miércoles, 31 de agosto de 2022


 

 El amor es un combate perdido de antemano. Al principio, todo es hermoso, incluso tú. No das crédito a estar tan enamorado. Cada día trae consigo su liviana carga de milagros. Jamás nadie en el mundo había conocido tanta felicidad. La felicidad existe y es muy simple: consiste en un rostro. El universo sonríe. Durante un año, la vida no es más que una sucesión de soleadas mañanas, incluso cuando nieva por la tarde. Te dedicas a escribir libros sobre esta cuestión. Te casas, lo antes posible: ¿para qué reflexionar cuando uno es feliz? Reflexionar te entristece; la vida debe ganar la partida. El segundo año, las cosas empiezan a cambiar. Te has vuelto más tierno. Te sientes orgulloso de la complicidad que se ha establecido en tu pareja. Comprendes a tu mujer con sólo medias palabras; qué felicidad conformar un todo. En la calle, confunden a tu mujer con tu hermana: eso te halaga pero te va desgastando. Hacéis el amor cada vez menos y consideráis que no es grave. Estáis convencidos de que el fin del mundo está muy lejos. Defendéis el matrimonio delante de vuestros amigos solteros, que ya no os reconocen. Tú mismo, sin ir más lejos, ¿estás realmente seguro de reconocerte cuando recitas la lección aprendida de memoria y resistes la tentación de fijarte en las señoritas ligeras de ropa que iluminan la calle? El tercer año, ya no resistes la tentación de fijarte en las señoritas ligeras de ropa que iluminan la calle. Ya no hablas con tu mujer. Pasáis horas en el restaurante escuchando lo que cuentan en las mesas vecinas. Sales cada vez más: eso te proporciona la excusa para no tener que follar. Pronto llega el momento en que ya no puedes soportar a tu esposa ni un segundo más, ya que te has enamorado de otra. Sólo hay un punto en el que no te habías equivocado: efectivamente, la vida siempre tiene la última palabra. El tercer año trae consigo una noticia buena y otra noticia mala. La noticia buena: asqueada, tu mujer te abandona. La noticia mala: empiezas otro libro.

"Fue a la entrada del pueblo de Ollantaytambo, cerca del Cuzco. Yo me había desprendido de un grupo de turistas y estaba solo, mirando de lejos las ruinas de piedra, cuando un niño del lugar, enclenque, se acercó a pedirme que le regalara una lapicera. No podía darle la lapicera que tenía, porque la estaba usando en no sé qué aburridas anotaciones, pero le ofrecí dibujarle un cerdito en la mano. Súbitamente, se corrió la voz. De buenas a primeras me encontré rodeado de un enjambre de niños que exigían a grito pelado, que yo les dibujara bichos en sus manitos cuarteadas de mugre y frío, pieles de cuero quemado; Había quien quería un cóndor, y quien una serpiente, otros preferían loritos o lechuzas, y no faltaban los que pedían un fantasma o un dragón. Y entonces, en medio de aquel alboroto, un desamparadito que no alzaba más de un metro del suelo, me mostró un reloj dibujado con tinta negra en la muñeca; -Me lo mandó un tío mío que vive en Lima -dijo. - ¿Y anda bien? -le pregunté. -Atrasa un poco -reconoció".

Eduardo Galeano, El libro de los abrazos


 

 

“Le enseñó lo único que tenía que aprender para el amor: que a la vida no la enseña nadie”.



domingo, 28 de agosto de 2022


 



"Cuando nacemos ya traemos la muerte escondida en el hígado o en el estómago o acá, en el corazón, que algún día va a pararse. También puede estar fuera sentada en algún árbol que todavía no crece pero que te va a caer encima cuando seas viejo".

 Macario (Ignacio López Tarso)



 "Soy un modesto, modestísimo, obrero del pensamiento, que acopio y ordeno materiales para que otros que vengan detrás de mí sepan aprovecharlos. La obra humana es colectiva; nada que no sea colectivo es ni sólido ni durable".


