martes, 29 de abril de 2014
Fernando Pessoa
Between the tree and seeing it,
Where is the dream?
What bridge's arch observes God
More? . . . And I am downcast,
Not knowing if the bridge's curve
Is the horizon's . . .
Between life and what is living,
Toward what side does the river flow?
Trees with leaves laden,
Between Treeness and all this, what's the thread?
Doves in flight, is the dovecote
Ever to their right, or is it real?
God is a huge Interval,
But between what and what? . . .
Between my speech and speechlessness,
Do I exist? Who is it sees me?
I stray . . . And the dovecote up above,
Is it around the dove, or to one side?
lunes, 28 de abril de 2014
viernes, 25 de abril de 2014
jueves, 24 de abril de 2014
miércoles, 23 de abril de 2014
Charles Bukowski
FRIENDLY ADVICE TO A LOT OF YOUNG MENGo to Tibet
Ride a camel.
Read the bible.
Dye your shoes blue.
Grow a beard.
Circle the world in a paper canoe.
Subscribe to The Saturday Evening Post.
Chew on the left side of your mouth only.
Marry a woman with one leg and shave with a straight razor.
And carve your name in her arm.Brush your teeth with gasoline.
Sleep all day and climb trees at night.
Be a monk and drink buckshot and beer.
Hold your head under water and play the violin.
Do a belly dance before pink candles.
Kill your dog.
Run for mayor.
Live in a barrel.
Break your head with a hatchet.
Plant tulips in the rain.But don’t write poetry.
Gurdjieff
82 sabios consejos de Gurdjieff a su hija para
transitar por el camino de la Vida
gran filosofía de vida…
- Fija tu atención en ti mismo, sé consciente en cada instante de lo que piensas, sientes, deseas y haces.
- Termina siempre lo que comenzaste.
- Haz lo que estás haciendo lo mejor posible.
- No te encadenes a nada que a la larga te destruya.
- Desarrolla tu generosidad sin testigos.
- Trata a cada persona como si fuera un pariente cercano.
- Ordena lo que has desordenado.
- Aprende a recibir, agradece cada don.
- Cesa de autodefinirte.
- No mientas ni robes, si lo haces te mientes y te robas a ti mismo.
- Ayuda a tu prójimo sin hacerlo dependiente.
- No desees ser imitado.
- Haz planes de trabajo y cúmplelos.
- No ocupes demasiado espacio.
- No hagas ruidos ni gestos innecesarios.
- Si no la tienes, imita la fe.
- No te dejes impresionar por personalidades fuertes.
- No te apropies de nada ni de nadie.
- Reparte equitativamente.
- No seduzcas.
- Come y duerme lo estrictamente necesario.
- No hables de tus problemas personales.
- No emitas juicios ni críticas cuando desconozcas la mayor parte de los hechos.
- No establezcas amistades inútiles.
- No sigas modas.
- No te vendas.
- Respeta los contratos que has firmado.
- Sé puntual.
- No envidies los bienes o los éxitos del prójimo.
- Habla sólo lo necesario.
- No pienses en los beneficios que te va a procurar tu obra.
- Nunca amenaces.
- Realiza tus promesas.
- En una discusión ponte en el lugar del otro.
- Admite que alguien te supere.
- No elimines, sino transforma.
- Vence tus miedos, cada uno de ellos es un deseo que se camufla.
- Ayuda al otro a ayudarse a sí mismo.
- Vence tus antipatías y acércate a las personas que deseas rechazar.
- No actúes por reacción a lo que digan bueno o malo de ti.
- Transforma tu orgullo en dignidad.
- Transforma tu cólera en creatividad.
- Transforma tu avaricia en respeto por la belleza.
- Transforma tu envidia en admiración por los valores del otro.
- Transforma tu odio en caridad.
- No te alabes ni te insultes.
- Trata lo que no te pertenece como si te perteneciera.
- No te quejes.
- Desarrolla tu imaginación.
- No des órdenes sólo por el placer de ser obedecido.
- Paga los servicios que te dan.
- No hagas propaganda de tus obras o ideas.
- No trates de despertar en los otros emociones hacia ti como piedad, admiración, simpatía, complicidad.
- No trates de distinguirte por tu apariencia.
- Nunca contradigas, sólo calla.
- No contraigas deudas, adquiere y paga en seguida.
- Si ofendes a alguien, pídele perdón.
- Si lo has ofendido públicamente, excúsate en público.
- Si te das cuenta de que has dicho algo erróneo, no insistas por orgullo en ese error y desiste de inmediato de tus propósitos.
- No defiendas tus ideas antiguas sólo por el hecho de que fuiste tú quien las enunció.
- No conserves objetos inútiles.
- No te adornes con ideas ajenas.
- No te fotografíes junto a personajes famosos.
- No rindas cuentas a nadie, sé tu propio juez.
- Nunca te definas por lo que posees.
- Nunca hables de ti sin concederte la posibilidad de cambiar.
- Acepta que nada es tuyo.
- Cuando te pregunten tu opinión sobre algo o alguien, di sólo sus cualidades.
- Cuando te enfermes, en lugar de odiar ese mal considéralo tu maestro.
- No mires con disimulo, mira fijamente.
- No olvides a tus muertos, pero dales un sitio limitado que les impida invadir toda tu vida.
- En el lugar en que habites consagra siempre un sitio a lo sagrado.
- Cuando realices un servicio no resaltes tus esfuerzos.
- Si decides trabajar para los otros, hazlo con placer.
- Si dudas entre hacer y no hacer, arriésgate y haz.
- No trates de ser todo para tu pareja; admite que busque en otros lo que tú no puedes darle.
- Cuando alguien tenga su público, no acudas para contradecirlo y robarle la audiencia.
- Vive de un dinero ganado por ti mismo.
- No te jactes de aventuras amorosas.
- No te vanaglories de tus debilidades.
- Nunca visites a alguien sólo por llenar tu tiempo.
- Obtén para repartir.
lunes, 21 de abril de 2014
Elena Poniatowska
“Lo de la mujer en México es aterrador”
En el umbral de sus 82 años, la escritora mexicana habla de política, literatura y periodismo
Mañana recibirá el premio Cervantes
VERÓNICA CALDERÓN México 22 ABR 2014 - 00:05 CET
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Medios comunicación
Cultura
Comunicación
Sociedad
La escritora y periodista Elena Poniatowska (París, 19 de mayo de 1932) recibirá mañana en la Universidad de Alcalá de Henares el Premio de Literatura Miguel de Cervantes, el más prestigioso en habla hispana. Hija de un príncipe polaco, Poniatowska es más mexicana “que el mole”, según sus palabras. Y es la primera autora mexicana en obtenerlo: el quinto galardón para México y la cuarta mujer en sus 38 años de historia. Confiesa que está nerviosa. “Mira, sirve que lo escuchas, para ver que no voy a decir ninguna barbaridad”, comenta.
Ha llovido en la Ciudad de México. Cae la noche. Ella es menuda, pequeña y rubia. Güerita, en mexicano. Detrás de su mirada curiosa se esconde una de las mejores entrevistadoras de México y una resuelta cronista, que ha dibujado la biografía de mujeres notables (Tina Modotti, Angelina Beloff, Leonora Carrington, y así hasta completar una larga lista) y ha relatado uno de los acontecimientos más duros en la historia del país: la matanza de decenas de estudiantes —nunca se supo el número exacto— a manos del Gobierno priísta el 2 de octubre de 1968, en la plaza de Tlatelolco.
No para de hacer preguntas, de interesarse por todo. Es escritora, es periodista y es curiosa. Y de ahí su trayectoria, su obra y su premio.
Pregunta. Diego Rivera le llamó “polaquita preguntona”, ¿se sigue considerando así?
Respuesta. Pues sí. Siempre seguiré siéndolo, siempre fui una preguntona y seguiré siéndolo hasta que me muera.
P. No le gusta que le llamen Elenita.
R. Así es. Todo el mundo… bueno, no todo el mundo, pero muchas personas me llaman así. Y suena bastante infantil.
P. México es el país del ahorita, que utiliza muchos eufemismos en su día a día. ¿Usted cree que los mexicanos temen a las palabras?
R. Sí. Siempre terminamos nuestras frases con un “¿no?”, “¿verdad?”... Estamos buscando la aquiescencia, la aceptación del otro. “La casa está bonita, ¿no?”. “Llovió muy fuerte hoy, ¿verdad?”. Siempre el otro nos tiene que apoyar.
