viernes, 5 de junio de 2026

 

La frase de Antonio Tabucchi parece sencilla, pero es una pequeña declaración de principios:

"No me dejes solo entre personas llenas de certezas. Esa gente es terrible."

Tabucchi no teme a la ignorancia, sino a la convicción absoluta. Las personas llenas de certezas suelen creer que ya han llegado al final del camino, que no necesitan preguntar, escuchar ni dudar. Y cuando la duda desaparece, también se debilitan la curiosidad, la empatía y la capacidad de cambiar.

La palabra "terrible" no señala necesariamente crueldad. Habla de algo más sutil: el peligro de quien está tan seguro de poseer la verdad que deja de ver la complejidad del mundo. Muchas de las intolerancias de la historia nacieron precisamente de certezas inquebrantables.

Hay aquí una tradición intelectual que va de Sócrates a Montaigne: la idea de que la sabiduría comienza cuando reconocemos los límites de nuestro conocimiento.

La frase tiene el tono de una oración laica. "No me dejes solo..." suena como el ruego de un viajero que pide compañía antes de atravesar un desierto. Pero el desierto no está vacío: está lleno de personas. Y, paradójicamente, esa multitud resulta más inquietante que la soledad.

Las certezas aparecen como una armadura tan rígida que impide abrazar el misterio. Frente a ellas, Tabucchi parece elegir la compañía de quienes dudan, preguntan y vacilan. Porque la duda no es una grieta en la inteligencia; es una ventana.
La imagen que queda es hermosa y perturbadora: un hombre rodeado de voces que afirman saberlo todo, buscando desesperadamente a alguien que todavía conserve una pregunta en los ojos.  

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