Miguel de Unamuno | Niebla (fragmento)

 


“…verás que no eres la primera persona a quien la conducta humana ha confundido, asustado, y hasta asqueado. Te alegrará y te animará saber que no estás solo en ese sentido. Son muchos los hombres que han sufrido moral y espiritualmente del mismo modo que tú. Felizmente, algunos de ellos han dejado constancia de su sufrimiento. Y de ellos aprenderás si lo deseas. Del mismo modo que alguien aprenderá algún día de ti si sabes dejar una huella. Se trata de un hermoso intercambio que no tiene nada que ver con la educación. Es historia. Es poesía”. J. D. Salinger




A un estudiante que quería saber qué pensaba del autor de Zaratustra, le dije que había dejado de leerlo desde hacía tiempo.¿Por qué?, me preguntó. Porque lo encuentro demasiado ingenuo... Le reprocho sus arrebatos y hasta sus fervores. Demolió ídolos para reemplazarlos por otros. Un falso iconoclasta con visos de adolescente, y no sé qué virginidad, qué inocencia inherentes a su carrera de solitario. Sólo observó a los hombres desde lejos. Si los hubiese visto de cerca, nunca hubiese podido concebir ni ponderar al superhombre, visión extravagante, si no grotesca, quimera o antojo que sólo podía surgir en la mente de quien no tuvo tiempo de envejecer, de conocer el desasimiento, el largo hastío sereno. Mucho más cercano encuentro a un Marco Aurelio. No vaciló entre el lirismo del frenesí y la prosa de la aceptación: encuentro mucho más consuelo, e incluso más esperanza, en un emperador fatigado que en un profeta fulgurante.

Emil M. Cioran | Del inconveniente de haber nacido

 


“Sécate las lágrimas y mira el fin con serenidad. Hubieras gozado más de la vida despreocupándote de la eternidad, pero es demasiado tarde. En este último instante goza al menos del prodigio de vivir en la verdad tangible antes de caer en la nada.”


🎬 El séptimo sello

domingo, 21 de agosto de 2022

Frans de Waal

 


Cuando me preguntan si creo que un elefante es un ser consciente, a veces respondo: «Si me dice qué es la conciencia, le diré si los elefantes la tienen». Esto suele hacer callar a la gente. Nadie sabe exactamente de qué estamos hablando. Pero reconozco que esta respuesta es injusta y un tanto mezquina, tanto para el que pregunta como para los elefantes, porque lo cierto es que a estos gigantes corpulentos les atribuyo conciencia. Cuando mi equipo trabajó con elefantes asiáticos, fuimos los primeros en demostrar que reconocían su imagen en un espejo, lo que suele contemplarse como un signo de autoconciencia. Probamos sus habilidades cooperativas, como entender que necesitan que un colega les eche una trompa para una tarea que no pueden realizar solos. Los elefantes lo hicieron tan bien como los antropoides y mejor que la mayoría de los animales. Todo su comportamiento me parece deliberado e inteligente. Por ejemplo, cuando en algunos pueblos tailandeses o indios a los elefantes jóvenes les ponen collares de cascabeles para anunciar su presencia (y evitar que pillen desprevenidos a los lugareños en sus jardines o cocinas), a veces meten hierba dentro de los cascabeles para silenciarlos. De esa manera pueden deambular sin ser detectados. Esta solución sugiere imaginación, porque desde luego nadie les enseñó a hacer eso, y no puede pensarse que la hierba se metiera sola dentro de los cascabeles para que ellos descubrieran su efecto. Para encontrar soluciones inteligentes, juntamos causa y efecto conscientemente en nuestras cabezas. Si nosotros lo hacemos así, ¿por qué los elefantes deberían tener un atajo que les permita resolver problemas sin conciencia?


miércoles, 17 de agosto de 2022


 

