viernes, 31 de diciembre de 2021

 Nunca he visto a un pájaro celebrando el año nuevo,  

ni ningún día especial marcado en un imaginario calendario.

Pero si lo he visto celebrar la vida, cantando y volando a diario.

Y eso mismo que cada día de su vida hace mi amigo pájaro, es lo que te deseo a ti, hoy y siempre.


Zen Toyo


 

 “Agua: no tienes gusto, ni color, ni aroma, no se te puede definir, se te gusta sin conocerte. No eres necesaria para la vida: eres la vida misma. Nos penetras de un placer que no se explica por los sentidos. Contigo vuelven a nosotros todos los poderes a los que habíamos renunciado. Por tu gracia se abren en nosotros todas las fuentes secas de nuestro corazón…” 


 

 


 Desde hace unos diez años soy cada vez más consciente de la muerte de mis coetáneos. Mi generación está ya en la puerta de salida, y siento cada muerte como un desprendimiento, como si me desgarraran una parte de mí. Cuando hayamos desaparecido, no quedará nadie como nosotros, pero lo cierto es que nadie es igual a los demás. Cuando alguien muere, no se le puede reemplazar. Deja un agujero que no se puede llenar, pues el destino —el destino genético y nervioso— de cada ser humano consiste en ser un individuo único, en encontrar su propio camino, vivir su propia vida, enfrentarse a su propia muerte.
    No voy a fingir que no estoy asustado. Pero mi sentimiento predominante es el de gratitud. He amado y he sido amado; he recibido mucho y he dado algo a cambio; he leído y viajado, he pensado y escrito. He mantenido un diálogo con el mundo, ese diálogo especial que mantienen los escritores y los lectores.
    Por encima de todo, he sido un ser sintiente, un animal pensante en este hermoso planeta, y eso, en sí mismo, ha sido ya un enorme privilegio y una aventura.

Oliver Sacks

jueves, 30 de diciembre de 2021

Nunca he arañado la tierra ni buscado nidos, no he hecho herbarios ni tirado piedras a los pájaros. Pero los libros fueron mis pájaros y mis nidos, mis animales domésticos, mi establo y mi campo; la bi­blioteca era el mundo atrapado en un espejo; tenía el espesor infini­to, la variedad, la imprevisibilidad.

Jean-Paul Sartre


 

miércoles, 29 de diciembre de 2021

Una conciencia de nada es una nada de conciencia, la caída en el no ser, en la niebla y la muerte en vida.



 


Llegan las huestes conquistadoras. El fuego de las lombardas (cañones) que los indígenas creían que salía de la boca de los que las manejaban, les llena de terror. Luchan, no obstante, y resisten durante tres meses para acabar refugiándose en la miseria de los montes, a donde los van a buscar. Se repiten los gestos de siempre, las mismas aprehensiones, las mismas torturas a los prisioneros para hacerles delatar el refugio del cacique, y a pesar de resistencias heroicas, falla el más débil y habla y el jefe es hecho prisionero. Hatuey es condenado a muerte, a ser quemado vivo por el delito de haber huido, de haberse opuesto a la servidumbre. Ya preparada la hoguera, a punto de ser prendido el fuego, un sacerdote trata de convertir al cacique y de bautizarlo. Hatuey le pregunta por qué quiere hacerlo cristiano, por qué quiere que sea igual a los españoles que son malos. El sacerdote le explica que si se bautiza podrá ir al cielo. "Tornó a preguntar el cacique si iban al cielo cristianos; dijo el padre que sí iban los que eran buenos". Entonces el cacique Hatuey se negó rotundamente a ser bautizado para no encontrárselos. "Esto aconteció al tiempo que lo querían quemar y así luego pusieron fuego a la leña y lo quemaron".
 

 Pesimismo del intelecto, optimismo de la voluntad»: los cambios son difíciles de conseguir, pero incluso los más grandes son posibles si uno se esfuerza lo suficiente y durante el tiempo que sea necesario

martes, 28 de diciembre de 2021

 Es cierto que hace dos mil años Jesús de Nazaret dijo que los pobres siempre estarían con nosotros. Pero entonces casi todo el mundo se dedicaba a la agricultura. La economía no era lo bastante productiva para permitir una existencia confortable para todos. Y así, hasta bien entrado el siglo XVIII, la pobreza fue sólo una realidad más. «Los pobres son como las sombras en una pintura: proporcionan el contraste necesario», escribió el médico francés Philippe Hecquet (1661-1737). Según el escritor inglés Arthur Young (1741-1820), «cualquiera que no sea un idiota sabe que las clases bajas han de seguir siendo pobres o de lo contrario no serían productivas».  Los historiadores se refieren a esta lógica como «mercantilismo»: la noción de que la pérdida de uno implica la ganancia de otro. Los primeros economistas del mundo moderno creían que los países sólo podían prosperar a costa de otros países; era todo una cuestión de aumentar las exportaciones. Durante las guerras napoleónicas, esta manera de pensar condujo a algunas situaciones absurdas. Inglaterra no tenía ningún problema en enviar comida a Francia, por ejemplo, pero prohibió las exportaciones de oro porque a los políticos británicos se les había metido en la cabeza que la falta de lingotes aplastaría al enemigo más deprisa que el hambre. El principal consejo de un mercantilista siempre es reducir salarios: cuanto más bajos, mejor. La mano de obra barata proporciona una ventaja competitiva y por lo tanto potencia las exportaciones. En palabras del famoso economista Bernard de Mandeville (1670-1733): «Es manifiesto que en una nación libre donde no se permiten los esclavos, la riqueza más valiosa es tener una multitud de trabajadores pobres.»  Mandeville no podría haber errado más el tiro. Ahora hemos aprendido que la riqueza produce más riqueza, tanto si nos referimos a personas como a naciones. Henry Ford lo sabía muy bien y por eso en 1914 dio a sus empleados un buen aumento; ¿cómo si no habrían podido comprar sus coches? Por su parte, el ensayista británico Samuel Johnson dijo en 1782: «La pobreza es un gran enemigo de la felicidad humana; es evidente que destruye la libertad y hace que algunas virtudes sean impracticables, y otras, extremadamente difíciles.» A diferencia de muchos de sus contemporáneos, comprendió que ser pobre no es carecer de carácter. Es carecer de dinero.

 El principio de «control» de Sandman también explicaría por qué la gente suele tener más miedo a volar en avión que a conducir un coche. Su pensamiento funciona así: «Puesto que yo controlo el coche, mi seguridad depende de mí mismo; puesto que yo no controlo el avión, me encuentro a merced de miles de factores externos».

