La
frase de Jorge Teillier parece sencilla, casi una despedida dicha al
borde de una estación vacía.
Pero ahí está el truco de Teillier:
escribir como quien deja una taza de té sobre la mesa… y dentro de ella
esconder todo el invierno.
“Un poco de amor, un poco de esperanza y hasta luego.”
La estructura es mínima: dos pequeñas reservas humanas y una despedida.
No
dice “mucho amor” ni “gran esperanza”.
Dice un poco.
Eso vuelve la
frase profundamente humana.
Teillier no cree en los discursos heroicos
ni en las promesas monumentales; cree en lo que apenas alcanza para
sobrevivir otro día. Como si la vida fuese un viaje largo y el poeta
metiera en el bolsillo solo lo indispensable.
El “amor” aparece primero porque es la chispa que da calor al mundo.
Luego la “esperanza”,
que funciona casi como una lámpara tenue en medio de la niebla.
Y
finalmente: “hasta luego”. No “adiós”. Nunca cierre definitivo.
En
Teillier siempre hay una puerta entreabierta, un tren que quizá vuelva,
una lluvia que recuerda otra infancia.
La frase también tiene algo de brindis melancólico. Suena a alguien que sabe que la existencia está hecha de pérdidas inevitables, pero aun así decide despedirse con ternura.
Ahí vive la poesía de Teillier: en los pueblos pequeños,
las estaciones olvidadas, el humo del vino, las cosas humildes que
resisten el paso del tiempo como perros fieles acostados junto al fuego.
Y hay otra capa más amarga: quizá eso sea todo lo que realmente tenemos. No las grandes ideologías, no la gloria, no la eternidad.
Apenas:
un poco de amor,
un poco de esperanza,
y tiempo suficiente para decir “hasta luego”.
un poco de amor,
un poco de esperanza,
y tiempo suficiente para decir “hasta luego”.
Tres migas de pan contra la noche.
Y, sorprendentemente, a veces bastan.
.png)
No hay comentarios:
Publicar un comentario