¿Qué son las Escrituras?
Son una sugerencia, una pista, no una descripción. El fanatismo de un creyente sincero que cree que sabe, causa más daño que los esfuerzos aunados de doscientos bandidos.
Es aterrador ver lo que los creyentes sinceros pueden hacer porque creen que saben. ¿No sería maravilloso que tuviéramos un mundo en el cual todos dijeran: "No sabemos"? Caería una gran barrera. ¿No sería maravilloso?
Un ciego de nacimiento me pregunta: ¿Qué es esa cosa que llaman verde?" ¿Cómo se le describe el color verde a un ciego de nacimiento? Se usan analogías. Entonces digo: "El color verde es algo como una música suave". "Sí", le digo, "música sosegada y suave". Otro ciego me pregunta: "¿Qué es el color verde?" Le digo que es suave como el raso, muy sosegado y suave al tacto. Al día siguiente me doy cuenta que los dos ciegos están peleando a botellazos. El uno dice: "Es suave como la música"; el otro dice: "Es suave como el raso". Y así sigue la cosa. Ninguno de los dos sabe de qué se está hablando, porque si lo supieran, se quedarían callados. Así es de grave el asunto.
Anthony de Mello
El texto de Anthony de Mello toca una de las cuestiones más profundas de la religión, pero también de la política, la filosofía y, en general, de la condición humana: la diferencia entre tener una experiencia y creer que poseemos una explicación definitiva de ella.
1. «Las Escrituras son una sugerencia, una pista, no una descripción»
Aquí está el corazón del pasaje.
De Mello está cuestionando la idea de que un texto religioso pueda funcionar como un mapa literal de la realidad última.
Una escritura puede señalar hacia algo —Dios, la trascendencia, la compasión, la conciencia—, pero la palabra escrita no es necesariamente aquello que intenta señalar.
Es la diferencia entre:
el dedo que señala la Luna y la Luna.
El problema aparece cuando alguien empieza a venerar el dedo y se olvida de mirar la Luna.
Esto conecta con una tradición muy antigua de la mística: la realidad última no puede ser encerrada completamente en conceptos. El lenguaje puede aproximarse, sugerir, provocar una experiencia; difícilmente puede capturarla por completo.
2. El verdadero enemigo no es la ignorancia
Esta es probablemente la parte más provocadora:
«El fanatismo de un creyente sincero que cree que sabe, causa más daño que los esfuerzos aunados de doscientos bandidos.»
De Mello no está diciendo que la sinceridad sea mala.
Está diciendo algo mucho más incómodo:
Una persona puede estar sinceramente equivocada.
Y la sinceridad no convierte una creencia en verdadera.
Incluso puede hacerla más peligrosa.
Un delincuente sabe que está haciendo algo malo y, por tanto, puede tener límites. El fanático convencido de que posee la Verdad puede hacer cosas terribles creyendo que está haciendo el bien.
Ahí aparece una paradoja:
la ignorancia reconocida puede ser menos peligrosa que la certeza equivocada.
3. «No sabemos»
Esta frase es casi una pequeña bomba filosófica.
«¿No sería maravilloso que tuviéramos un mundo en el cual todos dijeran: "No sabemos"?»
No significa que debamos convertirnos en ignorantes profesionales.
Significa cultivar algo mucho más difícil:
humildad epistemológica.
«No sé» no significa:
«Nada puede conocerse.»
Significa:
«Esto es lo que creo saber, pero reconozco los límites de mi conocimiento.»
Y esa pequeña diferencia cambia muchísimo.
El científico dice:
«Esta es nuestra mejor explicación hasta ahora.»
El dogmático dice:
«Esta es la explicación.»
El primero deja abierta la puerta.
El segundo la cierra con llave.
4. Los dos ciegos y el color verde
La metáfora es excelente.
Tenemos dos personas que nunca han experimentado el color verde.
Una recibe una analogía:
verde ≈ música suave.
