martes, 26 de mayo de 2026

 El experimento de Harry Harlow es uno de los más impactantes y perturbadores de la historia de la psicología. 

Y, curiosamente, surgió para demostrar que Watson estaba equivocado.

La pregunta que inició todo

En los años 50, muchos psicólogos influenciados por el conductismo de John B. Watson creían que el vínculo entre madre e hijo existía solo porque la madre alimenta al bebé.

La idea era simple:
el bebé ama a la madre porque le da comida.

Harlow pensó que esa explicación era demasiado pobre.

Entonces decidió probarlo con monos rhesus.

El experimento

En la University of Wisconsin–Madison, Harlow separó a bebés de mono de sus madres biológicas y los puso en jaulas con dos “madres artificiales”:

  1. Una madre de alambre

    • hecha de metal

    • fría

    • con un biberón que daba leche

  2. Una madre cubierta de tela suave

    • cálida

    • agradable al tacto

    • pero sin comida

Según la teoría conductista, los monos deberían preferir la madre de alambre, porque era la que alimentaba.

Pero ocurrió exactamente lo contrario.

Lo que hicieron los monos

Los monos pasaban casi todo el tiempo abrazados a la madre de tela.

Solo se acercaban a la madre de alambre unos minutos para beber leche, y luego regresaban rápidamente a la madre suave.

Cuando los investigadores los asustaban con un objeto extraño, los monos corrían a abrazar la madre de tela para sentirse seguros.

Harlow llamó a esto:

“contact comfort”
(el consuelo del contacto).

Lo que demostró

El experimento mostró algo fundamental:

El vínculo madre-hijo no se basa solo en comida.

Se basa en:

  • contacto físico

  • seguridad

  • afecto

Esto fue una confirmación poderosa de las ideas que desarrollaría el psicólogo John Bowlby con su teoría del apego.

La parte más oscura

Harlow llevó sus experimentos mucho más lejos.

Crió algunos monos completamente aislados, sin contacto social.

Los resultados fueron devastadores.

Muchos monos desarrollaron:

  • conductas repetitivas

  • miedo extremo

  • incapacidad para interactuar con otros monos

  • depresión severa

Cuando crecían, algunos no podían reproducirse ni cuidar a sus crías.

Harlow mismo llegó a construir un aparato al que llamó brutalmente “the pit of despair” (el pozo de la desesperación) para estudiar la depresión en los monos.

El impacto en la psicología

Aunque hoy estos experimentos serían considerados éticamente inaceptables, cambiaron profundamente nuestra comprensión del desarrollo humano.

Mostraron que los seres vivos necesitan algo más que alimento o estímulos:

necesitan afecto y vínculo.

Gracias a esos estudios se transformaron prácticas en:

  • orfanatos

  • hospitales infantiles

  • adopción

  • crianza

Antes, por ejemplo, en muchos hospitales no dejaban que las madres tocaran mucho a sus bebés. Después de estas investigaciones, eso cambió radicalmente.

La paradoja

Harlow demostró científicamente algo que la humanidad ya intuía desde siempre:

Los seres vivos no sobreviven solo con comida.

También necesitan contacto, cariño y protección.

Sin eso, incluso un organismo sano puede romperse por dentro.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Archivo del blog

Buscar este blog