    Entonces, ¿qué debería producirnos mayor miedo: viajar en avión o en coche?  Si piensa salir de viaje y puede elegir entre el avión o el coche, tal vez le interese considerar el índice de muertes por hora de ambas opciones. Es cierto que en Estados Unidos cada año muere mucha más gente en accidente de carretera (aproximadamente 40.000 personas) que en accidente aéreo (menos de mil). Pero también es cierto que la mayoría de la gente pasa mucho más tiempo en el coche que en un avión. (Cada año muere más gente incluso en accidente de barco que en accidente aéreo; como comprobamos en el caso de las piscinas frente a las armas, el agua es mucho más peligrosa de lo que la mayoría de la gente imagina). No obstante, el índice de muertes producidas por hora al volante frente al que se produce en avión es prácticamente el mismo. Los dos aparatos presentan las mismas probabilidades (o, en realidad, la misma improbabilidad) de conducir a la muerte.
    Pero el miedo crece con mayor fuerza en tiempo presente. Por eso los expertos cuentan con él; en un mundo que se muestra cada vez más impaciente con los procesos a largo plazo, el miedo constituye un poderoso juego a corto plazo. Imagine que es un funcionario del gobierno encargado de reunir fondos para la lucha contra una de dos causas de muerte probadas: los ataques terroristas o las enfermedades cardíacas. ¿Por cuál de las dos causas cree que se abrirán las arcas del estado? La probabilidad de que una persona muera por un ataque terrorista es infinitamente inferior a la probabilidad de que esa misma persona obstruya sus arterias con una alimentación rica en grasas y muera a consecuencia de una enfermedad cardíaca. Sin embargo, un ataque terrorista se produce ahora; la muerte por una cardiopatía es una catástrofe lejana, silenciosa. Los actos terroristas se hallan fuera de nuestro control; las patatas fritas, no. Tan importante como el factor control es lo que Peter Sandman denomina el factor terror. La muerte por un ataque terrorista (o la enfermedad de las vacas locas) se considera espantosa; la muerte por una enfermedad del corazón, por alguna razón, no.


 

lunes, 27 de diciembre de 2021

  Tu palabra es una promesa que haces. Y cuanto más lleves una vida espiritual, más poder tendrá tu palabra y menos espacio tendrás para escabullirte. Viví un ejemplo de esto en un viaje reciente a la India. Me detuve en Rishikesh, una ciudad sagrada al borde del Ganges, donde los tenderos no dejaban de molestarme ofreciéndome sus mercancías. Después de un rato, para que no siguiesen insistiendo, les dije que regresaría más tarde. «¿Lo prometes?», me preguntaron, y yo respondí: «Sí, desde luego». Sabía que no tenía ninguna intención de regresar a esas tiendas, pero mi respuesta me proporcionó algo de paz mientras seguía mi recorrido por el mercado.

    Sin embargo, al regresar a los Estados Unidos, pasé la primera semana soñando que estaba atrapado en los bazares de Rishikesh, regateando con los mercaderes sobre el precio de productos que ni siquiera quería. Aunque no había regresado a esas tiendas, ¡tenía que cumplir mi palabra y volver a ellas durante mis sueños!
    Ser fiel a tu palabra desarrolla un poder espiritual que es esencial si vas a soñar y manifestar un mundo mejor. Sin este poder, tus sueños nunca toman forma y siempre acaban viniéndose abajo justo antes de dar fruto. ¿Has conocido alguna vez a alguien a quien todo parece salirle bien, pero a quien luego todo se le desmorona en el último momento? Su relación acaba justo cuando estaba a punto de casarse, su gran negocio fracasa a última hora o encuentra el lugar perfecto para abrir una consultoría y está listo para empezar, cuando el propietario se niega a alquilarle el local. Como estos individuos carecen de convicción y tratan sus palabras como si no tuvieran mucho poder, sus planes fracasan inevitablemente.
    En lugar de intentar forzar al universo para que acate tus deseos, practica la veracidad y aumenta tus reservas de poder personal. Esto hará que tus sueños se conviertan en una fuerza imparable que organice el mundo de la manera que hayas decidido. Cuando practicas la veracidad, dejas de buscarte excusas —lo que dices le comunica al universo que se puede confiar en ti.


 Días atrás, me encontraba yo en el tren con dirección a Estocolmo. Fuera anochecía y el vagón estaba bastante oscuro. Mis compañeros de viaje dormitaban cada uno en su rincón, y yo permanecía en silencio oyendo el traqueteo del tren que avanzaba retumbando sobre los raíles.

Mientras estaba ahí sentada, me dio por pensar en todas esas otras veces que había viajado a Estocolmo. En la mayoría de los casos había sido por algo difícil. Había viajado para graduarme y también con mis manuscritos en busca de editor. Y ahora viajaba para recibir el Premio Nobel. Si aquellas fueron cosas difíciles, esto también lo era.

Todo el otoño anterior había estado viviendo en mi antiguo hogar en Värmland, en la más absoluta soledad , y ahora me veía obligada a presentarme ante mucha gente. Era como si el aislamiento hubiera aumentado mi timidez, y me angustiaba la idea de verme obligada a mostrarme en público.

Sin embargo, en el fondo, resultaba un gozo enorme y especial recibir el premio, y trataba de disipar mi angustia pensando en los que se alegrarían de mi suerte: muchos buenos viejos amigos, mis hermanos y sobre todo mi anciana madre, que estaría en casa feliz de haber vivido para ver este día.

Pero entonces empecé a pensar en mi padre y sentí un gran vacío a causa de que ya no vivía y no podía contarle que había recibido el Premio Nobel. Yo sabía que nadie se habría alegrado tanto como él. Nunca he conocido a nadie que haya sentido tanto amor y veneración por la literatura y los escritores. Y si se hubiera enterado de que la Academia Sueca me había concedido ese gran premio literario… Era una verdadera pena que yo no pudiera contárselo.

Todos los que han viajado en tren de noche, en la oscuridad, saben que puede ocurrir que los vagones avancen suavemente durante largos ratos sin una sacudida. El ruido y el estrépito cesan y el fragor uniforme de las ruedas se convierte en una música monótona y tranquila. Como si los vagones del tren no avanzaran más por traviesas y raíles sino que se deslizaran por el aire.

El caso es que algo así sucedió justo cuando estaba pensando que me gustaría encontrarme con mi padre. El tren comenzó a avanzar tan suave y silencioso que yo pensé que era imposible que continuara unido a la tierra. Y entonces mis pensamientos empezaron a volar: “¡Imagina si yo viajase ahora hacia mi anciano padre en el reino de los cielos! Alguna vez he oído que cosas similares les han ocurrido a otros. ¿Por qué no iba a ocurrirme a mí?”

El vagón continuaba avanzando suavemente y sin ruido. Fuera a donde fuera, parecía que aún le quedaba un trecho por recorrer. Y mis pensamientos de adelantaban al tren…

Imagino que encuentro a mi padre, sin duda sentado en una mecedora en el porche. Tiene delante un jardín soleado lleno de flores y pájaros. Está leyendo la leyenda Fritjof. Y entonces, al verme, deja el libro y se sube las gafas a la frente. Después se pone en pie para recibirme. Dice “Buenos días, bienvenida. ¿Has salido a pasear?” o “¿Qué tal estás, hija mía?”, igual que hizo siempre.

Sólo después del saludo mi padre se vuelve a sentar en la mecedora. Ahí sí que empieza a dudar de la verdadera razón por la que he ido a visitarle.

-¿No habrá ocurrido nada malo en casa? -imagino que pregunta.

-¡Qué va! Está todo bien.

Y yo estoy a punto de darle la noticia, pero entonces pienso que me gustaría reservarla un poco, y por eso doy antes un rodeo.