 Marx es un pensador que, desde un contexto histórico, propugna la superación del capitalismo, precisamente, apuntando hacia la eliminación de la clase opresora. En ese pensamiento marxista subyace un deseo de libertad y felicidad en igualdad de condiciones para toda la humanidad, es decir, Marx tenía “conciencia transpersonal”. El discurso de Marx tenía como finalidad la felicidad de la humanidad y, para ello, es precisamente necesario superar el antagonismo entre la clase opresora y la clase dominada: un loable pensamiento que, hoy en día, sigue siendo una utopía a la vista del depredador neoliberalismo que subsume a la humanidad en miserias, hambrunas, guerras con fines económicos, en definitiva, una maquiavélica manipulación del ego plutocrático a costa del planeta y la humanidad. La filosofía marxista está más viva que nunca, precisamente, porque su filosofía es una denuncia vigente respecto al actual neoliberalismo, en tanto que es la última metamorfosis del capitalismo. En virtud de la deriva suicida de la humanidad, las profecías de Marx están siendo recuperadas: semanarios importantes como el Spiegel alemán le han dedicado portadas; también, una encuesta de opinión de la revista Times, repetida luego con idéntico resultado por la BBC británica, lo declaraba el “mayor filósofo de todos los tiempos”; incluso un economista conservador y serio como Lord Desai lo eleva a la categoría de “profeta de la globalización”. Marx también ha tenido un reconocimiento mediante el prestigioso historiador marxista británico Eric Hobsbawm, quien nos dejó esta última lección tras su fallecimiento: “Es importante leer a Marx porque el mundo en el cual vivimos hoy no puede entenderse sin la influencia que los escritos de este hombre tuvieron sobre el siglo XX. 

Debería ser leído porque, como él mismo escribió, el mundo no puede ser cambiado de manera efectiva a menos que sea entendido, y Marx permanece como una soberbia guía para la comprensión del mundo y los problemas a los que debemos hacer frente” (Martos, 2012b).

 En los ritos de la China antigua se empleaban perros de paja como ofrenda a los dioses. Durante el ritual eran tratados con la mayor de las reverencias. Pero una vez que éste había aca­ bado, cuando ya habían dejado de ser necesarios, eran pisotea­ dos y abandonados: «El cielo y la tierra son implacables. Los se­ res de la creación son para ellos meros perros de paja». Si los seres humanos perturban el equilibrio de la Tierra, serán pisoteados y abandonados. Los críticos de la teoría Gaia dicen rechazarla por­ que no es científica. La verdad es que la temen y la odian porque significa que los humanos nunca podrán ser otra cosa que perros de paja.


 

domingo, 14 de agosto de 2022

 El hombre selecto o excelente está constituido por una íntima necesidad de apelar de sí mismo a una norma más allá de él, superior a él, a cuyo servicio libremente se pone. […] distinguíamos al hombre excelente del hombre vulgar diciendo: que aquél es el que se exige mucho a sí mismo, y éste, el que no se exige nada, sino que se contenta con lo que es y está encantado consigo. Contra lo que suele creerse, es la criatura de selección […] quien vive en esencial servidumbre. No le sabe vida si no la hace consistir en servicio a algo trascendente. Por eso no estima la necesidad de servir como una opresión. Cuando ésta, por azar, le falta, siente desasosiego e inventa nuevas normas más diciles, más exigentes, que le opriman. Esto es la vida como disciplina —la vida noble. 

—JOSÉ ORTEGA Y GASSET

 


