sábado, 31 de diciembre de 2016

ZYGMUNT BAUMAN

ZYGMUNT BAUMAN “HEMOS PERDIDO EL ARTE DE LAS RELACIONES SOCIALES”

La humanidad ha olvidado cómo ser feliz, advierte el sociólogo polaco
“Hay que replantearse el concepto de felicidad, se lo digo totalmente en serio”. El hombre que bautizó este tiempo de incertidumbre como modernidad líquidarepara durante gran parte de la conversación en el deseo más universal de la humanidad. El filósofo y pensadorZygmunt Bauman (Poznan, Polonia, 1925) cree que se nos ha olvidado cómo alcanzarla: “Generamos una especie de sentido de la culpabilidad que nos lo impide”.
Bauman recaló recientemente en la capital para ofrecer una conferencia en la Universidad Europea de Madrid a propósito de su último libro Sobre la educación en un mundo líquido, publicado en 2013. La conversación transcurre en una mesa de reuniones, frente a una botella de agua que apenas toca y un gran ventanal. Y ahí, con un gesto grave como su voz, profundiza sobre la felicidad, la crisis económica, las redes sociales o la juventud. “La búsqueda de una vida mejor es lo que nos ha sacado de las cuevas, un instinto natural y perfectamente comprensible, pero en el último medio siglo se ha llegado a pensar que es equivalente al aumento de consumo y eso es muy peligroso”, señala el premio Príncipe de Asturias 2010. Con mirada enérgica, anima a cambiar los referentes: “Hemos olvidado el amor, la amistad, los sentimientos, el trabajo bien hecho”. Lo que se consume, lo que se compra “son solo sedantes morales que tranquilizan tus escrúpulos éticos”, despacha el filósofo que, a sus 88 años, arranca y despide el encuentro matutino fumándose una pipa de tabaco y un cigarro.
Describe un círculo vicioso familiar a propósito de la asociación de felicidad y consumo. El padre o la madre que dedican parte del sueldo a comprar la consola al hijo, porque se sienten culpables al no dedicarles tiempo. Le hacen el regalo, pero el modelo queda obsoleto pronto y se comprometen a facilitarle el siguiente. “Para pagarlo necesitarán más éxito profesional, estar más disponibles para el jefe, usar un tiempo que quitarás a tu familia…”.
Zygmunt Bauman no tiene teléfono móvil ni perfil en las redes sociales, pero “desgraciadamente” se ve obligado a observarlos de cerca: “No tengo más remedio que interesarme por estos fenómenos por motivos profesionales”. Abomina de ellos porque considera que invaden todos los espacios y diluyen las relaciones humanas. “El viejo límite sagrado entre el horario laboral y el tiempo personal ha desaparecido. Estamos permanentemente disponibles, siempre en el puesto de trabajo”, dice.
No le gusta el papel que juegan en la vida laboral y tampoco el que suplantan, en su opinión, en las relaciones personales. Se acuerda de Mark Zuckerberg, que ideó la red Facebook para ser un chico popular. “Claramente ha encontrado una mina de oro, pero el oro que él buscaba era otro: quería tener amigos”.
“Todo es más fácil en la vida virtual, pero hemos perdido el arte de las relaciones sociales y la amistad”, se detiene. Las pandillas de amigos o las comunidades de vecinos “no te aceptan porque sí, pero ser miembro de un grupo de en Facebook es facilísimo. Puedes tener más de 500 contactos sin moverte de casa, le das a un botón y ya”.
Fuente: elpais.com

Genios


Confianza en uno mismo


Thomas A. Edison

At around the age of 12, Edison started to lose his hearing. One legend has it that a train conductor smacked him in the ears after he started a fire in a boxcar by doing experiments. Edison himself said that he was injured when the conductor picked him up by the ears onto a moving train. Others had said that it caused by a bout of scarlet fever during childhood. In all likelihood it was a genetic condition as both Edison's father and one of his brothers also suffered from hearing loss.
But one thing's for sure: Edison actually liked being deaf (technically, he was hard of hearing, not completely deaf). He said that it made it easier for him to concentrate on his experiments.
Oh, one more thing: Edison actually did have a laboratory in a boxcar that caught on fire! Then 12-year-old Edison took a job selling newspaper and candies on the Grand Trunk Railroad from Port Huron to Detroit. He set up a lab for chemistry experiments and a printing press in the baggage car, where he published the Grand Trunk Herald, the first newspaper published on a train.
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miércoles, 28 de diciembre de 2016