-Solo he venido para pedirte un buen consejo -improviso mostrando un aspecto preocupado-. Lo que pasa es que he adquirido grandes deudas.

-Creo que no voy a poder ayudarte mucho con eso -dice mi padre-. Se puede decir de este lugar lo mismo que de las antiguas casas de campo señoriales de Värmland: que aquí hay de todo menos dinero.

-No es por dinero por lo que estoy en deuda -le aclaro.

-Eso parece grave -dice mi padre-. ¡Cuéntamelo todo desde el principio, hija mía!

-Tengo mis razones para pedirte ayuda -digo yo-. Porque tú estás en el origen de esta deuda. ¿Recuerdas que solías sentarte junto al piano y cantar a Bellman para nosotros de niños? ¿Y te acuerdas de que nos leías a Tegnér, a Runeberg y a Andersen cada invierno? De esta manera fue como contraje por primera vez la deuda. Padre, ¿cómo voy a compensa a estos autores? Porque ellos me enseñaron a amar los cuentos, los héroes, las gestas, nuestra tierra y la vida de las personas, en toda su grandeza y también en toda su debilidad.

Al decirle esto, mi padre se acomoda en la mecedora y pone una bella expresión en su mirada.

-Entonces estoy contento por haberte ayudado a contraer esa deuda.

-Sí, puede que tengas razón, padre -le digo-, pero eso no es todo. Mi deuda es muy grande. ¡Piensa en todos esos vagabundos errantes que visitaban Värmland, jugando al arlequín y cantando canciones! Ellos fueron una fuente inagotable de aventuras, chistes y anécdotas.. ¡Y piensa en todos aquellos ancianos! Se sentaban en sus pequeñas chozas grises, junto a la linde de los bosques, y nos hablaban de extraordinarios seres acuáticos, de trols y muchachas raptadas! Sin duda ellos me enseñaron a encontrar la poesía de las escarpadas montañas y los oscuros bosques. Y también, padre, piensa en todos los monjes y monjas, pálidos y ojerosos en sus lóbregos monasterios, que nos han transmitido lo que leyeron y oyeron. Con ellos estoy en deuda por tomar prestado temas de ese gran acervo de leyendas que recopilaron. ¡Y los campesinos que viajaron a Jerusalén! ¿Cómo no estar en deuda con ellos si me dieron una gran hazaña sobre la que escribir? Y probablemente no es solo con las personas con quien estoy en deuda, padre, sino también con toda la naturaleza. Con los animales de la tierra y las aves del cielo y con las flores y los árboles. Todos ellos han tenido secretos que contarme.

Mientras yo le digo esto, padre solo asiente y sonríe, y no parece preocupado en absoluto.

-Pero ¿no comprendes que esta deuda supone un gran lastre para mí, padre? -pregunto, poniéndome cada vez más seria-. Cómo saldar algo así. Yo creía que eso lo sabríais aquí en el cielo.

-Seguramente lo sabemos -responde padre sin darse importancia, como de costumbre-. Alguna solución habrá para tus pesares. ¡No temas, hija!

-Sí, pero padre, esto no es todo -insisto-. También estoy en deuda con todos los que han estudiado nuestro idioma; con todos los que han transmitido y dado forma a esta herramienta esencial y que me han enseñado a usarla… ¿Cómo no estar en deuda con todos los que han compuesto versos, los que han escrito antes que yo? Convirtieron en un bello arte el narrar el destino de los hombres, me dieron ejemplo y mostraron el camino a seguir. ¿No tengo innumerables deudas desde mi juventud con los grandes noruegos y los grandes rusos? ¿No estoy en deuda por haber vivido en un tiempo en el que la cultura de mi propio país ha estado al máximo nivel? He conocido a los grandes monumentos de forma directa: el mundo de poesía de Snoilsky, el archipiélago de Strindberg, el folclore de Geijerstam, el teatro de Tor Hedberg, las pensamientos progresistas de Anne-Charlotte Edgren y Ernst Ahlgren, la obra de Helena Nyblom, la Österland de Heidenstam, las novelas históricas de Sophie Elkan, las tonadas de Värmland de Frödin, las leyendas de Levertin, las descripciones de Dalarna en Thanatos de Hallström y en la obra de Karlfeldt… Y tantas otras cosas actuales y novedosas, tan estimulantes para competir y tan fértiles para soñar…

-Sí, sí -asiente mi padre-. Tienes razón, tienes una gran deuda, pero probablemente podrás pagarla.

-No entiendes lo difícil que me resulta esto, padre -me quejo-. Seguramente no has considerado que también estoy en deuda con mis lectores. Con todos: desde el anciano rey y su hijo, que me envió en viaje oficial al sur, a los pequeños alumnos que garabatean un gracias por Nils Holgersson. ¿Qué habría sido de mí si no hubieran querido leer mis libros? Tampoco puedes olvidar a los que han escrito sobre mí… Recuerda ese gran estudioso danés, ya fallecido, que me consiguió amigos por todo su país sólo con un par de palabras. Mezclaba la crítica con la generosidad como nadie ha hecho antes entre nosotros. ¡Piensa en todos los que en otros países me han ayudado! Yo estoy en deuda, padre, tanto con los que me han elogiado como con los que me han criticado.

-Sí, sí -vuelve a asentir.

Ya no tiene aspecto de estar tranquilo. Seguramente empieza a comprender que no resulta tan fácil consolarme.

-Recuerda a todos los que me han ayudado, padre -digo-. ¡Piensa en mi fiel Esselde, que trató de abrirme camino cuando todavía nadie se atrevía a creer en mí! ¡Recuerda los muchos que han defendido mi poesía y protegido mi trabajo! ¡Y recuerda a mi buena amiga y compañera de viaje, que no sólo me condujo al sur y me enseñó toda la magnificencia del arte, sino que también hizo que la vida resultara más luminosa y rica! ¡Y piensa en todo el cariño que me he encontrado, piensa en todo el honor y distinción! ¿No puedes entender que necesite acudir a ti para saber cómo se pagan semejantes deudas?

Mi padre baja la cabeza y no parece tan esperanzado como al principio.

-Desde luego creo que no es tan fácil ayudarte, hija mía -dice-. ¡Pero tienes que parar con esto!

-No, hasta ahora he podido sobrellevarlo -digo-. Pero ahora viene lo peor. Por eso he tenido que acudir a ti a pedirte consejo.

-No puedo imaginar cómo te puedes sentir aún más en deuda -se sorprende mi padre.

-Pues sí…

Y a continuación le doy la noticia del premio.

-Nunca hubiera creído que la Academia Sueca… -murmura.

Pero al momento me mira y entonces comprende que “eso” es verdad. Y comienza a contraérsele cada arruga en su vieja cara y se le llenan los ojos de lágrimas.

-¿Qué les voy a decir a los que han decidido en este asunto y a los que me han propuesto para el premio? -pregunto-. Porque piensa, padre, que no es sólo honor y dinero lo que me han dado. Han tenido tanta fe en mí que se han atrevido a distinguirme ante todo el mundo. ¿Cómo voy a saldar esta deuda de agradecimiento?

Mi padre se recuesta y cavila un poco mientras se seca las lágrimas de alegría. Sacude la cabeza y de repente pega una palmada en el brazo del asiento.

