Esa frase de Flannery O’Connor es corta pero profunda, y merece que la desmenucemos con cuidado.
1. “La base del arte es la verdad”
Aquí O’Connor establece un principio casi moral o filosófico sobre el arte: la verdad no es solo un ingrediente, sino el cimiento. Esto no significa necesariamente que el arte deba ser documental o literal, sino que debe resonar con una verdad profunda sobre la condición humana, la existencia, o la experiencia. En el caso de O’Connor, que era escritora de ficción con fuerte carga religiosa y moral, la verdad a menudo se traduce en verdad espiritual o ética, aunque encarnada en personajes y situaciones muy humanas, incluso grotescas o violentas.
2. “Tanto en la materia como en el modo”
Esto es lo que lo hace más interesante: distingue dos niveles:
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Materia: el contenido del arte, lo que se cuenta, el tema, los personajes, la situación. La verdad aquí implica autenticidad: los personajes actúan como seres humanos reales, los conflictos son verosímiles, el mundo narrativo funciona de manera coherente. Por ejemplo, O’Connor a menudo muestra la fe, la crueldad, la hipocresía y la redención de manera que nadie puede negar que “podría pasar”.
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Modo: el cómo se cuenta. Esto incluye el estilo, la estructura, la voz narrativa, el ritmo, los símbolos, la forma. Incluso si la materia es profunda, si el modo no es sincero o está manipulado, el arte pierde su verdad. Por ejemplo, un autor que fuerza emociones o utiliza clichés pierde esa “veracidad del modo” que O’Connor valora.
3. Implicaciones
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El arte no es solo un entretenimiento o decoración; tiene una responsabilidad ética y estética.
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La “verdad” en el arte puede ser incómoda, perturbadora, o fea. O’Connor misma no evitaba lo grotesco ni lo violento porque eso reflejaba la verdad de la vida.
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La frase sugiere que la falsedad, aunque sea técnica o estéticamente atractiva, debilita la esencia del arte.
En resumen:
Para O’Connor, un cuento, novela o pintura auténtica toca algo real en quien lo experimenta, tanto por lo que dice como por cómo lo dice. No se trata solo de verosimilitud externa, sino de coherencia interna y resonancia moral o existencial.
Vamos a aplicar la frase de O’Connor a “Un hombre bueno es difícil de encontrar”, su cuento más famoso, y ver cómo la verdad aparece en la materia y en el modo.
1. Materia (el contenido)
En este cuento, O’Connor nos presenta a una familia que viaja de Georgia a Florida, y su encuentro con El Asesino, “El Misfit”.
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La verdad aparece en los personajes: la abuela es manipuladora, egoísta, pero también temerosa y vulnerable; los niños son inocentes y algo crueles; el Misfit es brutal, pero no caricaturesco, tiene su lógica y su código moral retorcido.
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Los conflictos reflejan la condición humana real: egoísmo, hipocresía, miedo a la muerte, búsqueda de sentido.
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La tragedia final no es gratuita: surge de las decisiones y la psicología de los personajes, no de un artificio externo. Es una verdad brutal de la vida y de la muerte, típica de O’Connor.
→ Materia verdadera: personajes y trama que podrían existir, con conflictos humanos universales y consecuencias inevitables.
2. Modo (cómo se cuenta)
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El estilo de O’Connor combina humor negro, detalle minucioso y tensión creciente. La manera en que describe la carretera, el paisaje, la actitud de la abuela o los gestos del Misfit crea un tono inquietante pero verosímil.
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Los diálogos son naturales y reveladores; cada línea construye carácter y tensión.
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O’Connor no edulcora la violencia ni la fe: presenta los hechos y las decisiones sin sentimentalismos, pero con una precisión casi clínica. Esto genera un efecto de auténtica resonancia emocional y moral.
→ Modo verdadero: estilo que respeta la realidad emocional y ética de la historia, sin manipular artificialmente al lector.
3. Síntesis
La historia funciona como arte porque la verdad está en ambas dimensiones:
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Materia: personajes creíbles, conflictos auténticos, temas universales.
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Modo: estilo coherente, lenguaje preciso, tensión y simbolismo que reflejan la realidad de la experiencia humana.
O’Connor demuestra que el arte no consiste solo en contar algo interesante, sino en que ese algo sea profundo, honesto y plenamente humano, tanto en lo que dice como en cómo lo dice.




