Lo cierto es que vivimos en un mundo de conflicto y oposición porque es un mundo de demarcaciones y fronteras. Y puesto que cada línea fronteriza es también una línea de batalla, henos aquí con la difícil situación humana: cuanto más firmes son nuestras fronteras, más encarnizadas son nuestras batallas. Cuanto más me aferro al placer, más temo —necesariamente— al dolor. Cuanto más voy en pos del bien, tanto más me obsesiona el mal. Cuantos más éxitos busco, mayor será mi terror al fracaso. Cuanto mayor sea el afán con que me aferro a la vida, más aterradora me parecerá la muerte. Cuanto mayor sea el valor que asigne a una cosa, más me obsesionará su pérdida. En otras palabras, la mayoría de nuestros problemas lo son de demarcaciones y de lo opuestos que éstas crean.
Este fragmento es una profunda reflexión existencial y filosófica sobre la naturaleza de la dualidad humana y el sufrimiento.
El Autor
Este texto pertenece al filósofo, psicólogo y pensador transpersonal estadounidense Ken Wilber, y es un pasaje central de su célebre libro "La conciencia sin fronteras" (No Boundary, publicado originalmente en 1979).
Wilber es conocido por desarrollar una "teoría integral" que busca unificar la ciencia, la psicología, la filosofía y las tradiciones espirituales de Oriente y Occidente.
El núcleo del fragmento gira en torno a una idea central: el sufrimiento humano y el conflicto no nacen de las circunstancias externas, sino de la fragmentación que creamos mentalmente al trazar "fronteras" (demarcaciones).
puntos clave de su tesis:
La ilusión de los opuestos (Dualidad): Wilber plantea que al definir un concepto positivo, inventamos automáticamente su opuesto negativo. No podemos desear fervientemente el "éxito" sin crear, al mismo tiempo, un miedo proporcional al "fracaso". Ambos son las dos caras de la misma moneda; no pueden existir el uno sin el otro.
La frontera como línea de batalla: En el momento en que trazamos una línea divisoria para protegernos o aferrarnos a algo (el placer, la vida, el bien), convertimos esa línea en un frente de guerra. Cuanta más energía gastamos en defender un lado de la frontera, más amenazante y poderoso se vuelve el lado exterior (el dolor, la muerte, el mal).
El apego genera resistencia: El texto resuena fuertemente con la filosofía budista (particularmente el concepto de Dukkha o sufrimiento derivado del apego). Al aferrarnos con fuerza a una vivencia o estatus, generamos una resistencia neurótica hacia su pérdida inevitable.
La premisa de Wilber en este análisis es diagnóstica: la raíz de la angustia humana es cartográfica; nos pasamos la vida dibujando mapas y fronteras en nuestra mente para separar lo que nos gusta de lo que nos asusta.
La solución que el autor propone a lo largo de su obra no es luchar para que el "bien" gane al "mal", sino trascender la frontera misma para alcanzar un estado de conciencia de unidad (no-dualidad), donde los opuestos dejan de estar en guerra.
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