–¿En qué piensas?
–Estoy escribiendo -le contesté. Y me apresuré a ser más amable-: Mejor dicho, estoy pensando lo que voy a escribir cuando llegue a la oficina.
–¿No te da miedo de que tu papá se muera de pesar? Me escapé con una larga verónica.
–Ha tenido tantos motivos para morirse, que éste ha de ser el menos mortal.
No era la época más propicia para aventurarme en una segunda novela después de estar empantanado en la primera y de haber intentado con fortuna o sin ella otras formas de ficción, pero yo mismo me lo impuse aquella noche como un compromiso de guerra: escribirla o morir.
O como Rilke había dicho: ‹Si usted cree que es capaz de vivir sin escribir, no escriba».
García Márquez
No hay comentarios:
Publicar un comentario