jueves, 31 de enero de 2013

Proyecto de Declaracion Universal de los Derechos de la Madre Tierra


 

Nosotros, los pueblos de la Tierra:
Considerando que todos somos parte de la Madre Tierra, una comunidad indivisible vital de seres interdependientes e interrelacionados con un destino común;
Reconociendo con gratitud que la Madre Tierra es fuente de vida, alimento, enseñanza, y provee todo lo que necesitamos para vivir bien;
Reconociendo que el sistema capitalista y todas las formas de depredación, explotación, abuso y contaminación han causado gran destrucción, degradación y alteración a la Madre Tierra, colocando en riesgo la vida como hoy la conocemos, producto de fenómenos como el cambio climático;
Convencidos de que en una comunidad de vida interdependiente no es posible reconocer derechos solamente a los seres humanos, sin provocar un desequilibrio en la Madre Tierra;
Afirmando que para garantizar los derechos humanos es necesario reconocer y defender los derechos de la Madre Tierra y de todos los seres que la componen, y que existen culturas, prácticas y leyes que lo hacen;
Conscientes de la urgencia de tomar acciones colectivas decisivas para transformar las estructuras y sistemas que causan el cambio climático y otras amenazas a la Madre Tierra;
Proclamamos esta Declaración Universal de Derechos de la Madre Tierra, y hacemos un llamado a la Asamblea General de las Naciones Unidas para adoptarla, como propósito común para todos los pueblos y naciones del mundo, a fin de que tanto los individuos como las instituciones, se responsabilicen por promover mediante la enseñanza, la educación, y la concientización, el respeto a estos derechos reconocidos en esta Declaración, y asegurar a través de medidas y mecanismos prontos y progresivos de carácter nacional e internacional, su reconocimiento y aplicación universal y efectivos, entre todos los pueblos y los Estados del Mundo.

Artículo 1: La Madre Tierra

  1. La Madre Tierra es un ser vivo.
  2. La Madre Tierra es una comunidad única, indivisible y auto-regulada, de seres interrelacionados que sostiene, contiene y reproduce a todos los seres que la componen.
  3. Cada ser se define por sus relaciones como parte integrante de la Madre Tierra.
  4. Los derechos inherentes de la Madre Tierra son inalienables en tanto derivan de la misma fuente de existencia.
  5. La Madre Tierra y todos los seres que la componen son titulares de todos los derechos inherentes reconocidos en esta Declaración sin distinción de ningún tipo,  como puede ser entre seres orgánicos e inorgánicos, especies, origen, uso para los seres humanos, o cualquier otro estatus.
  6. Así como los seres humanos tienen derechos humanos, todos los demás seres de la Madre Tierra también tienen derechos que son específicos a su condición y apropiados para su rol y función dentro de las comunidades en los cuales existen.
  7. Los derechos de cada ser están limitados por los derechos de otros seres, y cualquier conflicto entre sus derechos debe resolverse de manera que mantenga la integridad, equilibrio y salud de la Madre Tierra.

Artículo 2: Derechos Inherentes de la Madre Tierra

  1. La Madre Tierra y todos los seres que la componen tienen los siguientes derechos inherentes:
    1. Derecho a la vida y a existir;
    2. Derecho a ser respetada;
    3. Derecho a la regeneración de su biocapacidad y continuación de sus ciclos y procesos vitales libres de alteraciones humanas;
    4. Derecho a mantener su identidad e integridad como seres diferenciados, auto-regulados e interrelacionados;
    5. Derecho al agua como fuente de vida;
    6. Derecho al aire limpio;
    7. Derecho a la salud integral;
    8. Derecho a estar libre de contaminación, polución y desechos tóxicos o radioactivos;
    9. Derecho a no ser alterada genéticamente y modificada en su estructura amenazando su integridad o funcionamiento vital y saludable;
    10. Derecho a una restauración plena y pronta por las violaciones a los derechos reconocidos en esta Declaración causados por las actividades humanas.
  2. Cada ser tiene el derecho a un lugar y a desempeñar su papel en la Madre Tierra para su funcionamiento armónico.
  3. Todos los seres tienen el derecho al bienestar y a vivir libres de tortura o trato cruel por los seres humanos.

Artículo 3: Obligaciones de los seres humanos con la Madre Tierra

Todos los seres humanos son responsables de respetar y vivir en armonía con la Madre Tierra;
  1. Los seres humanos, todos los Estados, y todas las instituciones públicas y privadas deben:
    1. actuar acorde a los derechos y obligaciones reconocidos en esta Declaración;
    2. reconocer y promover la aplicación e implementación plena de los derechos y obligaciones establecidos en esta Declaración;
    3. promover y participar en el aprendizaje, análisis, interpretación y comunicación sobre cómo vivir en armonía con la Madre Tierra de acuerdo con esta Declaración;
    4. asegurar de que la búsqueda del bienestar humano contribuya al bienestar de la Madre Tierra, ahora y en el futuro;
    5. establecer y aplicar efectivamente normas y leyes para la defensa, protección y conservación de los Derechos de la Madre Tierra;
    6. respetar, proteger, conservar, y donde sea necesario restaurar la integridad de los ciclos, procesos y equilibrios vitales de la Madre Tierra;
    7. garantizar que los daños causados por violaciones humanas de los derechos inherentes reconocidos en la presente Declaración se rectifiquen y que los responsables rindan cuentas para restaurar la integridad y salud de la Madre Tierra;
    8. empoderar a los seres humanos y a las instituciones para defender los derechos de la Madre Tierra y todos los seres que la componen;
    9. establecer medidas de precaución y restricción para prevenir que las actividades humanas conduzcan a la extinción de especies, la destrucción de ecosistemas o alteración de los ciclos ecológicos;
    10. garantizar la paz y eliminar las armas nucleares, químicas y biológicas;
    11. promover y apoyar prácticas de respeto a la Madre Tierra y todos los seres que la componen, acorde a sus propias culturas, tradiciones y costumbres;
    12. promover sistemas económicos en armonía con la Madre Tierra y acordes a los derechos reconocidos en esta Declaración.
Artículo 4: Definiciones
  1. El término “ser” incluye los ecosistemas, comunidades naturales, especies y todas las otras entidades naturales que existen como parte de la Madre Tierra.
Nada en esta Declaración podrá restringir el reconocimiento de otros derechos inherentes de todos los seres o de cualquier ser en particular.

Frederick Douglass


  

Author: Carole D. Bos, J.D.

Frederick Augustus Washington Bailey was born in 1818 near the town of Easton, Maryland. Like most slaves, he did not know his birth date. Like many slaves, he had a black mother and a white father. Although he never could be sure, folks said his daddy was the plantation master, Aaron Anthony.
Because his mama, Harriet Bailey, worked as a field hand twelve miles away, little Frederick rarely saw her. His grandma was his primary care giver.
When Fred was about seven, Harriet died. Her son (the fourth of six children) was not allowed to see her when she was sick or when she passed away. Speaking of the few times he actually saw his mother, he later observed:
I do not recollect of ever seeing my mother by the light of day. [She had to walk 12 miles, one way, to visit him.] She was with me in the night. She would lie down with me, and get me to sleep, but long before I waked she was gone. Very little communication ever took place between us.  (Narrative, page 18.)
When he was about six, young Fred went to work. No longer in the care of his grandma, he would serve the needs of others until he ran away. When he found freedom, he also took a new name: Frederick Douglass.


