Este fragmento de Dublinesca de Enrique Vila-Matas es muy breve, pero tiene una pequeña trampa literaria extraordinaria.
1. La lluvia deja de ser simplemente lluvia
El diálogo empieza de la manera más cotidiana:
«Va a caer más lluvia todavía.»
Nada especial. Es una frase que podría decir cualquier taxista ante un cielo amenazante. Pero inmediatamente la mente del personaje transforma esa observación meteorológica en literatura.
Teme que el taxista responda:
«Déjala caer.»
Y ahí aparece Macbeth.
Es decir, el personaje no puede experimentar la realidad sin filtrarla por los libros. Una lluvia cualquiera activa Shakespeare. La realidad cotidiana se convierte en una escena literaria.
Ese mecanismo es muy de Vila-Matas: los personajes viven tanto dentro de la literatura como dentro del mundo real.
2. La alusión a Macbeth
«Déjala caer» remite al célebre momento de Macbeth en el que Malcolm, ante la tormenta y el desastre que se ciernen sobre Escocia, pronuncia:
«Let it come down.»
La frase tiene una resonancia mucho más sombría que la conversación meteorológica.
En Macbeth, la lluvia forma parte de un mundo que parece estar moralmente podrido, un mundo de violencia, traición y muerte.
En Dublinesca, en cambio, la misma frase podría salir de la boca de un taxista hablando del clima.
Y ahí está el chiste.
Shakespeare y un taxista.
La alta literatura y la conversación más banal quedan colocadas prácticamente al mismo nivel.
3. Lo maravilloso es que la respuesta quizá ni siquiera llegue
Hay algo todavía más interesante: el personaje teme que el taxista le conteste como un personaje de Shakespeare.
No sabemos si el taxista lo hará.
Probablemente no.
La gracia está precisamente en que el personaje anticipa literatura donde quizá no la hay.
Es como si su cabeza funcionara mediante asociaciones:
lluvia → Macbeth → Shakespeare → tragedia → frase célebre.
Mientras que para el taxista probablemente sea simplemente:
lluvia → paraguas → tráfico → pasajeros.
Ese contraste produce el humor de Vila-Matas.
4. El personaje vive en una realidad "literaturizada"
Aquí aparece uno de los grandes temas de Vila-Matas: ¿hasta qué punto nuestra experiencia de la realidad está construida por lo que hemos leído?
Una persona que no hubiera leído Macbeth solamente escucharía:
—Va a llover más.
Pero el personaje escucha potencialmente:
—Déjala caer.
Y detrás de esas tres palabras aparece todo Shakespeare.
La literatura funciona entonces como una especie de segunda realidad superpuesta a la primera.
No vemos solamente el mundo: vemos también los libros que hemos leído.
5. Y hay una ironía preciosa
El personaje está esperando una respuesta literariamente perfecta de un desconocido.
Eso tiene algo ligeramente ridículo.
Es como si uno estuviera tomando un taxi y pensara:
«Ahora sería magnífico que este hombre dijera una frase de Shakespeare.»
Pero el pobre taxista probablemente sólo quiera llegar al siguiente semáforo.
Vila-Matas se ríe cariñosamente de la conciencia literaria excesiva: esa tendencia del escritor, del lector obsesivo, del intelectual, a convertir cualquier detalle de la vida en una cita, una referencia o un episodio literario.
Y eso puede ser simultáneamente culto y absurdo.
6. La lluvia tiene además una función simbólica
La lluvia en la literatura suele tener una enorme carga simbólica: tristeza, decadencia, purificación, amenaza, melancolía.
Pero Vila-Matas juega con esa tradición.
La lluvia puede ser:
simplemente lluvia;
una referencia a Shakespeare;
una posible escena teatral;
un recuerdo literario;
una oportunidad para hacer un chiste;
o incluso una metáfora de la propia literatura.
Porque la literatura también cae sobre la realidad, una y otra vez, hasta empaparla.
Y aquí parece que está lo más bonito del fragmento: no necesitamos que ocurra nada extraordinario. Basta una conversación banal sobre el clima para que la cabeza del personaje abra una puerta hacia Shakespeare.
En una frase
El fragmento muestra, con humor y una enorme economía, cómo una persona profundamente literaturizada ya no puede vivir la realidad desnuda: cada cosa que ocurre viene acompañada por su fantasma literario.
Y quizá por eso la frase tiene una pequeña paradoja muy vila-matiana:
la lluvia está cayendo sobre Dublín, pero sobre el personaje está cayendo Shakespeare.

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