miércoles, 20 de mayo de 2026

Pascal Quignard convierte el amor en un gesto extraño y casi contrario a lo que solemos imaginar. No habla de posesión, fusión ni conquista. Habla de retirada. Y esa palabra pesa. Porque retirarse no es abandonar: es dar espacio.

“Amar es retirarse” implica que el amor verdadero no invade. 
No coloniza al otro con expectativas, miedo o necesidad. Hay personas que dicen “te amo” cuando en realidad dicen: “no soportaría perderte”. Quignard separa ambas cosas con una delicadeza brutal. Amar sería no devorar.

“Dejar que el otro exista” parece una frase sencilla, pero es probablemente una de las tareas más difíciles. Casi siempre intentamos corregir, interpretar, salvar o completar a quien amamos. Como si el otro fuese un cuarto vacío que debemos amueblar con nuestras obsesiones. Quignard propone lo contrario: permitirle ser incluso en aquello que no comprendemos.

Y luego aparece la imagen más hermosa:
“abrirle un claro en la espesura del propio ser”.
Eso es poesía pura. El “claro” recuerda esos espacios en medio del bosque donde entra la luz. La espesura es el ego, la historia personal, los traumas, los deseos, el ruido interno. Amar sería despejar un sitio dentro de uno mismo para que el otro pueda existir sin quedar atrapado entre las ramas de nuestras carencias.

También hay algo profundamente melancólico aquí: el otro “permanece en el misterio”. Nunca conoceremos del todo a nadie. Ni siquiera después de años. Siempre habrá una habitación cerrada, una nostalgia secreta, un idioma interno. Y el amor maduro acepta eso sin exigir traducción completa. El amor tóxico, en cambio, quiere llave, mapa y vigilancia las veinticuatro horas. Como un guardia de supermercado emocional.

Quignard entiende el amor no como captura, sino como hospitalidad. 
No como “ven y sé mío”, sino como “aquí tienes un lugar donde puedes respirar”.

Es una visión silenciosa del amor. Casi monástica. Como quien sostiene un pájaro con las manos abiertas y no cerradas. Porque hay afectos que, en cuanto aprietan, asfixian. 

 

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