Before the thought of freedom entered his mind, and before he was old enough to work the fields of a southern plantation, Frederick Bailey played with other children near his grandma’s cabin. He could not read or write since most slave owners believed literate slaves were dangerous slaves. School held no place in a slave child’s routine.
Lack of education was not the only factor which distinguished southern black children from southern white children. Where they lived, what they wore, what they ate always depended on the color of their skin. As an adult, in his Narrative of the Life of Frederick Douglass, an American Slave, the now-literate man describes the clothes he wore as a child:
In hottest summer and coldest winter, I was kept almost naked - no shoes, no stockings, no jacket, no trousers, nothing on but a coarse tow linen shirt, reaching only to my knees.
On what kind of bed did he sleep?
I had no bed. I must have perished with cold, but that, the coldest nights, I used to steal a bag which was used for carrying corn to the mill. I would crawl into this bag, and there sleep on the cold, damp, clay floor, with my head in and feet out. My feet have been so cracked with the frost, that the pen with which I am writing might be laid in the gashes.
What of the food he ate? Was there enough to keep him well-nourished?
Our food was coarse corn meal boiled. This was called mush. It was put into a large wooden tray or trough, and set down upon the ground. The children were then called, like so many pigs, and like so many pigs they would come and devour the mush; some with oystershells, others with pieces of shingle, some with naked hands, and none with spoons. He that ate fastest got most; he that was strongest secured the best place; and few left the trough satisfied.
Slave children, like young Fred, saw things children should never see. Beatings of loved ones, for example, were not uncommon. The day Fred saw his master beat his beautiful Aunt Hester, within a breath of her life, was life-changing:
I was so terrified and horror-stricken at the sight, that I hid myself in a closet, and dared not venture out till long after the bloody transaction was over. I expected it would be my turn next. It was all new to me. I had never seen any thing like it before. I had always lived with my grandmother on the outskirts of the plantation, where she was put to raise the children of the younger women. I had therefore been, until now, out of the way of the bloody scenes that often occurred on the plantation. (Narrative, page 21.)
It wasn’t long before Fred himself met the end of the cowskin lash.
  
America’s system of chattel slavery meant that slaves were the property of slave holders. Put differently, people legally owned other people.
When slave owners died, their slaves were processed - often at auction - just like other items owned by the decedent. It is impossible to comprehend how human beings felt as they were valued along with horses and plows, silverware and table linens. When he was between the ages of ten and eleven, Frederick Bailey went through the humiliating experience:
We were all ranked together at the valuation. Men and women, old and young, married and single, were ranked with horses, sheep, and swine. There were horses and men, cattle and women, pigs and children, all holding the same rank in the scale of being, and were all subjected to the same narrow examination. Silvery-headed age and sprightly youth, maids and matrons, had to undergo the same indelicate inspection. At the moment, I saw more clearly than ever the brutalizing effects of slavery upon both slave and slaveholder. (Narrative of the Life, [at page 45] of Frederick Douglass, an American Slave, Written by Himself.)
How was it that slaves, en masse, did not routinely revolt? Why did they not band together to throw off the yoke of chattel slavery? Young Frederick learned the answers to those questions early in life when he was sent to Baltimore to serve as a house slave. Having the good fortune to live with a kindly mistress, who had never before controlled a slave, Frederick was given a rare opportunity: She would teach him to read. The lessons didn’t last:
Very soon after I went to live with Mr. And Mrs. Auld, she very kindly commenced to teach me the A, B, C. After I had learned this, she assisted me in learning to spell words of three or four letters. Just at this point of my progress, Mr. Auld found out what was going on, and at once forbade Mrs. Auld to instruct me further, telling her, among other things, that it was unlawful, as well as unsafe, to teach a slave to read. (Narrative, page 33.)
How could learning a basic skill - like reading - be so detrimental? Frederick answers that question, using Mr. Auld’s own words:
It would forever unfit him to be a slave. He would at once become unmanageable, and of no value to his master. As to himself, it could do him no good, but a great deal of harm. It would make him discontented and unhappy.” These words sank deep into my heart, stirred up sentiments within that lay slumbering, and called into existence an entirely new train of thought.
More importantly, the young slave began to understand the source of the master’s power over his people:
I now understood what had been to me a most perplexing difficulty - to wit, the white man’s power to enslave the black man. It was a grand achievement, and I prized it highly. From that moment, I understood the pathway from slavery to freedom.
That "pathway" was education. And education began with learning to read and write.
Although she had been kind to Frederick when he first arrived, Mrs. Auld soon followed her husband’s directive. Not only were the reading lessons over, so were her endearing ways:
Slavery proved as injurious to her as it did to me...The first step in her downward course was in her ceasing to instruct me. She now commenced to practise her husband’s precepts. She finally became even more violent in her opposition than her husband himself...Nothing seemed to make her more angry than to see me with a newspaper...She was an apt woman; and a little experience soon demonstrated, to her satisfaction, that education and slavery were incompatible with each other. (Narrative, page 37.)
Undeterred in his quest to read, Frederick befriended white children in his Baltimore neighborhood. He developed a good barter system - he would give them food if they would give him lessons:
The plan which I adopted, and the one by which I was most successful, was that of making friends of all the little white boys whom I met in the street. As many of these as I could, I converted into teachers. With their kindly aid, obtained at different times and in different places, I finally succeeded in learning to read...I used also to carry bread with me...This bread I used to bestow upon the hungry little urchins, who, in return, would give me that more valuable bread of knowledge. (Narrative, page 38.)
The more he read, the more upset he became with the whole concept of slavery. This passage of his Narrative, recited here (scroll to the bottom) by his great-great grandson, Frederick Douglass IV, emotionally makes the point:
The more I read, the more I was led to abhor and detest my enslavers. I could regard them in no other light than a band of successful robbers, who had left their homes, and gone to Africa, and stolen us from our homes, and in a strange land reduced us to slavery. (Narrative, page 40.)
There was nothing for Frederick to do but escape.

As he grew older, and was hired out as an employee who worked for others, Frederick Douglass was forced to give all the money he earned to his master. Not only was he outraged about this unacceptable predicament, his plight caused the now-literate slave to think about escaping from his unchanging environment.
I was now getting...one dollar and fifty cents per day. ($26.37 per day in 2003 dollars.) I contracted for it; I earned it; it was paid to me; it was rightfully my own; yet, upon each returning Saturday night, I was compelled to deliver every cent of that money to Master Hugh. And why? Not because he earned it, - not because he had any hand in earning it, - not because I owed it to him, - nor because he possessed the slightest shadow of a right to it; but solely because he had the power to compel me to give it up. (Narrative, page 99.)
 

The first time Frederick Douglass tried to escape, he was caught and spent months in jail. By 1838, he was working as a caulker in a Baltimore shipyard and had many good friends in the city. One of those friends was a black free-woman named Anna Murray.
Increasingly weary of turning over income to his master, and of his bondage in general, Frederick picked Monday, September 3, 1838, as his escape day. By this time, he and Anna Murray had fallen in love; she gave him some of her savings to help him as he made his way north to a non-slave state.
To protect those who assisted him, Frederick did not provide details of his escape in his first two autobiographies. Only from his third book, Life and Times of Frederick Douglass, written much later in life, do we know those details.
Frederick had obtained a Seaman’s Protection Certificate from a free black free sailor (such as this 1854 document held by the Library of Congress) to help him get past railroad conductors, and others, who would check his identity papers. The documents he held did NOT match his physical description. If anyone scrutinized the Certificate, Frederick would be "found out."
Dressed as a sailor, Frederick left Baltimore bound for New York City:
In my clothing I was rigged out in sailor style. I had on a red shirt and a tarpaulin hat and black cravat, tied in sailor fashion, carelessly and loosely about my neck. My knowledge of ships and sailor's talk came much to my assistance, for I knew a ship from stern to stern, and from keelson to cross-trees, and could talk sailor like an "old salt." On sped the train, and I was well on the way, to Havre de Grace [in Maryland, his home state] before the conductor came into the negro car to collect tickets and examine the papers of his black passengers. This was a critical moment in the drama. My whole future depended upon the decision of this conductor. (Life and Times of Frederick Douglass, page 198.)
For some reason, the conductor (who had been harsh with other passengers) was surprisingly calm with Frederick:
"I suppose you have your free papers?" To which I answered: "No, sir; I never carry my free papers to sea with me." "But you have something to show that you are a free man, have you not?" "Yes, sir," I answered; "I have a paper with the American eagle on it, and that will carry me round the world." With this I drew from my deep sailor's pocket my seaman's protection, as before described. The merest glance at the paper satisfied him, and he took my fare and went on about his business. This moment of time was one of the most anxious I ever experienced. Had the conductor looked closely at the paper, be could not have failed to discover that it called for a very different looking person from myself, and in that case it would have been his duty to arrest me on the instant, and send me back to Baltimore from the first station. (Life and Times, page 199.)
Onboard the train, Frederick saw people who would have recognized him had he not been wearing sailor clothes. But when he left the train at Wilmington, Delaware (the "last point of imminent danger"), to catch a ship for Philadelphia, no one suspected he was a runaway.
Within twenty-four hours of his Baltimore departure, "Fred" reached the free soil of New York City. (Later, his escapade was memorialized - and fictionalized - in song and verse.)
On September 15, 1838, days after his escape, he and Anna were married in New York. Frederick changed his last name from Bailey to Douglass, after the lead character in Sir Walter Scott’s poem The Lady of the Lake.