Lewis Carrol

- Una de las anécdotas más importantes de este personaje es que en realidad no se llamaba "Lewis Carroll". Ese nombre fue sólo un pseudónimo para publicar su primera obra literaria ("Solitude"). En realidad, él se llamaba Charles Lutwidge Dodgson. Para crear el pseudónimo, tomó su nombre y primer apellido, "Charles Lutwidge", y lo transformó al latín, dando como resultado "Ludovicus Carolus". De nuevo, tomó el nombre latino y lo adaptó otra vez al inglés, dando como resultado el Lewis Carroll que todos conocemos.Image result for lewis carroll quotes

Charles Dickens

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Jaime Sabines

Rumi

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sábado, 24 de diciembre de 2016

Pablo Neruda


William Shakespeare

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Thomas A. Edison

In 1869, when Edison was just 22 years old, he got his first patent for a telegraphic vote-recording machine for the legislature. Each legislator would move a switch on Edison's machine that would record his vote on a particular bill.
When a business partner brought the invention to Washington D.C., this is what Congress had to say about it:
The chairman of the committee, unimpressed with the speed with which the instrument could record votes, told him that "if there is any invention on earth that we don't want down here, that is it." The slow pace of roll call voting in Congress and other legislatures enabled members to filibuster legislation or convince others to change their votes. Edison's vote recorder was never used. Image result for thomas alva edison quotes

jueves, 22 de diciembre de 2016

Frédéric Lenoir

Entrevista Frédéric Lenoir: Creer sin certezas

No es fácil encontrar un filósofo que sepa transmitir eficazmente sus ideas tanto en el ensayo como en la ficción. Frédéric Lenoir lo es. Ha escrito varias novelas históricas con trasfondo espiritual y ahora publica un cuento iniciático: El alma del mundo



Por ese motivo acudí a la entrevista con cierta prevención, aunque al terminarla me di cuenta de que me encontraba ante un filósofo de verdad que en todo momento se esforzaba en clarificar las cuestiones, en matizar su postura y en hablar con seriedad y rigor, y no ante el típico gurú que solo transmite fórmulas gastadas. Me cautivó su “humanismo espiritualista”, su talante ecuménico (me hizo ver que los dos estábamos “en el mismo bando”, aunque él prefiera denominarse espiritualista y yo ateo) y su profundo espíritu crítico hacia las cuestiones religiosas (como lo haría cualquier otro autor laico o ateo). Creo que son necesarios filósofos “creyentes” (y lo escribo entre comillas porque su posición no se corresponde exactamente con la del teísta convencional) como él, de talante pascaliano, que defiendan una espiritualidad abierta, alejada de la ortodoxia y de los caminos trillados. Nos hacen falta espíritus heréticos y sutiles, ahora que ya no están con nosotros Unamuno, Aranguren o García Calvo. Aunque no es tan conocido en nuestro país como otros filósofos franceses con los que comparte muchas cosas (como su devoción por Montaigne, Spinoza o los estoicos, y su dimensión literaria), sus análisis son al menos tan interesantes como los de Comte-Sponville, Luc Ferry o Roger Pol-Droit. Si tuviéramos que resumir su postura en un sola frase, nos quedamos con ésta de Las metamorfosis de Dios, donde anuncia cómo será la espiritualidad en el futuro: “El escepticismo de Montaigne (creer, pero sin certezas) parece ser el horizonte de lo religioso en la modernidad”.

¿Por qué un filósofo escribe una novela como El alma del mundo, que habla sobre lo que pueden ofrecernos hoy las religiones? 

Hace mucho tiempo que decidí irme de la universidad para no ser prisionero del sistema universitario, en el que uno está siempre obligado a decir cosas muy difíciles y serias que solo leen unas pocas personas. Tenía ganas de transmitir conocimientos a un público más amplio y de hacer más accesible la filosofía, la espiritualidad y la sabiduría a mucha más gente, que hoy se plantea cuestiones en un mundo cada vez más complejo, en el que ya no hay certezas, solo hay preguntas. Yo me planteo muchas preguntas y comparto mis investigaciones con un público cada vez más amplio, y lo hago de diversas maneras: a través de ensayos, novelas, obras de teatro, cómics, programas de radio... Me interesa todo tipo de formatos que me permitan plantear las grandes cuestiones sobre el hombre (que para mí son casi perennes) que aborda la filosofía: ¿Qué es la felicidad? ¿Qué es una vida buena? ¿Qué es una vida realizada? ¿Cómo estar en paz con uno mismo y el mundo? Todas las cuestiones que se plantearon los filósofos griegos y atraviesan toda la historia de la humanidad, no solo de la filosofía occidental, sino también de la oriental.