P. Y hablando de palabras, ¿diría que el PRI, que gobernó durante 70 años México ininterrumpidamente, era una dictadura, un régimen autoritario?
R. El PRI ha sido un poder prepotentey que ha actuado como un dictador, siendo un partido. Se ha impuesto y amedrenta. El PAN y el PRD no han inventado una nueva forma de hacer política, ni han actuado en forma muy distinta al PRI. No han aportado nada cuando han subido al poder. No hay aquí alguien que podamos señalar, un diputado o una senadora que yo quiera oír o que quiera seguir, no existe. En México no hay una forma alternativa de hacer política más que la del PRI.
P. Usted fue una de las figuras del mundo cultural mexicano que apoyó de manera más abierta al polémico y dos veces candidato opositor Andrés Manuel López Obrador.
R. Andrés sabe de Historia. Lee. Ahora, eso no quiere decir que tienes que estar de acuerdo con él en todo, eh. Y que no pienses que no tiene defectos. Obviamente los tiene. Es terco.
P. Su apoyo a López Obrador le ganó muchas críticas.
R. Ay, sí. Me hicieron pinole [harina de maíz tostado en México]. Mucho rechazo, displicencia. No sabes la cantidad de llamadas por teléfono con mentadas de madre. Un día sí me hicieron llorar y yo no soy nada llorona. Llamaron como a las dos de la mañana. Una voz de hombre, cordial, me dijo: “Elenita, hay un hombre en su jardín”. Yo me puse la bata y bajé, salí a la calle, vi que no había un alma y que estaba en penumbras. Y entonces regresé a la cama y ahí sí, me eché a llorar. Me sentí muy agredida.
P. Cuando usted publicó La noche de Tlatelolco, un referente sobre lo ocurrido el 2 de octubre de 1968, el momento más duro de la represión del régimen, ¿se sintió amenazada?
R. Sí. Amenazaron a Tomás Espresate Pons [catalán exiliado en México tras la Guerra Civil, librero y editor] que era el que estaba imprimiendo el libro. Le dijeron que iban a quemar su negocio. Él respondió: “Mire, yo estuve en la Guerra Civil de España. Yo sé lo que es la guerra y este libro se publica”. Luego esparcieron el rumor de que el Ejército lo iba a incautar, pero eso fue la mejor propaganda. Todo el mundo salió corriendo a comprarlo. Se hicieron cuatro ediciones en un mes. La locura.
P. ¿Se considera usted una feminista?
R. ¡Claro!
P. ¿Y qué es una feminista?
R. Es una mujer que pone ante todo el respeto a sí misma. En este país, 400 mujeres han sido asesinadas con total impunidad en Ciudad Juárez. Es aterrador. Y lo de las mujeres en general en México es aterrador.
P. ¿Las mujeres inteligentes dan miedo?
R. No, no creo que todavía sea así. Al contrario, pienso que hoy las mujeres inteligentes son muy buscadas. Esa cosa de las revistas de moda de que a la que es sabia o a la que estudia o a la que se basta a sí misma o a la que se mantiene nadie se le va a acercar, ha pasado a mejor vida. A los hombres actuales les interesa la competencia. ¿Usted siente que en el periodismo la tratan mal por eso? En mi época, cada vez que había un buen reportaje, era para un hombre, nunca para una mujer. Nadie quería invertir en la carrera de una periodista porque se iba a casar, iba a tener hijitos, guardaría su título en un baúl y no había por qué invertir en ella. Lo que sí es que todavía se dice es que cualquier logro de una mujer ha sido porque se ha acostado con el jefe o porque son guapas. Hay quien cree que todos los méritos de una mujer tienen que ver siempre con su cuerpo.
P. Y también con su condición de mujer…
R. Una vez escuché un comentario que me pareció muy denigrante. Yo era muy, muy joven y se me grabó. Una mujer muy guapa me dijo: “Yo, cuando una puerta se me cierra, la empujo con las nalgas”. Qué feo, ¿no? Muchas tristemente todavía así lo creen, pero a lo mejor cada vez son menos. Incluso ya las indígenas, las que están con el subcomandante Marcos, las mujeres más fregadas del país, exclamaron que querían tener los hijos que podían y deseaban tener y que querían elegir al hombre con el que se unirían, mirarlo a los ojos para que no las cambien por un garrafón de alcohol. Es una victoria.
P. Siempre hace la diferencia de que antes de escritora es periodista…
R. Lo digo mucho. Ahora que leí a dos amigas el discurso que daré, me dijeron: “Ya deja eso, porque a ti te dan el premio por escritora”. Como si me quisiera disculpar por ganar. Hasta mi hija me dijo que lo dejara: “Mamá, vas a hacer ver como si el jurado fuera tonto por premiarte”.
P. ¿Cuál es la diferencia entre la escritora y la periodista?
R. Un escritor francés decía que el periodista es inmediato y debe ser rápido, tienes un jefe que te exige que entregues tu texto ya. En cambio, el escritor hace un ejercicio muy solitario sentado en tu mesa de trabajo. No sabes cómo se va a publicar o si se va a publicar. Es un reto entre tú y tu mesa. Es una aventura. Lo del periodista es otra cosa, entregas y no sabes qué harán con lo que entregaste. Le cambiarán el titular, le quitarán palabras. En cambio, el escritor entrega sus textos como suyos. Necesitas disciplina y mucha tranquilidad.
P. ¿Qué consejo da a una escritora joven?
R. Que escriba, que escriba, que escriba. Un día de tanto escribir hallará una página en la que se sorprenderá y no creerá que lo ha hecho ella misma. Y leer. Observar. Estar alerta. Darte cuenta de cómo un pinche político maltrata a un camarero en un restaurante. Carlos Fuentes, de joven, le pedía a los camareros que le contaran la receta de lo que se había comido. Solo para escucharlos. Él conversaba mucho para poder escribir. En la calle de las prostitutas le gritaban: “Oye, güero, ¿le saco punta a tu pirulí?”. Y todo eso se le quedaba.
P. ¿Quiénes son sus maestros?
R. Todos los que me han precedido. Yo lamento mucho no haber ido a la universidad. Pero bueno, al menos toda la gente que leo son mis maestros.
P. ¿Qué quería estudiar?
R. Medicina. Yo quería salvar a la gente, a todos los que les pasara algo horrible. Estar ahí para ayudarlos. ¿Te imaginas qué ilusa era?
P. Pero usted no ha perdido la ilusión…
R. Para nada. Soy una persona muy afortunada. Voy a cumplir 82 años y te puedo decir que me ha ido muy bien.
P. ¿Qué libro le regalaría a una niña de 13 años?
R. A mí me gusta mucho El profesor Zíper y la fabulosa guitarra eléctrica, de Juan Villoro. Porque tiene mucho sentido del humor. Y me encanta el título.
P. ¿Y alguno de Elena Poniatowska?
R. Lilus Kikus. Cuentos. El que escribí de Monsiváis, Sansimonsi. El burro que metió la pata, ¡ese es muy padre! Es de mi hijo Mane, el mayor, el que es científico.
P. ¿Elena Poniatowska tiene nervios de dar el discurso de recepción del Premio Cervantes?
R. ¡Muchísimos! Pero estoy tan cansada que ya ni puedo estar nerviosa.
domingo, 20 de abril de 2014
viernes, 18 de abril de 2014
Gabriel García Márquez
La primera entrevista
ROSA CASTRO*
17 DE ABRIL DE 2014
REPORTAJE ESPECIAL

Ella le comenta que Cien años de soledad da la impresión de que su autor está sobrado de amor, pues “la obra reverbera amor por todas partes; amor en todas sus formas”. “Es muy sencillo –le responde él, Gabriel García Márquez–: A mí me gusta que a la gente le guste lo que yo escribo. Si usted encuentra en esa novela tanto amor, imagínese el que necesitaré yo…” El diálogo forma parte de una entrevista, la primera tras la publicación de la obra, que el escritor le concedió a un medio mexicano: la revista Siempre! La interlocutora es la periodista Rosa Castro, cuyo trabajo fue publicado el 23 de agosto de 1967 en La Cultura en México, el suplemento cultural de ese semanario, cuando lo dirigía Fernando Benítez. A continuación publicamos el texto íntegro de aquella charla.
