Libertad, deber y autoengaño: ¿somos menos libres cuando elegimos sacrificarnos?
En el discurso contemporáneo es frecuente escuchar la afirmación: “no soy libre”. Sin embargo, muchas veces esa declaración no alude a una privación externa —cárcel, censura, violencia— sino a la experiencia subjetiva de estar atado a responsabilidades: cuidar a padres ancianos, sostener un negocio propio trabajando jornadas extenuantes o mantener compromisos que implican renuncia personal.
¿Estamos ante una verdadera falta de libertad o ante una incomodidad frente a las consecuencias de nuestras propias elecciones?
Este ensayo sostiene que, en muchos casos, lo que se interpreta como pérdida de libertad es en realidad el ejercicio de una libertad comprometida con valores. No obstante, también explorará el límite delicado entre elección auténtica y autoengaño.
I. Libertad negativa y libertad positiva
El filósofo Isaiah Berlin distinguió entre libertad negativa (ausencia de interferencia externa) y libertad positiva (capacidad de autodeterminación).
Quien cuida a sus padres no suele estar privado de libertad negativa: podría irse. Nadie lo encadena. La ley no lo obliga necesariamente. Sin embargo, elige permanecer. En ese sentido, su acción puede representar un ejercicio de libertad positiva: actuar conforme a un proyecto moral propio.
Confundir libertad con mera ausencia de límites es reducirla a una versión empobrecida. Toda vida humana significativa implica restricciones autoimpuestas.
II. La libertad como responsabilidad
Para Jean-Paul Sartre, el ser humano está “condenado a ser libre”. Incluso cuando afirma que “no puede”, en realidad está eligiendo no hacerlo. La libertad no desaparece ante la dificultad; se revela en la decisión.
Pero la libertad sartriana no es cómoda: implica asumir responsabilidad total por nuestros actos. Decir “no soy libre porque tengo que cuidar a mis padres” puede ser, desde esta perspectiva, una forma de evadir la responsabilidad de reconocer: “elijo cuidarlos”.
Esta reformulación cambia radicalmente la experiencia subjetiva. La obligación externa se transforma en compromiso interno.
III. Sentido y elección en condiciones difíciles
Viktor Frankl, sobreviviente de los campos de concentración, argumentó que la última libertad humana consiste en elegir la actitud frente a las circunstancias. Incluso en condiciones extremas de coerción, subsiste un espacio interior de decisión.
Aplicado a la vida cotidiana, esto implica que trabajar 12 horas al día puede ser esclavitud psicológica —si responde al miedo o a la compulsión— o puede ser elección con sentido —si responde a un proyecto vital asumido conscientemente.
La clave no es la cantidad de horas, sino el significado atribuido.
IV. El riesgo del autoengaño
No obstante, sería ingenuo romantizar toda renuncia como acto libre. Aquí resulta útil la noción de “mala fe” de Sartre: el autoengaño mediante el cual negamos nuestra propia libertad.
Alguien puede afirmar que “debe” trabajar sin descanso cuando en realidad teme enfrentar el vacío fuera del trabajo. Puede decir que “no puede” dejar una situación cuando en el fondo teme el juicio social. En estos casos, el discurso del deber funciona como refugio psicológico.
Por otro lado, también puede darse la ilusión opuesta: invocar la “libertad” para evitar compromisos que implican sacrificio. La renuncia a valores en nombre de la autonomía puede convertirse en una forma de huida.
V. Libertad y valores: una síntesis
El dilema no se resuelve oponiendo libertad y deber. Más bien, la libertad madura implica elegir conscientemente los deberes que estructuran nuestra vida.
La persona que cuida a sus padres no es menos libre por hacerlo; es más libre en la medida en que reconoce:
“Podría irme, pero elijo quedarme.”
El trabajador independiente que decide reducir su jornada para cuidar su salud también ejerce libertad. El que decide mantenerla por convicción también.
La diferencia decisiva es la conciencia.
La libertad no es ausencia de cargas; es asumir las cargas que consideramos valiosas.
Conclusión
Decir “no soy libre” cuando se actúa conforme a valores propios puede ocultar una incomodidad con el costo moral de nuestras decisiones. Sin embargo, tampoco toda obligación asumida es necesariamente libre: la línea entre compromiso auténtico y autoengaño es sutil.
La libertad humana no consiste en vivir sin límites, sino en reconocer que incluso dentro de límites elegimos quién queremos ser.
Bibliografía
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Isaiah Berlin (1969). Four Essays on Liberty. Oxford University Press.
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Jean-Paul Sartre (1943). L’Être et le Néant. Gallimard.
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Viktor Frankl (1946). …trotzdem Ja zum Leben sagen (trad. esp. El hombre en busca de sentido).