El autoengaño, la ignorancia y el hacer la vista gorda pueden ser también muy útiles en nuestra vida privada incluso cuando no se dan circunstancias tan extraordinarias. En una investigación sobre la felicidad marital, unos sociólogos descubrieron que las personas casadas que solo perciben los rasgos buenos y positivos de su pareja eran mucho más felices que aquellas que ven a su cónyuge desde una perspectiva más «realista».
¿Cuál es la conexión entre la ignorancia y el
autoengaño?
Leonardo da Vinci comentó que el mayor engaño que sufren las
personas es el de sus propias opiniones.
Upton Sinclair añadió que
cuesta conseguir que un hombre entienda algo cuando su salario depende
de no entenderlo.
Como bien nos recordaba Henrik Ibsen en su obra El
pato salvaje, si privamos al hombre corriente de sus mentiras, es muy
posible que le quitemos también su felicidad.
Diversos sociólogos y
psicólogos que han estudiado el autoengaño han observado que a las
personas les gusta pensar que tienen una percepción consciente y
realista de sí mismas, pero ¿hasta qué punto es correcto ese
autoconocimiento?
A principios de la década de 1990, una investigación
sobre el autoengaño en el mundo académico descubrió que un inverosímil
94 % de los profesores universitarios estadounidenses creían que eran
mejores en su trabajo que sus colegas.
Otro estudio similar entre
estudiantes de último curso de secundaria detectó que una mayoría de ese
alumnado pensaba que estaba por encima de la media en cuanto a su
habilidad para llevarse bien con los demás.
Un 25 % de los encuestados
creía que estaban entre el 1 % de los estudiantes más sociables.
Renata Salecl
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