 Cuando la mente no tiene pensamientos, eso es meditación La mente se queda sin pensamientos en dos estados: el sueño profundo y la meditación,. Si te haces consciente y tus pensamientos desaparecen, es meditación; si los pensamientos desaparecen y quedas inconsciente, es sueño profundo. El sueño profundo y la meditación tienen algo en común y algo diferente. Una cosa es similar: En los dos estados, el pensamiento desaparece. Una cosa es diferente: En el sueño profundo, también desaparece la conciencia, mientras que en la meditación permanece. Así pues, la meditación es igual que el sueño profundo, pero con conciencia. Estás relajado, como en el sueño profundo, pero estás consciente, completamente despierto... y eso te lleva hasta la puerta de los misterios. En el sueño profundo pasas a un estado de no-mente, pero sin conciencia. No sabes dónde te están llevando, aunque por la mañana sentirás el impacto y el efecto. Si de verdad Ha sido un sueño profundo y hermoso, sin ensoñaciones que te perturben, por la mañana te sentirás fresco, renovado, vivo, rejuvenecido, otra vez lleno de entusiasmo y energía. Pero no sabes cómo ha ocurrido, adónde has ido. Entraste en una especie de coma profundo, como si te hubieran administrado un anestésico, y fuiste transportado a otro plano, del que regresas fresco, joven, rejuvenecido. En la meditación, eso sucede sin anestesia. Así pues, meditación significa permanecer tan relajado como cuando estás profundamente dormido, pero manteniéndote alerta. Mantén la conciencia... deja que desaparezcan los pensamientos, pero la conciencia debe mantenerse. Y esto no resulta difícil; lo que pasa es que nunca lo has intentado, eso es todo. Es como nadar; si no lo has intentado, parece muy difícil. Incluso parece peligroso, y te parece increíble que la gente pueda nadar, porque tú te ahogarías. Pero cuando lo intentas un poquito, se te hace fácil; es muy natural. Hace poco, un científico japonés ha demostrado experimentalmente que un bebé de seis meses es capaz de nadar; solo hay que darle la oportunidad. Ha enseñado a nadar a muchos niños de seis meses de edad. ¡Ha hecho un milagro! Y dice que lo va a intentar con niños aún más pequeños. Es como si el arte de nadar fuera innato; no hay más que darle una oportunidad y empieza a funcionar. Por eso, cuando has aprendido a nadar, no lo olvidas nunca. Puedes pasarte cuarenta o cincuenta años sin nadar, pero no lo olvidas. No es una cosa accidental, es algo natural; por eso no puedes olvidarlo. La meditación es algo similar: es algo innato. Solo tienes que crear un espacio para que funcione: solo tienes que darle una oportunidad.

Gabriel Rolón


 

 La vida es excitante, fascinante, y mágica.

    Si usted toma un camino que lo aparta de ver esto, usted querrá reconsiderar lo que está haciendo. Nunca habrá otro como usted. Nadie más verá el mundo como usted, o hará exactamente lo que usted hace. Realice que algunos de los genios más grandes tenían abundante energía interior. Era necesario tener esta energía para poder trabajar tanto como lo hicieron, y para alcanzar los niveles de comprensión y de éxito que ellos lograron. El mundo que nos rodea, y la vida que está justo frente a nosotros, pueden actuar como inspiración para hacer una verdadera diferencia.
    Algunos genios aman tanto la vida que piensan que su misión es protegerla, y por eso trabajan como biólogos o activistas políticos. Otros genios como Leonardo da Vinci están tan inspirados por la vida que ellos crean algunas de las obras de arte más grandes de todos los tiempos. Aproveche la vida para inspirarse, para hacer conexiones, para entender, y para relacionarse con todo de una manera más profunda. Y no olvide que usted también es parte de esta experiencia que llamamos vida.

viernes, 12 de agosto de 2022

Bukowski



 "...Y soy el que ahuyentó el miedo de la correa de mi padre cuando era azotado en el cuarto de baño; soy Bukowski, el que miró a los ojos y advirtió que ya no despedían fiereza, sino que parecían vacíos y evitaban los míos. 


Soy quien bebió Whisky a su antojo en los céntricos bares de Los Ángeles, el escritor que inyecta sangre y bellez, soy la bestia, soy un hombre de palabras, soy la humedad de la noche; la caída vertiginosa del mundo, el rebelde que rió de su padre cuando le decía que debía ser ingeniero para ganar mucho dinero.