Bertrand Russell

martes, 22 de enero de 2013

Charles Baudelaire




Embriáguense 
Hay que estar ebrio siempre. Todo reside en eso: ésta es la única cuestión. Para no sentir el horrible peso del Tiempo que nos rompe las espaldas y nos hace inclinar hacia la tierra, hay que embriagarse sin descanso.

Pero, ¿de qué? De vino, de poesía o de virtud, como mejor les parezca. Pero embriáguense.

Y si a veces, sobre las gradas de un palacio, sobre la verde hierba de una zanja, en la soledad huraña de su cuarto, la ebriedad ya atenuada o desaparecida ustedes se despiertan pregunten al viento, a la ola, a la estrella, al pájaro, al reloj, a todo lo que huye, a todo lo que gime, a todo lo que rueda, a todo lo que canta, a todo lo que habla, pregúntenle qué hora es; y el viento, la ola, la estrella, el pájaro, el reloj, contestarán: 
“¡Es hora de embriagarse! 
Para no ser los esclavos martirizados del Tiempo, 
¡embriáguense, embriáguense sin cesar! 
De vino, de poesía o de virtud, como mejor les parezca.

domingo, 20 de enero de 2013

Galileo Galilei





  • Galileo Galilei taught geometry, mechanics and astronomy at the University of Padua from 1592 to 1610.
  • Galileo built his first telescope in 1609, which featured three times magnification. Later, he developed models that could see up to 30 times magnification.
  • He published his first astronomical observations in 1610. The collection was called “Starry Messenger.”
  • In January of 1610, Galileo discovered four satellites in orbit around JupiterIo,Europa, Callisto and Ganymede. Initially, he named these Medicean stars after one of his patrons.
  • In September of that same year, he made a number of observations about Venus. He was able to develop a full set of phases of the planet. This helped prove the heliocentric concept of the solar system first developed by Copernicus.
  • While observing Saturn, he identified the rings as planets in their own right. Thinking it was a triple-planetary system, he noticed that the rings would appear and disappear depending on the time in which he was observing them.
  • Galileo also was one of the first people to observe sunspots, which helped develop the predictions that would help identify the annual patterns.
  • Using his telescopes, he was able to identify that the Moon had mountains and craters, dispelling the belief that it was a perfect sphere.
  • Galileo also found that the Milky Way was actually close-packed stars rather than some sort of nebula. He was able to locate a number of stars previously unseen with the naked eye.
  • According to his notes, he observed the planet Neptune in 1612, but did not recognize it as a planet. He thought it was simply another dim star.
  • As one of his final works, he published a manuscript entitled “Two New Sciences,” in which he examined the movement of objects called kinetics and the strength of materials to certain stresses.

José Saramago


 

(Mongane Wally Serote)

