En esto tuve una poderosa sensación: sentí una gran piedad por todos los seres humanos, fueran quienes fueran.
Vi sus caras, sus bocas afligidas, sus personalidades, sus intentos por estar alegres, su petulancia, su sensación de pérdida, sus agudezas vacías y torpes enseguida olvidadas.
Y todo, ¿para qué?
Comprendí que el ruido del silencio estaba en todas partes, y que, sin embargo, todo y en todas partes era silencio.
Jack Kerouac
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