Qué potente aforismo para desmantelar la idea convencional de la revolución.
Al atribuirse esta perspectiva a Ludwig Wittgenstein —un pensador cuya vida entera fue una implacable demolición y reconstrucción de sus propios cimientos intelectuales—, la frase adquiere un peso existencial y ético profundo. No se trata de la agitación social externa, sino de la subversión de las propias certezas.
La autocrítica como el verdadero acto radical
La historia está llena de revoluciones colectivas que terminaron replicando las mismas estructuras de opresión que juraron destruir, precisamente porque los individuos que las lideraron no transformaron sus propias pulsiones internas. Wittgenstein parece advertir que la periferia no cambia si el centro permanece intacto. El verdadero revolucionario no es el que derroca a un soberano externo, sino el que es capaz de deponer a su propio ego, sus dogmas y sus sesgos heredados.
El eco con el quehacer filosófico
Esta idea resuena con fuerza en la propia trayectoria del filósofo. Pocos pensadores han tenido la audacia de escribir una obra cumbre (el Tractatus Logico-Philosophicus), retirarse creyendo haber resuelto todos los problemas de la filosofía, y años más tarde regalarle al mundo las Investigaciones filosóficas, donde se encarga de refutar, enmendar y complejizar su propio pensamiento lingüístico. Wittgenstein encarnó la capacidad de revolucionarse a sí mismo en el sentido más estricto del término: no se casó con su propio mito.
La batalla contra el lenguaje y la costumbre
Para él, la filosofía era una "batalla contra el embrujo de nuestro entendimiento por medio del lenguaje". Vivimos atrapados en redes conceptuales, prejuicios y formas de ver el mundo que asumimos como verdades absolutas.
Romper con ese embrujo,
cuestionar la gramática con la que estructuramos nuestra realidad,
y estar dispuesto a habitar la incomodidad de la incertidumbre,
...es el único proceso genuinamente emancipador.
"Los hombres caen en la cuenta de que la situación es desastrosa, pero no de que la culpa es de ellos, de su propia ceguera."
— Extraído de sus notas personales (Cultura y Valor).
La transformación del entorno es una consecuencia inevitable de la transformación del individuo. Si no hay una grieta en el propio "yo", cualquier revolución externa es solo un cambio de decorado.

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