Un día de las navidades de 2007, José Saramago se fijó en sus ojos. Eran enormes. Se habían expandido como círculos concéntricos en su rostro. Y los ojos lo miraban a él. Con extrañeza. Con curiosidad. Con asombro. Parecían decirle: "Así que sigues por aquí, todavía aquí".
No es un episodio de El hombre duplicado (2002), una de sus novelas. Pero durante un tiempo sí que había un doble, otro Saramago, testigo de su lucha por salir con vida. El doble era un tipo sereno. Le corrigió. No, no han sido los ojos los que han crecido. Es la carne, la musculatura que ha desaparecido. Por eso con tu piel ocurre lo que con las momias, que se ha replegado y se ciñe a los huesos. Es eso lo que agranda los ojos. Siguen siendo lo que eran, pero el entorno ha cambiado. El doble lo conocía bien. Iba a añadir: son como astros resplandecientes en la ruina. Pero se atuvo al estilo más conciso, poético, sí, pero menos barroco del Saramago que volvió a abanear la narrativa contemporánea, no sólo la portuguesa, cuando publicó Ensayo sobre la ceguera (1995). La primera revolución en la forma de narrar había sido en 1980 con Levantado do chão (Levantado del suelo).
-Has perdido 20 kilos, Zé. Siempre has sido delgado, enjuto. Como el abuelo Jerónimo. Pero 20 kilos son muchos kilos. Mides 1,80. Tenías 71 kilos y ahora tienes 51. Piensa en las manzanas asadas. Y en lo que dijo Josefa.
El doble lo sabía todo. Sabía que el abuelo Jerónimo Merlinho, el de la aldea natal de Azinhaga, el marido de Josefa Caixinha, se había despedido de la vida abrazando cada uno de los árboles de la huerta. Jerónimo, el que enseñó al nieto a contar historias durmiendo en el verano bajo la higuera, será recordado como un clásico en toda la historia de los discursos de entrega de los Nobel. Así comenzó la intervención de Saramago: "El hombre más sabio que conocí en toda mi vida no sabía leer ni escribir". Sí, el doble lo conocía bien. ¿Qué había dicho Josefa? "El mundo es tan bonito y yo tengo tanta pena de morir".
José llevaba tiempo, unos años ya, con malestar físico. Un hipo interminable lo había debilitado. Pero lo ayudaban mucho las manzanas asadas. No había dejado de escribir como un titán. Ni de moverse por el mundo denunciando la globalización como "un nuevo totalitarismo" o con su cita preferida, la de La sagrada familia (la de Karl Marx): "Si el hombre es formado por las circunstancias, entonces es necesario formar las circunstancias humanamente". Las cosas de Saramago, decían los cínicos. En 2005 había escrito Las intermitencias de la muerte. No era tampoco una abstracción. La muerte era una presencia física, tangible. "Uno es creador de sus personajes", había escrito, "y al mismo tiempo, criatura de ellos". El personaje de la muerte pasó de lo invisible a lo visible. No era un juego. Venía para llevárselo. José Saramago lo recuerda bien. Pero él no estaba conforme. Una parte de su cuerpo sí parecía resignada. Aceptaba la crisis. Llegó a pararse de tal forma, que casi era imperceptible eso que llaman el hilo de la vida. Al principio, en la clínica de Lanzarote, llegaron a dudar de la conveniencia del ingreso.
-Supongo que no querían que aquél fuese el lugar del fin de Saramago. Les estoy muy agradecido. La muerte no me ha llevado. Era consciente, sabía, veía, sentía, que estaba al borde de pasar al otro lado. Más tarde decía: 'No me hablen de la muerte porque ya la conozco. De alguna forma ya la conozco'.
Había otras partes de su cuerpo que no estaban conformes. Ni el corazón, ni la cabeza. El corazón siguió latiendo con fuerza. La mente, durante un tiempo, dos días después de salir de la UCI, estableció unas coordenadas que ahora Saramago recuerda como un entrañable autorretrato vanguardista. "En aquel momento, que fue de los peores, se plantaba en mi cabeza algo que era un fondo negro con cuatro puntos luminosos que formaban un cuadrilátero irregular. Y yo tenía muy claro que ese cuadrilátero era yo".
Uno tiene una memoria corporal. ¿Qué relación ha tenido con su cuerpo José Saramago? Yo he aceptado mi cuerpo. No ha sido nunca el cuerpo de un Adonis. He tenido con la edad un cierto declive. No he sido nunca un hombre de músculos. Tengo un esqueleto estrecho. Lo acepté. Con una cierta vanidad, quizás sí, quizás no, me gusta que después de los cambios, y en este caso último la enfermedad, mi cuerpo siga presentando una cierta...armonía. Una buena apariencia física. En el fondo no estoy descontento. Pero pasar de ahí a una especie de adoración de mi propio cuerpo, cuidándolo mucho, nunca he caído en esa tentación. Ni siquiera puedo utilizar la palabra tentación porque nunca la he tenido.
Los ojos de Saramago, definitivamente, y al margen de la encarnadura de la cara, son enormes. Ojos que contienen ojos. Sus pausas al hablar no parecen destinadas al descanso, sino que ceden el lugar a la mirada como una avanzadilla del lenguaje. Esa clase de silencio con que las raíces avanzan en la tierra.
Capítulo II
Mi propia voz me animaba
(William Wordsworth)
Un día, a comienzos de 2008, José Saramago oyó de la boca de un médico la palabra "milagro". No suena mal en boca de la ciencia, pero él nunca se conforma con lo inexplicable. Él identificó el milagro con la profesionalidad del cuerpo médico, con los cuidados de su mujer, Pilar del Río ("Ganaremos la primavera"), con la lealtad del corazón ("un corazón estupendo") y con la emersión de una energía en principio extraña a su carácter. El humor. Un humor expansivo, impelente, incesante. Un humor que impresionó al doble, a aquel otro Saramago que permanecía sereno, algo perplejo, sí, observándolo todo. Nunca se había visto a sí mismo contando chistes.
-Me gustaría que hubieras estado en el hospital durante la visita de los médicos y que escucharas los diálogos. Yo, que estaba en una situación de riesgo, mal, muy mal, pero me sentía con una libertad de expresión exultante. El humor con el que yo me comunicaba en el diálogo con ellos me sorprendía, me emocionaba. Oía a ese que hablaba, el enfermo que yo era, y pensaba como un ser redoblado: ¿Cómo es que estoy hablando así con esta gente? No soy capaz de reproducir ningún diálogo. Era el tono. Mi tono era ése. Ellos se miraban. Sonreían. Yo seguía... No era algo premeditado. Yo no pensaba: tengo que demostrar a esta gente que estoy bien. Era todo lo contrario de lo que se pudiera esperar de una persona en mi estado.
Saramago, el hombre silencioso, el hombre serio, al que algún cáustico atribuyó una "gravedad 'cachimbal". [Sonríe] ¡Eso era cuando fumaba en pipa! Es verdad. Yo he sido, desde muy niño, callado, reservado, melancólico. Nunca he tenido la risa fácil. Incluso la sonrisa, para mí es algo que me cuesta trabajo. Y las alegrías o las tristezas en mí son interiores, no las manifiesto. Ya de niño era así.
Sin embargo, si hay una constante en su obra es la ironía, un tipo de humor muy profundo. El humor llega más tarde. En lo que escribía a los 23 años no había humor ninguno. El conocimiento propio, el conocimiento de los demás, ésa es la base del humor. El humor es una creación muy laboriosa.
Después de publicar 'Levantado del suelo', dijo: "No escribo para satisfacer dictámenes. Escribo un poco como quien respira, como quien habla". Tal vez el lenguaje acudió ahora en ayuda del cuerpo. Sin duda. Era como si me transportara, como si me apoyase en el lenguaje. Yo mal podía moverme en la cama, pero me sentía llevado por el lenguaje. Una mente que era consciente de la realidad de mi estado, de la situación límite, que a la vez era capaz de desdoblarse y funcionar como si no pasara nada, como si la libertad de la mente, del argumento irónico, no estuviera bajo la presencia constante de la enfermedad, eso ha contribuido muchísimo para salvarme. El humor, una capacidad de animación oral extraordinaria, ese funcionamiento de la mente. Y curiosamente, de todo esto yo he salido con un espíritu totalmente sereno, de una serenidad impresionante. No es como si no hubiese pasado nada, porque creo que esa sensación de serenidad total es también una consecuencia de la enfermedad. No porque yo hubiera aprovechado para hacer un examen de conciencia. Yo no he hecho ningún examen de conciencia. Quizá por la proximidad, por una proximidad casi tangible de la muerte, he salido con una serenidad que se mantiene hoy. Comparada con el centro del huracán, donde no pasa nada, donde el aire no sopla.
-Lo convencional es pensar que uno, en esas circunstancias, hace balance de la vida. De lo bueno y de lo malo. Calcular el peso del alma. Es cuando pronuncia una de esas grandes frases, como el Borges que decía: "He cometido el más grande pecado que un hombre puede cometer...No he sido feliz".
-Eso es una operación mental, que fabricas luego. Conmigo no ha ocurrido eso. Yo he regresado a la vida. He regresado con naturalidad y con esa serenidad total de la que hablaba. No podía moverme y no me movía. Quizá llegase el día... Y llegó. Un médico me ha dicho: usted necesita por lo menos un año para recuperar algo que se parezca a la normalidad. Bueno, ha sido todo más rápido, sorprendentemente rápido, pero, al mismo tiempo, duro. Ya que hablamos de humor, tal vez la frase apropiada para el momento sea una expresión francesa: Reculer por mieux sauter (Esperar el mejor momento).
En 'El viaje del elefante', el humor es gozoso. De la estirpe de Cervantes y Fellini. Después de la enfermedad, ¿podríamos hablar de un tercer Saramago, de una especie de catarsis? Quizá se pueda decir eso. Salí del hospital y me senté a trabajar. No podía con mi alma. Y los dos primeros días después de salir me dediqué a la corrección de lo que había escrito antes, unas cuarenta páginas. Y al tercer día ya estaba avanzando en El viaje del elefante. Ésa es una situación en la que tiene cierta lógica que uno se pregunte: ¿quién está haciendo esto por mí? Porque en principio no podrías. ¿Cómo vas a poder escribir en esas condiciones? Lo hacemos, pero nos parece tan sorprendente que hayamos podido hacerlo. Mi relación con este libro es ésta: ¿cómo es posible que lo haya podido hacer?
Samuel Beckett hablaba de una "extraña obligación" en ese seguir adelante... Yo había escrito 40 páginas de El viaje del elefante en 2007. La pauta ya estaba marcada. Tenía un punto de partida, unos datos históricos mínimos. El empeño del rey portugués João III de regalar a su primo el archiduque de Austria un elefante hindú que llevaba dos años en Lisboa, y la aventura que supone trasladar en comitiva ese animal hasta Viena. Hay una frase en el pórtico de la novela que pertenece al Libro de los itinerarios: "Siempre llegamos al sitio donde nos esperan". Tal vez ése es el secreto. Para mí escribir es también una función vital. También para mí es un viaje. Bueno, el caso es que sale algo que es, pero podría no ser. La composición de este libro es extraña. En el fondo yo no sé nada de este libro.
Si lo dijese otro autor me parecería una 'boutade'. A usted le creo. ¿Quién, en realidad, está narrando? No tengo ninguna respuesta. La asociación de ideas tiene para mi trabajo una importancia que no he podido calibrar. Me fío mucho de la asociación de ideas. Yo siempre he negado la existencia del narrador. Los estudiosos me decían: "¡Usted está equivocado!". Y yo les ponía un ejemplo: ¿dónde está el narrador en una obra de teatro? Cuando me puse a escribir esta historia, me dije: ¿queréis un narrador?, ¡pues aquí estoy! Así que estoy contando la historia como quien está sentado en la cocina de mi pueblo contando una historia. Y aquí podríamos decir el refrán: "A quien cuenta un cuento siempre le crece el cuento". Por lo demás, el libro es un homenaje a la lengua portuguesa.
Capítulo III
"Siempre he intentado vivir en una
torre de marfil, pero una marea
