El Infierno de Dante Alighieri no sólo está lleno de pecadores con mala suerte eterna.
También está poblado por criaturas extravagantes, como si Dante hubiera abierto un bestiario mitológico… y hubiera dicho: “Que pasen todos.”
El resultado es un zoológico infernal donde conviven demonios medievales, monstruos griegos y alguna que otra pesadilla personal.
Caronte: el barquero gruñón
El primer personaje que recibe a los muertos es Caronte.
Su trabajo:
cruzar las almas por el río infernal.
Su actitud:
la de un funcionario público después de milenios de turno nocturno.
Gruñe, grita y golpea con su remo a las almas que se demoran.
Dante básicamente tomó al barquero del mito griego y lo puso a trabajar en el servicio de transporte infernal.
Minos: el juez con cola
Aquí aparece Minos, el gran juez del infierno.
Escucha los pecados de cada alma…
y luego enrolla su cola alrededor de su cuerpo.
El número de vueltas indica a qué círculo del infierno irá el condenado.
Es decir: el sistema judicial de Dante funciona con un algoritmo de cola reptiliana.
Cerbero: el guardia con tres bocas
El monstruo que vigila a los glotones es Cerberus.
Tres cabezas.
Muchos dientes.
Muy mal carácter.
Básicamente el perro más agresivo de la mitología… encargado de cuidar a personas que comieron demasiado.
Dante tenía un sentido del casting bastante peculiar.
Las Furias y Medusa
En la ciudad infernal de Dite aparecen las Furias, espíritus de la venganza, acompañadas por la famosa Medusa.
Las Furias se arrancan el cabello mientras gritan.
Y Medusa tiene un talento sencillo: convertirte en piedra si la miras.
Virgilio cubre los ojos de Dante para evitar el problema.
Un gesto que básicamente dice:
“no mires… esto se pondrá peor”.
Lucifer: el emperador del hielo
Al final del infierno aparece Lucifer.
No es un demonio elegante ni un príncipe oscuro sofisticado.
Es un monstruo gigantesco atrapado en hielo, batiendo sus alas inútilmente.
Tiene tres caras y mastica eternamente a tres traidores:
Judas Iscariote
Brutus
Cassius
El gran enemigo de Dios termina reducido a algo casi patético:
un monstruo atrapado en su propia prisión.
El detalle irónico
El infierno de Dante no es sólo terror.
Tiene algo de teatro grotesco.
Los demonios discuten, los monstruos gruñen, los condenados se quejan…
y Dante camina tomando notas como un cronista del desastre.
Casi parece un viaje guiado por el lado más oscuro de la imaginación humana.

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