Lo único cierto es que la mala ciencia mata y la buena ciencia ficción, como toda la
buena literatura, nos conduce a mundos infinitos. De modo que viajen a esos
universos. Lean los epigramas de Séneca, los discursos de Cicerón o la genial Eneida
de Virgilio. Saboreen los poemas de Petrarca, Quevedo, Bécquer, Espronceda,
Coleridge, Percy Shelley, Pessoa, Emily Dickinson, Dionisio Ridruejo o tantos otros.
Emociónense con las novelas de Victor Hugo, Balzac, Charlotte Brontê, Pushkin,
Bram Stoker, Vicente Blasco Ibáñez, Robert Graves, D. H. Lawrence, Emilio Salgari,
Agatha Christie, Elias Canetti o las de tantas otras mentes geniales de la literatura.
Cuando tengan poco tiempo para leer, paseen entonces sus ojos por los relatos cortos
de Edgar Allan Poe, James Joyce o Ángeles Mastretta. Y si ven que en su ciudad
representan una obra de teatro de Lope de Vega, de Calderón de la Barca o de
Shakespeare, no dejen pasar esa oportunidad por nada del mundo. Y, por lo que más
quieran, no se detengan, no dejen de leer ahora simplemente porque se nos hayan
terminado las páginas.
Esta cita de Santiago Posteguillo es un canto de amor absoluto a la literatura y, al mismo tiempo, una declaración de principios sobre la condición humana. Posteguillo, siendo un filólogo e historiador apasionado (famoso por sus novelas sobre Roma), no solo recomienda libros; está recetando un antídoto contra la apatía.
Tiene varios puntos brillantes que vale la pena desmenuzar:
1. El contraste inicial: Ciencia mala vs. Ciencia ficción
"Lo único cierto es que la mala ciencia mata y la buena ciencia ficción, como toda la buena literatura, nos conduce a mundos infinitos".
Es un comienzo brillante. La "mala ciencia" (los dogmas, la manipulación, los fanatismos disfrazados de progreso) encierra y destruye. En cambio, la ficción y la literatura expanden la mente. No nos encierran en una verdad única; nos abren las puertas a infinitas posibilidades.
2. Un mapa del tesoro temporal y geográfico
Lo hermoso de este fragmento es cómo Posteguillo viaja por el tiempo sin ningún tipo de elitismo. En un solo párrafo te conecta con:
La Roma clásica (Séneca, Cicerón, Virgilio).
La intensidad del Romanticismo y el Barroco (Quevedo, Bécquer, Shelley).
La complejidad de la novela decimonónica y del siglo XX (Victor Hugo, Brontë, Canetti).
El misterio y la cultura popular (Bram Stoker, Agatha Christie, Salgari).
Nos está diciendo que la buena literatura no tiene fecha de caducidad ni nacionalidad. Da igual si lees un epigrama romano de hace dos mil años o un relato corto de Ángeles Mastretta; el impacto en el alma es el mismo.
3. Democracia lectora (Para todos los tiempos y formatos)
A menudo la gente dice: "No leo porque no tengo tiempo". Posteguillo desarma esa excusa de inmediato. Tiene una recomendación para cada ritmo de vida:
¿Tienes una tarde entera? Una novela de Balzac o Blasco Ibáñez.
¿Tienes solo diez minutos? Los cuentos de Poe o Joyce.
¿Quieres vivirlo en comunidad? Ve al teatro a ver a Shakespeare o Calderón.
4. El cierre: La literatura como un viaje sin fin
"...no dejen de leer ahora simplemente porque se nos hayan terminado las páginas".
Este es el verdadero núcleo de la cita. Los libros físicos se acaban, las portadas se cierran, pero la lectura no es un acto pasivo. Lo que Posteguillo nos pide es que mantengamos la mirada del lector en la vida cotidiana: seguir teniendo curiosidad, seguir imaginando y seguir viajando a esos "mundos infinitos" incluso cuando el libro ya está en la estantería.
Es una invitación a no conformarse con un mundo plano y gris. Nos recuerda que mientras haya un libro cerca, el ser humano nunca estará verdaderamente encerrado.
No hay comentarios:
Publicar un comentario