lunes, 15 de junio de 2026


 Al que llegue una vez a poseerme

de nada le servirá todo el mundo,

la tenebrosidad eterna desciende,

el sol ni sale, ni tiene ocaso alguno.

Los sentidos externos son perfectos,

mas puras tinieblas habitan dentro.

Estas líneas pertenecen a una de las obras cumbres de la literatura universal: "Fausto" (Faust), escrita por el autor alemán Johann Wolfgang von Goethe.

Específicamente, este fragmento es pronunciado por el personaje de La Carestía o La Inquietud (Sorge, en el original alemán, a menudo traducida como la Preocupación, la Ansiedad o la Penuria) en el Acto V de la segunda parte de la obra (Fausto II), justo antes de dejar ciego al protagonista.

Este pasaje es uno de los momentos más psicológicos y existenciales de la obra. Goethe personifica cuatro plagas de la humanidad: la Necesidad, la Culpa, la Carestía (o Inquietud) y la Miseria. Mientras que las otras tres no pueden entrar al palacio del anciano y poderoso Fausto porque él es rico, la Inquietud se cuela por el ojo de la cerradura.

El poder de la Inquietud / Ansiedad

"Al que llegue una vez a poseerme / de nada le servirá todo el mundo"

Aquí se describe la parálisis que provoca la preocupación constante o la ansiedad existencial. Fausto lo tiene todo: riquezas, poder, tierras conquistadas al mar. Sin embargo, si la Inquietud se apodera de un alma, los logros externos pierden instantáneamente su valor. El mundo entero se vuelve inútil para quien está atrapado en su propia mente.

 El eclipse del alma

"la tenebrosidad eterna desciende, / el sol ni sale, ni tiene ocaso alguno."

No se trata de una oscuridad física, sino de un estado de ánimo apático y melancólico. Para la persona sumida en la ansiedad o el vacío existencial, el tiempo pierde su ritmo natural. Los días se vuelven una masa gris y uniforme donde no hay amaneceres (esperanza) ni ocasos (descanso). Es el retrato poético de la depresión clínica o el hastío absoluto.

 La ceguera interior vs. la realidad exterior

"Los sentidos externos son perfectos, / mas puras tinieblas habitan dentro."

Este es el núcleo del fragmento. El cuerpo puede funcionar perfectamente, los ojos pueden ver y el oído puede escuchar, pero la percepción del mundo está completamente distorsionada por el estado mental interno. La riqueza del mundo exterior no puede penetrar las "tinieblas" del alma.

Poco después de este monólogo, la Inquietud sopla sobre los ojos de Fausto y lo deja ciego. Paradójicamente, al perder la vista exterior, Fausto experimenta una iluminación interior. En lugar de rendirse a la desesperación, la ceguera lo espolea a acelerar sus planes para crear una sociedad libre y trabajadora, lo que finalmente desencadena el clímax de su redención.

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