MÉXICO, D.F. (Proceso).- Era tanto lo que había que hablar con él y preguntarle, tanto lo que había que conocer de su pensamiento y averiguar sobre sus libros, sobre sus siete años en México que lo llevaban al fin de una etapa, y sobre sus planes próximos, que aquella noche en que finalmente llegó a mi casa en medio de una tormenta de lluvia y granizo, me dispuse a resolver muchos enigmas.
No quería café caliente, no quería una copa pero sí toneladas de cigarrillos porque no traía consigo uno. Esa noche –cómo lo lamento–, olvidé preguntarle a Gabriel García Márquez por qué su más reciente novela se llama Cien años de soledad, cuando estos cien años que él describe y sitúa en el imaginario pueblo colombiano de Macondo están pletóricos de una vitalidad trepidante, de invenciones y hallazgos y retumbante imaginería, de música y ráfagas y furias y estallidos, de veleidades humanas y enloquecedoras inquietudes y disparatadas determinaciones y apetitos inmoderados y sed insaciable.
Macondo: cien años de locas saturnalias, de profusión de estrellas y jazmines, de mujeres de mentes obsesivas y cuerpos compulsivos, de mujeres tercas, mesiánicas, pragmáticas, de mujeres como frutos maduros y flores reventonas; cien años de desenfrenos gastronómicos, báquicos y sexuales, de muertos que regresan a hablar con los vivos porque “después de muchos años de muerte era tan intensa la añoranza de los vivos, tan apremiante la necesidad de compañía, tan aterradora la proximidad de la otra muerte que existía dentro de la muerte”; cien años de carpetas voladoras, de levitaciones, de bacinillas de oro y “mucha heráldica”, de lluvias de diminutas flores amarillas, de hombres de fábula, demonios en vacaciones, que construyen la máquina de la memoria, exigen la prueba científica de Dios, y se lanzan a una guerra que según un soldado es contra los curas “para que uno pueda casarse con la propia madre…”.
Macondo: Cien años colmados de disparates sublimes, de loquísimas locuras, de espléndida poesía, de profundas melancolías y ternuras y frenéticos amores incestuosos: “… se embadurnaron de pies a cabeza con melocotones en almíbar, se lamieron como perros, se amaron como locos en el piso del corredor y fueron despertados por un torrente de hormigas carniceras que se disponían a devorarlos vivos”. ¡Basta!
Este novelista que es García Márquez, este poeta de la loquísima locura literaria (que tanta falta hace en nuestras letras), bien puede tener razón al llamar a su libro Cien años de soledad, pues todos esos habitantes de Macondo, esos Arcadios y Aurelianos I, II y III, todos ellos locos de loquísima locura en la creación de sus vidas, eran otros tantos poetas enajenados en diversas formas y escalas, y ¿qué poeta hay que no cargue consigo la sensación desgarradora de una gran soledad?
Cien años de soledad son pues cien años de soledad, descritos en un castellano magnífico, riguroso, dentro de una prosa festiva, zumbona a veces, salpicada de golpes de mandoble, y situaciones dramáticas de protestas sociales y denuncias políticas. Cien años de soledad es también una historia fatalista contada de una manera alegre, a la que el lector se adhiere y va siendo lentamente devorado por ella.
La primera gran novela
Emmanuel Carballo lo ha dicho: que Cien años de soledad es la primera obra maestra que produce el excelente equipo de novelistas Fuentes, Vargas Llosa, Cabrera Infante, Viñas, y una de las novelas más significativas escritas en español en lo que va del siglo. ¿Qué opina al respecto García Márquez?
El novelista, ocupado en consumir la “tonelada” de cigarrillos, dice entre una y otra bocanada de humo:
–El asunto es que todo el grupo está escribiendo una sola gran novela. Estamos escribiendo la primera gran novela de América Latina. Fuentes está dando un nuevo aspecto sobre la nueva burguesía mexicana; Vargas Llosa aspectos sociales del Perú; Cortázar otro tanto, y así. Lo que me parece interesante es que estamos escribiendo varios tomos, porque lo que va a quedar, empero, es una visión total de lo que es la América Latina. Estoy tan convencido de la unidad de ese mundo registrado por la novela latinoamericana, que en Cien años de soledad hay un personaje que es de Carlos Fuentes, hay otro que vive en París en el mismo cuarto donde va a morir un personaje de Cortázar, y otro más ve pasar un personaje de Carpentier. Es la primera tentativa que se hace para ir integrando ese mundo.
Pronto sale García Márquez de su sueño bolivariano (la integración de Hispanoamérica aunque sea en novela), cuando le pregunto si resistiría una crítica a fondo de su obra, y responde:
–No sé cómo resistiría una crítica adversa porque hasta ahora no la conozco. No he tenido ninguna mala experiencia al respecto.
–Usted dijo que el vicio más acentuado en la ficción hispanoamericana es la frondosidad retórica. ¿A qué atribuye usted esta característica? Y otra pregunta ligada a ésta: su novela evidentemente está exenta de este feo vicio, pero ¿cree usted que también está exenta de grandilocuencia en la concepción de las cosas?
–Atribuyo esa característica a que se ha confundido el fondo con la forma. En la América Latina uno se encuentra con que los hechos cotidianos, los movimientos políticos, los acontecimientos sociales, son todos enormes, fuera de proporción, como si tuvieran otra medida. Tengo la impresión de que lo que se ha hecho es tratar de contar con una retórica igualmente enorme y pienso que lo que hay que hacer es lo contrario: asumir una actitud muy serena y, sobre todo, muy sencilla para contar estas cosas. Esto también responde a la segunda pregunta. Yo sigo pensando que el problema de la literatura es un problema de comunicación con el lector, y creo que la forma sencilla y sobria no sólo es la más eficaz sino la más difícil. El mejor elogio que he oído de Cien años de soledad es de un amigo mío que dijo que parecía escrita por un niño de ocho años…
Pero un niño muy precoz –le interrumpo. El asunto de la crítica, al parecer, ha estado preocupando a García Márquez, pues me dice en seguida:
–Volviendo a lo de la crítica, no he tenido ninguna mala experiencia. De todos modos, yo creo que la crítica tiene todo el derecho de ejercer su oficio como mejor le parezca. Cuando uno publica un libro, corre todos los riesgos. Pero creo que en América Latina todo este surgimiento de la nueva novela va mucho más rápido que la crítica, y que el esfuerzo que estamos haciendo nosotros por la novela debe corresponder a un esfuerzo similar de parte de la crítica. Siento que les estamos ganando terreno. La crítica tiene que apretar el acelerador para cumplir su función, que es la de orientar al público y ayudar al escritor a ver claro.
–¿A qué cree usted que se deba este rezago de la crítica? ¿Será porque ustedes, los nuevos novelistas, tardaron tanto en aparecer y la crítica se encharcó?
–No sé hasta qué punto es un círculo vicioso…
Amor, amor, amor
–Ha dicho usted que al principio escribía porque se dio cuenta de que leyendo sus cosas, sus amigos lo querían más. Cien años de soledad da más bien la impresión de que su autor está sobrado de amor; la obra reverbera amor por todas partes; amor en todas sus formas. ¿No es así?
–Es muy sencillo: A mí me gusta que a la gente le guste lo que yo escribo. Si usted encuentra en esa novela tanto amor, imagínese el que necesitaré yo. Yo creo que es la única idea que podría asustarme realmente… es la de que alguien no me quiera. Ojalá encontrara yo un amigo que me quisiera siquiera la mitad de lo que yo quiero al amigo que menos me quiere. Esto suena cursi y rebuscado; pero así es.
–Ahora dígame: ¿Cuál es el mayor obstáculo al que ha de enfrentarse el escritor, el novelista hispanoamericano?
–Las dificultades son puramente literarias. Dificultad del medio de expresión. La dificultad permanente del escritor de la América Latina es la palabra, las palabras. El hecho de que el español se nos está olvidando. O no lo conocemos. Se dice ya muy fácilmente que el español no es un idioma para la novela. Yo creo que sí lo es. Lo que pasa es que tenemos que seguir explorando el idioma, nuestra herramienta de trabajo. Desde que decidí ser escritor me encontré con esa dificultad, y decidí ponerme a trabajar en esa exploración. Yo oigo decir: “Qué lástima es no poder escribir en inglés, o en francés, idiomas en los que se logran tantos matices”. Yo creo que el español es un idioma estupendo para la novela, como lo son todos. Lo que ocurre es que no conocemos verdaderamente el español. El inglés, el francés y el italiano hablados son los mismos que escritos. En cambio, hay un español para hablar y otro para escribir. Es el problema del teatro en español, que se escribe, y cuando se dice, es otro. Ya no funciona. El problema es que conocemos el español hablado, pero no el español escrito. Tratamos de escribir una novela con el español hablado, cuando en realidad debemos escribirla con el español escrito. Yo la traigo con el idioma.