Todo empezó con la figura de Sócrates, cuando su padre le dio a leer El banquete de Platón con 13 años.
Sí, fue el punto de partida de mi investigación filosófica. Con 12 o 13 años me planteaba: ¿Por qué estoy en el mundo? ¿Tiene algún sentido la vida? Cuando leí a Platón me di cuenta de que esas preguntas atravesaban los diálogos socráticos, y eso me llevó a leer la Carta a Meneceo de Epicuro, que me deslumbró, lo que me condujo después a la Ética a Nicómaco de Aristóteles, a los estoicos como Epícteto y Marco Aurelio y a una serie de filósofos que se planteaban las mismas preguntas que se hacía un adolescente que trataba de reflexionar sobre su vida.

Poco después descubrió el budismo...
Para mí, el budismo es la expresión filosófica más grande de Oriente. Mientras leía los filósofos occidentales en mis estudios universitarios de filosofía, me preguntaba dónde se encontraba el pensamiento oriental. Me di cuenta de que el budismo era una de las cimas del pensamiento oriental, un pensamiento que descansa sobre la razón y la experiencia. Y esa fue la razón de apasionarme por el budismo y de que después escribiese sobre él mi tesis de doctorado, El budismo y Occidente: trata sobre la manera en que los occidentales han comprendido y asimilado el budismo, y en el fondo es una forma de hacer que dialoguen la filosofía budista y la occidental.

Cuando usted tenía 19 años, un amigo le convenció para que leyese los evangelios, y eso supuso para usted una gran conmoción, que le hizo llorar varias horas. De ahí que considere a Jesús como un filósofo y un maestro de vida, al mismo nivel que Sócrates o Buda. ¿Cómo puede Jesucristo ser considerado un filósofo?
En un primer momento fue sobre todo con el pensamiento como hice mi trabajo personal, y después el budismo me condujo a un trabajo más interior, más existencial, en el sentido de un ejercicio espiritual. El budismo me permitió hacer, gracias a la meditación y a la introspección, todo un trabajo interior. Y después llega una tercera etapa, cuando leo los evangelios por vez primera a los 19 años (en mi infancia no me había interesado la religión católica) y eso significa para mí una gran conmoción, pues me seduce enormemente la persona y el mensaje de Jesús, y su presencia me llega al corazón. Y es que no puedo decir que Sócrates o Buda me llegasen al corazón, solo hablaban a mi inteligencia y mi mente. En este caso se da una dimensión afectiva que es muy presente; me llega muy fuerte el mensaje de los evangelios y me doy cuenta de que es un mensaje que quiero vivir. Las cosas que dice sobre la fragilidad, la humildad, la pequeñez frente al poder y la grandeza, la atención que brinda a cualquier ser humano; todo eso me pareció extraordinario y me impactó mucho. En este sentido, me he convertido en un discípulo de Cristo, aunque no soy un católico practicante, no creo en los dogmas ni en la revelación, pero me adhiero a la persona y al mensaje de Cristo.

En el epílogo a su libro Dios dice: “puedo llamarme cristiano y celebrar el Sabbat con mis amigos judíos o alabar a Alá con mis amigos musulmanes”. ¿Cómo concilia esto?

Yo creo que hay un misterio en la vida y en el universo, y a mí me conmueve enormemente ese misterio; puedo amarlo de manera positiva, pero no creo que Dios se nos revela en la Biblia o en el Corán. En este sentido no soy un cristiano, al menos no tal como lo entienden los judíos, los cristianos y los musulmanes, porque ellos creen en un Dios personal que se revela a los hombres a través de sus libros sagrados, y yo no creo en eso. Yo creo que existe una trascendencia, una fuerza superior que llamamos “Dios”, pero no creo que se revele de manera especial a través de ningún libro; pienso que todos los seres humanos están habitados por esta fuerza superior, esta gracia. Para mí hay múltiples revelaciones; los budistas también pueden ser tocados por este misterio, igual que los cristianos o los musulmanes. En este sentido no podemos decir que soy “un creyente”, pero a diferencia de Onfray o Comte-Sponville, yo no soy materialista, soy espiritualista. Estoy más próximo a Spinoza, y como él, soy panteísta: creo que hay un espíritu o fuerza que anima el universo y tiendo a espiritualizar el mundo más que a materializarlo. Creo que hay algo que nos trasciende, que hay una vida tras la muerte, y que la consciencia no se acaba aquí. No creo que esta resida en el cerebro, creo que las experiencias cercanas a la muerte son ciertas. En este sentido soy espiritualista, pero no soy un creyente religioso, no creo en una revelación particular.

¿Eso no sería como ser ateo? A Spinoza se le suele considerar un pensador ateo. 
¿Qué es ser ateo? Si usted dice que no existe un Dios personal y creador, puede que yo esté de acuerdo, aunque no lo sé... Pero sí sé que existe un sentido de la vida, un alma del mundo. No creo que existan las cosas por azar: hay algún tipo de trascendencia al mundo o un sentido que no es únicamente producto del azar, pero no creo necesariamente en un Dios personal y creador. Yo me definiría como un no materialista, pero no me definiría como teísta.