-¡No quiero seguir aquí sentado pensando en preguntas que nadie en el cielo o en la tierra puede contestar! -afirma-. Si te han dado el Premio Nobel, entonces no hay que preocuparse de nada, solo alegrarse y punto.

 Cuando practicas vivir con coherencia, eres plenamente consciente del impacto de tus pensamientos, actos e intenciones, e intentas que éstos sean positivos y curativos en lugar de egoístas y destructivos. Te das cuenta de cuándo estás actuando por miedo, y eliges hacerlo por amor. Asumes la responsabilidad de todos tus actos, y el universo percibe esto, otorgándote inmediatamente un buen karma (o uno malo, si ése es el caso). Como obtienes una respuesta y un apoyo inmediatos a todas tus acciones, ya no te irás del supermercado cuando el cajero te haya dado de más en el cambio —te sentirás obligado a devolverlo—. Entonces tu recompensa se verá multiplicada por diez.

domingo, 26 de diciembre de 2021




 

 Decía Krishnamurti que, la vida es lo que es y no lo que a los demás nos gustaría que fuera; por ello, si somos capaces de aceptarla, posiblemente, enfrente tendremos el espejo que nos mostrará lo que queremos ver.


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La presencia del autor de El apando al lado de las causas sociales se constató con un grafiti en una pared de Ciudad Universitaria pocos años después de su muerte: ¡Ay, José!, cómo te extrañamos en estas RevueltasFoto Archivo
Reyes Martínez Torrijos
 
Periódico La Jornada
Domingo 19 de enero de 2014, p. 2
José Revueltas es único en este país, no hay un escritor más moral que el autor deEl luto humano y Los días terrenales:él, primero que nadie, amó al ser humano, amó al más pobre de todos, señala Elena Poniatowska sobre el narrador y activista duranguense, que este año arriba a su centenario.
Rechaza la noción de que por su participación política no fue el gran escritor. Yo creo que fue falso. Él necesitaba para escribir también participar políticamente. José Joaquín Blanco, gran crítico literario, dijo que era imposible escribir y vivir como Revueltas (...) Él necesitaba militar para escribir, relata la escritora y periodista en charla telefónica con La Jornada.
El narrador José Agustín –en charla telefónica– coincide en señalar que ambas facetas, política y literatura, son una, en realidad, por eso yo peleaba cuando se editaba su obra completa que se incluyeron los textos políticos.
Mi vida literaria nunca se ha separado de mi vida ideológica. Mis vivencias son precisamente de tipo ideológico, político y de lucha social, resumió Revueltas en una entrevista con Norma Castro Quiteño, publicada en el libro Conversaciones con José Revueltas (Era, 2011).
Elena Poniatowska, quien lo entrevistó varias veces, recuerda: “Lo conocí en Lecumberri, porque él pasó más tiempo de su vida en la cárcel que en la calle, por ejemplo, estuvo dos veces en la Islas Marías. Y luego, desde finales del 68 o principios del 69 estuvo tres años en Lecumberri y fue arrestado muchísimas veces en distintas prisiones, desde que era casi un niño de 12 o 13 años.
En 1968, aunque todavía era un hombre fuerte, entró a la cárcel porque se echó la culpa de todo el movimiento de ese año. Estuvo en la crujía llamada El Polígono, al lado de Manuel Marcué Pardiñas, Armando Castillejos, Heberto Castillo y Luis Tomás Cervantes Cabeza de Vaca.
A raíz del juicio por su participación en el Consejo Nacional de Huelga, en 1970, Revueltas sentenció: Dice el Ministerio Público que intentamos cambiar la esencia de México o de su Estado. ¿Cambiar su esencia? ¡No, señores del Ministerio Público! ¡Encontrarla, descubrirla! Desenajenar la esencia de México, hacerla del hombre, objetivar en ella al ser humano (México 68: juventud y revolución).
Poniatowska describe al narrador, guionista, activista y teórico marxista como hombre muy atractivo, a las mujeres siempre les pareció así. Tuvo muchas mujeres. Además, era un héroe. Desde muy joven tenía esta vocación, esta actitud y vocación de héroe ante la vida (...) Era el hombre más bondadoso que cualquiera podía conocer.
En torno a la importancia del autor deLos errores, Poniatowska dice: “México está hambriento de héroes y Revueltas fue uno, una de esas personas hacia quien uno puede mirar. Además, por ejemplo, su libro El apando es una joya de la literatura mexicana”.
Constata esta presencia el grafiti garabateado años más tarde en una pared de Ciudad Universitaria: ¡Ay José!, cómo te extrañamos en estas Revueltas.
Fue mártir de la causa de los más abandonados y testigo de la existencia de la gente más olvidada, lo que según él era atroz. Él decía mucho la palabra atroz, que por cierto también decía mucho Octavio Paz. Es un héroe. Absolutamente. Es el más héroe de todos los escritores mexicanos.
Como parte de los festejos por el centenario del escritor, hace un par de meses el Fondo de Cultura Económica (FCE) inauguró su librería José Revueltas, en la capital de Durango; además, se anunció una edición conmemorativa de la novela Los errores,que cumple 50 años, y la redición de El árbol de oro: José Revueltas y el pesimismo ardiente, de Philippe Cheron, así como José Revueltas: una literatura del lado moridor, de Evodio Escalante; así como dos mesas de discusión en torno autor y una exposición.
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Elena Poniatowska recuerda: Lo conocí en Lecumberri, porque él pasó más tiempo de su vida en la cárcel que en la calleFoto Archivo
La editorial Era cuenta en su catálogo con la mayoría de los títulos de José Revueltas, incluso una obra completa con 26 volúmenes y los libros Dialéctica de la conciencia, Dormir en tierra, El apando, El conocimiento cinematográfico y sus problemas, El luto humano, Las cenizas: obra literaria póstuma, Los días terrenales, Los errores, Los motivos de Caín, Los muros de agua, México 68: juventud y revolución y México: una democracia bárbara, entre otros.
José Agustín menciona que Revueltas antes de los años 60 “estaba vilmente discriminado. A mi generación le correspondió hacer ver que se estaba cometiendo un error muy grave. A mí me mandó llamar Emmanuel Carballo para encargarme (...) la confección de las obras literarias completas.
“Era un estupendo escritor, por supuesto; escribía notablemente bien. Cuando empecé a trabajar con él, me dijeron: ‘cuídale mucho el estilo’. Luego de publicar su obra literaria salió mucho a la luz todo ese desprecio que había habido y minusvaluado su trabajo.”
Sobre los temas de Revueltas, José Agustín afirma que la vida le hizo pasar ciertos problemas. Estar en la cárcel desde muy jovencito le permitió conocer personajes rarísimos. Y cierta truculencia que había en él, aumentaba eso.
Lo describe como “hombre muy sencillo, muy correcto, muy adecuado. Cuando trabajé en la colección de sus obras, fui a verlo varias ocasiones y estuvimos muy contentos, y después nos rencontramos en la cárcel. Yo sabía que estaba en la crujía M, lo fui a saludar por allá. Me dijo ‘¡Cómo, José Agustín por aquí!’ Ahí se afianzó una amistad que duró hasta su muerte.”
Nacido en Durango el 20 de noviembre de 1914, fue autor de una serie de novelas y cuentos que compartían una visión descarnada de la realidad, con personajes sufrientes, a la orilla del abismo. La otra faceta de su personalidad, su activismo político opositor, destaca en diferentes momentos como referente moral y heterodoxo del marxismo y el Partido Comunista Mexicano (PCM), que entonces era clandestino.
A los 13 años comenzó su militancia política. Y en un ambiente revuelto marcado la consecución de la autonomía universitaria en 1929, la Guerra Cristera, la campaña presidencial de José Vasconcelos contra la corrupción gubernamental, se dio la primera detención del estudiante Revueltas, acusado de rebelión, sedición y motín por manifestarse en el Zocalo. Pasó seis meses en un reformatorio.
Recién liberado, Revueltas ingresó al PCM, y en 1932 fue confinado por cinco meses en las Islas Marías, junto con otros militantes por participar en una huelga de trabajadores en Nuevo León. De esta experiencia carcelaria nació el libro Los muros de agua, terminada el 3 de octubre de 1940, la víspera del fallecimiento de su hermano Silvestre, el compositor. En 1943 recibió el Premio Nacional de Literatura, con la novela El luto humano.
Octavio Paz, premio Nobel, en suPosdata, lo llamó uno de los mejores escritores de mi generación y uno de los hombres más puros de México, y Carlos Monsiváis dijo: La vida de Revueltas es casi la de uno de sus personajes, probablemente el más poderoso. Atado siempre a la idea de la militancia, convencido de que la revolución es la meta imposible y necesaria.
Revueltas se casó tres veces: en 1937 con Olivia Peralta, en 1947 con María Teresa Retes y en 1973 con Ema Barrón Licona.
Falleció el 14 de abril de 1976 y fue inhumado el 16 en el panteón francés de La Piedad, en la ciudad de México.
En su funeral, su amigo MArtín Dozal, compañero de celda en Lecumberri –refiere Poniatowska–, le dijo al secretario de Educación de entonces, Víctor Bravo Ahuja, que quería leer un pequeño discurso: No se da usted cuenta de que no queremos oírlo, señor. Lo corrió. La ceremonia tenía un ambiente magnífico de rebeldía y de rechazo al oficialismo.