–Yo había pensado que el ambiente, estrecho, lleno de prejuicios y limitaciones, de Hispanoamérica, de estúpidas mezquindades y otras miserias, de solemnidad, de escritores almidonados y tantos falsos valores, era un obstáculo casi insalvable para el novelista que aspirara a serlo en grande, en proporciones universales… el independiente, sin compromisos ni limitaciones ni ataduras. El verdadero novelista.
García Márquez dice sencillamente no haberlo percibido…
–¿No encontró dificultades para combinar en Cien años de soledad tanta fantasía como la que allí emplea con la realidad básica en que la obra se sustenta?
–No –dice el escritor–. No, porque vivimos en un continente donde la vida cotidiana está hecha de realidades y mitos. Y nosotros nacemos dentro de un mundo de realidades fantásticas.
En cualquier lugar
–Y ahora usted se marcha a Europa. ¿Por qué se va? ¿Quiere seguir el ejemplo de los novelistas hispanoamericanos que viven en Europa: Cortázar, Vargas Llosa, Fuentes, Donoso, Cabrera Infante? ¿A qué atribuye usted que ellos prefieran vivir en Europa mientras escriben sobre Hispanoamérica?
–En primer término, en cualquier lugar en donde estos escritores estén, siguen viviendo en sus respectivos países. Es decir: Usted lee las obras de Cortázar, Vargas Llosa, Fuentes, y encuentra que son obras de gentes que siguen viviendo de algún modo con sus raíces en sus respectivos países. A mí, en Colombia, me preguntan mucho, sobre todo los estudiantes, por qué no vivo allá.
–Y ¿qué les contesta?
–Que sí vivo en Colombia. Mire: Mi correo es una calamidad. Son recortes de la prensa de Colombia, cartas de los amigos. En cualquier momento puedo decirles cómo están las cosas en Colombia. Permanentemente estoy informado de la situación colombiana, y además, en cualquier lugar del mundo donde esté escribiendo, estoy escribiendo una novela colombiana. Prácticamente estoy allá. Ahora, hay una cosa: Me imagino que todos estos novelistas que no viven en sus países tienen sus motivos particulares. El mío es muy simple: El hecho de ser extranjero en cualquier país me asegura una independencia pública y cierta impunidad en mi vida privada, que me son muy útiles para escribir. En el extranjero hay un cierto anonimato de la vida privada que es muy importante para escribir. Ahora me voy a Barcelona a escribir un libro que tengo proyectado desde hace tiempo. Me voy por un año pero regreso. Aquí dejo mi casa en una bodega.
–¿Quiere hablarme de ese libro?
–¿De ese otro, en que trabajo? Yo creo que es una enorme visión delirante de ese enorme animal de delirio que es el dictador latinoamericano. Cuando hay un crimen, yo pienso más en el criminal que en el muerto. Entonces me atrevo a decirle que mi visión del dictador latinoamericano típico, el mitológico, el legendario, mi visión de ese personaje, es compasiva. Es decir: Mi dictador, que es el general Nicanor Alvarado, ha llegado a tener un poder tan descomunal que ya ni siquiera manda. Ha llegado a ser tan poderoso que está completamente solo y completamente sordo, en un palacio lleno de jaulas de canarios. En cuyos salones se pasean las vacas. El dictador se vuelve loco por una niña de 16 años, a la que ha coronado reina de la belleza, y está tan desesperado de amor, que manda asesinar a 3 mil presos políticos en una noche… Es una visión poética del mito latinoamericano del dictador. Es un libro con el que corro verdaderamente el riesgo de darme un frentazo. A ver si le atino. En el momento del relato, el dictador tiene 123 años. Hace tanto tiempo que llegó al poder, que no se acuerda ya cómo llegó. Él mismo no se da cuenta de que se va quedando sordo, sino que cree que los canarios van cantando cada vez menos. Cuando ya se queda sordo por completo, realiza uno de los grandes sueños de su vida, que es oír el ruido del mar durante todo el día y toda la noche a pesar de que está a 500 kilómetros del mar. El libro puede ser un desastre, porque es una imagen totalmente nostálgica del dictador. Es mitológica. Se llamará El otoño del patriarca.
Con todos los riesgos
–Cuando usted hablaba de una independencia pública y cierta impunidad en la vida privada útiles al escritor –como se logra idealmente en Europa–, se refería, supongo, a poder ganarse la vida el escritor en distintos oficios temporales, como no sería posible de estar en su país de origen, en Hispanoamérica. A propósito, ¿cree usted compatible la carrera de escritor con la carrera burocrática (desde oficial de tercera hasta ministro) que llevan muchos escritores hispanoamericanos?
Dice García Márquez:
–El escritor tiene que ser escritor, con todos los riesgos que esto implica. Hay una cosa detestable que es cierta vocación de mendicidad del escritor latinoamericano. Usted se ha dado cuenta de que los escritores andamos siempre pidiendo que nos alimenten, que nos protejan, que nos den becas, que nos den subvenciones, que nos den empleos fáciles que nos permitan escribir. Eso me parece detestable. El escritor tiene que tratar de vivir de lo que escribe, como el zapatero vive de los zapatos que hace. Claro que es duro por el tipo de sociedad en que vivimos, pero hay que correr los riesgos de la vocación: si se asume la vocación, es con todos sus riesgos. Ahora me doy yo mis cebollazos: En 20 años de estar escribiendo, no he aceptado ninguna, ninguna subvención, ningún puesto burocrático, ningún puesto diplomático, y en cambio he hecho toda clase de trabajos dignos, y probablemente algunos indignos, para poder seguir escribiendo. La prueba de que no hice mal es que ahora empiezo a vivir de mis libros.
–Toda su labor literaria, tengo entendido que usted ha dicho, ha sido un trabajo experimental. ¿Hacia qué?
–Creo que toda la novela es experimental. Tratamos de contar cada vez mejor las cosas que les suceden a las gentes. Si no es un experimento, es muy difícil que se diga algo o que se haga algo nuevo. Con cada novela se corre el riesgo de un frentazo.
–¿Hasta qué punto están sus libros basados en experiencias personales?
–Las novelas son como los sueños –dice el escritor–. Como los sueños, están construidas con fragmentos de la realidad, pero terminan por construir una realidad nueva y distinta. Así son mis novelas. Son experiencias elaboradas y personajes armados con pedazos de unos y otros, de seres que uno ha conocido. Lo mismo los hechos y los ambientes.
–Finalmente, ¿qué me dice del Premio Rómulo Gallegos, de Venezuela?
–Desde el punto de vista económico, es el más grande del mundo, después del Nobel. El problema de todos los concursos literarios es el jurado: si es bueno, los resultados del concurso son buenos; si no es bueno, los resultados no son buenos. Yo creo que el jurado de este quinquenio del Premio Rómulo Gallegos es bueno si da el premio a La casa verde de Vargas Llosa.
(Esta entrevista con el autor de Cien años de soledad fue hecha la víspera de que se supiera que el escritor peruano Mario Vargas Llosa había ganado el premio internacional de novela Rómulo Gallegos, por La casa verde, cuya recompensa es 100 mil bolívares –275 mil pesos mexicanos–. Al enterarse, verdaderamente atacado de júbilo, García Márquez le puso a Vargas Llosa un cable de felicitación a Londres, en estos términos: “Veintiún cañonazos de champaña por el jurado más justo del mundo”.)
El jurado “más justo del mundo” fue integrado por Benjamín Carrión, de Ecuador; Fermín Estrella Gutiérrez, de Argentina; Juan Oropeza, de Venezuela, y Andrés Iduarte, de México.
García Márquez partió el día primero de este mes [septiembre de 1967] a Caracas, para asistir al Décimo Congreso de Literatura Iberoamericana que allí se celebrará. El día 15 saldrá a Buenos Aires. Será jurado allí del concurso de novela promovido por la revista Primera Plana y la Editorial Sudamericana. Pasará luego un mes en Colombia, su país. Y a principios de octubre la emprenderá a España, a Barcelona concretamente, “por el tiempo que dure escribiendo El otoño del patriarca”.