de mierda no deja de golpear sus
muros y amenaza con tirarla abajo"
(Gustavo Flaubert)
García Márquez decía recientemente que "sufría como un perro" cuando leía la prensa. ¿Usted también está enojado con el periodismo de hoy? Creo que Gabo dramatiza y yo ya no dramatizo nada. Tal vez es verdad que hay una cierta rebaja en la calidad de los escritos. Pero depende. ¿Cómo podemos decir que el periodismo de ahora es peor que el de antes? Pienso en Portugal, en España, con las dictaduras, cuando la información era intoxicación, y entonces, ya no sufro. Ni como un perro ni como nada.
No hace periodismo de redacción, pero vuelve a estar en primera línea. Un premio Nobel, un autor célebre, va y abre un sencillo 'blog' en la Red, 'Cuaderno de Saramago' (en portugués y castellano), como un aprendiz. Sus libros obtienen las mejores críticas en los principales medios de Estados Unidos, como 'The Washington Post' o 'New Yorker', sin importarles su posición política. Están en las librerías de todos los continentes. Podría publicar en los grandes medios de opinión. ¿Por qué ese 'blog'? ¿Por disidencia? Quizás es esa novedad de volver a empezar. Escribir sin ningún condicionamiento. Los medios te pagarían, claro está. Pero mira, ha ganado Obama, me felicito, y a continuación escribo un artículo en el que pido sin medias tintas el cierre de Guantánamo y el cese del bloqueo económico a Cuba. Y así, sobre lo que se me ocurre. En realidad, el sistema acaba por integrarte. En el fondo no eres más que una guinda en el pastel. Te toleran. Se ríen de ti. ¡Cosas de Saramago!
Lo que usted llama guindas pueden ser espacios de resistencia. Por lo que parece, el ridículo lo está haciendo el sistema. En un texto sobre Marcos Ana (en prisión franquista desde 1939 a 1961) usted hablaba de derrotar el cinismo, la indiferencia y la cobardía. Por supuesto. Para nada soy cínico. Lo que digo es que soy por definición muy escéptico. No es bueno, ya lo sé. Me gustaría entusiasmarme, pero no lo consigo. Hay una grave crisis, pero los ciudadanos no tenemos mecanismos para influir. Pero, por lo menos, deberían decir la verdad. Fíjese usted, António Guterres, cuando era primer ministro, declaró en una entrevista: "La política es el arte de no decir la verdad". ¡Y nadie se levantó para protestar! Aunque no queramos, a los ciudadanos nos arrastra la corriente. O la estampida. Ahora bien, hay que decir: no estoy de acuerdo. El escepticismo no es resignación. Yo nunca me resignaré. Cada vez me siento más como un comunista libertario. Hay tres preguntas que no podemos dejar de hacernos en la vida: ¿por qué?, ¿para qué?, ¿para quién?
¿Usted nunca se vendió? Quiero decir, ¿no tiene la sensación de haberse vendido nunca, por ejemplo, para un premio? No. Nunca me he vendido. No me he vendido. Ni material, ni simbólicamente. El Premio Nobel consagra algo que ya estaba ahí. En la, digamos, clase literaria hay una serie de gente que no me soporta.
¿Por qué existen estos odios entre escritores, a veces más intensos cuanto más vecinos? Eso que decía Jean Chapelain: "El escritor no lee a sus colegas, los vigila". Para mí resultan inexplicables. No sé. No creo que se trate de la persona, no creo haber dado motivos. Tal vez no se soporta eso que llaman el éxito, o la fama, el Nobel... Cuando yo aparecí en los años ochenta, el panorama literario estaba organizado, completo, cada uno en su
lugar. Y si había envidias, pues también estaban en su lugar. Yo no estaba previsto.
Manuel Vicent dice que en la cultura habita lo mejor y lo peor de la humanidad. En mi caso, creo que algunos simplemente se sintieron amenazados en su lugar. Pero lo que nadie puede decir es que haya escrito un libro malo.
Con odios o sin odios, no creo que tenga que preocuparse ya por los duelos en los salones literarios. Cuando me dieron la noticia del Premio Nobel estaba en la feria de Francfort. Di una rueda de prensa y dije: "Yo no he nacido para esto, pero esto me fue dado". Es verdad. No he nacido para esto. No nací para esto ni para aquello. Nadie puede decir que nadie nació para esto. [Al fin, sonríe] Tampoco Obama nació para ser presidente.
En sus obras hay personajes inolvidables, fascinantes, que pertenecen a la realidad inteligente. ¿No me diga que no se enamoró de Blimunda, la de 'Memorial del convento'? Blimunda... ¡Sería mucha mujer para mí! Aunque es sencilla. Tal vez la mujer del médico de Ensayo sobre la ceguera... Sí, tal vez ella.
Da la impresión de que, en la realidad, ha sido más amigo de las mujeres que de los hombres. Sí. Eso es verdad.
Hubo un tiempo en que se propagó que había elegido el exilio. Un exilio español. Y es verdad que tiene un hogar en la isla, en Lanzarote. Pero no parece usted un autoexiliado. Cuando estoy allá, también estoy aquí. Nunca me he ido. Expresé mi protesta a un Gobierno conservador por la actitud censora que tuvo con El Evangelio según Jesucristo. Y he criticado otras cosas de Portugal. Y de España también. Y de este mundo, que para tantos tiene la forma del infierno. Pero, ¿qué sería de un escritor sin la libertad de palabra?
Da la impresión de que su imagen en Portugal ha cambiado mucho en los últimos tiempos, de que es más querido, menos polémico, incluso para aquellos que mantienen opiniones políticas contrapuestas. Ya sé que no le gustan las grandilocuencias, pero digamos que es respetado por todos como un héroe portugués. Es verdad. Noto menos rechazo. Y un proceso de reencuentro, después de malentendidos. En fin. También hay gente que antes decía: "Es bueno, pero es comunista". Y ahora dice: "Es comunista, pero es bueno".
Pronto habrá una gran sede de la Fundación Saramago. Y en un lugar muy especial de Lisboa. La Casa dos Bicos, al pie de la Alfama. Eso sí que es un reencuentro. Sí. Es un edificio que cede la cámara municipal por 10 años. Constituye un gran reto. Tiene que ser una factoría creativa. La Casa dos Bicos fue construida en el siglo XVI, inspirada en el italiano Palacio de los Diamantes. En el siglo XX fue almacén de bacalao. La zona, en la Ribeira Velha, es muy popular. Una maravilla. Te voy a decir algo muy importante para mí. Llega un momento en que te crees que tal vez no es una utopía que te den el Nobel. Tu nombre empieza a ser barajado, junto a otros. Van pasando los años. El nombre se repite. Y piensas: bueno, pues, ¿por qué no? Tal vez me den el Nobel. Pero nunca, nunca, jamás soñé que la Casa dos Bicos pudiese ser sede de una fundación llamada José Saramago. ¡Las veces que pasé por delante desde niño! Soy poco expresivo, pero, a veces, sólo con pensarlo tiemblo de emoción con todo el cuerpo, de arriba abajo.
Capítulo IV
"El instante en que ya no sea
más que un escritor habré
dejado de ser un escritor"
(Albert Camus)
Eduardo Lorenço habla de Saramago como "la mano izquierda de Dios". Es ateo, pero crece empapado de cultura cristiana. ¿Para el erotismo, para el amor, ha tenido que luchar mucho contra el pecado? No. Cuando escribí El Evangelio según Jesucristo, que tuvo las consecuencias que sabemos, en el discurso de agradecimiento al jurado le puse un título que era El derecho al pecado. Uno de los grandes inventos de la Iglesia católica ha sido inventar el pecado, y después de inventar el pecado, inventar un instrumento de control de la gente. ¿Quién ha decidido lo que es pecado y lo que no lo es? Gran parte de la historia es un absurdo. Y la historia oficial, en la que la Iglesia ha tenido tanto que ver, es una sucesión de disparates. Pensemos en los muertos por la Inquisición. Incluso, en un grado menor, lo que ocurrió con el gran Camões. Tuvo que defender cada uno de sus versos para obtener el plácet del Santo Oficio. Escribí una obra de teatro sobre ese caso, Que farei com este livro?, que refleja el estado de permanente vigilia, peligro y prohibición en que ha vivido la literatura en nuestros países.
¿Qué ha significado para José Saramago su compromiso como comunista? Actualmente no tengo otra militancia que no sea la militancia indirecta de lo que escribo. Pero la participación política me ha dado algo muy importante. Un sentimiento solidario muy fuerte, la conciencia de tomar parte en una lucha por la humanidad, con todas las sombras históricas que esa lucha ha tenido. En estos asuntos es muy importante la memoria colectiva, pero también la personal. Recuerdo siempre a un camarada con el que yo trabajaba y que fue preso por la policía política. Lo sometieron a la tortura del sueño, la privación del sueño, durante dos semanas. En ese estado no me denunció, no habló, no dijo de mí ni una palabra. Asoció eso a la integridad humana. Ha habido mucha gente así sin esperar nada a cambio. No puedo imaginarme fuera del partido. Hace unos años, después de la revolución, Álvaro Cunhal (líder comunista portugués) tuvo que someterse a una grave operación y antes escribió unas cuantas cartas dirigidas a militantes del partido, cartas que podían ser entregadas a los destinatarios en el caso de que muriesen. No se murió entonces, las cartas han sido destruidas, pero yo sé que en la carta que me estaba destinada, Cunhal decía que estaba seguro de que yo no abandonaría el partido. Y tenía razón. Y la va a tener mientras yo viva.
Pero los partidos comunistas en Europa son una especie en extinción... En Portugal creo que no existe ese riesgo que menciona. El PCP tiene una base real. Todos lo demás han pasado por operaciones de cosmética, de nombre, de siglas. Y lo peor para ellos es que no están mejor por eso, por haber tratado de hacer ese transformismo.
Ha habido gente que le ha descalificado por esa fidelidad, interpretándolo como un rasgo estalinista. ¿Quién sería Saramago en la Rusia estalinista? Un hombre que tendría todos los problemas. Un régimen que había hecho de la subordinación del ciudadano un principio, pues estaba condenado a lo que ocurrió. La decadencia en todos los aspectos de la Unión Soviética fue debida a la separación entre el partido y el pueblo.
¿Por qué cree que es tan criticado, tanto en España como en Portugal, cuando habla de iberismo? Es delicado tocar ese asunto porque nos lleva al campo de los instintos, de las pasiones, y ahí no nos ponemos de acuerdo. Hay patriotas que no pueden ni oír la palabra España, porque tienen esa idea, esa experiencia histórica, de que de España siempre va a venir algo malo. Portugal está ahogado. Y España también, enredada en su propia noria, con asuntos que parecen eternizarse y que no se resuelven. Pero España tiene ya una experiencia de diversidad, con las autonomías, que puede servir para llegar con serenidad a fórmulas unitarias entre los dos Estados. España y Portugal necesitan ambas una convulsión positiva. Sé que esta opinión levanta ampollas, pero lo planteo con honestidad intelectual. Contribuiría a un multilateralismo ibérico. Por supuesto, respetando las culturas y las lenguas. Se enriquecería la situación de Iberia. Y también tendría un efecto positivo en Europa.
¿Significa algo que España y Portugal tengan un Gobierno de izquierda? No nos engañemos. Es cierto que tenemos en un lado y otro Gobiernos de izquierda, pero de una izquierda que no se nota mucho. A lo mejor no pueden hacer otra cosa. ¿Qué pasaría en Europa si se decantaran más hacia la izquierda? Hombre, no tenemos un Arias Navarro para decir: ¡Vamos a invadir Portugal! Hay que arrumbar de una vez esa idea, que tuvo justificación con Franco, una dictadura mucho más cruel que la nuestra, que hasta le hizo decir a los integristas portugueses: "Espanha, terra perigosa". El problema es que las izquierdas en Europa están casi desaparecidas. Por ejemplo, ¿qué hay en España con referencias intelectuales? Medianías. Están dejando solo al juez Garzón. Yo lo que veo son medianías.