Me ha gustado mucho un pequeño diálogo al final del Breve tratado de la vida interior donde Sócrates discute con un periodista francés que dijo en la televisión que, si a los 50 años uno no tiene un Rolex, es porque ha fracasado en la vida. Yo no tengo un Rolex, ¿soy entonces un fracasado?
Lo importante es la riqueza interior de los individuos. Me esfuerzo personalmente por enriquecer mi vida con el conocimiento y el trabajo sobre mí mismo. El enriquecimiento exterior no es importante, pues ha habido periodos en mi vida donde no he tenido tanto dinero, donde he vivido de manera muy sencilla y, sin embargo, era muy feliz. Y hoy gano mucho más dinero y eso no me hace más feliz. Lo que enriquece mi vida no son principalmente los objetos, sino la calidad de las relaciones que yo tengo conmigo mismo, con los otros y con el mundo.

En esa misma obra comenta un ejercicio espiritual de la muerte que usted practica todos los días. ¿En qué consiste?
Intento vivir todos los días como si fuera el último. Me digo por la mañana cuando medito que puede que muera esa tarde. Intento vivir ese día con plena conciencia, fiel a mis principios filosóficos, prestando atención a la vida y también a todo lo que pueda darme placer (en este sentido, soy un epicúreo), aprovechando todos los placeres que la vida nos puede dar, pero aceptando los obstáculos y dificultades, y esforzándome en amar la vida como es.

En su libro Cristo filósofo afirma que sin Cristo no habría hoy derechos humanos...
Normalmente se ha opuesto el cristianismo a la modernidad y tenemos la sensación de que los derechos del hombre nacieron contra el catolicismo. Y eso es cierto y falso al mismo tiempo. Es cierto que la Iglesia católica se ha opuesto a la modernidad, los derechos humanos, el espíritu crítico, la ciencia, etc.; es cierto, pero no podemos reducir el cristianismo a la reacción de las instituciones, es decir, a lo que ha hecho la Iglesia católica en el Renacimiento, al juicio contra Galileo, etc. El cristianismo es mucho más profundo: es una corriente de pensamiento que ha marcado a Europa y que le ha dado ideas muy profundas: de libertad interior, igualdad e incluso de búsqueda de la verdad que han impregnado toda la historia de Europa y que en cierta forma nos condujeron al Renacimiento. El Renacimiento no es más que el fruto del redescubrimiento de los filósofos griegos. ¿Por qué los renacentistas tenían ganas de leer otra vez a los filósofos griegos? Porque estaban impregnados de ese espíritu de los evangelios que nos ha conducido a la modernidad. El espíritu de los evangelios es algo revolucionario, aunque ha sido olvidado por las instituciones, que han tergiversado sus enseñanzas. Y cito a Kierkegaard, quien dice que la religión católica es una subversión del evangelio, mientras que el mensaje de Jesús es el contrario. Durante todo el periodo de la cristiandad el evangelio ha sido olvidado, aunque ha vuelto con fuerza en el Renacimiento, sobre todo con autores como Erasmo, Pico de la Mirándola y Montaigne, que han reivindicado los grandes principios del mensaje ético de Cristo y han favorecido los derechos humanos. Y creo que si los derechos humanos han nacido en Occidente y no en China o en el Imperio Otomano es porque Occidente ha estado profundamente influido por estos principios evangélicos.

¿Qué tiene el evangelio de revolucionario?
Es una inversión de los valores mundanos tradicionales. En un mundo que valora la jerarquía entre los individuos, la desigualdad, la dominación, el éxito y la eficacia, los valores evangélicos son lo contrario: el elogio de la fragilidad, la debilidad, el amor frente a la ley, la igualdad entre los hombres. Jesús dice que todos los seres tienen la misma dignidad frente a Dios, que no hay nada que nos permita establecer una jerarquía entre los individuos. Y es un mensaje que no ha envejecido.

En El alma del mundo, propone una fábula entre siete personajes de distintas tradiciones espirituales que intentan encontrar un sabiduría común a todas. ¿Cree que es posible un acuerdo entre las diversas tradiciones religiosas?
Las religiones son irreconciliables entre sí en el plano de las creencias, los dogmas y los rituales, pero en el de la experiencia interior tienen muchos puntos en común. Le doy un ejemplo que me ha inspirado este cuento. Hace 10 años me las arreglé para que un lama tibetano dialogase con un monje benedictino durante una semana, y cuando hablaban de creencias, dogmas o doctrinas, no se entendían, pero cuando hablaron de su experiencia personal se entendían en todo. Cuando hablaban de la interioridad, la meditación, el combate espiritual, el dominio de las emociones, la compasión, el silencio, etc., se dieron cuenta de que usaban las mismas técnicas y métodos, de que hacían exactamente las mismas cosas para llegar a los mismos resultados, esto es, para mejorarse. Y cuando comprendieron que vivían la misma experiencia interior, nació una amistad extraordinaria. Si los dogmas y las creencias son el producto de la cultura, hay una universalidad del espíritu humano que hace posible que una experiencia espiritual profunda pueda ser reproducible en otras personas. Lo que muestra que somos todos los mismos en nuestras aspiraciones, metas, nuestro combate, y que todos los que tienen una experiencia espiritual profunda puedan dialogar, pero los que simplemente están en el plano de los dogmas y los rituales no puedan nunca llegar al ecumenismo.