Después de esta charla con García Márquez, tengo la impresión de que la casa que dejó aquí en una bodega pasará muchos años de polvo y polillas antes de que el novelista regrese a México…
–––––––
* Rosa Castro, periodista y actriz venezolana, ya fallecida, se avecindó en México a causa de problemas políticos, y pronto se integró al medio cultural. Fue fundadora de la Asociación de Periodistas Cinematográficos de México y de la revista Siempre!. Amiga de Fidel Castro, Ernesto Che Guevara y Camilo Cienfuegos (a quienes entrevistó al triunfo de la Revolución Cubana), publicó, entre otros libros, estos dos de entrevistas: Cuidado al comer (FCE, 1974) y Los fracasos escolares (FCE, 1975).
http://www.proceso.com.mx/?p=369937
ROSA CASTRO*
17 DE ABRIL DE 2014
REPORTAJE ESPECIAL

Ella le comenta que Cien años de soledad da la impresión de que su autor está sobrado de amor, pues “la obra reverbera amor por todas partes; amor en todas sus formas”. “Es muy sencillo –le responde él, Gabriel García Márquez–: A mí me gusta que a la gente le guste lo que yo escribo. Si usted encuentra en esa novela tanto amor, imagínese el que necesitaré yo…” El diálogo forma parte de una entrevista, la primera tras la publicación de la obra, que el escritor le concedió a un medio mexicano: la revista Siempre! La interlocutora es la periodista Rosa Castro, cuyo trabajo fue publicado el 23 de agosto de 1967 en La Cultura en México, el suplemento cultural de ese semanario, cuando lo dirigía Fernando Benítez. A continuación publicamos el texto íntegro de aquella charla.
MÉXICO, D.F. (Proceso).- Era tanto lo que había que hablar con él y preguntarle, tanto lo que había que conocer de su pensamiento y averiguar sobre sus libros, sobre sus siete años en México que lo llevaban al fin de una etapa, y sobre sus planes próximos, que aquella noche en que finalmente llegó a mi casa en medio de una tormenta de lluvia y granizo, me dispuse a resolver muchos enigmas.
No quería café caliente, no quería una copa pero sí toneladas de cigarrillos porque no traía consigo uno. Esa noche –cómo lo lamento–, olvidé preguntarle a Gabriel García Márquez por qué su más reciente novela se llama Cien años de soledad, cuando estos cien años que él describe y sitúa en el imaginario pueblo colombiano de Macondo están pletóricos de una vitalidad trepidante, de invenciones y hallazgos y retumbante imaginería, de música y ráfagas y furias y estallidos, de veleidades humanas y enloquecedoras inquietudes y disparatadas determinaciones y apetitos inmoderados y sed insaciable.
Macondo: cien años de locas saturnalias, de profusión de estrellas y jazmines, de mujeres de mentes obsesivas y cuerpos compulsivos, de mujeres tercas, mesiánicas, pragmáticas, de mujeres como frutos maduros y flores reventonas; cien años de desenfrenos gastronómicos, báquicos y sexuales, de muertos que regresan a hablar con los vivos porque “después de muchos años de muerte era tan intensa la añoranza de los vivos, tan apremiante la necesidad de compañía, tan aterradora la proximidad de la otra muerte que existía dentro de la muerte”; cien años de carpetas voladoras, de levitaciones, de bacinillas de oro y “mucha heráldica”, de lluvias de diminutas flores amarillas, de hombres de fábula, demonios en vacaciones, que construyen la máquina de la memoria, exigen la prueba científica de Dios, y se lanzan a una guerra que según un soldado es contra los curas “para que uno pueda casarse con la propia madre…”.
Macondo: Cien años colmados de disparates sublimes, de loquísimas locuras, de espléndida poesía, de profundas melancolías y ternuras y frenéticos amores incestuosos: “… se embadurnaron de pies a cabeza con melocotones en almíbar, se lamieron como perros, se amaron como locos en el piso del corredor y fueron despertados por un torrente de hormigas carniceras que se disponían a devorarlos vivos”. ¡Basta!
Este novelista que es García Márquez, este poeta de la loquísima locura literaria (que tanta falta hace en nuestras letras), bien puede tener razón al llamar a su libro Cien años de soledad, pues todos esos habitantes de Macondo, esos Arcadios y Aurelianos I, II y III, todos ellos locos de loquísima locura en la creación de sus vidas, eran otros tantos poetas enajenados en diversas formas y escalas, y ¿qué poeta hay que no cargue consigo la sensación desgarradora de una gran soledad?
Cien años de soledad son pues cien años de soledad, descritos en un castellano magnífico, riguroso, dentro de una prosa festiva, zumbona a veces, salpicada de golpes de mandoble, y situaciones dramáticas de protestas sociales y denuncias políticas. Cien años de soledad es también una historia fatalista contada de una manera alegre, a la que el lector se adhiere y va siendo lentamente devorado por ella.
La primera gran novela
Emmanuel Carballo lo ha dicho: que Cien años de soledad es la primera obra maestra que produce el excelente equipo de novelistas Fuentes, Vargas Llosa, Cabrera Infante, Viñas, y una de las novelas más significativas escritas en español en lo que va del siglo. ¿Qué opina al respecto García Márquez?
El novelista, ocupado en consumir la “tonelada” de cigarrillos, dice entre una y otra bocanada de humo:
–El asunto es que todo el grupo está escribiendo una sola gran novela. Estamos escribiendo la primera gran novela de América Latina. Fuentes está dando un nuevo aspecto sobre la nueva burguesía mexicana; Vargas Llosa aspectos sociales del Perú; Cortázar otro tanto, y así. Lo que me parece interesante es que estamos escribiendo varios tomos, porque lo que va a quedar, empero, es una visión total de lo que es la América Latina. Estoy tan convencido de la unidad de ese mundo registrado por la novela latinoamericana, que en Cien años de soledad hay un personaje que es de Carlos Fuentes, hay otro que vive en París en el mismo cuarto donde va a morir un personaje de Cortázar, y otro más ve pasar un personaje de Carpentier. Es la primera tentativa que se hace para ir integrando ese mundo.
Pronto sale García Márquez de su sueño bolivariano (la integración de Hispanoamérica aunque sea en novela), cuando le pregunto si resistiría una crítica a fondo de su obra, y responde:
–No sé cómo resistiría una crítica adversa porque hasta ahora no la conozco. No he tenido ninguna mala experiencia al respecto.
–Usted dijo que el vicio más acentuado en la ficción hispanoamericana es la frondosidad retórica. ¿A qué atribuye usted esta característica? Y otra pregunta ligada a ésta: su novela evidentemente está exenta de este feo vicio, pero ¿cree usted que también está exenta de grandilocuencia en la concepción de las cosas?
–Atribuyo esa característica a que se ha confundido el fondo con la forma. En la América Latina uno se encuentra con que los hechos cotidianos, los movimientos políticos, los acontecimientos sociales, son todos enormes, fuera de proporción, como si tuvieran otra medida. Tengo la impresión de que lo que se ha hecho es tratar de contar con una retórica igualmente enorme y pienso que lo que hay que hacer es lo contrario: asumir una actitud muy serena y, sobre todo, muy sencilla para contar estas cosas. Esto también responde a la segunda pregunta. Yo sigo pensando que el problema de la literatura es un problema de comunicación con el lector, y creo que la forma sencilla y sobria no sólo es la más eficaz sino la más difícil. El mejor elogio que he oído de Cien años de soledad es de un amigo mío que dijo que parecía escrita por un niño de ocho años…
Pero un niño muy precoz –le interrumpo. El asunto de la crítica, al parecer, ha estado preocupando a García Márquez, pues me dice en seguida:
–Volviendo a lo de la crítica, no he tenido ninguna mala experiencia. De todos modos, yo creo que la crítica tiene todo el derecho de ejercer su oficio como mejor le parezca. Cuando uno publica un libro, corre todos los riesgos. Pero creo que en América Latina todo este surgimiento de la nueva novela va mucho más rápido que la crítica, y que el esfuerzo que estamos haciendo nosotros por la novela debe corresponder a un esfuerzo similar de parte de la crítica. Siento que les estamos ganando terreno. La crítica tiene que apretar el acelerador para cumplir su función, que es la de orientar al público y ayudar al escritor a ver claro.
–¿A qué cree usted que se deba este rezago de la crítica? ¿Será porque ustedes, los nuevos novelistas, tardaron tanto en aparecer y la crítica se encharcó?