Why in the World Are They Spraying?


sábado, 19 de enero de 2013

Matilde Zapata




 Escrito por  J.R. Sáinz Viadero 

Al amenecer del 28 de mayo de 1938 era fusilada frente a las tapias del cementerio santanderino de Ciriego la periodista Matilde Zapata Borrego, la propietaria del diario izquierdista ‘La Región’, un rotativo que había sido definitivamente prohibido una vez que las fuerzas sublevadas entraron en la capital de la entonces denominada provincia de Santander.
Con la consecución de este asesinato legalizado por la justicia franquista se colocaban los primeros materiales para la forja de una leyenda que comenzaría a funcionar alrededor de la figura de una mujer que contaba con poco más de 30 años cuando fue conducida al piquete de ejecución, en compañía de seis varones que también habrían de perecer esa misma madrugada bajo el fuego de las descargas de fusilería.
Matilde Zapata figura como una más de las cuarenta mujeres que fueron condenadas a muerte y ejecutadas en Santander y Reinosa durante el periodo comprendido entre el mes de septiembre de 1937 y el año 1942. Sus edades oscilan entre los 18 y 69 años, y dos de ellas, debido a su avanzado estado de gravidez, hubieron de esperar hasta dar a luz para el cumplimiento de las sentencias. No fue la primera en cruzar obligada el umbral que separa la vida de la muerte, ni tampoco, como se puede comprobar, sería la última, puesto que todavía hasta mediados de los años 50 del siglo XX estuvieron funcionando en Santander los tribunales militares que dictaron la última pena a los prisioneros de ideología republicana, entre ellos a diversas mujeres.
La que sería conocida como La Pasionaria de la Montaña por su verbo encendido, pero también por su decidida defensa de los derechos de las mujeres desde la tribuna de su periódico, había vivido la caída del Frente Norte estando en el puerto de Gijón, cuando trataba de huir de la represión que se avecinaba ante la llegada de las tropas nacionales, intentando con otros miles de fugitivos hacerse un sitio en alguno de los barcos que todavía aguardaban a una población desesperada. Consiguió subir a bordo de uno, pero su mala suerte, como la de tantos otros fugitivos, quiso que la embarcación elegida fuera interceptado en alta mar por la Marina franquista, obligándola  a dirigirse al puerto gallego de El Ferrol, desde donde algún tiempo después sería enviada a Santander a la espera del correspondiente juicio.
Una vez fue internada en el Grupo Escolar Ramón Pelayo, situado muy cerca de la entonces nueva Prisión Provincial, allí se encontraba con centenares de otras mujeres que también aguardaban el incierto discurrir de sus propias vidas. Por ello, Matilde fue testigo de los sufrimientos padecidos por aquellas que habían visto primero como los hombres marchaban a los frentes de batalla, y después, como huían en desbandada, mientras ellas quedaban en la retaguardia y sujetas al rigor de unas leyes que se disponían a castigar cuanto tuviera alguna huella de signo republicano, sin distinguir de sexos, edades ni estados.

Mucho tuvo que vivir en aquella compañía y mucho fue lo que ayudó a que los ánimos no decayeran en mujeres sobre las cuales en su mayoría pesaban acusaciones bastante menores que las que ella arrostraba o, por lo menos, que no se habían significado tanto durante los años de República como Matilde lo había hecho a través de la prensa, de los mítines y de su condición de mujer y socialista, y de comunista ya durante los meses de guerra civil. Demasiada carga para una mujer tan joven, aún cuando estuviera acosumbrada al sufrimiento desde que el asesinato de su marido, el periodista Luciano Malumbres, por un pistolero falangista, la dejara viuda mes y medio antes de producirse la sublevación militar que conduciría al país entero al desastre y a ella a una tragedia personal. Tras las paredes de la escuela, como en los conventos de las Salesas o en las Oblatas, se hallaban bastantes jóvenes menores de edad cuya inexperiencia en casos como el que estaban padeciendo les hacía aparecer anodadas; algunas habrían de dar a luz en un colegio-modelo transoformado en prisión, y otras llegaron a las tapias del cementerio dejando a sus compañeras el fruto de un vientre recién vaciado.
El juicio, celebrado en el claustro del Instituto de Santa Clara no era más que una representación teatral de un drama del que ya se conocía el final escrito de antemano: dos penas de muerte, lo que hizo que la periodista hiciera gala de su sangre fría y dijera al fiscal solicitante que con una era suficiente y la otra podía guardársela por si algún día él la necesitaba. No arregló para nada la situación este alegato final; tampoco el final hubiera sido otro sin este alegato. Matilde estaba condenada, no de antemano, sino desde hacía bastantes años antes, por las fuerzas más reaccionarias de la ciudad, que solamente esperaban a que llegara el momento oportuno para pasarle la factura, con propina incluida.
Esta frase suya que pudieron escuchar las decenas de mujeres que acudían diariamente a los juicios para así solidarizarse con los presos que subían las escalinatas de un centro educativo, que la mayor parte de ellos –y de ellas- no habían llegado a conocer nunca, fue un eslabón más de la leyenda creada. El último lo constituyó la especie de que la pena de muerte dictada sería mediante la aplicación de garrote vil, un método que en aquellos tiempos contaba para su práctica con el viaje del verdugo de Burgos a la capital de la Montaña. No fue así, pero tal versión circularía años después por los campos de internamiento franceses, donde se hallaban recluidos centenares de miles de soldados republicanos que habían conseguido salir de España por la frontera poco antes de caer Cataluña en manos de los sublevados.
  
