jueves, 30 de abril de 2020

Malvidio Malatesta

Día internacional la felicidad: aprender a ser felices desde la ...
La felicidad se oculta

en las cosas cotidianas

en el andar de todos los días


en las mismas personas


la arrastra la rutina


abre los ojos


mira con amor

Carl Jung

45 Clever Quotes from Carl Jung - MagicalQuote
Me interesaba oír las opiniones de Freud sobre la pre-
cognición y sobre parapsicología en general. Cuando le
visité en 1909 en Viena le pregunté qué pensaba acerca de
ello. De acuerdo con su prejuicio materialista, rechazó ra-
dicalmente la cuestión como algo absurdo, basándose en
un positivismo tan superficial, que me fue difícil no res-
ponderle con acritud. Transcurrieron todavía algunos años
hasta que Freud reconoció la importancia de la pa-
rapsicología y la autenticidad de los fenómenos «ocultos».
Mientras Freud exponía sus argumentos, yo sentí una
extraordinaria sensación. Me pareció como si mi diafrag-
ma fuera de hierro y se pusiera incandescente —una cavi-
dad diafragmática incandescente. Y en este instante sonó
un crujido tal en la biblioteca, que se hallaba inmediata-
mente junto a nosotros, que los dos nos asustamos. Creí-
mos que el armario caía sobre nosotros. Tan fuerte fue el
crujido. Le dije a Freud: «Esto ha sido un fenómeno de
ex-teriorización de los denominados catalíticos.»
«¡Bah —dijo él—, esto sí que es un absurdo!»
«Pues no», le respondí, «se equivoca usted, señor pro-
fesor. Y para probar que llevo razón le predigo ahora que
volverá inmediatamente a oírse otro crujido». Y, efectiva-
mente: ¡apenas había pronunciado estas palabras se oyó el
mismo crujido en la biblioteca!
No sé aún hoy por qué tenía tal certeza. Pero sabía
con toda exactitud que el crujido iba a repetirse. Freud me
miró horrorizado. No sé qué pensaba o qué miraba. En
todo caso, este hecho despertó su desconfianza hacia mí y
yo tuve la sensación de haberle hecho algo. Nunca más
volví a hablarle de esto.

Oliverio Girondo

Oliverio Girondo | Literatura Wiki | Fandom
¿Me extravié en la fiebre?
¿Detrás de las sonrisas?
¿Entre los alfileres?
¿En la duda?
¿En el rezo?
¿En medio de la herrumbre?
¿Asomado a la angustia,
al engaño,
a lo verde?...
No estaba junto al llanto,
junto a lo despiadado,
por encima del asco,
adherido a la ausencia,
mezclado a la ceniza,
al horror,
al delirio.
No estaba con mi sombra,
no estaba con mis gestos,
más allá de las normas,
más allá del misterio,
en el fondo del sueño,
del eco,
del olvido.
No estaba.
¡Estoy seguro!
No estaba.

miércoles, 29 de abril de 2020

Mary oliver

LITERATURE II / Mary Oliver — The Story of Virago

Instrucciones para vivir una vida:
Prestar atención.
Asombrarse.
Contarlo.

Friedrich Nietzsche

A menudo la sensualidad apresura el crecimiento del amor, de modo que la raíz queda débil y es fácil de arrancar.

Leonora Carrington

TOP 19 QUOTES BY LEONORA CARRINGTON | A-Z Quotes
Leonora usó la escritura para relatar ese pasaje por el mundo de la locura, relató su encierro en un escrito: “Memorias de abajo”. Escrito durante cinco días y producto de su colapso nervioso, fruto del mundo hostil al que se vio enfrentada. ¿Qué mundos visitó Leonora en ese lapso en que se le acusó de loca? ¿Qué vio en esa crisis que la arrastró a ver dioses y demonios, al descender al mundo de la alucinación del que pocos regresan? ”Memorias de abajo” es un diario de un viaje al inframundo: la difusa frontera que separa fantasía de realidad.