Soy quien junto a Hemingway exploró las corrientes subterráneas  del corazón del hombre. Soy Bestiabuk, el poeta que pasó toda la noche mirando la fiesta de graduación a través de la malla metálica de la ventana, soy el de la barra que mira a esa joven hermosa con un trago en la mano susurrando a la oreja de su acompañante.

Soy quien ve a muchos hombre muertos, recibiendo órdenes con una sonrisa imbécil, serviles y encantado de serlo. Soy Charles Bukowski, soy la orilla de un vaso que corta, soy sangre".

~Charles Bukowski, Alemania (1920-1994)


 

 

[Entrevistado en 2009]

JOSÉ EMILIO PACHECO: "LOS POEMAS NO MIENTEN, YO SÍ"

El Cultural / España

Autor de culto para los amantes de la poesía hispanoamericana del siglo XX, un José Emilio Pacheco agobiado por cien mil compromisos, nos sorprende con su divertido escepticismo. Por una parte, reconoce haber encontrado, “por suerte y desde hace muchos años, la mayor generosidad por parte de los poetas españoles”, pero tampoco deja de apuntar que “no es culpa de ellos que el público lector de España no me conozca. ¿Cómo me va a conocer si somos tantos en tantos países de la misma lengua?”. Con una confesión así, la primera pregunta parece obligada:

—Si no le conocemos aún, ¿cuál sería su autorretrato?
—Es imposible trazar un autorretrato sin photoshop verbal. El único autorretrato posible, porque es involuntario, es el que está en los poemas. Los poemas no mienten, yo sí.

—En sus poemas late cierta tensión de fondo entre el compromiso político, la responsabilidad cívica, y la tensión poética: ¿cómo logra mantener el equilibrio?
—Sólo puedo escribir sobre lo que me afecta y me preocupa. No me digo: “Voy a hacer unos versos en que se manifieste mi responsabilidad cívica”. Es algo menos voluntario de lo que suponemos.

—Sin duda, pero, ¿cuál debería ser la relación entre la poesía y la realidad / actualidad?
—No creo en el debe. No impondría a nadie la obligación de escribir poemas “sociales” o lírica abstracta. Me limito a juzgar los resultados. Hay miles de poemas políticos abominables, pero no tantos como pésimos poemas de amor.

—Fue amigo de Octavio Paz, pero no quiso conocer a Pablo Neruda por timidez. También trató mucho a Luis Cernuda y se carteó con Aleixandre…
—Sí, tuve una relación de cuarenta años con Paz, a veces, como era inevitable, muy difícil y en otras muy cercana, como sucedió por fortuna en el último año de su vida. Debo mucho a las enseñanza de Paz y aún me sé de memoria partes enteras de "Piedra de Sol". Pero no sólo fui tímido con Neruda, también con Aleixandre: jamás me atreví a importunarlo en Velintonia 8, aunque él nos escribió a todos los autores de esa época. Esta función de Aleixandre me parece que no se reconoce como se debe. Otro tanto puedo decir de Max Aub. En cambio, con Cernuda me ocurrió algo siniestro. Por el desorden aludido guardé la única carta suya que me envió en la edición 1958 de 'La realidad y el deseo'. Alguien se llevó de mi casa el ejemplar y la carta. De modo que en la 'Correspondencia de Cernuda', tan bien editada por James Valender para la Residencia de Estudiantes, figuran no sus líneas sino las mías, por desgracia.

Ahora, sin embargo, José Emilio Pacheco prefiere no hablar de los poetas españoles contemporáneos que lee y admira, porque “han sido tantos y durante tantos años los que me han ayudado que su enumeración parecería un intento servil de congraciarse”.

—De todas formas, ¿cómo ve a los poetas de su generación?
—Los veo a la luz de un epigrama anónimo:“Bajo el tiempo inclemente / Llegué a los días extraños / De ver vieja a la gente / Que es de mi edad y mis años.” No sé cuál es mi generación: nací el 30 de junio de 1939, muy tarde para ser de la generación de los treinta y muy temprano para formar parte de la generación de los cuarenta. Pero de mis más o menos contemporáneos y amigos puedo afirmar que tienen sin duda las cualidades que yo no poseo.

