miércoles, 1 de julio de 2026


 Esta es una de las citas más célebres y conmovedoras del escritor, poeta y sibarita estadounidense Jim Harrison (famoso por obras como Leyendas de pasión). Captura a la perfección su filosofía de vida, su amor salvaje por la naturaleza y su constante búsqueda de consuelo en la soledad.

"A falta de amor, tomaré la vida en grandes dosis a solas: ríos, bosques, peces, urogallos, montañas. Perros."

Jim Harrison fue un hombre que vivió intensamente, profundamente conectado con los paisajes de Michigan y Montana. Esta frase es un manifiesto de su vulnerabilidad y su resiliencia.

Harrison coloca al amor en la cúspide de la experiencia humana. La palabra "barring" (salvo, excepto, a falta de) funciona como una condición: si el amor humano no está disponible —ya sea por pérdida, desamor o aislamiento—, se genera un vacío existencial peligroso. Sin embargo, en lugar de dejarse vencer por la desesperación, el autor busca un sustituto igual de poderoso.

La expresión "in large doses" (en grandes dosis) evoca la idea de un medicamento o una sustancia vital. Para Harrison, el antídoto contra la soledad no es la distracción superficial o la sociedad humana, sino la inmersión absoluta en el mundo natural. La soledad aquí no es un castigo, sino el espacio necesario para absorber la inmensidad del entorno.

La estructura de la frase se rompe con un guion para enumerar, de manera casi ritual, los elementos que le dan sentido a su existencia:

  • Ríos y bosques: El flujo constante y la estabilidad.

  • Peces y urogallos (grouse): Harrison era un ávido pescador con mosca y cazador. Para él, estas criaturas no eran meras presas, sino conexiones místicas con el instinto y la supervivencia.

  • Montañas: La escala monumental que relativiza los problemas humanos.

La genialidad de la cita está en su última palabra, separada por un punto: "Perros." Para Harrison, los perros no eran simples mascotas; eran guardianes espirituales, compañeros puros que ofrecen el único tipo de amor que jamás falla ni juzga. Al cerrar la frase con ellos, regresa al inicio de la cita: si el amor humano falta, el amor de un perro llena el vacío.

Es un recordatorio de que, cuando el mundo humano nos rompe el corazón o nos abruma, la Tierra y la lealtad animal siempre están allí para recordarnos cómo seguir vivos.

 "Cantan las hojas,

bailan las peras en el peral;
gira la rosa,
rosa del viento, no del rosal.
Nubes y nubes
flotan dormidas, algas del aire;
todo el espacio
gira con ellas, fuerza de nadie.
Todo es espacio;
vibra la vara de la amapola
y una desnuda
vuela en el viento lomo de ola.
Nada soy yo,
cuerpo que flota, luz, oleaje;
todo es del viento
y el viento es aire siempre de viaje".

"Viento", Octavio Paz 


 Juan Rulfo

 "Porque considero la memoria no como un fenómeno que preserva una cosa y pierde otra meramente por casualidad, sino como un poder que deliberadamente pone los acontecimientos en orden o sabiamente los omite. 

Todo lo que olvidamos de nuestras propias vidas fue condenado al olvido por un instinto interno hace mucho tiempo".

"El mundo de ayer", Stefan Zweig


 "El miedo tiene muchos ojos y ve las cosas debajo de la tierra."

Don Quijote de la Mancha

 

Es una de las observaciones psicológicas más certeras de la literatura.

El miedo no solo percibe los peligros reales: los multiplica, los exagera e incluso los inventa. Decir que "tiene muchos ojos" significa que está atento a cualquier posible amenaza. Y al afirmar que "ve las cosas debajo de la tierra", Cervantes lleva la idea más lejos: el miedo cree descubrir peligros donde nadie más los ve, incluso donde no existen.

Hoy sabemos que esta intuición tiene respaldo en la psicología. Cuando una persona siente miedo, su cerebro entra en un estado de hipervigilancia. Interpreta ruidos, gestos o situaciones ambiguas como señales de peligro. Es un mecanismo que pudo ser útil para sobrevivir, pero que también puede convertirse en una fuente de sufrimiento cuando funciona en exceso.

En Don Quijote, la frase también tiene un matiz irónico. Muchas veces los personajes actúan movidos por temores infundados, mientras que el propio don Quijote, pese a sus delirios, suele avanzar sin dejarse dominar por el miedo. Cervantes muestra así dos formas de deformar la realidad: la imaginación idealista de don Quijote y la imaginación temerosa de quien vive esperando desgracias.