Leonora habló para conservar la lucidez y mientras se debatía entre un mundo exterior de guerra y otro interior de soledad, el mundo real parece desdibujarse y su situación nerviosa es cada vez más grave. En sueños cree haber encontrado la fórmula para frenar el avance del fascismo, su angustia creció y se reflejó en su propio cuerpo la miseria de la guerra.  

Su psiquiatra le pidió que dibujara su viaje por el mundo de la locura, ella no pudo; sin embargo, escribió, sus memorias. Infestada de somníferos y tranquilizantes, apenas logró estar consciente para escribir, pero lo logró y relató la violencia con la que fue tratada:
“En Covadonga, me arrancaron brutalmente las ropas y me ataron con correas, desnuda, a la cama. […] No sé cuánto tiempo permanecí atada y desnuda. Yací varios días y noches sobre mis propios excrementos, orina y sudor, torturada por los mosquitos, cuyas picaduras me pusieron un cuerpo horrible: creí que eran los espíritus de todos los españoles aplastados, que me echaban en cara mi internamiento, mi falta de inteligencia y mi sumisión”.
Asolada por la culpa y la desesperación por no poder salvar su propia situación personal y la de España, alucinó y deliró inducida por el Cardiazol, medicina que le provocó un acelere mental. Sus deseos de huir crecieron, pero su voluntad fue violentada por el encierro, pese a todo dijo: “Estoy creciendo. Estoy creciendo… y tengo miedo; porque nada escapará a la destrucción”.
 El surrealismo de Leonora es ese mundo de los sueños que ella transitó, a ratos lugares mágicos, pero también reflejo del tormento por el que se movió. 
En su búsqueda por resolver la situación de la liberación de Max, se había condenado al encierro ella misma. Su culpa y desesperación por solucionar los problemas del mundo violento que la consumía, amenazaba con aniquilarla o dejarla vagando en el limbo: “Pensé que era mi reino; que su tierra roja era la sangre seca de la Guerra Civil. Me asfixiaban los muertos, su densa presencia en ese paisaje lacerado”.
https://culturacolectiva.com/arte/max-y-leonora-dos-surrealistas-un-amor-de-manicomio

Jaime Sabines

LA TOVARICH 

Es mi cuarto, mi noche, mi cigarro.
 Hora de Dios creciente. 
Obscuro hueco aquí bajo mis manos.
 Invento mi cuerpo, tiempo, y ruinas de mi voz en mi garganta. 
Apagado silencio. 

He aquí que me desnudo para habitar mi muerte. 

Sombra en llamas hay bajo mis párpados. 
Penetro en la oquedad sin palabra posible, 
en esa inimaginable orfandad de la luz 
donde todo es intento, aproximado afán y cercanía. 

Margie (Maryi) se llama. 

Estaba yo con Dios desde el principio. 
El puso en mi corazón imposibles imágenes 
y una gran libertad desconocida. 

Voces llenas de ojos en el aire 
corren la obscuridad, muros transitan. 
(Lamento abandonado en la banqueta. 
Un grito, a las once, buscando un policía.) 
En el cuarto vecino dos amantes se matan. 

Y música a pedradas quiebra cristales,
 rompe mujeres encintas.
 En paz sereno, 
fumo mi nombre, recuerdo. 

Porque caí, como una piedra en el agua, 
o una hoja en el agua, 
o un suspiro en el agua.
Caí como un ojo en una lágrima. 

Y me sentí varón para toda humedad, 
suave en cualquier ternura, 
lento en todo callar. 
Fui el primero hasta el último 
en ser amor y olvido, ni amor ni olvido. 
(Porque soles opuestos... 
Siempre el mismo y distinto.
Igual que sangre en círculo. al corazón, igual.) 

El porvenir que cae me filtra hasta perderse. 
Yo soy: ahora, aquí, siempre y jamás. 

Un barranco y un ave. 
(Dos alas caminan en el aire
 y en medio un madrigal.) 