—¿Y cuál es su relación con los poetas jóvenes de su país, esos que aprenden en la escuela sus versos?
—Son tantos que sólo me es posible conocer a unos cuantos, o unas cuantas, porque el número de mujeres es abrumador en la nueva poesía mexicana. Con ellas y ellos mi relación es magnífica ya que no tengo ínfulas de magisterio ni busco crear un discipulado. Cuando alguien me pide consejos respondo que se los doy con mucho gusto, sólo que a cambio de que ellos me aconsejen también, porque en éste ya no tan nuevo siglo las muchachas y los jóvenes son los nativos y nosotros los inmigrantes que llegan de otra época y de otro mundo.

—Tras varios años de silencio, ahora coinciden en España y México 'Como la lluvia', 'La edad de las tinieblas' y 'Contraelegía', el libro del Premio que editó en la Universidad de Salamanca Francisca Noguerol. ¿A qué se debe esa coincidencia?
—A no saber planificar una carrera literaria. Trabajé mucho en la década que termina. Para no inflar mi bibliografía no quise publicar cuadernos aislados. Preferí reunirlos en un libro, 'Como la lluvia', tal vez demasiado extenso y variado e imposible de comentar. Chus Visor en España y Marcelo Uribe, el editor de Era, en México, me hicieron ver que la última sección, los poemas en prosa, formaban un volumen aparte y lo publicamos como 'La edad de las tinieblas'. La antología del Premio tiene un excelente estudio de Paqui Noguerol. Con su inteligencia y su sabiduría me ha enseñado muchas cosas acerca de mí mismo.

Lo que no ha tenido que aprender, desde luego, es que al escribir un poema sólo pretende eso, porque al terminarlo “él me dirá qué buscaba yo”. Y que no hay fórmulas secretas ni “regla general”: “Hay unos poemas, muy pocos, que han salido de primera intención tal como están y otros que son producto de incontables versiones” .

—¿Cuál es su rutina de trabajo? ¿Es de verdad tan desorganizado como presume?
—No presumo: me avergüenzo y sufro mucho por mi desorden. Quisiera ser organizado y metódico pero tuve una reacción neurótica contra la disciplina militar de mi padre. Lo que sí intento es no dejar de trabajar nunca. Ya que es imposible e indeseable hacer poemas todos los días, he hallado un camino intermedio en las versiones poéticas que saldrán el año próximo. Tal vez serán el último libro en la historia que se ha llevado cincuenta años de trabajo. Comencé en la escuela con los epigramas griegos y termino ahora con los haikus japoneses y la versión de los 'Cuatro cuartetos' de Eliot que publicará Alianza después de 25 años de prometerlos para la semana próxima.

—¿Y cómo se lleva con el ordenador, internet, el e-book y demás inventos?
—No pretendo ser lo que no soy. Pienso en la décima de Moratín sobre los niños que en Francia hablan el francés con la fluidez y la perfección que nunca alcanzará un anciano en ningún otro lado. El mundo electrónico es para quienes nacieron en él. Empleo con gusto el ordenador. Es la máquina de cantar con la que soñó Antonio Machado porque resulta ideal para ver los poemas que son objetos sonoros pero también visuales. Encuentro muchas cosas valiosas en internet pero si pasan de tres páginas necesito imprimirlas para leerlas. Respecto de la correspondencia, es un motivo de angustia. En tres meses de ir y venir porque el Reina Sofía coincidió con la generosísima celebración de mis 70 años, he acumulado 2,400 correos. ¿A qué horas, con qué fuerzas voy a responderlos? Cada persona espera la contestación a la que tiene derecho y yo no puedo dársela. Es terrible. ~

***

Entrevista publicada en 'El Cultural' el 15 de noviembre de 2009.

miércoles, 10 de agosto de 2022


 

 Los asesinos en serie ya no son taxidermistas que viven en hoteles destartalados con el cadáver de su madre ni marginados que coleccionan mariposas. Esos son pobres aficionados. ¿Asesinar a un puñado de personas? Qué desperdicio de tiempo, esfuerzo y talento cuando moviendo números en Wall Street puedes masacrar a cientos de miles, países, continentes enteros. Hoy Norman Bates trabaja en Standard & Poor’s y esnifa coca en el asiento de cuero de un Bentley.