La otra:
verde ≈ raso suave.
Ambas están utilizando metáforas para intentar comprender algo que no pueden experimentar directamente.
Hasta ahí, ningún problema.
El problema empieza cuando convierten la metáfora en doctrina.
Entonces ocurre lo absurdo:
«¡El verde es como música!»
«¡No! ¡El verde es como el raso!»
Y terminan golpeándose.
Es una caricatura bastante precisa de buena parte de las disputas religiosas de la humanidad.
5. Y aquí De Mello toca algo todavía más grande: el problema del mapa
Podríamos imaginar cuatro niveles:
Experiencia → interpretación → doctrina → dogmatismo
Alguien tiene una experiencia profunda.
Después intenta explicarla.
Después alguien convierte esa explicación en una enseñanza.
Después otra generación interpreta esa enseñanza literalmente.
Y finalmente alguien afirma:
«Esto no es una interpretación. Esto es la realidad.»
Ahí comienza el problema.
Porque dos personas pueden haber tenido experiencias espirituales semejantes y describirlas mediante lenguajes completamente distintos.
Una dice Dios.
Otra dice Tao.
Otra dice Brahman.
Otra dice vacío.
Otra dice conciencia.
Otra quizá simplemente dice:
«No tengo palabras para explicar lo que experimenté.»
Y puede que estén intentando señalar hacia algo parecido.
6. La paradoja más interesante
Hay algo muy socrático en todo esto.
Sócrates no era grande porque supiera responderlo todo.
Era grande porque comprendió algo devastador para nuestro ego:
saber que no sabes es una forma de conocimiento.
Y eso aparece también en otras tradiciones.
El Tao Te Ching comienza, en esencia, advirtiendo que el Tao que puede ser completamente nombrado no es el Tao eterno.
Wittgenstein termina el Tractatus con la famosa idea de que:
«De lo que no se puede hablar, hay que callar.»
Y los grandes místicos frecuentemente terminan llegando a una especie de silencio.
Curiosamente, el místico y el escéptico pueden encontrarse en el mismo lugar, aunque hayan llegado por caminos distintos:
«No puedo afirmar que sé.»
7. Pero hay una crítica que podemos hacerle a De Mello
El «no sabemos» puede convertirse también en una trampa si se interpreta como:
«Como nadie puede saberlo todo, todas las afirmaciones valen lo mismo.»
Y eso tampoco es cierto.
No sabemos qué es la realidad última, pero sí podemos saber muchas cosas sobre el mundo.
No saber todo no significa no saber nada.
Podemos distinguir entre:
hechos demostrables;
hipótesis razonables;
interpretaciones;
creencias personales;
afirmaciones metafísicas que no podemos verificar.
El verdadero antídoto contra el fanatismo no es la ignorancia.
Es saber exactamente qué grado de certeza merece cada afirmación.
8. Y eso explica por qué el pasaje es mucho más político de lo que parece
Aunque De Mello está hablando de religión, su argumento sirve perfectamente para analizar la política.
El fanático político también dice:
«Yo sé lo que realmente está pasando.»
«Yo sé quiénes son los buenos.»
«Yo sé quiénes son los malos.»
«Yo sé cuáles son las verdaderas intenciones de mis adversarios.»
Y entonces deja de investigar.
Porque la certeza mata la curiosidad.
Cuando ya sabes, no necesitas preguntar.
Cuando no sabes, tienes que escuchar.
Y ahí está quizá la idea más poderosa de todo el fragmento:
La humildad intelectual no consiste en tener menos opiniones; consiste en mantener abierta la posibilidad de estar equivocado.
Por eso la frase de De Mello podría resumirse así:
El problema no es que los seres humanos no sepan. El problema es que no saben y, además, no saben que no saben.
Y eso, curiosamente, hace que este texto de De Mello sea mucho más cercano a Sócrates que a una simple enseñanza religiosa.


