Vives en esa pequeña porción de tiempo que es tuya, pero esa porción de tiempo no es solo tu propia vida, es el sumatorio de todas las otras vidas simultáneas con la tuya. Lo que eres es una expresión de la historia.
-Robert Penn Warren, World Enough and Time
La
frase de Robert Penn Warren tiene algo de relámpago histórico: rompe la
ilusión de que somos individuos aislados, pequeñas islas con DNI y
hábitos propios.
Warren dice lo contrario: eres una corriente. Un
remolino temporal hecho de voces antiguas, guerras olvidadas, lenguas
heredadas, traumas familiares, canciones, derrotas y sueños colectivos.
Cuando
afirma “vives en esa pequeña porción de tiempo que es tuya”, reconoce
primero nuestra fragilidad. Apenas ocupamos un instante. Un pestañeo
entre cementerios y maternidades.
Pero luego abre la compuerta: ese
instante no te pertenece del todo porque está atravesado por millones de
vidas simultáneas.
Tu vida ocurre mientras otros aman, mueren,
gobiernan, migran, escriben, fabrican pan, disparan armas, rezan,
programan máquinas o barren calles. Todo eso te afecta aunque no lo
notes.
La frase “lo que eres es una expresión de la
historia” destruye el mito del “yo puro”. Tus ideas no nacieron
enteramente de ti. Incluso tu rebeldía tiene genealogía. El idioma con
el que piensas ya venía usado por siglos de muertos. Tus deseos fueron
moldeados por cultura, clase social, tecnología, educación, religión,
propaganda, heridas familiares. Hasta lo que llamas “personalidad” puede
ser una cicatriz histórica con buenos modales.
Hay
aquí un eco de Karl Marx: los individuos están moldeados por fuerzas
históricas y materiales.
También recuerda a Friedrich Nietzsche, quien
veía al ser humano como un campo de fuerzas heredadas.
Y hasta a Carl
Jung: debajo del individuo habitan símbolos colectivos antiquísimos.
Pero
Warren no suena frío ni determinista. Hay algo casi trágico y poético:
somos historia encarnada. Caminamos creyéndonos originales mientras
cargamos imperios enteros en la sangre. Un hombre discutiendo en
internet sobre política quizá esté actuando, sin saberlo, guerras
civiles de hace cien años. Una madre temerosa puede estar transmitiendo
hambres que nunca vivió. El pasado es ventrílocuo.
Y
sin embargo, ahí vive también la dignidad humana: si somos expresión de
la historia, entonces nuestras acciones también modifican la historia
futura. Eres herencia, sí, pero también contagio. Lo que dices hoy puede
convertirse en la voz interior de alguien mañana.
Es una idea hermosa y terrible.
No somos solamente “yo”.
Somos una multitud usando una sola cara.
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