“Las gigantescas catástrofes que hoy nos amenazan no son acontecimientos elementales de un orden físico o biológico, sino sucesos psíquicos. En un grado verdaderamente aterrador, estamos amenazados por guerras y revoluciones que no son otra cosa que epidemias psíquicas.
En
cualquier momento, varios millones de seres humanos pueden ser
infectados por una nueva locura, y entonces tendremos otra guerra
mundial o una revolución devastadora. En lugar de estar a merced de
bestias salvajes, terremotos, deslizamientos de tierra e inundaciones,
el hombre moderno es golpeado por las fuerzas elementales de su propia
psique.”
— Carl Jung
Jung escribe esto como quien escucha crujir una casa antes del incendio.
Su idea central es brutal: el mayor peligro
para la humanidad ya no viene de la naturaleza, sino de la mente humana
colectiva.
Antes, el ser humano temía al rayo, la peste o al lobo detrás del bosque. Ahora el monstruo aprendió a usar uniforme, bandera, algoritmo, micrófono y eslogan. El depredador vive dentro del cráneo.
Cuando Jung habla de “epidemias psíquicas”, se refiere a momentos en que emociones irracionales —miedo, odio, resentimiento, fanatismo, paranoia— se contagian masivamente. La razón individual se derrite dentro de la multitud. El individuo deja de pensar; empieza a repetir. Y ahí nace la histeria colectiva.
Piensa en el ascenso del nazismo, las purgas estalinistas, los genocidios, las cacerías ideológicas. Millones de personas normales participaron en horrores porque una emoción colectiva reemplazó al juicio moral. Jung veía eso como una infección del alma social.
Lo inquietante es que esta idea hoy parece todavía más vigente.
Las redes sociales funcionan muchas veces como aceleradores de
epidemias psíquicas: indignación viral, conspiraciones, tribalismo
político, odio instantáneo. Un rumor puede cruzar continentes antes de
que alguien tenga tiempo de pensar. La tecnología convirtió al contagio
emocional en alta velocidad.
Jung también está diciendo algo incómodo: la civilización moderna cree dominar la naturaleza, pero no se domina a sí misma. Podemos dividir el átomo y aun así ser esclavos de impulsos primitivos. El simio aprendió física nuclear antes de aprender sabiduría. Mala combinación. Dinamita en manos de un sueño febril.
Hay además una advertencia profundamente psicológica: aquello que una sociedad reprime termina regresando de forma monstruosa. Jung hablaba de “la sombra”: todo lo oscuro que negamos en nosotros mismos. Cuando las personas creen ser absolutamente buenas, puras o moralmente superiores, suelen proyectar el mal en otros grupos. Entonces aparecen enemigos absolutos, y con ellos la justificación de cualquier atrocidad.
Por eso esta cita no es solo política; es existencial.
Jung sugiere que la
supervivencia humana depende de la conciencia interior. Una sociedad
incapaz de examinar sus obsesiones termina poseída por ellas.
El terremoto ya no viene de la tierra.
El terremoto ya no viene de la tierra.
Viene del subconsciente colectivo golpeando las paredes del mundo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario