sábado, 27 de junio de 2026

 Cómo me volví imposible

Mary Ruefle

Nací tímida, congénitamente incapaz de hacer algo
rentable, de ver algo en color, de amar las ciruelas,
con una marcada aversión a desplazarme por la habitación,
lo cual es perfectamente normal en los bebés.

«¿Quién escribió esto?», fueron mis primeras palabras.

No me gustaba que me prendieran fuego.

Cayó más nieve de la que podía derretirse;
me volví de ojos verdes y, a su debido tiempo, viajé
a otros países donde me formé opiniones
sobre los objetos duros, fríos y brillantes,
y sobre las cosas suaves, cálidas y afelpadas.

Ya tarde en la vida empecé a desarrollar
una pasión por los caquis y me sentí absolutamente feliz
cuando llegó una postal destinada a los recién fallecidos.

Me volví recalcitrante, pasando cada vez más tiempo
con mi bote de remos.

Durante toda mi vida creí que los osos polares
y los pingüinos crecían juntos, jugando uno al lado del otro
sobre el hielo, compartiendo el mismo horizonte,
trozos de grasa de ballena
y leyendas inocentes.

Un día leí una revista científica:

no hay pingüinos en un polo
ni osos polares en el otro.

Aquellos dos, que durante tanto tiempo fueron íntimos
en mi imaginación, comenzaron a alejarse,
cada uno por su lado,
perdiéndose en los mares glaciares.

Entonces comprendí que me estaba volviendo
imposible, cada vez más imposible,

y que algún día eso sería realmente cierto.



Este poema parece una autobiografía, pero en realidad es una reflexión sobre cómo cambia la conciencia humana

Ruefle mezcla recuerdos, fantasía, humor y melancolía para mostrar que crecer no significa acumular certezas, sino perder muchas de las ilusiones que hacían el mundo más simple.

La primera estrofa ya establece un tono absurdo: la narradora dice que nació incapaz de hacer algo "rentable" o de amar las ciruelas. Son características imposibles para un recién nacido. Con ello nos dice que la identidad es una historia que nos contamos retrospectivamente. Desde el inicio, la memoria ya está contaminada por la imaginación.

La frase:

«¿Quién escribió esto?», fueron mis primeras palabras.

es extraordinaria. Sugiere que incluso desde el comienzo la narradora se siente personaje de un texto. Es una pregunta profundamente literaria y filosófica: ¿quién escribió mi vida?, ¿quién es el autor de esta existencia?

Después aparecen imágenes surrealistas:

  • no le gustaba que la "quemaran";
  • cae más nieve de la que puede derretirse;
  • recibe una postal para los recién muertos.

Nada pretende ser lógico. Funcionan como sueños, donde las emociones importan más que la coherencia.

El centro emocional del poema llega con los osos polares y los pingüinos.

De niños, muchos creemos que viven juntos porque ambos aparecen en paisajes nevados de los dibujos animados. Después descubrimos que unos viven en el Ártico y otros en la Antártida, separados por medio planeta.

Es un detalle científico, pero aquí simboliza algo mucho más profundo.

Hay momentos en la vida en que descubrimos que dos cosas que siempre creíamos inseparables nunca estuvieron juntas.

Puede ser:

  • la justicia y la política;
  • el amor y la permanencia;
  • el talento y el reconocimiento;
  • la inteligencia y la felicidad.

No solo aprendemos un dato nuevo: se rompe una geografía interior.

Ruefle convierte ese pequeño descubrimiento infantil en una metáfora del crecimiento. Cada conocimiento elimina una fantasía.

Entonces llega el verso final:

"Me estaba volviendo imposible."

No significa que se vuelva insoportable.

Significa que se vuelve demasiado compleja para encajar en una explicación sencilla.

Cada experiencia añade contradicciones. Ya no puede creer con la inocencia de antes, pero tampoco puede regresar a ella. Su mundo interior deja de ser ordenado y comienza a parecerse a la realidad: vasto, ambiguo y lleno de paradojas.

El cierre:

"...y que algún día eso sería realmente cierto."

tiene un matiz existencial. La narradora acepta que la identidad nunca queda terminada. Con los años nos volvemos más difíciles de clasificar, más llenos de recuerdos, pérdidas, descubrimientos y contradicciones. Nos volvemos, en cierto sentido, "imposibles" de resumir.

Es un poema profundamente humano porque celebra algo que a menudo se considera un defecto: la complejidad

Ruefle parece decir que crecer consiste precisamente en dejar atrás las certezas simples y aceptar que la imaginación, la memoria y la realidad nunca encajarán del todo. Esa imposibilidad no es un fracaso; es una de las formas más auténticas de estar vivo.

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