 

  

Durante mis años de universidad estuve conviviendo con varias personas, todas ellas de distintas partes de España. Cada uno traía expresiones propias de su comunidad. De pronto me vi utilizando expresiones propias de Zaragoza, de Sevilla, del País Vasco. Uno de mis compañeros era muy malhumorado y siempre utilizaba una expresión muy suya propia de su tierra cuando se enfadaba. Durante una discusión, me sorprendí utilizando las expresiones de mi amigo, y me di cuenta que me llevaban a su mismo estado emocional.

    Podemos observar que cuando convivimos con personas con un vocabulario pobre o negativo, empezamos a utilizar sus mismas expresiones, su mismo volumen, su misma entonación, quizás el mismo modo de expresarlas y de ese modo hacemos nuestras sus emociones sintiendo lo mismo que sienten ellas. Pero también eso ocurre de manera positiva si nos rodeamos de personas que utilizan expresiones y palabras positivas.
    "Los límites de mi lenguaje son los límites de mi mente." Ludwig Wittgenstein

 Nuestra imaginación está tristemente infraequipada para arreglárselas con distancias que salen del rango medio de la familia ancestral. Intentamos visualizar un electrón como una bola diminuta, en órbita alrededor de un grupo de bolas que representan los protones y los neutrones. No se parecen a eso. Los electrones no son como pequeñas bolas. No se parecen a nada que podamos reconocer. No está claro que «como» signifique incluso nada cuando intentamos volar demasiado cerca de los horizontes más lejanos de la realidad. Nuestra imaginación no tiene todavía las herramientas necesarias para penetrar en el barrio del quantum . Nada a esa escala se comporta en la forma —tal como hemos evolucionado a pensar— como debería comportarse. Ni podemos arreglárnoslas con objetos que se mueven a alguna fracción apreciable de la velocidad de la luz. El sentido común no nos sirve, porque el sentido común ha evolucionado desde un mundo donde nada se mueve muy rápido y nada es demasiado pequeño o demasiado grande.

    Al final de un famoso ensayo sobre «Mundos posibles», el gran biólogo J. B. S. Haldane escribió: «Ahora, mi propia sospecha es que el Universo no es solo más extraño de lo que pensamos, sino más extraño de lo que podamos suponer... Sospecho que hay más cosas en el cielo y en la tierra que las que se sueña, o de las que se pueden soñar, en cualquier filosofía». A propósito, estoy intrigado por la sugerencia de que el famoso discurso de Hamlet citado por Haldane está convencionalmente mal dicho. El acento normal está en «tu»:
     
    Hay más cosas en el cielo y en la tierra, Horacio,
    de las que son soñadas por tu filosofía.
     
    Efectivamente, el verso se recita a menudo con un sonido sordo, lo que implica que Horacio quiere referirse a racionalistas y escépticos poco profundos de todos sitios. Pero algunos académicos colocan el énfasis en «filosofía», con la palabra «tu» casi difuminada: «... de las que son soñadas por tu filosofía». La diferencia no importa en realidad a los presentes propósitos, excepto que la segunda interpretación ya cuida más de la «cualquier» filosofía de Haldane.

 


“Cuando empecé a enumerar mis bendiciones, toda mi vida cambió por completo.”

 WILLIE NELSON (N. 1933) CANTANTE Y COMPOSITOR

sábado, 25 de diciembre de 2021


 

 SEÑORA LINTOTT: Ahora dígame, ¿cómo define usted la historia, señor Rudge? RUDGE: ¿Puedo hablar con entera libertad, señora? ¿Sin ser castigado? SEÑORA LINTOTT: Yo lo protegeré. RUDGE: ¿Que cómo defino yo la historia? Como una maldita cosa después de otra. 

ALAN BENNETT, The History Boys


Rudge aparentemente está dando una respuesta estúpida.

Pero su respuesta contiene una advertencia bastante inteligente:

No confundamos nuestra explicación del pasado con el pasado mismo.

El pasado ocurrió.

La historia es nuestra reconstrucción de ese pasado.

Y entre ambas cosas existe una distancia enorme.

Podríamos resumir la frase de Rudge así:

El pasado fue una maldita cosa después de otra. La historia es lo que hacemos cuando intentamos descubrir qué demonios significó que ocurrieran unas cosas después de otras.

Y esa diferencia, es fundamental para leer historia sin tragarnos el relato entero con todo y moño.

Porque los hechos no hablan solos; pero tampoco podemos hacerlos decir cualquier cosa que se nos ocurra. Ahí está el difícil oficio del historiador.