    A ellos les entregamos el poder… y la gloria. No solo dejamos que controlaran el mundo personas que mantenían una relación patológica con la realidad social. Hicimos lo imposible por vivir como ellos. El consumo de masas es una pálida imitación aspiracional del estilo de vida de los ricos tal y como lo imaginan para nosotros los suplementos dominicales de los diarios.
    Los impulsores teóricos de la globalización neoliberal, Milton Friedman o Friedrich Hayek, recobraron protagonismo político en los años setenta tras un larguísimo periodo de hibernación: treinta años en los que fueron considerados auténticos freaks universitarios. En el periodo posterior a la Segunda Guerra Mundial, cuando el recuerdo de las terribles consecuencias del caos económico capitalista aún estaba fresco, sus propuestas de desregulación radical parecían delirios propios de personas con la empatía de una garrapata e incapaces de percibir el peligro de sus conductas de riesgo. Clínicamente psicópatas.
    Patrick Bateman es aterrador por la misma razón que Adrian Mole es tierno y divertido: resulta demasiado coherente con su posición social, asume con demasiado entusiasmo su papel. Si el sistema te premia con lujos babilónicos cuando creas las condiciones económicas que matan de hambre a cientos de miles de niños, ¿qué puede haber de malo en el apuñalamiento ritual de una prostituta? Lo mismo le pasa a Carlos Wieder, el piloto-poeta del ejército chileno que aparece en Estrella distante , la novela de Roberto Bolaño. Tras el golpe de Estado del general Pinochet, en 1973, Wieder organiza una exposición artística con fotografías de los detenidos a los que ha asesinado. Los militares a los que invita a la muestra se escandalizan. Pero si un orden social monstruoso te anima a torturar, matar y hacer desaparecer a miles de jóvenes, ¿a qué tanto alboroto por ponderar los aspectos estéticos de la represión extrema?
    La globalización neoliberal es la historia de cómo el noventa y nueve por ciento entregamos voluntariamente el control de nuestras vidas a fanáticos con una percepción delirante de la realidad social. Dimos carteras de economía, sueldos principescos, privilegios fiscales y un alto reconocimiento social a gente cuyo lugar natural es un rancho en Waco rodeado por el FBI .
César Rendueles

 Pero una cosa es cierta: no me atrevo a juzgarte. Sé que cuando uno ve las cosas desde afuera, cuando uno no se siente complicado en ellas, es muy fácil proclamar qué es lo malo y qué es lo bueno. Pero cuando uno está metido hasta el pescuezo en el problema (y yo he estado muchas veces así), las cosas cambian, la intensidad es otra, aparecen hondas convicciones, inevitables sacrificios y renunciamientos que pueden parecer inexplicables para el que sólo observa. 


-Mario Benedetti 
La tregua


 

La mayor parte de la humanidad está predispuesta a la sumisión.
Gente inconsciente, completamente administrada.
Quien ha entendido, ha entendido, no necesita consejos.
Quien no ha entendido nunca entenderá.
No culpo a estas personas porque están estructuradas para vivir.
¿Hogar significa simplemente vivir?
Comer, beber, respirar, dar a luz, trabajar, mirar televisión, comer pizza los sábados por la noche, ir al juego.
Su mundo termina ahí. No puedo percibir nada más.
En cambio, hay un grupo muy pequeño de seres humanos que son "defectos de fabricación": han escapado del control de calidad de la línea de producción.
Son pocos, son herejes, son guerreros.

- Carlos Castañeda

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