La idea de una "cirugía ontológica" es una metáfora fascinante.
Si entendemos la ontología como la rama de la filosofía que estudia la naturaleza del ser, la existencia y la realidad, una cirugía de este tipo no implicaría bisturís ni anestesia física, sino una intervención deliberada, profunda y radical en las estructuras mismas de nuestra identidad, creencias fundamentales y forma de concebir la realidad.
¿Debería hacerlo cada ser humano?
La respuesta corta es: no todos la necesitan de forma urgente, pero nadie sale ileso (ni igual) después de una.
cómo funcionaría este concepto y por qué es una propuesta tan atractiva como peligrosa:
¿Debería hacerla cada ser humano?
Proponer que todos pasen por esto es una espada de doble filo.
El argumento a favor: La mayoría de las personas operan bajo un "sistema operativo" heredado: traumas de la infancia, mandatos familiares, dogmas religiosos, ideologías políticas y constructos sociales que nunca eligieron conscientemente. Vivir sin una revisión ontológica es, como diría Sócrates, una vida no examinada. Una cirugía ontológica es el precio para alcanzar la auténtica libertad y autonomía.
El contraargumento: No todo el mundo está listo para el postoperatorio. Desmantelar las verdades que sostienen la realidad de una persona puede provocar una crisis existencial profunda, nihilismo o el colapso de su salud mental. Como bien sugerían filósofos de la sospecha como Nietzsche o Schopenhauer, la ilusión a veces es un mecanismo de supervivencia necesario. Romper el cascarón requiere fuerza para soportar la intemperie.
¿Cómo sería una Cirugía Ontológica?
Si tuviéramos que diseñar el "protocolo médico" para esta intervención, constaría de cuatro fases críticas:
1. Diagnóstico y Anestesia Selectiva
El paciente debe identificar qué parte de su "Ser" está infectada o atrofiada (por ejemplo: la necesidad patológica de aprobación, el miedo existencial a la muerte, o un sesgo ideológico que ciega su visión del mundo).
La anestesia: Aquí no se duerme la conciencia; al contrario, se hiper-despierta. La "anestesia" consiste en suspender temporalmente el juicio y el ego para poder observar el propio dolor y las propias contradicciones sin reaccionar defensivamente.
2. La Incisión: La Duda Radical
El cirujano (que es la propia conciencia del individuo, a veces guiada por la filosofía, el arte o una crisis vital) realiza el primer corte cuestionando lo incuestionable.
Se introduce la pregunta: “Si quito esta creencia, este trabajo, este rol familiar o esta etiqueta política... ¿quién queda de pie?” Es el despojo de las capas superficiales de la identidad.
3. Extirpación del "Tejido Necrótico"
Aquí se remueven los absolutos. Se extraen los tumores del autoengaño, las certezas heredadas y los resentimientos históricos que el individuo ha integrado como parte de su definición esencial. Es la fase más dolorosa porque se siente como si te estuvieran arrancando un trozo de carne, cuando en realidad te están quitando una prótesis que te impedía caminar por ti mismo.
4. Reconstrucción y Sutura
No se trata de dejar un vacío (eso llevaría al nihilismo absoluto), sino de reconstruir. Se suturan los bordes del ser con nuevos materiales: responsabilidad radical, aceptación de la finitud y la creación de un sentido propio. La herida cierra, pero deja una cicatriz permanente que recuerda que la realidad es plástica y que el "Yo" es un proceso, no un objeto fijo.
El Postoperatorio: Los Riesgos y el Resultado
El verdadero reto de la cirugía ontológica no ocurre en el quirófano, sino en el regreso a la vida cotidiana.
El riesgo de rechazo: Es común que el entorno del paciente (familia, amigos, sociedad) rechace al "nuevo ser" porque ya no encaja en las dinámicas anteriores. El paciente de la cirujía ontológica suele volverse un extranjero en su propia tierra.
La recuperación: Quien sobrevive a la operación ya no posee certezas, sino que habita preguntas. Desarrolla una tolerancia tremenda a la incertidumbre y una ligereza existencial. Ya no es arrastrado por las corrientes del pensamiento colectivo; ahora elige conscientemente qué batallas pelear y bajo qué términos definir su existencia.
En resumen: no es una obligación que cada ser humano se someta a ella, pero aquellos que sienten que su vida actual es un traje ajeno o una farsa bien ensayada, tarde o temprano terminan firmando el consentimiento para entrar al quirófano de la conciencia.
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