En este último libro cuenta la parábola de una madre a la que le permiten coger todos los tesoros que pueda de una cueva unos minutos antes de que su puerta se cierre, y cuando sale cargada con todo lo que ha podido recoger descubre, consternada, que se ha olvidado a su bebé dentro. 
Es lo que nos pasa hoy. Estamos obnubilados por el mundo material, el confort y el placer que este puede darnos, pero olvidamos los tesoros del espíritu, la importancia del amor. Esta crisis económica, que tiene una dimensión trágica, puede ser una oportunidad para mostrarnos que podemos ser feliz con otros valores que no sean simplemente los valores materiales y los objetos. Así podríamos vivir otras experiencias: vivir en la naturaleza, con la gente que vive con nosotros, cultivar el arte, vivir de manera más sobria y descubrir que la felicidad no se encuentra fundamentalmente en lo material. Las cosas materiales nos ayudan, está claro, pero no es el elemento más importante.

¿Qué piensa de que en España se enseñe la religión católica en las escuelas?
Estoy totalmente en contra, porque implica introducir el catecismo en la escuela y eso implica que el Estado no es laico, sino católico. La religión debe ser transmitida por la familia. En la escuela debe transmitirse una moral universal, una ética para todos. He luchado para que se reintroduzca en Francia el civismo, para que podamos vivir todos juntos. Lo que habría que enseñar en la escuela es un conocimiento profundo y distanciado de las diferentes religiones, para que la gente pueda conocer tan bien su religión como la de los demás. En la escuela no debería enseñarse una sola religión.

 El terrorismo islámico atenta en todo el mundo. ¿Debemos tener miedo del islam? ¿Es el fundamentalismo algo connatural a la religión musulmana?
Cuando se conoce bien la historia del islam se da uno cuenta de que ha habido periodos oscurantistas, pero también hay un islam ilustrado extremadamente inteligente. Un ejemplo de la historia de España: el islam de Andalucía. En el siglo IX, mientras que en Occidente teníamos al emperador Carlomagno, que solo hablaba una lengua, cuya biblioteca más grande tenía 2.000 libros y ninguna universidad, en Andalucía el Califa hablaba cinco lenguas, había 300.000 obras en las diversas bibliotecas de Córdoba y 17 universidades. El islam puede ser la luz y las tinieblas, la inteligencia y la ignorancia. Este ejemplo muestra que esta historia es larga, complicada, y tiene altos y bajos. Hay musulmanes ilustrados e inteligentes y musulmanes oscurantistas. No podemos generalizar. El conocimiento de la historia de las religiones permite adoptar una perspectiva más amplia y matizada.

¿Estaríamos mejor sin las religiones? Si sopesamos lo bueno y lo malo que nos han aportado, tengo la impresión de que el balance final es más bien negativo...
La religión nos ha dado lo mejor y lo peor. Entre lo peor está la intolerancia, el oscurantismo, la ignorancia..., pero es precisamente en las sociedades religiosas donde han aparecido Jesús, Buda o Francisco de Asís. La religión no solo ha impedido, también ha permitido que florezcan pensadores y místicos que han dicho cosas extraordinarias y han hecho progresar la sociedad. No creo que se deba decir de forma reduccionista que la religión solo ha aportado cosas malas (o solo buenas). La realidad es mucho más compleja.

Entonces ¿tiene futuro la religión?
La religión tal como es hoy (identitaria, dogmática, cerrada) es una reacción frente a la modernidad, al cambio, a la pérdida de puntos de referencia, y eso no puede durar mucho. Según los individuos progresan en conocimiento, libertad y espíritu crítico, prescindirán de este tipo de religión. A largo plazo, el futuro de la religión está en la espiritualidad. Lo que yo defiendo es la sabiduría, no la religión identitaria y dogmática, condenada a desaparecer.

❖ Gabriel Arnaiz

Thomas A. Edison

Edison was an inquisitive child but a poor student as his mind often wandered. The youngest of 7 siblings, "Al" as he was called in his youth, was deemed "addled" by his school teacher.
When she found out, Edison's mother was angry and pulled him out of school after only three months of formal education. She home schooled him instead. Edison later recounted "My mother was the making of me. She was so true, so sure of me, and I felt I had some one to live for, some one I must not disappoint."
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 hen Edison turned 9, his mother gave him an elementary science book on how to do chemistry experiments at home. Edison was hooked: he did every experiments in the book and soon spent all his spare money buying chemicals.
At the tender age of 10, Edison built his first science laboratory in the basement of his family's home. His father tried to bribe him with a penny if only Edison would get out of the basement and go read a book. This he did, but he also used the penny to buy more chemicals for experiments. And to make sure no one took his prized chemicals, he labeled all his bottles "poison."

H. G. Wells

H.G. Wells, el adivino de la ciencia ficción
Dijo en una ocasión : “Cuando llegue la hora, mi epitafio tendrá que ser : Ya os lo dije, malditos locos”.
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Alejandro Dumas

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 Alejandro Dumas (padre), tras publicar el libro titulado El vacío doloroso, fue visitado por un amigo que le dijo:
- Es un título sin sentido. El vacío no puede ser doloroso.
- ¿Que no? ¡Cómo se ve que nunca os ha dolido la cabeza, amigo mío!