 


 

 En todos sus usos prácticos, la ciencia contribuye a afianzar el antropocentrismo. Nos anima a creer que nosotros podemos desentrañar los secretos del mundo natural como ningún otro animal y, por consiguiente, plegarlo a nuestra voluntad. Pero, en realidad, la ciencia sugiere una perspectiva de las cosas sumamente incómoda para la mente humana. El mundo, tal y como lo vieron físicos como Erwin Schródinger o Werner Heisenberg, no constituye un cosmos ordenado. Es un semicaos que los seres humanos sólo podemos esperar comprender en parte. La ciencia no puede satisfacer la necesidad humana de hallar orden en el mundo. Las ciencias físicas más avanzadas sugieren que la causalidad y la lógica clásica pueden no ser intrínsecas a la naturaleza de las cosas. Puede que hasta los detalles más básicos de nuestra experiencia ordinaria sean ilusorios. El paso del tiempo es una parte integral de la vida diaria. Sin embargo, según señala Barbour, la ciencia sugiere la posibilidad de que el tiempo no forme parte del orden cósmico. La lógica dásita nos dice que un mismo hecho no puede ocurrir y no ocurrir. Pero según las interpretaciones de los «mundos múltiples» de la física moderna, eso es precisamente lo que sucede. En el sentido común se encuentra muy arraigada la creencia de que el mundo físico no se ve alterado por el hecho de que lo observemos. Pero la modificación del mundo por parte de sus observadores es uno de los elementos nucleares de la física cuántica. Al igual que la tecnología, la ciencia ha evolucionado para satisfacer necesidades humanas y, como la tecnología, revela un mundo que los humanos no pueden controlar y no podrán llegar nunca a comprender por completo. Se ha esgrimido la ciencia — y la capacidad para comprender el mundo que ésta aporta a las personas— como base sobre la que fundamentar la pretendida diferencia entre los seres humanos y el resto de animales. De hecho, es posible que el valor supremo de la ciencia consista, en realidad, en mostrar que el mundo que los humanos estamos programados para percibir no es más que una quimera.

lunes, 20 de diciembre de 2021

 No te di, Adamo, ni un puesto determinado ni un aspecto propio ni función alguna que te fuera peculiar, con el fin de que aquel puesto, aquel aspecto, aquella función por los que te decidieras, los obtengas y conserves según tu deseo y designio. La naturaleza limitada de los otros se halla determinada por las leyes que yo he dictado. La tuya, tú mismo la determinarás sin estar limitado por barrera ninguna, por tu propia voluntad, en cuyas manos te he confiado. Te puse en el centro del mundo con el fin de que pudieras observar desde allí todo lo que existe en el mundo. No te hice ni celestial ni terrenal, ni mortal ni inmortal, con el fin de que —casi libre y soberano artífice de tí mismo— te plasmaras y te esculpieras en la forma que te hubieras elegido. Podrás degenerar hacia las cosas inferiores que son los brutos; podrás —de acuerdo con la decisión de tu voluntad— regenerarte hacia las cosas superiores que son divinas. 

Pico DELLA MIRÁNDOLA, Oratio de hominis dignitate


La frase que quizá resume todo el fragmento sería:

«No te di una forma definitiva; te di la posibilidad de darte una forma.»

Eso cambia completamente la concepción de la dignidad.

La dignidad humana ya no depende solamente de pertenecer a una determinada posición social, linaje o estamento.

Depende de una capacidad:

la capacidad de cultivarse.

Y eso explica por qué este texto fue tan importante para el humanismo renacentista.


En una frase

Pico della Mirandola está diciendo:

El hombre es la criatura que no está completamente terminada porque posee la libertad de participar en su propia creación.

Y ahí está la belleza —y también el problema— del asunto.

Porque si nadie te entrega completamente terminado el molde de lo que eres, entonces tampoco puedes esconderte eternamente detrás de él.

Puedes decir «así soy».
Pico respondería: «sí, pero ¿qué estás haciendo para seguir siendo así?»

Y esa pregunta, escrita en el siglo XV, todavía nos alcanza bastante bien en el XXI.

domingo, 19 de diciembre de 2021

 Por qué deberíamos dar dinero gratis a todo el mundo

 Londres, mayo de 2009. Se lleva a cabo un experimento. Los sujetos del estudio: trece hombres sin hogar. Son veteranos de la calle. Algunos llevan casi cuarenta años durmiendo en el frío suelo de las calles de la City, el centro financiero de Europa. Entre gastos policiales, costes judiciales y servicios sociales, estas trece personas problemáticas suponen un gasto estimado en 400.000 libras (unos 480.000 euros), tal vez más.  Todos los años. El esfuerzo requerido a los servicios municipales y organizaciones benéficas locales para que las cosas sigan así es excesivo. Broadway, una organización de ayuda con sede en Londres, toma una decisión radical: a partir de ahora, los trece consumados vagabundos recibirán tratamiento de VIP. Goodbye a las cartillas de ayuda alimentaria, comedores sociales y albergues. Van a tener un rescate financiero drástico e instantáneo. A partir de ahora, estos sintecho recibirán dinero sin más. Para ser exactos, reciben 3.000 libras en dinero para gastos y no tienen que hacer nada a cambio. Cómo se lo gasten es cosa suya. Si lo desean pueden recurrir a un asesor. No hay ningún requisito, ningún cuestionario que los confunda.  Lo único que les preguntan es: ¿Tú qué crees que necesitas? Clases de jardinería «Yo no esperaba grandes resultados», recordó más adelante un trabajador social. 38 Y sin embargo los deseos de los vagabundos resultaron ser muy comedidos. Un teléfono, un diccionario, un audífono: cada uno tenía sus propias ideas sobre lo que necesitaba. De hecho, la mayoría fueron extremadamente ahorrativos. Al cabo de un año, habían gastado un promedio de sólo 800 libras. Por ejemplo, Simon, que había estado enganchado a la heroína durante veinte años. El dinero cambió su vida. Simon se desenganchó y empezó a tomar clases de jardinería. «Por alguna razón, por primera vez en mi vida todo encajaba —explicó después—. Estoy empezando a cuidarme, me baño y me afeito. Incluso estoy pensando en volver a casa. Tengo dos hijos.» Un año y medio después de que empezara el experimento, siete de los trece vagabundos tenían un techo sobre sus cabezas. Dos más estaban a punto de trasladarse a sus propios apartamentos. Los trece habían dado pasos fundamentales hacia la solvencia y el crecimiento personal. Se apuntaron a cursos, aprendieron a cocinar, se sometieron a rehabilitación, visitaron a sus familias e hicieron planes para el futuro. «Empodera a las personas —dijo uno de los trabajadores sociales sobre la asignación personalizada—. Da oportunidades. Creo que puede cambiar las cosas.» Después de décadas de consentir, castigar, enjuiciar y proteger infructuosamente, se había logrado sacar de las calles a nueve conocidos vagabundos. ¿El coste? Unas 50.000 libras anuales, incluidos los salarios de los trabajadores sociales. En otras palabras, el proyecto no sólo ayudó a trece personas, sino que también redujo considerablemente los costes. Incluso The Economist tuvo que concluir que «la forma más eficiente de gastar dinero en los sintecho podría ser dárselo». 

lunes, 13 de diciembre de 2021

   Si pones tu mano en el fuego, ¿es necesario que alguien te diga que la retires? ¿Tienes que decidir? No: cuando la mano se empieza a quemar, se aleja del fuego. No es necesario que la dirijas; lo hace sola. De la misma manera, una vez que, a través de la indagación, comprendes que un pensamiento falso está provocando tu sufrimiento, te apartas de él. Antes del pensamiento, no sufrías; con el pensamiento, sufres; cuando reconoces que el pensamiento no es verdad, dejas de sufrir.  «¿Cómo reacciono cuando tengo ese pensamiento?». La mano en el fuego. «¿Quién sería sin él?». Me aparto de las llamas. Examinamos el pensamiento, sentimos nuestra mano en el fuego, y naturalmente, volvemos a la posición original; no es necesario que nos lo digan. La próxima vez que aparezca el pensamiento, la mente se apartará automáticamente del fuego.

viernes, 10 de diciembre de 2021

 RECETA PARA MEJORAR 

Repetir a menudo estas tres frases: 

1) LA FELICIDAD NO EXISTE. 