Las últimas horas de la condenada no transcurrieron en el Grupo Ramón Pelayo, donde durante semanas había repartido ánimos entre sus compañeras, sino en la celda de la Prisión Provincial, en la que se instalaba la capilla para los condenados a la pena capital. De aquellos momentos se han recogido algunos testimonios de parte de quienes vivieron la cercanía de las celdas, pudiendo escuchar los golpes y lamentos de los presos cuando recibían la visita de algunos falangistas que querían que los condenados no se fueran de este mundo sin llevarse en su cuerpo algún recuerdo de sus personales venganzas. Matilde salió con el pelo rapado al cero, aunque cubierta por un sombrero y vistiendo un abrigo que había recibido de su familia, y el último renglón de la incipiente leyenda asegura que la hicieron desfilar desnuda ante unos presos obligados a contemplar esta escena, mientras ellos bajaban los ojos en señal de respeto.
Después Ciriego: las descargas repartidas con unos hombres a los que no conocía de nada y con los que había de compartir sus últimos instantes. Y la fosa común utilizada para dar tierra a los que no creen en Dios ni tampoco en las leyes utilizadas como castigo para quienes se manifiestan contrarios a una visión totalitaria de la existencia. Allí estarán sus restos, junto a los de más de un millar de víctimas de una terrible represión efectuada en los primeros años triunfales de la victoria de las tropas sublevadas por Francisco Franco.

jueves, 17 de enero de 2013

Lao Tsé


Eighty percent of Lao-Tse's teachings are devoted to man's function and his role in society by means of virtue. He finds courage, generosity, and leadership to be three virtues involved in all ethical systems. However, he wants the truly virtuous man to spontaneously do good out of what he genuinely feels without being aware and concerned of other people's approval. He believes people should "act without acting" by spontaneously saying and doing what is genuinely felt rather than putting on a show for others. This is to avoid hypocrisy, the result of people acting in ways they think others will approve of and value.
From the Taoist point of view, Confucian virtues of humanity, righteousness, knowledge, and wisdom are seen as bridges to hypocrisy. This is because these virtues make distinctions between right and wrong, a concept which is absent and unnecessary in Taoism. In further comparison with the teachings of Confucius, Lao-Tse emphasizes peace of mind and tranquility of the spirit, whereas Confucius emphasizes moral perfection and social adjustment. In addition, Lao-Tse nourishes a person's nature, while Confucius fully develops it. Therefore, Confucius hopes for his followers to become one with heaven, and Lao-Tse opens himself to become one with the nature of the universe. However, both teachers share a common interest to avoid extremes and to live by the Golden Rule.
Moreover, Lao-Tse stresses how important it is to be one with nature because it provides positive character. He regards genuineness, sincerity, and spontaneity to be "natural" characteristics which people are born with and possess. Yet, he claims these qualities are destroyed through education and cultural influences. In addition, he explains how a person is able to dismiss all authority except for the authority of self and a personal God. In this case, God is understood to be everything in nature. Thus, people who know and respect the authority of their inner nature know where they belong.
Consequently, Lao-Tse longs for life to take place in a small, united community where deceit, selfishness, and evil are non-existent in order to pursue a life of single and simple community. He glorifies simplicity by encouraging people to live without desires, knowledge, competition, and things of the senses. Therefore, he also teaches how to live the simple life, the one which is free from cunning and cleverness and not devoted to the pursuit of profit. As a result, Lao-Tse opens himself up to the universe and demonstrates how to live a life full of the beauty of nature, which allows people to follow in his path and take his teachings to heart.

martes, 15 de enero de 2013

José Martí


 


De niño sufrió privaciones; de adolescente, los horrores del presidio político, la deportación de su amada tierra natal; de hombre, las angustias de la incomprensión, los desengaños y hasta la hostilidad de muchos, en su incansable lucha por plasmar la nueva revolución redentora. Conoció a fondo las entrañas humanas. Los cardos y las orugas.
Pero, sin embargo, el jardinero de la rosa blanca, cuando se encontraba rodeado de seres amados, sostenía convencido:
-No hay quien no tenga algo bueno, falta saberlo descubrir.

Debido a las gestiones de José María Sardá, rico contratista catalán y amigo de la familia de Martí, el joven rebelde fue indultado en septiembre de 1870, debiendo ser confinado en Isla de Pinos.
Al llegar a la finca “El Abra” de Sardá, en Nueva Gerona, donde residió hasta su deportación a España, lo primero que hizo el catalán fue librarlo de los dolorosos grillos. Martí le expresó emocionado su agradecimiento, y le pidió que se los entregara como el obsequio más valioso que podía hacerle.
Cuando Martí se paseaba por las habitaciones de la casa, llevaba los anillos en los bolsillos del pantalón y hundía en ellos las manos como para sentir mejor los hierros que habían macerado su carne. Y de noche los colocaba bajo su almohada para no olvidar el dolor de los cubanos oprimidos y torturados en el presidio político.




En cierta ocasión el propietario de un restaurante cubano de Nueva York ofreció un almuerzo en honor de Martí. Aunque la comida era frugal, el dueño pidió prestada una magnífica vajilla que incluía hasta enjuagatorios.
Al final de la fiesta, uno de los comensales al encontrar un pedazo de limón en su enjuagatorio y no estando acostumbrado a tal práctica, pensó que se trataba de una limonada y se la bebió. Sus vecinos comenzaron a sonreírse, pero Martí, percibiendo la ofuscación del hombre, con toda seriedad alzó su enjuagatorio y se bebió el contenido.

viernes, 11 de enero de 2013

Emiliano Zapata




Para algunos Emiliano Zapata fue simplemente un revolucionario sangriento. Pero para nosotros Zapata fue un personaje interesante, una figura histórica de proporciones míticas. Fue uno de esos líderes mesiánicos que se convirtió en encarnación de sentimientos colectivos y que por corto tiempo arrasó la faz de la tierra transformándola.
La guerra de Emiliano Zapata fue una guerra de reivindicación agraria cuyas raíces estaban en antiguos arquetipos de la "madre tierra". En unos pocos meses, luego de haber sido llamado por los líderes de su pueblo porque necesitaban a alguien "que se pusiera los pantalones" para luchar contra la inescrupulosa usurpación de las tierras de labranza de la comunidad (que necesitaban para sobrevivir) por parte de los grandes hacendados, el joven de 31 años se había convertido en el "General Zapata", en el símbolo de una utopía de orden religioso a quien todos seguían con fervor.
Sin duda Zapata es el mejor personaje de los corridos de la Revolución. Generalmente de forma anónima, la voz del pueblo mexicano se caracteriza por recrear en tinta y música la vida y las hazañas de sus hijos predilectos. ''La bola revolucionaria", además de suprimir el viejo régimen porfirista, con el corrido inscribió en la posterioridad las figuras épicas y míticas de los caudillos que la comandaban.
Al ser con Pancho Villa, el héroe más popular de aquella etapa de la historia nacional, la vida y la muerte del caudillo del sur alcanzaron gran dimensión entre ''los de abajo", quienes se dieron a la tarea de esparcirlas por todos los rincones del país en canciones, a veces interpretándolas con alegría, otras con llanto o rabia, pero siempre con veneración.



