Mariana Enriquez es, sin duda, la figura central del llamado «terror verdoso» o del horror gótico rioplatense contemporáneo. Su obra no entiende el espanto como un ente sobrenatural aislado, abstracto o de utilería, sino como el síntoma visible de traumas históricos, fracturas sociales y la violencia de Estado.
1. El cuerpo como territorio de resistencia y castigo
- En «Las cosas que perdimos en el fuego», un grupo de mujeres decide prenderse fuego voluntariamente para evitar ser mutiladas o asesinadas por la violencia machista. El horror corporal se convierte en una respuesta política extrema: adueñarse de la monstruosidad para anular la violencia patriarcal.
- La enfermedad, las deformidades o el deterioro físico en sus textos suelen ser la manifestación visible del abandono institucional y la segregación económica.
2. La memoria histórica y las huellas de la dictadura
- En «Nuestra parte de noche», la Orden (un culto oligárquico de familias poderosas que sacrifica vidas para perpetuarse y conservar la inmortalidad) opera en complicidad implícita con las altas esferas del poder. Las desapariciones, las torturas y la impunidad no difieren en la práctica de los métodos sistemáticos del terrorismo de Estado.
- Los fantasmas de Enriquez no buscan asustar de forma efectista: son presencias no resueltas que reclaman justicia, memoria y restitución ante el olvido colectivo.
3. La arquitectura de la desigualdad
- El peligro no solo reside en lo sobrenatural que habita en las sombras, sino en la indiferencia del sistema. Las casas abandonadas no son simples «casas embrujadas» de la tradición anglosajona, sino ruinas del colapso económico o sitios de tortura olvidados.
- Los marginados, los niños de la calle y los desposeídos son quienes conviven de manera más directa con lo siniestro, pues ya viven marginados de las garantías básicas del pacto social.
4. La desmitificación del género y la tradición del terror
- Mientras que en el terror anglosajón lo sobrenatural irrumpía para alterar un orden social pacífico, en la obra de Enriquez el orden social ya está roto. Lo espeluznante no altera la normalidad; la expone.

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