martes, 20 de diciembre de 2016

Práxedis G. Guerrero


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Hace un año que dejó de existir en Janos, Estado de Chihuahua, el joven anarquista Práxedis G. Guerrero, secretario de la Junta Organizadora del Partido Liberal Mexicano.
La jornada de Janos tiene las proporciones de la epopeya.
Treinta libertarios hicieron morder el polvo de una vergonzosa derrota a centenares de esbirros de la dictadura porfirista; pero en ella perdió la vida el más sincero, el más abnegado, el más inteligente de los miembros del Partido Liberal Mexicano.
La lucha se desarrolló en las sombras de la noche. Nuestros treinta hermanos, llevando la Bandera Roja, que es la insignia de los desheredados de la tierra, se echaron con valor sobre la población fuertemente guarnecida por los sicarios del Capital y de la Autoridad, resueltos a tomarla o a perder la vida. A los primeros disparos del enemigo, Práxedis cayó mortalmente herido para no levantarse jamás. Una bala había penetrado por el ojo derecho del mártir, destrozando la masa cerebral, aquella masa que había despedido luz, luz intensa que había hecho visible a los humildes el camino de su emancipación. ¡Y debe haber sido la mano de un desheredado, de uno de aquellos a quienes él quería redimir, la que le dirigió el proyectil que arrancó la vida al libertario!
Toda la noche duró el combate. El enemigo, convencido de su superioridad numérica, no quería rendirse, esperanzado en que tendría forzosamente que aplastar aquel puñado de audaces. Los disparos se hacían a quemaropa, se luchaba cuerpo a cuerpo en las calles de la población. El enemigo atacaba fieramente, como que contaba con una victoria segura; los nuestros repelían la agresión con valentía, como que sabían que, inferiores en número, tenían que hacer prodigios de arrojo y de audacia.
El combate duró toda la noche del 30 de diciembre, hasta que, al acercarse el alba, el enemigo huyó despavorido rombo a Casas Grandes, dejando el campo en poder de nuestros hermanos y un reguero de cadáveres en las calles de Janos. El sol del 31 de diciembre alumbró el lugar de la tragedia, donde yacían dos de los nuestros: Práxedis y Chacón.
Práxedis fue, sencillamente, un hombre; pero hombre en la verdadera acepción de la palabra; no el hombre-masa atávico, egoísta, calculador, malvado, sino el hombre despojado de toda clase de prejuicios, el hombre de abierta inteligencia que se lanzó a la lucha sin amor a la gloria, sin amor al dinero, sin sentimentalismo. Fue a la revolución como un convencido. Yo no tengo entusiasmo, me decía; lo que tengo es convicción. Cualquiera se imaginaría a Práxedis como un hombre nervioso, exaltado, movido bajo el acicate de la neurastenia. Pues, no: Práxedis era un hombre tranquilo, modestísimo tanto en teoría como en la práctica. Enemigo de tontas vanidades, vestía muy pobremente. No bebía vino como muchos farsantes por alardear de temperantes: no lo necesito, decía cuando se le ofrecía una copa, y, en efecto, su temperamento tranquilo no necesitaba del alcohol.
Práxedis fue heredero de una rica fortuna que despreció: no tengo corazón para explotar a mis semejantes, dijo, y se puso a trabajar codo con codo con sus propios peones, sufriendo sus fatigas, participando de sus dolores, compartiendo sus miserias. Era niño entonces; pero no se arredró ante el porvenir tan duro que se le esperaba como esclavo del salario. Trabajó varios años en México, ya de peón en las haciendas, o de caballerango en las casas ricas de las ciudades, o de carpintero donde se le daba ese trabajo, o de mecánico en los talleres de los ferrocarriles. Por fin vino a los Estados Unidos, ávido de aprender y de ver esta civilización de la que tanto se habla en los países extranjeros, y, como todo hombre inteligente, quedó decepcionado de la pretendida grandeza de este país del dólar, de la insignificancia intelectual y del patriotismo más estúpido.
Aquí, en este país de los libres, en este hogar de los bravos, sufrió todos los atentados, tados los salvajismos, todas las humillaciones a que está sujeto el trabajador mexicano por parte de los patrones y de los norteamericanos que, en general, se creen superiores a nosotros los mexicanos porque somos indios y meztizos de sangre española e india. En Louisiana, un patrono a quien le había trabajado algunas semanas, iba a matarlo por el delito de pedirle el pago de su trabajo.
Práxedis trabajó en los cortes de madera de Texas, en las minas de carbón, en las secciones de ferrocarril, en los muelles de los puertos. Verdadero proletario libertario, tenía aptitud especial para ejecutar toda clase de trabajos manuales. Así fue como se templó ese grande corazón: en el infortunio. Nació en rica cuna y pudo haber muerto en rico lecho; pero no era de esos hombres que pueden llevarse tranquilamente a la boca un pedazo de pan, cuando su vecino está en ayunas.
Práxedis fue, pues, un proletario, y por sus ideales y sus hechos, un anarquista. Por dondequiera que anduvo, predicó el respeto y el apoyo mutuo como la base más fuerte en que debe descansar la estructura social del porvenir. Habló a los trabajadores del derecho que asiste a toda criatura humana a vivir, y vivir significa tener casa y alimentación aseguradas y gozar, además, de todas las ventajas que ofrece la civilización moderna, ya que esta civilización no es otra cosa que el conjunto de los esfuerzos de miles de generaciones de trabajadores, de sabios, de artistas, y, por lo tanto, nadie tiene derecho de apropiarse para sí solo esas ventajas, dejando a los demás en la miseria y en el desamparo.
Práxedis fue muy bien conocido por los trabajadores mexicanos que residían en los Estados del sur de esta nación, y la noticia de su muerte causó gran consternación en los humildes hogares de nuestros hermanos de infortunio y de miseria. Cada uno tenía un recuerdo del mártir. Las mujeres se acordaban de cómo el apóstol de las ideas modernas blandía el hacha para ayudarlas a partir leña con qué cocer los pobres alimentos, después de haber permanecido encerrado todo el día en el fondo de la mina, o de haber sufrido por doce horas los rayos del sol trabajando en el camino de hierro, o de haberse deslomado derribando árboles en las márgenes del Misisipí. Y las familias, congregadas en la noche, oían la amable y sabia plática de este hombre singular que nunca andaba solo; en su modesta mochila cargaba libros, folletos y periódicos revolucionarios, que leía a los humildes.
De todo esto se acordaban los trabajadores y sus familias cuando se supo que Práxedis G. Guerrero había muerto. Ya no se hospedaría más en aquellos honestos hogares el amigo, el hermano y el maestro ...
¿Y qué habrá ganado el hijo del pueblo, que por sostener el sistema capitalista tronchó la fecunda vida del mártir?
¡Ah, soldados que militáis en las filas del Gobierno: cada vez que vuestro rifle mata a un revolucionario, echaís otro eslabón a vuestra cadena! Volved a la razón, soldados de la Autoridad; sois pobres, vuestras familias son pobres, ¿por qué matáis a los que todo lo sacrifican por ver a toda criatura humana libre y contenta?
Volved, soldados, las bocas de vuestros fusiles contra vuestros jefes y pasaos a las filas de los rebeldes de la Bandera Roja, que luchan al grito de ¡Tierra y Libertad! No matéis más a los mejores de vuestros hermanos.
Y vosotros, trabajadores, pensad en la ejemplar vida de Práxedis G. Guerrero. Ved su rostro: es una blusa de peón la que tiene encima, y, la actitud en que está, es la misma en que se le veía cuando al frente tenía unas hojas de papel en que vaciar generosamente sus exquisitos pensamientos.
Práxedis G. Guerrero, el primer anarquista mexicano que regó con su sangre el virgen suelo de México, y el grito de ¡Tierra y Libertad! que lanzó en el obscuro pueblo del Estado de Chihuahua, es ahora el grito que se escucha de uno a otro confín de la hermosa tierra de los aztecas.
Hermano: tu sacrificio no fue estéril. Al caer al suelo las gotas de tu sangre, surgieron de ella héroes mil que seguirán tu obra hasta su fin: la libertad económica, política y social del pueblo mexicano.


