ADVERTENCIAS PARA UNA PERSONA ESPECIAL
Ten cuidado con el poder, esa avalancha puede enterrarte, nieve, nieve, nieve, asfixiando tu montaña.
Ten cuidado con el odio, puede abrir la boca y arrojarte fuera de ti para comerse tu pierna, un instante leproso.
Ten
cuidado con los amigos, porque cuando los traiciones, como lo harás,
enterrarán sus cabezas en la taza del baño y tirarán la cadena.
Ten
cuidado con tu intelecto, porque sabe tanto que no sabe nada y te deja
colgando al revés, bramando conocimiento mientras tu corazón cae de tu
boca.
Ten cuidado con los
juegos, el papel del actor, el discurso planeado, sabido, dado, porque
te traicionarán y te quedarás como un niño pequeño desnudo, orinándose
sobre su propia camita.
Ten
cuidado con el amor (a menos que sea verdadero, y cada parte de ti diga
sí incluyendo los dedos de los pies), porque te envolverá como una
momia, y tu grito no podrá ser oído y ninguno de tus movimientos
servirá.
¿Amor? Sea
hombre. Sea mujer. Debe ser una ola por la que quieres deslizarte,
entregarle tu cuerpo, entregarle tu risa, entregar, cuando la arena
áspera te atrape, tus lágrimas en la tierra. Amar a otro es algo
semejante a una plegaria y no puede ser planeado, solo caes en sus
brazos porque tus creencias desarman tu incredulidad.
Persona
especial, si yo fuera tú no prestaría atención a mis advertencias,
hechas en cierto modo de tus palabras y en cierto modo de las mías. Una
colaboración. No creo una palabra de lo que he dicho, excepto una,
excepto que te pienso como un árbol joven con hojas pegadas y sé que te
enraizarás y vendrá lo realmente verde.
Déjalo
ser. Déjalo ser. Oh, persona especial, hojas posibles, a esta máquina
de escribir le gustas en el camino hacia ellas, pero quiere quebrar
copas de cristal en la celebración, por ti, cuando la oscura corteza se
arroja y flotas alrededor como un globo desinflado.
— Anne Sexton
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