–No sé hasta qué punto es un círculo vicioso…
Amor, amor, amor
–Ha dicho usted que al principio escribía porque se dio cuenta de que leyendo sus cosas, sus amigos lo querían más. Cien años de soledad da más bien la impresión de que su autor está sobrado de amor; la obra reverbera amor por todas partes; amor en todas sus formas. ¿No es así?
–Es muy sencillo: A mí me gusta que a la gente le guste lo que yo escribo. Si usted encuentra en esa novela tanto amor, imagínese el que necesitaré yo. Yo creo que es la única idea que podría asustarme realmente… es la de que alguien no me quiera. Ojalá encontrara yo un amigo que me quisiera siquiera la mitad de lo que yo quiero al amigo que menos me quiere. Esto suena cursi y rebuscado; pero así es.
–Ahora dígame: ¿Cuál es el mayor obstáculo al que ha de enfrentarse el escritor, el novelista hispanoamericano?
–Las dificultades son puramente literarias. Dificultad del medio de expresión. La dificultad permanente del escritor de la América Latina es la palabra, las palabras. El hecho de que el español se nos está olvidando. O no lo conocemos. Se dice ya muy fácilmente que el español no es un idioma para la novela. Yo creo que sí lo es. Lo que pasa es que tenemos que seguir explorando el idioma, nuestra herramienta de trabajo. Desde que decidí ser escritor me encontré con esa dificultad, y decidí ponerme a trabajar en esa exploración. Yo oigo decir: “Qué lástima es no poder escribir en inglés, o en francés, idiomas en los que se logran tantos matices”. Yo creo que el español es un idioma estupendo para la novela, como lo son todos. Lo que ocurre es que no conocemos verdaderamente el español. El inglés, el francés y el italiano hablados son los mismos que escritos. En cambio, hay un español para hablar y otro para escribir. Es el problema del teatro en español, que se escribe, y cuando se dice, es otro. Ya no funciona. El problema es que conocemos el español hablado, pero no el español escrito. Tratamos de escribir una novela con el español hablado, cuando en realidad debemos escribirla con el español escrito. Yo la traigo con el idioma.
–Yo había pensado que el ambiente, estrecho, lleno de prejuicios y limitaciones, de Hispanoamérica, de estúpidas mezquindades y otras miserias, de solemnidad, de escritores almidonados y tantos falsos valores, era un obstáculo casi insalvable para el novelista que aspirara a serlo en grande, en proporciones universales… el independiente, sin compromisos ni limitaciones ni ataduras. El verdadero novelista.
García Márquez dice sencillamente no haberlo percibido…
–¿No encontró dificultades para combinar en Cien años de soledad tanta fantasía como la que allí emplea con la realidad básica en que la obra se sustenta?
–No –dice el escritor–. No, porque vivimos en un continente donde la vida cotidiana está hecha de realidades y mitos. Y nosotros nacemos dentro de un mundo de realidades fantásticas.
En cualquier lugar
–Y ahora usted se marcha a Europa. ¿Por qué se va? ¿Quiere seguir el ejemplo de los novelistas hispanoamericanos que viven en Europa: Cortázar, Vargas Llosa, Fuentes, Donoso, Cabrera Infante? ¿A qué atribuye usted que ellos prefieran vivir en Europa mientras escriben sobre Hispanoamérica?
–En primer término, en cualquier lugar en donde estos escritores estén, siguen viviendo en sus respectivos países. Es decir: Usted lee las obras de Cortázar, Vargas Llosa, Fuentes, y encuentra que son obras de gentes que siguen viviendo de algún modo con sus raíces en sus respectivos países. A mí, en Colombia, me preguntan mucho, sobre todo los estudiantes, por qué no vivo allá.
–Y ¿qué les contesta?
–Que sí vivo en Colombia. Mire: Mi correo es una calamidad. Son recortes de la prensa de Colombia, cartas de los amigos. En cualquier momento puedo decirles cómo están las cosas en Colombia. Permanentemente estoy informado de la situación colombiana, y además, en cualquier lugar del mundo donde esté escribiendo, estoy escribiendo una novela colombiana. Prácticamente estoy allá. Ahora, hay una cosa: Me imagino que todos estos novelistas que no viven en sus países tienen sus motivos particulares. El mío es muy simple: El hecho de ser extranjero en cualquier país me asegura una independencia pública y cierta impunidad en mi vida privada, que me son muy útiles para escribir. En el extranjero hay un cierto anonimato de la vida privada que es muy importante para escribir. Ahora me voy a Barcelona a escribir un libro que tengo proyectado desde hace tiempo. Me voy por un año pero regreso. Aquí dejo mi casa en una bodega.
–¿Quiere hablarme de ese libro?
–¿De ese otro, en que trabajo? Yo creo que es una enorme visión delirante de ese enorme animal de delirio que es el dictador latinoamericano. Cuando hay un crimen, yo pienso más en el criminal que en el muerto. Entonces me atrevo a decirle que mi visión del dictador latinoamericano típico, el mitológico, el legendario, mi visión de ese personaje, es compasiva. Es decir: Mi dictador, que es el general Nicanor Alvarado, ha llegado a tener un poder tan descomunal que ya ni siquiera manda. Ha llegado a ser tan poderoso que está completamente solo y completamente sordo, en un palacio lleno de jaulas de canarios. En cuyos salones se pasean las vacas. El dictador se vuelve loco por una niña de 16 años, a la que ha coronado reina de la belleza, y está tan desesperado de amor, que manda asesinar a 3 mil presos políticos en una noche… Es una visión poética del mito latinoamericano del dictador. Es un libro con el que corro verdaderamente el riesgo de darme un frentazo. A ver si le atino. En el momento del relato, el dictador tiene 123 años. Hace tanto tiempo que llegó al poder, que no se acuerda ya cómo llegó. Él mismo no se da cuenta de que se va quedando sordo, sino que cree que los canarios van cantando cada vez menos. Cuando ya se queda sordo por completo, realiza uno de los grandes sueños de su vida, que es oír el ruido del mar durante todo el día y toda la noche a pesar de que está a 500 kilómetros del mar. El libro puede ser un desastre, porque es una imagen totalmente nostálgica del dictador. Es mitológica. Se llamará El otoño del patriarca.
Con todos los riesgos
–Cuando usted hablaba de una independencia pública y cierta impunidad en la vida privada útiles al escritor –como se logra idealmente en Europa–, se refería, supongo, a poder ganarse la vida el escritor en distintos oficios temporales, como no sería posible de estar en su país de origen, en Hispanoamérica. A propósito, ¿cree usted compatible la carrera de escritor con la carrera burocrática (desde oficial de tercera hasta ministro) que llevan muchos escritores hispanoamericanos?
Dice García Márquez:
–El escritor tiene que ser escritor, con todos los riesgos que esto implica. Hay una cosa detestable que es cierta vocación de mendicidad del escritor latinoamericano. Usted se ha dado cuenta de que los escritores andamos siempre pidiendo que nos alimenten, que nos protejan, que nos den becas, que nos den subvenciones, que nos den empleos fáciles que nos permitan escribir. Eso me parece detestable. El escritor tiene que tratar de vivir de lo que escribe, como el zapatero vive de los zapatos que hace. Claro que es duro por el tipo de sociedad en que vivimos, pero hay que correr los riesgos de la vocación: si se asume la vocación, es con todos sus riesgos. Ahora me doy yo mis cebollazos: En 20 años de estar escribiendo, no he aceptado ninguna, ninguna subvención, ningún puesto burocrático, ningún puesto diplomático, y en cambio he hecho toda clase de trabajos dignos, y probablemente algunos indignos, para poder seguir escribiendo. La prueba de que no hice mal es que ahora empiezo a vivir de mis libros.
–Toda su labor literaria, tengo entendido que usted ha dicho, ha sido un trabajo experimental. ¿Hacia qué?
–Creo que toda la novela es experimental. Tratamos de contar cada vez mejor las cosas que les suceden a las gentes. Si no es un experimento, es muy difícil que se diga algo o que se haga algo nuevo. Con cada novela se corre el riesgo de un frentazo.
–¿Hasta qué punto están sus libros basados en experiencias personales?
–Las novelas son como los sueños –dice el escritor–. Como los sueños, están construidas con fragmentos de la realidad, pero terminan por construir una realidad nueva y distinta. Así son mis novelas. Son experiencias elaboradas y personajes armados con pedazos de unos y otros, de seres que uno ha conocido. Lo mismo los hechos y los ambientes.
