martes, 11 de agosto de 2026

 Esta es una de las ideas más profundas de Viktor E. Frankl, porque no habla de resignación, sino del último espacio de libertad que conserva el ser humano.

"Cuando no eres capaz de cambiar una situación, estás desafiado a cambiarte a ti mismo."

Frankl escribió desde la experiencia. Sobrevivió a los campos de concentración nazis, donde comprobó que existen circunstancias que ninguna voluntad puede modificar: la enfermedad, la muerte de un ser querido, una guerra, una injusticia, el paso del tiempo. Hay momentos en que el mundo simplemente no obedece nuestros deseos.

Sin embargo, ahí aparece la verdadera pregunta: ¿quién decides ser frente a aquello que no puedes cambiar?

Cambiarse a uno mismo no significa dejar de luchar ni conformarse. Significa transformar la manera de responder a la realidad. Una misma adversidad puede convertir a una persona en alguien amargado y a otra en alguien más fuerte, más sabio o más compasivo. El hecho externo es el mismo; la diferencia está en la respuesta interior.

La frase también es una advertencia contra el desperdicio de energía. Muchas personas pasan años intentando cambiar lo que está fuera de su control: el pasado, la personalidad de otros, las decisiones ajenas o el envejecimiento. Mientras tanto, descuidan aquello sobre lo que sí tienen influencia: sus hábitos, su carácter, sus creencias y su actitud.

Hay una paradoja interesante: cuando una persona cambia por dentro, muchas veces cambia también su relación con el problema. El obstáculo puede seguir ahí, pero deja de tener el mismo poder sobre ella.

Esta idea dialoga con el Estoicismo. Epicteto decía que no nos perturban las cosas, sino el juicio que hacemos sobre ellas. Frankl añade un matiz existencial: incluso cuando el sufrimiento es inevitable, siempre queda la libertad de encontrarle un sentido.

En la vida cotidiana, esto puede verse de muchas maneras:

  • No puedes impedir que pasen los años, pero puedes decidir en qué persona te conviertes con ellos.

  • No puedes cambiar el pasado, pero sí la interpretación que haces de él y lo que aprendes.

  • No puedes controlar el comportamiento de los demás, pero sí la dignidad con la que respondes.

En última instancia, la frase nos recuerda que la libertad humana no consiste en controlar el mundo, sino en elegir quién ser cuando el mundo no puede ser controlado. Esa elección, por pequeña que parezca, puede cambiar el significado completo de una vida.

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