"Tarde o temprano, tuvo que renunciar a la esperanza de un pasado mejor."
— Irvin D. Yalom
Esta frase parece paradójica al principio. ¿Cómo podría alguien esperar un pasado mejor, si el pasado ya ocurrió? Precisamente ahí reside su fuerza.
Yalom señala una de las trampas psicológicas más comunes: vivir intentando reescribir mentalmente lo que ya sucedió. Muchas personas pasan años pensando:
"Si mis padres hubieran sido diferentes..."
"Si hubiera elegido otra carrera..."
"Si no hubiera cometido aquel error..."
"Si esa relación hubiera funcionado..."
Aunque racionalmente sabemos que el pasado es inmutable, emocionalmente seguimos negociando con él. Alimentamos la ilusión de que, de alguna manera, todavía podría haber sido distinto. Esa esperanza nos mantiene atrapados.
Renunciar a la esperanza de un pasado mejor no significa justificar las injusticias, minimizar el dolor o dejar de aprender de los errores. Significa aceptar que ninguna cantidad de culpa, resentimiento o nostalgia modificará un solo segundo de lo vivido.
En la psicoterapia existencial, uno de los temas centrales de Yalom es que el sufrimiento suele prolongarse no solo por lo que ocurrió, sino por la resistencia a aceptar que ocurrió.
Solo cuando dejamos de exigirle al pasado que sea diferente, recuperamos la libertad para actuar sobre el único tiempo que realmente está abierto: el presente.
La frase también contiene una invitación a cambiar la dirección de nuestra esperanza. En lugar de esperar un pasado distinto, podemos invertir esa energía en construir un futuro diferente. Es un cambio sutil pero profundo: dejamos de mirar hacia atrás con la ilusión de corregir lo imposible y empezamos a mirar hacia adelante con la posibilidad de transformar lo que aún depende de nosotros.
Es una de esas ideas características de Yalom: la aceptación no es resignación. Es el punto desde el cual comienza la verdadera libertad.
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