–Finalmente, ¿qué me dice del Premio Rómulo Gallegos, de Venezuela?
–Desde el punto de vista económico, es el más grande del mundo, después del Nobel. El problema de todos los concursos literarios es el jurado: si es bueno, los resultados del concurso son buenos; si no es bueno, los resultados no son buenos. Yo creo que el jurado de este quinquenio del Premio Rómulo Gallegos es bueno si da el premio a La casa verde de Vargas Llosa.
(Esta entrevista con el autor de Cien años de soledad fue hecha la víspera de que se supiera que el escritor peruano Mario Vargas Llosa había ganado el premio internacional de novela Rómulo Gallegos, por La casa verde, cuya recompensa es 100 mil bolívares –275 mil pesos mexicanos–. Al enterarse, verdaderamente atacado de júbilo, García Márquez le puso a Vargas Llosa un cable de felicitación a Londres, en estos términos: “Veintiún cañonazos de champaña por el jurado más justo del mundo”.)
El jurado “más justo del mundo” fue integrado por Benjamín Carrión, de Ecuador; Fermín Estrella Gutiérrez, de Argentina; Juan Oropeza, de Venezuela, y Andrés Iduarte, de México.
García Márquez partió el día primero de este mes [septiembre de 1967] a Caracas, para asistir al Décimo Congreso de Literatura Iberoamericana que allí se celebrará. El día 15 saldrá a Buenos Aires. Será jurado allí del concurso de novela promovido por la revista Primera Plana y la Editorial Sudamericana. Pasará luego un mes en Colombia, su país. Y a principios de octubre la emprenderá a España, a Barcelona concretamente, “por el tiempo que dure escribiendo El otoño del patriarca”.
Después de esta charla con García Márquez, tengo la impresión de que la casa que dejó aquí en una bodega pasará muchos años de polvo y polillas antes de que el novelista regrese a México…
–––––––
* Rosa Castro, periodista y actriz venezolana, ya fallecida, se avecindó en México a causa de problemas políticos, y pronto se integró al medio cultural. Fue fundadora de la Asociación de Periodistas Cinematográficos de México y de la revista Siempre!. Amiga de Fidel Castro, Ernesto Che Guevara y Camilo Cienfuegos (a quienes entrevistó al triunfo de la Revolución Cubana), publicó, entre otros libros, estos dos de entrevistas: Cuidado al comer (FCE, 1974) y Los fracasos escolares (FCE, 1975).
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Michio Kaku
Michio Kaku: 'El mapa del cerebro nos hará inmortales'
Michio Kaku dice que quería ser físico para investigar el origen del universo desde que hacía experimentos de niño en el garaje de su casa en California. También jugaba a intentar leer la mente de los demás. No logró practicar la telepatía, pero en su nuevo libro, El futuro de nuestra mente (Debate), el profesor, teórico y divulgador cuenta la historia de los colegas que lo están consiguiendo.
¿Por qué este libro ahora?
Hemos aprendido más sobre el cerebro en los últimos 10 años que en toda la historia de la humanidad. Ahora existe la telepatía, podemos mover objetos con la mente, registrar y descargar recuerdos simples, o fotografiar sueños. Gracias a la Física, podemos ver cómo se mueve la sangre dentro del cerebro, básicamente oxígeno, y ver la actividad neuronal, los pensamientos. También podemos conectar el cerebro a un ordenador y después a Internet. En último término, Internet se convertirá en una red del cerebro (brain-net). Podremos compartir pensamientos y emociones en la red. A los jóvenes les encantará. No sólo podrán poner en Facebook lo que están haciendo, sino el recuerdo del baile de fin de curso o de la primera cita. Vamos a tener dos discos en el futuro, el del genoma, con todos los genes de nuestro cuerpo, y el del conectoma, el mapa de las conexiones neuronales con las memorias, las sensaciones y la personalidad. Todo estará en dos discos. Obama y la UE invierten en esto porque a corto plazo podremos entender las enfermedades mentales. A largo plazo, podremos vivir para siempre. Incluso después de morir, nuestro genoma y nuestro mapa mental sobrevivirán. Podremos resucitar sensaciones y recuerdos. En cierto sentido, nos convertiremos en inmortales.
¿Cuándo será accesible para cualquiera la conexión cerebro-ordenador?
El Pentágono está invirtiendo decenas de millones de dólares en prótesis de piernas, brazos y esqueletos robóticos porque hay miles de heridos de guerra de Irak y Afganistán. En el Mundial de Fútbol de Brasil una persona que está parcialmente paralizada va a lanzar el saque de honor gracias a un exoesqueleto. Ya podemos conectar la mente de una persona que tiene una lesión de la médula a un ordenador para que haga lo mismo que cualquiera. Mi colega Stephen Hawking está completamente paralizado, sólo parpadea. Pero el cristal derecho de sus gafas tiene una antena con un chip conectado con un portátil y eso le permite comunicarse mentalmente. En la próxima década, la gente con parálisis podrá moverse y comunicarse. Los primeros en estar conectados serán las víctimas de lesiones deportivas, infartos o accidentes de coche. Más adelante, podremos crear personas con superpoderes. Ya hemos descargado recuerdos en animales. El año pasado, se hizo en Carolina del Norte: coges un ratón, conectas su hipocampo a dos electrones y grabas los mensajes que se desplazan por el hipocampo cuando aprende una tarea. Después la olvida. Pero si insertas ese recuerdo en el animal, el ratón hace bien la tarea al primer intento.
¿Qué está más cerca?
El objetivo a corto plazo es construir un marcapasos del cerebro para los pacientes de Alzheimer, para los millones que no saben dónde viven o quiénes son. En el futuro, tendrás un botón, apretarás y recordarás quién eres, dónde vives y dónde tienes que ir. En esta década haremos estudios con animales, grabando y descargando recuerdos, y en la próxima lo haremos con humanos. En la década de 2030, podremos descargar labores complejas, por ejemplo para trabajadores que tengan que aprender nuevas habilidades porque sus puestos se hayan quedado obsoletos o para los jóvenes que se saltaron un curso en la Universidad.
¿Qué le ha sorprendido más?
El que ya podamos fotografiar un pensamiento. En Berkeley, ponen a los pacientes en un escáner cerebral y convierten la mente en 30.000 puntos. Esos puntos representan los flujos cerebrales. Un ordenador los analiza y crea una fotografía de los pensamientos. Las fotos son borrosas porque estamos en la fase inicial.
¿Quiénes somos si nuestra conciencia se puede descargar?
Como diría el ex presidente Bill Clinton, depende de cómo definas quién eres tú. Cuando mueres, puede que haya un alma. O puede que no quede nada, pero si tengo el genoma y la información de tu cerebro, puedo recrearte. La cuestión es, ¿eres tú? Si hay un mapa de tus conexiones cerebrales, una parte de ti sobrevive. Igual que con una grabación. Esa parte de ti sobrevive. Esto puede resucitar tu personalidad y tus deseos porque está conectada al genoma y eso es lo que eres. ¿Quiénes somos? El punto de vista extremo es que somos información.
¿Un robot con una mente descargada es humano?
Si habla como un humano y tiene una personalidad como un humano, tal vez podemos llamarlo así. En el futuro, podremos tener una biblioteca de almas igual que hoy puedes leer biografías o películas de la gente que ha muerto. Podrás conversar con ellos. Si fueras un político, ¿no querrías hablar con Winston Churchill? Tus nietos podrán tener acceso a la biblioteca donde podrán tener una conversación contigo, aunque no sea perfecta.
¿Cuáles son los límites éticos más urgentes?
El medicamento para olvidar experiencias traumáticas, que ha sido rechazado por la comisión de bioética del presidente, ya está generando debate. Habrá mucho debate también con el marcapasos del cerebro. ¿Qué pasa si se descargan recuerdos equivocados? ¿Y si la memoria de un crimen que no cometiste se descarga en tu mente? Tienes el recuerdo de que mataste a alguien, pero no lo hiciste. Debemos tener leyes para regular recuerdos falsos o que se descarguen sin permiso.
miércoles, 16 de abril de 2014
martes, 15 de abril de 2014
jueves, 10 de abril de 2014
Dobri Dobrev
El amor viene de quien menos se espera
Aun sin tener un centavo, él da todo lo que tiene.
