Solo el que ha muerto es nuestro,
solo es nuestro lo que perdimos.
JORGE LUIS BORGES
La frase de Jorge Luis Borges parece sencilla, pero es profundamente inquietante:
“Solo el que ha muerto es nuestro, solo es nuestro lo que perdimos.”
Borges está diciendo algo casi paradójico: poseemos verdaderamente solo aquello que ya no tenemos.
1. La ilusión de poseer en vida
Mientras alguien vive —una persona, un amor, un momento— nunca es completamente “nuestro”.
Es libre, cambiante, impredecible. Puede irse, transformarse, dejar de ser lo que era.
No controlamos:
- ni a las personas,
- ni el tiempo,
- ni la permanencia de las cosas.
Por eso, lo vivo siempre se nos escapa un poco.
2. La pérdida como fijación eterna
Pero cuando algo se pierde —por la muerte, el tiempo o la distancia— ocurre algo extraño:
Se vuelve inmutable en la memoria.
- Ya no cambia
- Ya no decepciona
- Ya no se aleja más
Queda fijado en una forma definitiva: la del recuerdo.
Ahí sí, de alguna manera, se vuelve “nuestro”.
3. El duelo como forma de posesión
En el duelo:
- reconstruimos al otro dentro de nosotros
- lo convertimos en memoria, en relato, en presencia interior
Y esa versión ya no puede perderse otra vez.
Es duro, pero también verdadero:
solo cuando algo desaparece del mundo, entra completamente en nuestro mundo interno.
4. Una verdad incómoda
Borges no está celebrando esto. Está señalando algo trágico:
Para que algo sea completamente nuestro… primero tiene que dejarnos.
Y eso revela una tensión humana brutal:
- queremos poseer
- pero la vida es movimiento
- y solo la muerte detiene ese movimiento
5. Si lo llevamos más lejos
La frase también puede leerse como advertencia:
Si solo valoramos plenamente lo que perdemos,
entonces vivimos siempre tarde.
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