Esta idea conserva plena vigencia. En la política, por ejemplo, el miedo puede hacer que una sociedad vea enemigos por todas partes; en la vida cotidiana, puede convencernos de que fracasaremos antes de intentarlo, que los demás nos juzgan constantemente o que un riesgo pequeño es una catástrofe inminente.

Para alguien que busca cultivar la valentía, esta frase encierra una enseñanza muy práctica: el valor no consiste en no sentir miedo, sino en no concederle la autoridad para definir la realidad.

 El miedo observa mucho, pero no siempre observa bien. 

Antes de obedecerlo, conviene preguntarse: ¿estoy viendo el mundo como es o como mi miedo me lo está mostrando? 

Esa pregunta, por sí sola, puede devolvernos una visión más clara de las cosas.

  Newton no fue el

primer hombre de la Edad de la Razón, fue el último de los magos, el último de los

babilonios y de los sumerios, la última gran mente que contempló el mundo visible e

intelectual con los mismos ojos que lo hicieron quienes empezaron a construir nuestra herencia cultural de hace casi 10 mil años...   


Esta célebre frase pertenece al economista británico John Maynard Keynes, pronunciada en un discurso para el tricentenario del nacimiento de Isaac Newton (leído en 1946).

 Keynes no llegó a esta conclusión de la nada: tras comprar un cofre lleno de manuscritos privados e inéditos de Newton en una subasta en 1936, descubrió que el "padre de la ciencia moderna" había dedicado más tiempo y tinta a la alquimia, la teología herética y las profecías bíblicas que a la mismísima física.

La narrativa histórica tradicional pinta a Newton como el héroe supremo de la Ilustración: el hombre que mecanizó el universo, inventó el cálculo y desterró la superstición con sus leyes del movimiento.

Keynes rompe este mito al afirmar que Newton no miraba hacia el futuro (el racionalismo moderno), sino hacia el pasado. Para Newton, el universo no era una máquina ciega que funcionaba sola, sino un criptograma divino: un enigma diseñado por Dios que podía ser descifrado tanto a través de las matemáticas como a través del descodificado de los textos sagrados y la transmutación alquímica.

¿Por qué vincularlo con la antigua Mesopotamia? 

Los babilonios y sumerios no separaban la astronomía de la astrología, ni la matemática de la religión. Para ellos, observar el cielo era una actividad mística para entender la voluntad divina.

  • La unidad del conocimiento: Newton compartía esta cosmovisión. Para él, la gravedad no era una simple fuerza mecánica, sino la manifestación directa del poder de Dios en el espacio.

  • El conocimiento perdido (Prisca Sapientia): Newton creía firmemente que las civilizaciones antiguas (incluidos los babilonios y los egipcios) ya poseían las leyes verdaderas del universo y los secretos de la creación, pero que ese conocimiento se había corrompido o perdido con el tiempo. Su trabajo científico no era una "innovación", sino una recuperación de la magia y la sabiduría original.

"La última gran mente que contempló el mundo visible e intelectual con los mismos ojos..."

Antes de la fragmentación moderna del saber (donde la ciencia, la religión, la filosofía y el arte se separaron en disciplinas estancas), existía una mirada integrada.

  • El cruce de fronteras: Newton utilizaba el mismo rigor obsesivo, el mismo método de aislamiento y la misma genialidad intelectual para calcular la órbita de un planeta que para intentar descubrir la fórmula de la Piedra Filosofal o calcular la fecha del Apocalipsis basándose en el Libro de Daniel (la cual fijó, curiosamente, para el año 2060).

  • El fin de una era: Al llamarlo "el último", Keynes señala el nacimiento de una nueva era. Irónicamente, el éxito de las matemáticas de Newton ayudó a construir el mundo hiperracional, mecánico y desencantado en el que vivimos hoy, un mundo que el propio Newton, con su mente impregnada de misticismo, difícilmente habría reconocido o compartido.

La cita resume una paradoja fascinante de la historia del pensamiento: la ciencia moderna nació de la obsesión de un hombre por la magia antigua. Newton no fue el primer científico frío y pragmático; fue el último gran sabio hermético que creía que la realidad visible y el mundo espiritual eran un solo tejido que esperaba ser descifrado.

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