domingo, 28 de junio de 2026

 Desde nuestra perspectiva, la Declaración de Independencia parece algo inevitable, pero lo cierto es que estuvo a punto de no existir, debido a la renuencia de algunos revolucionarios clave. 

«Los hombres que asumieron papeles de mando en la Revolución norteamericana no reunían las características propias de un revolucionario», relata el historiador y ganador del premio Pulitzer Jack Rakove. 

«Y, sin embargo, se convirtieron en revolucionarios a pesar de sí mismos.» 

En los años anteriores a la guerra, John Adams temía las represalias británicas, pero es que, además, no quería renunciar a su incipiente carrera de abogado; solo se implicó a raíz de su elección como delegado del Primer Congreso Continental.

 George Washington estaba concentrado en la administración de sus negocios de trigo, harina, pesca y cría de caballos, y se unió a la causa solo después de que Adams lo nombrara comandante en jefe del Ejército. «He hecho cuanto estaba en mano para evitarlo», escribió Washington.

Casi dos siglos más tarde, Martin Luther King se sentía nervioso ante la idea de liderar el movimiento de los derechos civiles; su sueño era ser pastor y rector universitario. 

En 1955 Rosa Parks fue juzgada por negarse a ceder su asiento en la parte delantera de un autobús, y tras el proceso varios activistas de los derechos civiles se reunieron para debatir cómo debían reaccionar. 
Acordaron formar la Asociación de Mejora de Montgomery, además de lanzar un boicot contra los autobuses, y uno de los asistentes propuso a King para la presidencia de la organización.

«Sucedió tan rápidamente que no tuve tiempo de pensarlo. Es probable que de haberlo pensado bien, hubiera rechazado la nominación», afirmaba King.
 
Tan solo tres semanas antes, King y su mujer habían acordado que él «no debía asumir en ese momento ninguna responsabilidad grande en la comunidad», ya que recientemente había terminado su tesis y necesitaba dedicarle más atención a su trabajo en la iglesia. 
No obstante, fue elegido por unanimidad para dirigir el boicot. Obligado como estaba a dar un discurso a la comunidad esa misma noche, «me sentí poseído por el miedo». 
King pronto superó ese miedo y en 1963 su atronadora voz unió a todo un país en torno a una épica visión de la libertad. 
Pero eso sucedió solamente porque un compañero propuso a King como orador final en la Marcha sobre Washington y reunió a una coalición de líderes para que abogasen por él.

Adam Grant 

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