Anne Sexton no comenzó escribiendo poemas. Comenzó cayendo.
Hay vidas que parecen construidas como una casa. La suya fue más parecida a un acantilado. Cada año añadía una grieta, y en vez de esconderla, decidió iluminarla con palabras.Nació en 1928, en Newton, en una familia acomodada. Desde afuera todo parecía correcto: jardines, educación, modales. Pero las familias también pueden ser escenarios donde el silencio aprende a disfrazarse de elegancia. Desde muy joven convivió con una profunda inestabilidad emocional, episodios de depresión y una sensación persistente de no pertenecer del todo al mundo.
Se casó muy joven con Alfred Muller Sexton. Tuvieron dos hijas. Parecía el retrato del sueño americano de los años cincuenta. Pero bajo aquella fotografía doméstica había tormentas invisibles.
Después del nacimiento de su segunda hija sufrió una grave crisis psiquiátrica. Intentó quitarse la vida. Fue internada varias veces.
Entonces ocurrió algo extraordinario.
Su psiquiatra le sugirió escribir.
No para convertirse en poeta.
Para sobrevivir.
Lo que empezó como una terapia terminó convirtiéndose en una revolución literaria.
Anne descubrió que el poema podía decir aquello que la sociedad prohibía nombrar: el deseo femenino, la maternidad ambivalente, la locura, el suicidio, la menstruación, el cuerpo, el miedo, Dios, el sexo, la culpa. Escribía como quien abre una ventana en una habitación llena de humo.
Pronto conoció a Robert Lowell, uno de los grandes maestros de la poesía estadounidense. En su taller coincidió con Sylvia Plath.
Las dos compartían algo más que talento.
Compartían una oscuridad difícil de domesticar.
Después de las clases solían quedarse hablando durante horas sobre poesía, alcohol y muerte. No competían por quién escribía mejor. Parecían preguntarse cuál de las dos lograría mantenerse viva un día más.
En 1960 publicó To Bedlam and Part Way Back.
Era un libro imposible para la época.
Mientras muchos poetas escondían su intimidad detrás de símbolos elegantes, Anne abría la puerta de su mente y dejaba entrar al lector.
Así nació lo que después se llamaría "poesía confesional".
Pero ella nunca confesaba para pedir perdón.
Confesaba para convertir el dolor en conocimiento.
Llegaron más libros.
All My Pretty Ones.
Live or Die.
Con este último obtuvo el Premio Pulitzer de Poesía.
Resulta casi irónico.
El mismo país que temía escuchar hablar de la enfermedad mental terminó premiando a una mujer que había hecho de ella una obra de arte.
Sin embargo, los premios no silencian las voces interiores.
Anne seguía entrando y saliendo de hospitales.
Seguía luchando.
Seguía escribiendo.
En sus poemas aparecían brujas, princesas, vírgenes, madres y monstruos. Reescribió cuentos infantiles en su libro Transformations. Tomó a Blancanieves, Rapunzel o Cenicienta y les arrancó el maquillaje de los cuentos de hadas. Debajo encontró miedo, violencia, deseo y soledad.
Era una alquimista.
Convertía los cuentos para niños en radiografías del alma adulta.
El 4 de octubre de 1974 terminó de revisar las pruebas de su siguiente libro. Almorzó con una amiga. Regresó a casa.
Se puso el abrigo de piel de su madre.
Entró en el garaje.
Encendió el automóvil.
Y dejó que el monóxido de carbono hiciera el resto.
Tenía cuarenta y cinco años.
Su muerte suele contarse como el final de una tragedia.
Quizá sea una forma demasiado simple de leerla.
Anne Sexton pasó toda su vida intentando traducir un idioma que casi nadie entendía: el de quienes despiertan cada mañana teniendo que convencer a su propia mente de seguir viviendo.
No siempre ganó esa batalla.
Pero dejó un mapa para quienes continúan luchándola.
Sus poemas recuerdan que la belleza no siempre nace de la serenidad. A veces brota de una herida que se niega a cerrarse. No porque ame el dolor, sino porque comprende que nombrarlo es la primera forma de impedir que nos devore.
Anne Sexton escribió para salvarse.
No pudo salvarse del todo.
Pero consiguió algo igualmente raro.
Salvar, con sus palabras, a innumerables lectores que alguna vez sintieron que el mundo se había vuelto demasiado pesado para seguir respirando.
.jpg)
No hay comentarios:
Publicar un comentario