Un barranco. 
(Ya no lo dijo. Calló, de pronto, 
hoscamente, para callar.) 

Un 
(quién sabe. Yo). 

Cualquier cosa que se diga es verdad.
Antes de mi suicidio estuve en un panal. 

(Rosa Maryi que ya rosal, 
cualquier muerte es mortal.) 

Ahora voy a llorar


p.d por si no se lo preguntaron, por si tienen curiosidad:
Tovarishch o tovarisch es una palabra rusa que significa compañero, amigo, colega o aliado.

martes, 28 de abril de 2020

Silencio

Nosotros los indios sabemos del silencio. No le tenemos miedo. De ...
Nosotros los Nativos sabemos del silencio.

No le tenemos miedo. De hecho, para nosotros es más poderoso que las palabras. Nuestros ancianos fueron educados en las maneras del silencio, y ellos nos transmitieron ese conocimiento a nosotros. Observa, escucha, y luego actúa, nos decían. Esa es la manera de vivir despiertos.

Observa a los animales para ver cómo cuidan a sus crías. Observa a los ancianos para ver cómo se comportan. Observa al hombre blanco para ver qué quiere. Siempre observa primero, con corazón y la mente quietos y entonces, aprenderás. Cuando hayas observado lo suficiente, entonces podrás actuar sin temor.

Con ustedes es lo contrario. Ustedes aprenden hablando. Premian a los niños que hablan más en la escuela. En sus fiestas todos tratan de hablar. En el trabajo siempre están teniendo reuniones en las que todos interrumpen a todos, y todos hablan cinco, diez o cien veces.

Y le llaman “resolver un problema”. Cuando están en una habitación y hay silencio, se ponen nerviosos. Tienen que llenar el espacio con sonidos. Así que hablan impulsivamente, incluso antes de saber lo que van a decir.

A la gente blanca le gusta discutir. Ni siquiera permiten que el otro termine una frase. Siempre interrumpen. Para nosotros esto es muy irrespetuoso e incluso muy estúpido. Si tú comienzas a hablar, yo no voy a interrumpirte.

Te escucharé. Quizás deje de escucharte si no me gusta lo que estás diciendo. Pero no voy a interrumpirte. Cuando termines, tomaré mi decisión sobre lo que dijiste, pero no te diré si no estoy de acuerdo, a menos que sea importante. De lo contrario, simplemente me quedaré callado y me alejaré. Me has dicho lo que necesito saber. No hay nada más que decir. Pero eso no es suficiente para la mayoría de la gente blanca.

La gente debería pensar en sus palabras como si fuesen semillas. Deberían plantarlas, y luego permitirles crecer en silencio. Nuestros ancianos nos enseñaron que la tierra siempre nos está hablando, pero que debemos guardar silencio para escucharla.