La apariencia no es de las mejores. Quien lo ve, enseguida mantiene distancia. Una gran barba, ropa sucia, se trata de un típico hombre de la calle. Pero ¿quién podría imaginar que por detrás de un aspecto del cual muchos tendrían náuseas y miedo hay un corazón inmenso?
Pasos lentos, una mirada profunda, que trae las marcas dejadas por la vida. De una edad ya avanzada, 98 años de existencia. El abuelo Dobri, apodo dado cariñosamente, vive en las calles de la aldea Belovo, ubicado en Bulgaria.
Todos los días despierta bien temprano y, como un típico gimnasta, camina cerca de 10 quilómetros, hasta llegar a la capital del país, Sofía. Con un baso en las manos no duda en comenzar su trayectoria de todos los días pidiendo limosnas a la gente.
Una monedita aquí, otra allí, y después comienza a repartir simpatía y sonrisas. Pero quien piensa que todo el dinero recaudado es para comprar un pedazo de pan o algo de ropa está equivocado.
El abuelo Dobri, guarda todo el dinero que recibe para ayudar a otras personas que viven en la calle. ¡Qué ejemplo! El simpático señor ya donó cerca de $ 37 mil dólares para una iglesia en Sofía y también hizo donaciones para orfanatos y para a las personas más pobres. Él se siente muy feliz al poder ayudar a los demás.
De quien menos se espera viene el amor. De alguien en quien menos se cree viene la esperanza. Ayudar al prójimo sin pedir nada a cambio.
¿Y usted?
¿Qué ha hecho para ayudar a aquel que está a su lado? Si estuviera en la misma condición de ese abuelo, usted, ¿tendría el coraje de compartir con los demás aquello que recibió? Pare y piense. No es necesario tener condiciones económicas para hablar del amor de Dios e incluso dar un poco de sí a sus compañeros.
miércoles, 9 de abril de 2014
lunes, 7 de abril de 2014
domingo, 6 de abril de 2014
Elena Poniatowska
PONIATOWSKA: LA PRINCESA ROJA
Que Elena Poniatowska siga recibiendo premios y levantando polémica significa sólo una cosa: es una de las figuras fundamentales del México contemporáneo.
POR GUILLERMO SÁNCHEZ CERVANTES / FOTOS DE PHOEBE LING
| Retrato de una joven Poniatowska cuando incursionaba en el periodismo. | |
—Gracias a todos por estar aquí, esto es casi como el día de mi boda.
El público estalla en carcajadas. Es la noche del 5 de abril de 2011, y Elena Poniatowska, la princesa de las izquierdas mexicanas, presenta en el Palacio de Bellas Artes, en el Centro Histórico de la ciudad de México, su más reciente novela,Leonora, con la que ha ganado el Premio Biblioteca Breve que otorga la editorial española Seix Barral. El sitio está repleto y la gente no para de entrar. "Disculpe, perdón, disculpe", dicen los que llegan tarde para abrirse paso entre una multitud del todo inusual para la presentación de un libro. Ahí está la mujer a la que todos reconocen en la calle y que genera larguísimas colas a la hora de firmar libros, pero que no por eso es menos controvertida. La mujer que apoyó hasta el final al candidato de la izquierda Andrés Manuel López Obrador en las elecciones presidenciales de 2006, de los discursos a favor de las mujeres, el aborto, las guerrillas y los indígenas chiapanecos. Es la escritora que encandiló con su realismo popular y con sus entrevistas a los personajes icónicos del siglo XX mexicano.
Elena, Elenita, la Ponia, la Poni. La recién fallecida Leonora Carrington es la última en unirse a la lista de mujeres que ha retratado en perfiles, crónicas y novelas, desde la rusa Angelina Beloff hasta la italiana Tina Modotti: con todas ellas deberíamos medir a Poniatowska "porque con ellas actúa sin condescendencia, con ternura y admiración, pero a ratos con la ironía implacable de quien se sabe entre iguales", escribió el crítico literario Christopher Domínguez enLetras Libres.
Ahora, ante el auditorio, Poniatowska cuenta que conoció a Leonora Carrington en la galería de arte de su tía Inés Amor en los cincuenta. Y que durante años le hizo una serie de entrevistas que guardó en carpetas, hasta que un día comenzó a escribir una novela inspirada en ella que había llamado Fiona.
—Pero cuando tenía doscientas páginas pensé: "¿Y por qué no hago una novela directamente sobre ella?", y me lancé. Leonora siempre tuvo una sonrisa para mí, lo recuerdo como motivo de felicidad. Y guardo la última vez que me sonrió en la escalinata del Palacio de Minería. ¿Será que me he vuelto sentimental? Leonora dice que el sentimentalismo es una especie de cansancio.
Concluye su discurso y, apenas termina, Poniatowska aleja el micrófono y muestra su legendaria sonrisa de dientes y encías. El público se pone de pie y la ovaciona con aplausos que multiplican su eco por todo el Palacio de Bellas Artes. Es una escena que me recuerda, por oposición, una copla que me envió por mail Malú Huacuja del Toro, novelista y dramaturga mexicana —y una de sus grandes detractoras—, por aquello de los aduladores y admiradores, que, dice Huacuja, le han otorgado premios a su contentillo. Después de recibir ese poema satírico, le pedí a Huacuja una entrevista. Aún espero una respuesta.
Mientras tanto, los flashes disparan sobre el estrado.
Son las seis de la tarde y la parroquia de San Sebastián Mártir comienza a dar sus reglamentarias campanadas. Elena Poniatowska ha aceptado una tanda de entrevistas en su casa, a mediados de abril, después de que su última novela fuera recibida con bombo y platillo en el mundo editorial. Hélène Elizabeth Louise Amélie Paula Dolores Poniatowska Amor —su verdadero nombre— vive frente a esta iglesia en la colonia Chimalistac, al sur de la capital mexicana, un barrio empedrado que fue un pueblo colonial y quedó atrapado en medio de la mancha urbana del Distrito Federal. Su casa está pintada de amarillo y tiene una puerta blanca con grandes buganvillias. Pertenecía a una nudista que gustaba de bañarse en las fuentes, la dominatriz Eva Norvind, y Poniatowska la compró apenas después de haber quedado viuda. Estuvo casada durante casi veinte años con el astrónomo Guillermo Haro, el fundador de la astronomía moderna en México, a quien conoció al hacerle una entrevista en el observatorio astronómico de Tonantzintla, Puebla, en 1959. Es una casa con mucha luz y con amarillos salpicados por todos lados, en cuadros, sillones, lámparas y manteles; una casa burguesa repleta de libreros blancos y piezas de talavera y esferas de vidrio soplado por donde se mire. Por los rincones y las mesitas hay retratos familiares. Ahí están su padre, Jean Joseph Evremont Poniatowski Sperry, vestido de militar con todas las condecoraciones que recibió en la Segunda Guerra Mundial; su madre, María de los Dolores Paulette Amor Yturbe, mujer enigmática que siempre habló con un fuerte acento francés y fue modelo de Schiaparelli, retratada por Edward Weston; sus hijos Emmanuel, Felipe y Paula; ella rodeada por sus diez nietos.
—Ahora viene la señora —dice Martina, con tono cantadito y mirada hostil.
Martina es la mucama que se encarga de la casa, de hacer las compras y de contestar el teléfono. Poniatowska nunca ha tenido secretaria. Todo lo resuelve con una agenda negra, siempre y cuando esté a la mano. Si no, empezarán a correr por toda la casa, Martina en un piso, Elena en el otro, hasta que suene el grito: ¡aquí está!
Poniatowska puede no sólo extraviar su agenda, sino textos y libros, olvidar citas y entrevistas, aceptar llamadas telefónicas de "ve tú a saber quién", o recibir a estudiantes que llegan a preguntarle boberías que tienen de tarea. Y nunca faltan sus clásicas cuitas: que se le paró el coche, que está preocupada por sus hijos, que se hace bolas, que no puede escribir, que no es escritora, que todo hace mal, que todo el mundo la critica.
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- Charles Bukowski
- Jorge Luis Borges
- Gurdjieff
- Elena Poniatowska
- What's Happening in Mexico A global call for freedom
- Danns Vega
- Salman Khan
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- Tyler Knott Gregson
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- Characteristics of life
- Nick Vujicic
- Antonio Gramsci
- Elena Poniatowska
- Tyler Knott Gregson
- Ronald Davis
- Dr. Ryke Geer Hamer
- Robert Frost
- Robert Smalls
- Ingmar Bergman
- Munshi Premchand
- Elder Dobri
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- W.H Auden
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