambios bruscos de temperatura y a unos 1,500 metros sobre el nivel del mar. Para el uso de la Denominación de Origen, sólo se consideran los cultivados en todo el Estado de Jalisco y algunos municipios de Guanajuato, Michoacán, Nayarit y Tamaulipas.
La planta madura entre los siete y los diez años, pero los ciclos de cultivo varían en las diferentes regiones y hasta en un mismo sembradío.
Al corazón de la planta o piña se le denomina también "mezcal", que en náhuatl quiere decir "la casa de la luna", para significar el meollo, la esencia o el centro.
Es preciso cortar las hojas o pencas del agave para obtener la piña, de la cual, una vez cocida, se extraerán los jugos básicos para elaborar Tequila. Esta labor de cortar las pencas y el tallo subterráneo, se llama la jima, y el experto que la realiza es el jimador.
Las piñas del agave son partidas en dos o cuatro partes según su tamaño, para favorecer un perfecto cocimiento y se ponen a cocer en grandes hornos por alrededor de 48 horas.
Posteriormente se meten a un molino que las tritura para extraer su jugo, rico en azúcares y con esta materia prima se formula el mosto o caldo para la fermentación.
El mosto o las mieles así extraídas se fermentan en tinas especiales. En la fermentación los azúcares se transforman en alcohol etílico.
Terminada la fermentación, se deja en reposo el mosto para propiciar la generación de compuestos aromáticos importantes en el producto.
Los fermentos pasan luego a los alambiques, donde se calientan a altas temperaturas, se evaporan y luego se condensan, volviéndose nuevamente un líquido que ya es Tequila. Sin embargo, en este paso todavía tiene impurezas, por lo que se requiere una segunda destilación, de la que se obtiene el Tequila blanco.
El producto destilado se pasa a las barricas de roble o encino blanco donde se madurará, dependiendo del Tequila que se desee obtener. Las maderas confieren al producto final aromas, colores y sabores muy peculiares.
Una vez concluido el tiempo de reposo, el Tequila es pasado al área de dilución. Ésta se realiza con agua destilada, quedando el producto a una graduación alcohólica de 38 por ciento volumen.
Antes de embotellar se eliminan algunos sólidos conferidos por la madera, a través de filtración con celulosa o carbón activado.
La Norma Oficial Mexicana establece las características y especificaciones que deben cumplir los usuarios autorizados para producir, envasar y comercializar Tequila, conforme a este proceso.

Hay básicamente tres tipos de Tequila: blanco, reposado y añejo. El blanco es transparente como el agua. Se obtiene inmediatamente después de la segunda destilación. Muchos conocedores lo prefieren porque su sabor es más puro.
El reposado se obtiene después de haber conservado al Tequila blanco por lo menos dos meses en barriles de madera de roble o encino. Su coloración tiende a ser levemente similar a la de la madera y su sabor es ligeramente más suave que el del blanco.
El añejo permanece en maduración por lo menos un año en las mismas barricas de madera. Es más oscuro que el reposado y su sabor a madera es más pronunciado. Para quienes beben Tequila por primera vez, el añejo tal vez sea el más recomendable.
Cada fábrica elabora variantes de estos tres tipos. Algunas los diluyen con agua, saborizantes o colorantes, lo que se conoce como Tequila abocado, como puede ser el joven u oro.
La pureza de un Tequila consiste en estar hecho completamente a partir del agave. Cuando un Tequila no señala en su etiqueta que es 100% de agave, es un Tequila mixto. Esto significa que una proporción del azúcar obtenida del agave se mezcló con otros azúcares durante su elaboración. La norma exige que para ser llamado Tequila debe ser al menos 60% de agave. Algunas fábricas, como Herradura, se han preciado de producir siempre Tequilas 100% de agave.
Al comprar Tequila, no se deje engañar con etiquetas que contienen leyendas como: “100% natural”, “100% puro” o “100% destilado de agave”. Las frases “doble destilación” o “espíritu de agave” tampoco tienen ningún valor y por lo mismo no son una garantía de calidad.
El Tequila original debe ostentar en la etiqueta la palabra “Tequila” y alguna de estas dos frases: “100% puro de agave” o “100% de agave”, además de las siglas CRT del Consejo Regulador del Tequila y NOM de la Norma Oficial Mexicana.
La costumbre de tomar el Tequila con sal y limón es muy antigua y en sus inicios tenía su razón de ser. Debido al proceso artesanal para obtenerlo, era sumamente fuerte en alcohol, por lo que resultaba muy agresivo. Cuando colocaban la pizca de sal dentro de la boca, ésta producía una mayor salivación, que contribuía a disminuir el impacto quemante de la bebida. Al tragarlo e inmediatamente chupar el limón, este jugo cítrico aliviaba el escozor que se sentía en la garganta.
El Caballito es el nombre que se le da al vaso tequilero y que actualmente es de vidrio, en forma cilíndrica con cierta angulación que hace que la boca sea más ancha.
Su origen se remonta a la época de los hacendados de tierras agaveras, que acostumbraban salir a caballo a supervisar los trabajos del campo, llevando colgado al cuello un cuerno de bovino ahuecado, que utilizaban para beber el Tequila a la usanza de entonces, de un solo golpe. Cuando se les preguntaba la razón de llevarlo, contestaban: "Es p'al Tequila en el caballito".
La Sangrita, popular acompañante del Tequila, tuvo su origen hace cerca de 60 años. El Señor Edmundo Sánchez era propietario de un restaurante en el área turística de Chapala, Jalisco. Don Mundo servía un Tequila que él mismo preparaba en un pequeño horno de piedra.
Como ese Tequila, de preparación rudimentariamente artesanal, era fuerte y tufoso, la señora Sánchez solía poner en la mesa rebanadas de frescas naranjas, sal y chile rojo en polvo, como acompañantes para contrarrestar los efectos quemantes del alcohol.
Fue tal el éxito y aceptación de este concepto, que visionariamente el Señor Sánchez pidió a su esposa que, en lugar de poner las rebanadas de naranja en un platón, mejor exprimiera el jugo en una jarra y les agregara la sal y el chile en polvo, adquiriendo la bebida un apetecible color rojizo, que posteriormente le valió el título de Sangrita.
A la muerte de Don Edmundo, la señora Viuda de Sánchez y su hijo industrializaron tan popular y tradicional bebida.
La Margarita es un coctel que se puso de moda en los años cincuentas en Beverly Hills y multiplicó el consumo de Tequila en los Estados Unidos y otros países del mundo. Según la receta original, se mezclan Tequila, Triple Sec o Cointreau y jugo fresco de limón; se agitan con hielo picado y se sirve en una copa coctelera con el borde escarchado con limón y sal.
Muchas personas y bares se adjudican su invención, tanto en Estados Unidos como en México. Actualmente la creatividad de los cantineros ha hecho surgir otras variaciones del tradicional Coctel Margarita, incluyendo sabores como tamarindo, jamaica, guanábana, fresa y plátano, además de que se ha popularizado el uso del hielo frappé.
Según las consejas populares, el Tequila tiene muchas propiedades: Quita la angustia. Hace olvidar. Afloja el calcetín. Lima asperezas. Afina la voz. Cierra tratos. Aligera los caminos. Mata las lombrices. Extingue la culpa. Suelta la lengua. Aleja de la oficina. Arregla corazones rotos. Elimina la timidez. Levanta el ánimo. Liga comadres. Abre puertas. Acorta las esperas. Cura la tristeza. Mejora la digestión.