Jordan Peterson

41 Famous quotes and sayings by Jordan Peterson
Pensar de verdad es algo complejo y exigente. Algo que requiere al mismo tiempo ser un orador elocuente y escuchar de forma atenta y sensata. Algo que implica conflicto, así que tienes que saber tolerarlo. El conflicto, a su vez, implica negociación y compromiso, así que tienes que aprender a ceder, a modificar tus argumentos y a ajustar lo que piensas, incluso si se trata de tus percepciones del mundo. A veces se produce una derrota y la eliminación de una o más de tus miniaturas. Y hay que decir que no les hace gracia perder ni que las eliminen. Cuesta mucho construirlas y tienen mucho valor. Están vivas y quieren seguir estándolo, así que lucharán. Más te vale, pues, escucharlas. Si no lo haces, se ocultarán bajo tierra para convertirse en demonios que te torturarán. Así pues, pensar es emocionalmente doloroso, así como fisiológicamente exigente, más que cualquier otra cosa, con la excepción de no pensar. Pero tienes que ser muy elocuente y sofisticado para conseguir que todo esto ocurra dentro de tu cabeza. ¿Qué puedes hacer entonces si no se te da muy bien pensar, si no consigues ser dos personas al mismo tiempo? Es fácil. Habla. Pero entonces necesitas a alguien que te escuche, porque una persona que escucha es al mismo tiempo tu colaborador y tu oponente. Una persona que escucha somete a examen lo que dices 
(y lo que piensas) sin necesidad de pronunciar una sola palabra. Una persona que escucha representa a la humanidad, es portavoz de la multitud. Es cierto que las multitudes no siempre llevan la razón, ni mucho menos, pero por lo general normalmente sí la llevan. Si dices algo que espanta a todo el mundo, tendrías que reconsiderarlo. Lo digo sabiendo perfectamente que las opiniones controvertidas son en ocasiones las correctas, hasta el punto de que, algunas veces, todas esas multitudes acabarán aniquiladas si se niegan a escucharlas. Por este motivo, entre otras cosas, el individuo tiene la obligación moral de levantarse y proclamar su propia verdad, aquella que ha construido a partir de su experiencia. Pero, a pesar de eso, algo nuevo y radical es casi siempre algo errado. Hacen falta razones buenas, muy buenas, para ignorar o desafiar la opinión pública general. Piensa que tu cultura es como un enorme roble. Si te cuelgas de una de sus ramas y se rompe, caerás desde muy alto, más alto quizá de lo que piensas. 
 Hicieron falta innumerables generaciones para llegar donde estás ahora, con lo que quizá sería conveniente demostrar un poco de gratitud. Si insistes en imponerle al mundo tu forma de ver las cosas, tienes que apoyarte en buenas razones. Si te niegas a moverte de donde estás, tienes que contar con buenas razones y más te vale haberlas pensado lo suficiente. De lo contrario puede que te espere un aterrizaje muy complicado. Así pues, tendrías que hacer lo que hacen los demás, a no ser que tengas un motivo muy bueno para no hacerlo. Si sigues una senda, por lo menos sabes que otras personas han recorrido ese mismo camino. Fuera de la senda te sales de la ruta, y el desierto que espera allí está lleno de bandidos y monstruos. Eso es lo que dice la sabiduría.

Daniel Goleman

Emotion At Work on Twitter: "#Quote from Daniel Goleman… "
Era una bochornosa tarde de agosto en la ciudad de Nueva York. Uno de esos
días asfixiantes que hacen que la gente se sienta nerviosa y malhumorada. En el
camino de regreso a mi hotel, tomé un autobús en la avenida Madison y, apenas
subí al vehículo, me impresionó la cálida bienvenida del conductor, un hombre de
raza negra de mediana edad en cuyo rostro se esbozaba una sonrisa entusiasta,
que me obsequió con un amistoso « ¡Hola! ¿Cómo está?» , un saludo con el que
recibía a todos los viajeros que subían al autobús mientras éste iba serpenteando
por entre el denso tráfico del centro de la ciudad. Pero, aunque todos los
pasajeros eran recibidos con idéntica amabilidad, el sofocante clima del día
parecía afectarles hasta el punto de que muy pocos le devolvían el saludo.
No obstante, a medida que el autobús reptaba pesadamente a través del
laberinto urbano, iba teniendo lugar una lenta y mágica transformación. El
conductor inició, en voz alta, un diálogo consigo mismo, dirigido a todos los
viajeros, en el que iba comentando generosamente las escenas que desfilaban
ante nuestros ojos: rebajas en esos grandes almacenes, una hermosa exposición
en aquel museo y qué decir de la película recién estrenada en el cine de la
manzana siguiente. La evidente satisfacción que le producía hablarnos de las
múltiples alternativas que ofrecía la ciudad era contagiosa, y cada vez que un
pasajero llegaba al final de su trayecto y descendía del vehículo, parecía haberse
sacudido de encima el halo de irritación con el que subiera y, cuando el
conductor le despedía con un « ¡Hasta la vista! ¡Que tenga un buen día!» , todos
respondían con una abierta sonrisa.

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