“Con creciente frecuencia en los últimos tiempos, la gente ha confundido los privilegios con los derechos, la objetividad con la subjetividad, el desear con el querer, el querer con el necesitar, el precio con el valor, la abundancia con la plenitud, la realidad con la apariencia, y la uniformidad con la igualdad. Por no mencionar el malestar con la enfermedad.”
— Lou Marinoff
Este fragmento es un diagnóstico cultural. No habla sólo de errores intelectuales: habla de una civilización que ha perdido el oído para distinguir las cosas esenciales. Como alguien que ya no diferencia el ruido del canto del pájaro.
“Privilegios con derechos”
Un derecho pertenece a la
dignidad humana; un privilegio depende de circunstancias, poder o
concesiones. Cuando se confunden, nace la indignación perpetua:
cualquier comodidad empieza a sentirse como obligación del mundo hacia
uno mismo.
“Objetividad con subjetividad”
Vivimos en la era del “yo siento, luego es verdad”. La experiencia personal se vuelve tribunal supremo. Pero una emoción no siempre es un hecho. El termómetro interno puede estar roto y aun así juramos que marca el clima del universo.
“Desear con querer”
Desear es fantasear. Querer implica dirección, disciplina, sacrificio. Muchos desean escribir una novela; pocos quieren sentarse solos durante años frente a la página muda, ese desierto blanco que exige sangre y café frío.
“Querer con necesitar”
El mercado explota esta confusión como un alquimista de neón. Nos convence de que cada capricho es indispensable. Así nacen personas hambrientas rodeadas de objetos.
“Precio con valor”
Algo caro no necesariamente vale mucho. Un reloj puede costar una fortuna y no detener ni un segundo la angustia de quien lo usa. Mientras tanto, una conversación honesta o una tarde bajo la lluvia pueden ser priceless —como diría un publicista poseído por un monje zen.
“Abundancia con plenitud”
Tener mucho no es estar lleno. Hay mansiones con ecos de mausoleo. La abundancia multiplica posesiones; la plenitud ordena el alma.
“Realidad con apariencia”
La época de las pantallas perfeccionó este espejismo. Se exhibe felicidad como quien maquilla cadáveres. Todo reluce; poco respira.
“Uniformidad con igualdad”
La igualdad auténtica reconoce la dignidad común entre diferencias. La uniformidad, en cambio, aplasta diferencias para producir una masa dócil. Un jardín no es hermoso porque todas las flores sean idénticas.
Y el remate es feroz:
“Dis-ease con disease.”
Marinoff juega con el inglés: disease (enfermedad) contiene dis-ease, “falta de sosiego”. Sugiere que no todo sufrimiento humano es patología médica. A veces el vacío, la tristeza o la ansiedad son respuestas humanas a una vida fracturada, no simples fallas químicas que deban anestesiarse.
La frase entera tiene algo de campana filosófica en medio de una feria electrónica: nos advierte que cuando el lenguaje se corrompe, también se corrompe la percepción. Y quien ya no distingue entre valor y precio termina vendiendo el alma por descuentos de temporada.
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