La historia de Percy Wells Cerutty (1895–1975) es una de las más fascinantes, excéntricas y revolucionarias del atletismo mundial. No fue solo un entrenador de carrera; fue un filósofo del esfuerzo, un místico de la naturaleza y el hombre que desafió todos los manuales establecidos en los años 50 y 60 para transformar a corredores ordinarios en campeones olímpicos implacables.
Para entender su impacto, hay que ver primero al hombre: una figura delgada, de cabello blanco indomable, que solía correr descalzo junto a sus atletas jóvenes, gritándoles máximas sobre la vida, el dolor y la trascendencia.
El colapso y el renacimiento
Nacido en Melbourne, Australia, la primera mitad de la vida de Cerutty no auguraba nada grandioso.
Trabajaba como empleado postal, una profesión monótona que odiaba, y sufría de una salud crónicamente débil. A los 43 años, el estrés, la frustración y los malos hábitos lo llevaron a un colapso nervioso y físico total. Los médicos le diagnosticaron una expectativa de vida sumamente corta y le aconsejaron reposo absoluto.
Cerutty hizo exactamente lo contrario.
Decidió que si iba a morir, lo haría bajo sus propios términos. Dejó su trabajo, se retiró a la costa virgen de Portsea y comenzó a estudiar la naturaleza, los movimientos de los animales salvajes y la filosofía clásica (especialmente el estoicismo y las ideas de Friedrich Nietzsche sobre la superación personal).
Cambió su dieta radicalmente a una basada en alimentos crudos, nueces, frutas y pan integral, y comenzó a correr descalzo por las playas.
No solo sobrevivió; se transformó en un atleta veterano capaz de correr 100 millas en menos de 24 horas. Aquella epifanía biológica dio origen a su credo.
La Filosofía "Stotan"
Cerutty acuñó el término "Stotan", una mezcla de Stoic (estoico) y Spartan (espartano). Para él, correr no era un asunto de cronómetros, repeticiones milimétricas en pista o tácticas de laboratorio (el enfoque que en ese entonces popularizaba su gran rival de época, el entrenador Franz Stampfl).
"Correr es una expresión del alma. Si tu mente está aprisionada por la técnica, nunca serás libre para volar".
El cuartel general de este experimento fue su famoso campamento de entrenamiento en Portsea, un lugar rústico sin lujos donde los atletas dormían en literas, cortaban su propia leña, nadaban en el océano helado y, sobre todo, se enfrentaban a las dunas de arena.
El entrenamiento en las dunas de Portsea (una pendiente empinada de arena blanda de unos 25 metros de altura) era el núcleo físico del método. Obligaba a los corredores a desarrollar una fuerza descomunal en los tobillos, pantorrillas y cuádriceps, además de una capacidad pulmonar masiva, sin el impacto destructivo del asfalto o la pista.
Cerutty defendía tres pilares:
Movimiento natural: Observaba a los caballos y los leopardos. Exigía que sus atletas corrieran con los brazos sueltos, el pecho al frente y una entrega total, olvidándose de la rigidez de la técnica clásica de pista.
Acondicionamiento total: Mucho antes de que el entrenamiento de fuerza fuera común para los corredores de fondo, Cerutty hacía que sus atletas levantaran barras pesadas, cargaran troncos y treparan árboles para desarrollar el tren superior.
El factor mental: Creía que el dolor físico era una barrera puramente mental. El atleta debía aprender a abrazar el sufrimiento hasta trascenderlo.
El pináculo: Herb Elliott
Aunque muchos lo consideraban un loco o un fanático peligroso, los resultados acallaron a los críticos. Su obra maestra fue Herb Elliott, indiscutiblemente uno de los más grandes corredores de medio fondo de la historia.
Bajo la tutela de Cerutty, Elliott adoptó el estilo de vida Stotan.
El resultado fue devastador para sus rivales: nunca perdió una sola carrera de 1,500 metros o de una milla en toda su carrera internacional.
El punto cumbre de esta unión ocurrió en los Juegos Olímpicos de Roma 1960.
Elliott destruyó el campo en la final de los 1,500 metros, rompiendo su propio récord mundial con un tiempo de $3:35.6$ y ganando por un margen inaudito de casi 20 metros.
Durante la carrera, cuando Elliott pasó por la zona designada, Cerutty saltó a la pista agitando una toalla blanca, la señal acordada para indicarle que era el momento de lanzar su ataque definitivo y aniquilar espiritualmente a sus competidores.
El legado del rebelde
Percy Cerutty dejó el entrenamiento de élite poco después de que Elliott se retirara. Escribió varios libros (como Running with Cerutty y Be Fit or Damned) donde plasmó su visión iconoclasta del potencial humano.

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