domingo, 24 de mayo de 2026

 "Descubrí que los libros en otros idiomas estaban en la tercera planta, donde nunca iba nadie, así que me trasladé allí. 

En esa sección me acurruqué contra una ventana llena de telarañas con Cyrano de Bergerac en francés. Aún no sabía suficiente francés para leer Cyrano, pero eso no me detuvo.

 Fue entonces cuando descubrí que se puede leer en un idioma que no se conoce si se lo ama lo suficiente. Se puede hacer cualquier cosa que se ame lo suficiente. 

Lloré mucho en la tercera planta, por Cyrano y por otra gente. Di con la novela Jean Christophe y lloré por su personaje; y con Baudelaire, y lloré por él. Creo que solo a los quince años se puede apreciar realmente Las flores del mal. 

A veces tomaba por asalto las regiones de habla inglesa de la planta baja y me llevaba a casa a escritores como Ernest Dowson —«¡Te he sido fiel, Cynara! A mi manera»— y lloraba un poco más. 

Ah, eran buenos años para el llanto, y una biblioteca es un buen sitio para llorar. Bajito".


- Ursula K. Le Guin

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