2) EL AMOR ES IMPOSIBLE. 

3) NADA ES GRAVE. 

En serio, puede parecer una estupidez, pero esta receta quizás me haya salvado la vida cuando estaba tocando fondo. Probadla en vuestra próxima depresión. Os la recomiendo. Asimismo, aquí tenéis una lista de canciones tristes para superar el bache: April come she will de Simon & Garfunkel (20 veces), Trouble de Cat Stevens (10 veces), Something in the way she moves de James Taylor (10 veces), Et si tu n’existais pas de Joe Dassin (5 veces), Sixty years on seguida de Border Song de Elton John (40 veces), Every body hurts de REM (5 veces), Quelques mots d’amour de Michel Berger (40 veces pero no presumáis demasiado de ello), Memory Motel de los Rolling Stones (8 veces y media), Living without you de Randy Newman (100 veces), Caroline No de los Beach Boys (600 veces), La sonata a Kreutzer de Ludwig van Beethoven (6.000 veces). Una buena idea para un disco recopilatorio: ya tengo el eslogan. «El megamix depresivo, una selección para verlo todo negro.»

Frédéric Beigbeder

 


jueves, 9 de diciembre de 2021

 Ay, la mente, la mente tiene montañas;

despeñaderos de ruina terribles, escarpados, insondables para el hombre. Los menosprecia quizás quien nunca se asomó a ellos. Me despierto y siento la siniestra oscuridad, no el día. Y he pedido quedarme al abrigo de las tormentas.


 

 Me contaron que en uno de los episodios de la serie Los intocables, Eliot Ness captura a un gángster parapléjico que está en una silla de ruedas. Ness le pregunta por qué se convirtió en un criminal, y el gángster le responde: «Siendo un disminuido, ¿cómo podía ganarme la vida? Tuve que hacerme gángster. ¿Qué otra cosa podía haber hecho?». Ness se saca del bolsillo un periódico que anuncia que Franklin Delano Roosevelt ha sido elegido presidente. Hay una foto de él en una silla de ruedas, y se la muestra al criminal, diciéndole: «Bueno, por ejemplo, podría haberse presentado como candidato a la presidencia». Hay personas que tienen tanto miedo de arriesgarse, de no ser nada, que, de hecho, se matan en vez de vivir su vida. Recientemente estuve en una conferencia que se anunciaba con el título de «Lo humano sin límites». Creo que apenas estamos empezando a tantear y a entender que para los seres humanos la cuestión que se plantea no es de límites, sino de posibilidades. Sí, uno tiene que estar dispuesto a arriesgarse. Un hombre me dijo hace poco que estaba pensando en escribir un libro titulado La segunda vida, hablando de lo que ha hecho la gente impulsada por un cáncer, una enfermedad cardíaca o un accidente. Pero yo no quiero que la gente necesite una segunda vida, sino que viva ésta, la que tiene ahora. La vida es una oportunidad para que cada cual haga, a su manera, su contribución de amor. Me gustaría que encontraras la fuerza que -estoy seguro llevas en tu interior para nutrirte de ella, y que después usaras esa fuerza y esa energía para vivir plenamente. Te darás cuenta de que eres una esfera cuyo centro está en todas partes y su circunferencia en ninguna. De la misma manera que un solo pensamiento afecta a la totalidad de tu cuerpo, también tú, cuando cambias, afectas a todo el mundo. Date, pues, a luz y empieza a vivir. Deja que el río de tu vida fluya libre y profundamente, y que los guijarros de tu amor caigan en el agua para crear ondulaciones que nos alcancen a todos.

 Acuñó el término supernova, en la década de los treinta, un astrofísico llamado Zwicky, famoso por su extravagancia. Nacido en Bulgaria, había estudiado en Suiza y había llegado al Instituto Tecnológico de California en los años veinte, distinguiéndose enseguida por la aspereza de su carácter y su talento errático. No parecía excepcionalmente inteligente, y muchos de sus colegas le consideraban poco más que un «bufón irritante» . Fanático por estar en forma, se lanzaba con frecuencia al suelo en el comedor del instituto o en cualquier otro lugar público a hacer planchas con un solo brazo para demostrar su habilidad a quien le pareciese inclinado a dudar de ella. Era notoriamente agresivo, llegando a resultar tan intimidatorio en sus modales como para que su colaborador más próximo, un amable individuo llamado Walter Baade, se negase a quedarse a solas con él . Zwicky acusaba entre otras cosas a Baade, que era alemán, de ser un nazi. Y no era cierto. En una ocasión, como mínimo, le amenazó con matarle, de modo que Baade , si le veía en el campus del instituto, se encaminaba ladera arriba para buscar refugio en el Observatorio de Monte Wilson. Pero Zwicky también era capaz de exponer ideas propias sumamente brillantes. A principios de la década de los treinta, centró su atención en un asunto que llevaba mucho tiempo preocupando a los astrónomos: la aparición en el cielo de puntos esporádicos de luz inexplicables de nuevas estrellas. Zwicky se planteó algo inverosímil: la posibilidad de que en el meollo de todo aquel asunto estuviese el neutrón, la partícula subatómica que acababa de descubrir en Inglaterra James Chadwick y que era novedosa y estaba muy de moda. A Zwicky se le ocurrió que si una estrella se colapsaba hasta las densidades que se dan en el núcleo de los átomos, el resultado sería un núcleo increíblemente compactado. Los átomos se aplastarían literalmente unos contra otros y sus electrones se verían empujados hacia el núcleo, formando neutrones. El resultado sería, pues, una estrella de neutrones. Imaginemos que aplastamos un millón de balas de cañón muy pesadas hasta reducirlas al tamaño de una canica y…, bueno, ni siquiera con eso nos aproximaríamos. El núcleo de una estrella de neutrones es tan denso que una sola cucharada de su materia pesaría 90.000 millones de kilogramos. ¡Una cucharada! Pero no quedaba ahí el tema. Zwicky se dio cuenta de que, después del colapso de una estrella de aquel tipo, habría una inmensa cantidad de energía sobrante, suficiente para producir la mayor explosión del universo . A estas explosiones resultantes las llamó supernovas. Serían (son) los acontecimientos más grandes de la creación. El 15 de enero de 1934, la revista Physical Review publicó un extracto muy conciso de la exposición que habían hecho, el mes anterior en la Universidad de Stanford, Zwicky y Baade. A pesar de su extrema brevedad (un solo párrafo de 24 líneas), la exposición contenía una enorme cantidad de ciencia nueva: aportaba la primera alusión a supernovas y a estrellas de neutrones; explicaba de forma convincente el proceso de su formación; calculaba correctamente la escala de su potencia explosiva y, a modo de prima adicional, relacionaba las explosiones de supernovas con el origen de un nuevo y misterioso fenómeno, unos rayos (cósmicos), que se había descubierto recientemente que pululaban por el universo. Estas ideas eran, como mínimo, revolucionarias. La existencia de estrellas de neutrones no se confirmaría hasta treinta y cuatro años después. La idea de los rayos cósmicos, aunque considerada plausible, aún no se ha verificado . El extracto era, en conjunto, en palabras de un astrofísico del instituto, Kip S. Thorne, «uno de los documentos más perspicaces de la historia de la física y de la astronomía»  . Lo más curioso es que Zwicky no tenía ni idea de por qué sucedía todo eso. Según Thorne, «no comprendían suficientemente las leyes de la física  como para poder sustanciar sus ideas». Lo único que tenía era talento para las grandes ideas. La tarea del repaso matemático quedaba para otros, sobre todo para Baade. Zwicky fue también el primero que se dio cuenta de que no había ni mucho menos masa visible suficiente en el universo para mantener unidas las galaxias, de modo que tenía que haber algún otro influjo gravitatorio (lo que ahora llamamos materia oscura). Una cosa que no supo ver fue que, si se comprimiese lo suficiente una estrella de neutrones, se haría tan densa que ni siquiera la luz podría escapar a su inmenso tirón gravitatorio. Entonces tendríamos un agujero negro. Desgraciadamente las ideas de Zwicky casi pasaron desapercibidas porque la mayoría de sus colegas le menospreciaban. Cuando el gran Robert Oppenheimer centró su atención cinco años después en las estrellas de neutrones, en un artículo que hizo época, no aludió ni una sola vez a ninguno de los trabajos de Zwicky, a pesar de que éste llevaba años trabajando en el mismo asunto en una oficina que quedaba al fondo del pasillo. Las deducciones de Zwicky respecto a la materia oscura siguieron sin atraer ninguna atención seria durante casi cuarenta años  . Lo único que podemos suponer es que, durante ese periodo, Zwicky debió de hacer un montón de planchas.