viernes, 4 de mayo de 2012

Psicología forense, memoria de testigos, los científico se cuestionan si se puede confiar en la memoria humana, las personas tenemos predisposición a recordar erróneamente acontecimientos y detalles pasados. En Depsicologia.com, psicología forense, memoria de testigos.


Los recuerdos de los testigos son vitales en los procesos judiciales, ¿pero podemos fiarnos de nuestra memoria en estos casos? Varios estudios científicos realizados sobre la memoria humana opinan que la memoria de los testigos tiende a fallar y es fácil crear recuerdos falsos.

¿Qué es la Psicología forense?

  • La psicología forense es una rama de la psicología que se encarga de recabar y analizar evidencias psicológicas que atañen a los procesos judiciales. La psicología forense trabaja colaborando con los tribunales de justicia, Incluye las evaluaciones, análisis psicológico legales y está a disposición de jueces, fiscales, abogados defensores y otros profesionales que se involucren en el proceso judicial.
  • Todos aparentemente sabemos lo que recordamos y más cuando se trata de un delito violento, pero al parecer nuestra memoria nos puede jugar malas pasadas y más cuando pasa un cierto tiempo.
  • Los científicos ahora se cuestionan si nuestra memoria en estos casos puede ser confiable. Los estudios apuntan que nuestra memoria es susceptible al sesgo y puede verse influenciada y generar recuerdos falsos, de hecho los tribunales no suelen aceptar un testimonio sin pruebas adicionales.
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Fallos en la memoria

Son numerosos los casos donde la memoria de los testigos falló, hubo confusiones en los recuerdos que han podido implicar a personas inocentes en delitos que no cometieron. Según Elizabeth Loftus profesora de Derecho en la Universidad de California, Irvine:
Ahora… tenemos cientos de casos de condenas injustas, las personas que han pasado cinco, diez o quince años de prisión por crímenes que no habían cometido.

Experimentando con la memoria

La profesora Elizabeth Loftus comenta lo sorprendentemente fácil que es convencer a la gente que recuerde algo que nunca sucedió.
  • En un experimento ella pidió a sus alumnos “que ayudaran a convencer”a sus hermanos más jóvenes que cuando eran pequeños se habían perdido en un centro comercial. Cuando más tarde se les preguntó sobre este tema , una cuarta parte de los sujetos recordó el incidente como si hubiera sucedido en realidad.
  • Ahora un informe preparado por la Sociedad Británica de Psicología y el Colegio de Abogados tiene por objeto proporcionar directrices para ayudar a los tribunales a evaluar la fiabilidad de los recuerdos.
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Ciencia y memoria

  • El profesor Martin Conway de la Universidad de Leeds, autor principal de este informe dice que los científicos tienden a considerar la memoria con suspicacia.
  • La mayoría de los investigadores de la memoria no aceptaría un recuerdo de la memoria sin pruebas adicionales.
  • Conway opina que hay una tendencia de las personas involucradas en el sistema de justicia penal para influir en los testigos, con o sin intención. Esto puede ser por hacer preguntas capciosas o mediante el fortalecimiento de los recuerdos, mientras soslayan o no prestan atención a lo que el testigo “realmente ha dicho”.
  • En los centros de entrenamiento para policías se les enseñan técnicas adecuadas para el interrogatorio de testigos. Entre estás técnicas está el evitar el uso de las preguntas capciosas que puedan inducir a la persona a incurrir en trampas o sesgos en su memoria.
  • Aún así es relativamente sencillo que esto ocurra, porque nuestra memoria es capaz de “rellenar espacios en blanco” y vivir como propios recuerdos que en realidad nunca sucedieron.

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