"No es fácil ser cronopio. Lo sé por razones profundas, por haber tratado de serlo a lo largo de mi vida; conozco los fracasos, las renuncias y las traiciones. Ser fama o esperanza es simple, basta con dejarse ir y la vida hace el resto. Ser cronopio es contrapelo, contraluz, contranovela,contradanza, contratodo, contrabajo,contrafagote, contra y recontra cada día contra cada cosa que los demás aceptan y tienen fuerza de ley
Cronopios y Famas.
Este pasaje de Julio Cortázar es casi un manifiesto existencial. Aunque los cronopios aparecieron originalmente como personajes humorísticos en Historias de cronopios y de famas, con el tiempo se convirtieron en un símbolo de una forma de estar en el mundo.
La frase comienza con una confesión:
"No es fácil ser cronopio."
No habla como un observador, sino como alguien que lo ha intentado. Ser cronopio no es un don espontáneo, sino una lucha. Cortázar admite haber conocido "fracasos, renuncias y traiciones". Es decir, incluso quien desea vivir de manera libre termina, muchas veces, cediendo ante las exigencias de la sociedad.
Después contrapone tres figuras:
- Las famas representan el orden, la burocracia, las reglas, la organización. Viven cómodamente dentro de lo establecido.
- Las esperanzas son pasivas. Se dejan llevar por la corriente sin cuestionarla demasiado.
- Los cronopios, en cambio, son inconformes, imaginativos, sensibles y rebeldes.
Por eso afirma:
"Ser fama o esperanza es simple, basta con dejarse ir y la vida hace el resto."
Aquí hay una crítica muy profunda al conformismo. La sociedad posee una enorme fuerza de gravedad. Si uno no opone resistencia, termina viviendo según las expectativas ajenas: estudiar, trabajar, consumir, repetir opiniones, adaptarse. No hace falta decidir; basta con dejarse llevar.
Lo más poderoso llega al final:
"Ser cronopio es contrapelo, contraluz, contranovela, contradanza, contratodo..."
La repetición obsesiva del prefijo contra crea un ritmo casi musical. No significa oponerse por capricho, sino negarse a aceptar que las costumbres sean la medida de la verdad.
Ser "contrapelo" es ir en dirección opuesta a la corriente.
Ser "contraluz" es mirar aquello que los demás no ven.
Ser "contranovela" es rechazar los relatos prefabricados sobre cómo debe vivirse.
Y cuando concluye con:
"...contra cada cosa que los demás aceptan y tienen fuerza de ley."
está señalando uno de los mayores peligros de cualquier sociedad: que una costumbre termine pareciendo una ley natural. Muchas normas sociales nunca fueron demostradas; simplemente se heredaron y dejaron de discutirse.
En el fondo, el cronopio de Cortázar es un símbolo del individuo que protege su imaginación y su libertad interior frente a la presión de la normalidad. No busca llevar la contraria por deporte. Lo hace porque sabe que una vida completamente adaptada puede convertirse en una vida dormida.
Hay un eco que une a Cortázar con muchos pensadores. Cuando Friedrich Nietzsche invitaba a desconfiar de la moral del rebaño, cuando Albert Camus describía al hombre rebelde, o cuando George Orwell defendía el derecho a decir lo que todos prefieren callar, estaban explorando un territorio semejante: la libertad comienza donde termina la obediencia automática.
Cortázar, sin embargo, lo dice con una sonrisa y una pirueta del lenguaje. En lugar de proclamar una revolución, inventa una criatura fantástica. Y esa es quizá la mayor enseñanza del cronopio: la imaginación también puede ser una forma de resistencia. No todas las revoluciones marchan con banderas; algunas caminan con los bolsillos llenos de sueños y la obstinación de no parecerse demasiado al mundo que las rodea.


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