http://www.antorcha.net/biblioteca_virtual/historia/prax/3.html

Alejandra Pizarnik

En París vivió con hombres y mujeres. Allí trabajó para la revista Cuadernos y para algunas editoriales francesas; tradujo a Antonin Artaud, Henri Michaux, Aimé Césaire e Yves Bonnefoy; estudió historia de la religión y literatura francesa en la Sorbona. Se hizo amiga de Julio Cortázar, Rosa Chacel y Octavio Paz. Este último le escribió el prólogo de Árbol de Diana (1962), su cuarto poemario. Dijo que el libro era "la cristalización verbal por amalgama de insomnio pasional y lucidez meridiana en una disolución de realidad sometida a las más altas temperaturas" y que el producto no contenía "una sola partícula de mentira". Dijo que era "una higuera mítica", dijo que muchos no lo entenderían.
Se suicidó a los 36 años, con 50 pastillas de Seconal. Por fin salió de su Infierno musical -que sólo era la vida-. De sus silencios sordos, de sus noches con colmillos de lobo, de sus licores furiosos. Quería morir "como muere un animal pequeño en los cuentos para niños -eso tan terrible lleno de hermosura-". Y se fue en medio de ese intento suyo de "explicar con palabras de este mundo / que partió de mí un barco llevándome".
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Whalt Whitman

lunes, 19 de diciembre de 2016

Aaron Swartz. El hijo del Internet


Louis-Ferdinand Céline

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PARÍS
Fue como no haber estado allí.
Celine se había ido.
no había nadie allí.
París fue un bocado de aire azulado,
las mujeres pasaban como una inhalación como si tú nunca
fueras a ATREVERTE a irte a la cama con
ellas.
no había ningún ejército por ahí.
todos eran ricos.
no había pobres a la vista.
no había viejos a la vista.
cuando te sentabas en una mesa en un café
te caían celosas miradas
de los demás
asiduos
quienes estaban seguros de ser
más importantes que
tú.
la comida era demasiado cara para comerla.
una botella de vino te costaba
tu mano derecha.
Celine se había ido.
hombres gordos fumaban cigarros convirtiéndose en
gloriosas bocanadas de humo.
hombres delgados permanecían sentados muy estirados y charlaban
únicamente entre sí.
los camareros tenían los pies grandes y estaban seguros
de ser más importantes que
nada y
que nadie.
Celine se había ido
y Picasso se estaba muriendo.
París fue absolutamente nada.
vi a un perro que parecía un
lobo blanco.
no recuerdo haber abandonado
París.
pero debo de haber estado
allí.
fue de alguna manera como dejar
una revista de moda en una
estación de tren.
Charles Bukowski.

Charles Bukowski

Manual de Combate


Dijeron que Céline era un nazi
dijeron que Pound era un fascista
dijeron que Hamsun era un nazi y un fascista.
pusieron a Dostoievsky frente a un pelotón
de fusilamiento
y mataron a Lorca
le dieron electroshocks a Hemingway
(y tú sabés que se pegó un tiro)
y echaron a Villon de la ciudad (París)
y Mayakovsky
desilusionado con el régimen
y luego de una pelea de enamorados,
bueno,
también se pegó un tiro.
Chatterton se tomó veneno de ratas
y funcionó.
y algunos dicen que Malcom Lowry se murió
ahogado en su propio vómito
borracho.
Crane se tiró a las hélices
del barco o a los tiburones.

El sol de Harry Crosby era negro.
Berryman prefirió el puente.
Plath no encendió el horno.

Séneca se cortó las muñecas en la
bañera (es la mejor manera:
en agua tibia)
Thomas y Behan se emborracharon
hasta morir y
hay muchos más.
¿y tú quieres ser un
escritor?

es esa clase de guerra:
la creación mata,
muchos se vuelven locos,
algunos pierden el rumbo y
no lo pueden hacer
nunca más.
algunos pocos llegan a viejo.
algunos pocos hacen dinero.
algunos se mueren de hambre (como Vallejo).
es esa clase de guerra:
bajas por todas partes.

está bien, adelante
hazlo
pero cuando te ataquen
por el lado que no ves
no me vengas con
remordimientos.

ahora me voy a fumar un cigarrillo
en la bañera
y luego me voy a ir a
dormir.


Charles Bukowski.

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Carson McCullers
Ella murió
de alcoholismo
envuelta en una manta
en una tumbona
en un barco
de vapor.
Todos sus libros
sobre la soledad aterrada,
todos sus libros
sobre la crueldad
del amor sin amor,
fueron todo lo que quedó
de ella.
Cuando el turista paseante
descubrió su cuerpo,
se lo notificó al capitán
y ella fue
rápidamente despachada
a cualquier otra parte
del barco
y todo
continuó justo
como ella lo había escrito.

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