Bill Bryson

martes, 7 de diciembre de 2021

 "Ciertas cosas pueden capturar tu mirada. / Pero sigue solo a las que puedan capturar tu corazón”. 

Proverbio Sioux

 Cuando alguien se va, alguien queda. El punto por donde pasó un hombre, ya no está solo. Únicamente está solo, de soledad humana, el lugar por donde ningún hombre ha pasado. Las casas nuevas están más muertas que las casas viejas, porque sus muros son de piedra o de acero, pero no de hombre. Una casa viene al mundo, no cuando la acaban de edificar, sino cuando empiezan a habitarla.

lunes, 6 de diciembre de 2021

 Al final de su libro The Hero's Journey [El viaje del héroe], Joseph Campbell cuenta un cuento sobre un cachorro de tigre huérfano que fue criado por unas cabras. Él no sabía que era un tigre, y balaba y comía hierba como las cabras. Entonces, un día un tigre se lanzó sobre el pequeño rebaño y las cabras huyeron, dispersándose. Pero el cachorro era un tigre, no una cabra, así que se quedó quieto, esperando. El grandullón lo miró y le dijo: «¿Qué haces tú aquí, entre las cabras?». Y el pequeño tigre respondió: «Beeee», y empezó a mordisquear la hierba, un poco avergonzado. El grandullón lo cogió por el cuello, lo llevó hasta un estanque y le dijo: «Ahora, mírate en ese estanque.» Y el cachorro se miró y, por primera vez en su vida, vio cuál era en realidad su cara. Cuando el estanque está en calma tomamos conciencia de nuestra presencia eterna, de que no somos ninguna otra persona. Las ondulaciones del agua confunden nuestra identidad: ahora vengo, ahora desaparezco, me voy. De todas maneras, el cachorro de tigre está empezando a entender el mensaje. La lección siguiente del grandullón es cogerlo y llevárselo a su guarida, donde están los restos todavía frescos de una gacela. El tigre adulto arranca de un mordisco un trozo del sanguinolento despojo y le dice al cachorro que se sirva. Éste retrocede, diciendo: -Soy vegetariano. -Vamos, nada de tonterías -es la respuesta, y le empuja el bocado por la garganta. El cachorro hace arcadas, «como le pasa a todo el mundo con la auténtica doctrina», según dice el texto. Así, entre arcadas, la doctrina verdadera se le va infiltrando en el organismo, ya que es la comida que le corresponde, y le activa el sistema nervioso. Espontáneamente sacudido por el alimento adecuado, el cachorro da un pequeño rugido de tigre, y el grandullón le dice: -Ahora sí. ¡Lo conseguimos! Ahora comeremos comida de tigre. En esto hay una moraleja, naturalmente, y es que, en realidad, todos somos tigres que vivimos aquí como cabras. La función de la sociología y de casi toda nuestra educación religiosa es enseñarnos a ser cabras. Pero la función de la interpretación adecuada de los símbolos mitológicos y de la disciplina de la meditación es ponernos ante nuestro auténtico rostro de tigre. Entonces aparece el problema. Tú has encontrado tu cara de tigre, pero aún sigues viviendo aquí con esas cabras. ¿Cómo vas a hacer eso? Lo que has aprendido es que a través de todas las formas del mundo se irradia el esplendor único de la eternidad. Puedes contemplar la aparición del milagro de la vida en todas estas formas, ¡pero no les dejes saber que eres un tigre! Exteriormente lleva la vestimenta de la ley, y compórtate como todos los demás, pero por dentro lleva la túnica del sendero místico. Este es el gran secreto de la vida. De esto hablamos: de encontrar tu manera de amar al mundo, de no ignorarlo, o de ser verdaderamente indiferente. Padres, maestros y líderes religiosos son figuras de autoridad que pueden convertirnos en cabras cuando somos pequeños tigres natos. La clave está en que encuentres el tigre que hay en ti. Allí donde la gente se burla de la auténtica doctrina, recuerda que, si quieres cambiar a alguien, lo mejor es que utilices el recurso de contar cuentos y anécdotas. Si vas vestido de cabra, la gente no sabrá que ese es el papel interior del místico y el tigre que hay en ti. Cuando te vistes de cabra, es más probable que escuchen tu voz de tigre. Una vez llegué a un taller conduciendo un Chevrolet del año sesenta y nueve prácticamente carcomido por la herrumbre; lo teníamos en casa porque nuestro hijo Stephen iba a restaurarlo. Durante todo el día la gente me escuchó con suma atención, y al final se me acercó una mujer y me dijo: -Debido a su naturaleza humilde, usted ha tenido sobre nosotros un efecto muy profundo. -¿Qué saben ustedes de mi naturaleza humilde? -le pregunté. -Es que hemos visto el coche que lleva -fue su respuesta-. Si hubiera venido en un Mercedes, no podría habernos impresionado de esa manera. De modo que ya sabes a qué me refiero cuando te recomiendo que vayas vestido de cabra.

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