Era el mejor de los tiempos, era el peor de los tiempos, la edad de la sabiduría, y también de la locura; la época de las creencias y de la incredulidad; la era de la luz y de las tinieblas; la primavera de la esperanza y el invierno de la desesperación. Todo lo poseíamos, pero no teníamos nada.
CHARLES DICKENS,
La célebre frase inicial de Historia de dos ciudades (1859) es mucho más que una introducción literaria. Dickens está describiendo una paradoja permanente de la condición humana: los grandes avances suelen convivir con grandes miserias.
"Era el mejor de los tiempos, era el peor de los tiempos..."
La frase parece contradictoria, pero precisamente ahí está su fuerza. Dickens observa una sociedad que vive simultáneamente el progreso y la decadencia. Mientras algunos celebran los triunfos de la razón, otros padecen hambre, injusticia y desesperación.
La coexistencia de los opuestos
Dickens encadena pares contrarios:
Sabiduría y locura.
Creencias e incredulidad.
Luz y tinieblas.
Esperanza y desesperación.
No está diciendo que unas personas vivan una cosa y otras la contraria. Está diciendo que la misma sociedad, e incluso la misma persona, puede experimentar ambas al mismo tiempo.
La humanidad construye universidades y también campos de batalla.
Descubre vacunas y fabrica armas.
Predica igualdad mientras tolera privilegios escandalosos.
Una crítica al optimismo ingenuo
La Europa del siglo XVIII, escenario de la novela, se consideraba la era de la Ilustración, de la razón y del progreso. Sin embargo, debajo de esa confianza crecían la pobreza y el resentimiento que desembocarían en la Revolución Francesa.
Dickens advierte que el progreso material no elimina automáticamente la injusticia. Una sociedad puede sentirse moderna y, al mismo tiempo, estar incubando una crisis.
"Todo lo poseíamos, pero no teníamos nada"
Esta idea resulta especialmente contemporánea.
Tenemos más información que cualquier generación anterior, pero a menudo menos certeza.
Más medios de comunicación, pero más sensación de incomunicación.
Más bienes de consumo, pero no necesariamente más satisfacción.
La abundancia material puede coexistir con una sensación de vacío.
Una lectura actual
Si Dickens viviera hoy, probablemente podría escribir exactamente la misma frase.
Vivimos una época con inteligencia artificial, medicina avanzada y acceso instantáneo al conocimiento; pero también con ansiedad, polarización política, guerras y desconfianza social.
Por eso la cita sigue resonando casi dos siglos después: no describe únicamente a la Francia prerrevolucionaria ni a la Inglaterra victoriana. Describe una característica recurrente de la historia humana.
La lección de Dickens es incómoda: cuando una época se proclama a sí misma como la culminación del progreso, conviene mirar debajo de la alfombra. A veces el "mejor de los tiempos" y el "peor de los tiempos" son exactamente el mismo tiempo visto desde distintos lugares de la sociedad.
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