Norman Vincent Peale


by HENRIK EDBERG
“Anybody can do just about anything with himself that he really wants to and makes up his mind to do. We are all capable of greater things than we realize.”
“Throw your heart over the fence and the rest will follow.”
Norman Vincent Peale was a minister and the author of the famous book The Power of Positive Thinking. That book and other works from Peale went on to sell tens of millions of copies. During the depression he, JC Penney and Thomas Watson – of IBM fame – spent time on philantrophy. Peale also had his own radio show for over half a decade.
Here are some of my favourite tips from Peale.
1. Focus on today.
“Don’t take tomorrow to bed with you.”
Focusing on this day today and on tomorrow when it arrives can save you a lot of stress and improve your focus and performance. Of course, you may need to plan for tomorrow. But thinking about it compulsively will just shatter your focus and ensure that you won’t be able to concentrate on what’s in front of you today. You can – over time – build a habit of spending more time in the present and less time in imagined future scenarios or old memories. You may do this through things like focusing on your breathing or on your inner body. You can read about in 8 Ways to Return to the Present Moment.
2. Don’t walk around with the world on your shoulders.
“Drop the idea that you are Atlas carrying the world on your shoulders. The world would go on even without you. Don’t take yourself so seriously.”
I won’t spend much time on this point because I mentioned it just a few days ago and have written about many times before. It’s important though and can really change how you see the world and your life. It makes most things lighter. Check out Lighten Up! for practical tips and foundations for learning to think about things this way. And have a look at the last part of How to Keep Yourself on Track: 5 Helpful Questions for more on the two useful questions that can snap you out of a overly serious state of mind.
3. You may be surprised if you just step up and face your obstacles.
“Stand up to your obstacles and do something about them. You will find that they haven’t half the strength you think they have.”
“The “how” thinker gets problems solved effectively because he wastes no time with futile “ifs” but goes right to work on the creative “how.”
It’s very easy to spend your time thinking and imagining all the horrible things that may happen if you stand up and face your obstacles and troubles in life. But if you actually do that those negative images seldom come into life. They are just huge monsters that you build in your mind. Just like you did when you were a kid and imagined monsters in the closet or under your bed.
When you actually stand up and face your obstacles you may find that the experience isn’t as bad as you imagined. Sometimes it’s actually a bit anti-climatic. You think to yourself: ”What?! Is this it?”.
So, after having done some thinking, research and planning on how you can accomplish something just stop thinking. Don’t fall into the trap of overthinking and monster-building. Just go and do what you need to do instead.
4. Understand to overcome.
“Understanding can overcome any situation, however mysterious or insurmountable it may appear to be.”
Talk to people, do some research – in books, online, etc. – and the mist of anxiety and fear often vanishes. A situation may seem scary because it’s not understood and undefined and so your mind projects your worst fears upon that scary looking mist. It can seem like just about anything may jump out of it and attack you. So understanding can be useful. Overthinking, as mentioned in the previous point, not so much.
5. Expect to get what you expect.
“Any fact facing us is not as important as our attitude toward it, for that determines our success or failure. The way you think about a fact may defeat you before you ever do anything about it. You are overcome by the fact because you think you are.”
“Formulate and stamp indelibly on your mind a mental picture of yourself as succeeding. Hold this picture tenaciously. Never permit it to fade. Your mind will seek to develop the picture… Do not build up obstacles in your imagination.”
“Believe it is possible to solve your problem. Tremendous things happen to the believer. So believe the answer will come. It will.”
What you focus your mind on you will see in reality. Your mind can only take in a small part of reality. And the attitude you take towards what you let in lets you see those things through different lenses.
Self-fulfilling prophecies can be very powerful. If you think that you will fail then you’ll find “proof” that you will fail in your reality. If you think you will succeed your focus system in your mind – your Reticular Activation System – will help you find the opportunities for success in your reality. What would remain “in the background” when you focused on the negative will suddenly pop out of the background when you focus on the positive or succeeding.
Now, it may be common or “normal” to focus on the negative (perhaps with a sprinkle of positivity now and again). But it is also all it is. You are free to choose what to focus on all the time. So think about what you focus on because that is what you will see. And what you see is what you will act upon. And your actions do to a large degree determine your results.
6. Find the upsides of the problem.
“Every problem has in it the seeds of its own solution. If you don’t have any problems, you don’t get any seeds.”
“Problems are to the mind what exercise is to the muscles, they toughen and make strong.”
Problems can provide insights and give lessons in how you can grow. So don’t be totally discouraged when running into a problem. Realize that there are usually one or more opportunities in what you perceive as a problem. Doing that regularly makes it easier to not take your problems overly seriously because you aren’t seeing them as totally negative experiences anymore.
So when facing a problem, ask yourself a question like: what’s awesome about this situation? Or ask yourself: what can I learn from this situation?
7. Check your phraseology.
“Watch your manner of speech if you wish to develop a peaceful state of mind. Start each day by affirming peaceful, contented and happy attitudes and your days will tend to be pleasant and successful.”
“Never talk defeat. Use words like hope, belief, faith, victory.”
There is a good amount of power in what words you use. If you use negative words you tend to feel more negative and find more negativity in your world. If you use positive and uplifting words you tend to feel those emotions. This may sound a bit corny or silly, but when you get into the habit of actually using more positively charged words you find that it affects your mood and outlook on things.
8. Don’t go too fast.
“To go fast, row slowly.”
It’s tempting to go fast. But if you go too fast your boat may tip over. You may stumble unnecessarily and make mistakes that you wouldn’t have done if you had just kept a slower pace. Or you may be tempted to grab on to the next big idea, the next “magic pill”, instead of steadily keep going on your current path. To actually get where you want to go a slower pace may be more useful and effective than a hurried and quick pace.
9. Develop the most useful habits of thinking.
“Our happiness depends on the habit of mind we cultivate. So practice happy thinking every day. Cultivate the merry heart, develop the happiness habit, and life will become a continual feast.”
“Repetition of the same thought or physical action develops into a habit which, repeated frequently enough, becomes an automatic reflex.”
What you spend most of your time thinking about you tend to become. One problem may be that you don’t know what you think about most of the time. If you for instance try a Positivity Challenge you may find that you’ll spend a lot more time on negative thoughts than you imagined. Such a challenge or just keeping careful notes for a few days can be useful to find out how you spend your time and thoughts.
To install more of a positive attitude or positive thinking into your mind you need to have patience. It may not be easy and you’ll probably fall back into old thought patterns a lot of the time. But I have discovered that over time – we’re talking about months here – you can slowly spend more and more of your week with, for instance, positive thoughts rather then negative ones. And after a while positive thoughts tend to become more and more automatic. Just like when playing tennis you don’t have to think so much about striking the ball after a while. It becomes an automatic reflex.
One helpful tip while installing new thought habits is to continually remind yourself about them by asking yourself questions that keeps you steadily on this new mental track. Or gets you back on track if you veer off it. You can use notes posted on your computer, fridge, and bathroom mirror to remind yourself to actually ask yourself the questions.
10. Learn not only from your mistakes.
“We’ve all heard that we have to learn from our mistakes, but I think it’s more important to learn from successes. If you learn only from your mistakes, you are inclined to learn only errors.”
“Check what you did right and don’t get lost in basking on your glory. It will make it easier to repeat whatever you did that created the success.”
I thought this was an interesting reminder. Our mistakes are interesting because they can often teach us something valuable if we just take a closer look at what happened. But, of course, the successes are really useful to analyze too.
It is here we can find perhaps a crucial detail or something that we did that we missed the other 10 times we tried. So, as Peale says, don’t get totally lost in basking in your glory. Or make the mistake of seeing your success as just having a bit of luck for once. Take a close look at what happened and what you did right. Preferably sooner than later as memories can quickly become a quite fuzzy. And write down what you come up with to prevent that the conclusions become fuzzy.

Archivo del blog

Buscar este blog