La imagen de Tommie Smith y John Carlos en el podio de los Juegos Olímpicos de México 1968, con el puño en alto y la cabeza inclinada, es una de las fotografías más potentes del siglo XX. Detrás de ese gesto no hubo un arrebato espontáneo, sino un acto de cruda disidencia política perfectamente calculado que les costó, a ambos, sus carreras deportivas.
Corría el año 1968, un año fracturado globalmente por la Guerra de Vietnam, los asesinatos de Martin Luther King y Robert F. Kennedy, y la brutal represión al movimiento estudiantil en la plaza de Tlatelolco, a solo unos días de que iniciaran los Juegos en la Ciudad de México. En Estados Unidos, el racismo institucional seguía asfixiando a la población negra.
La carrera y el podio
El 16 de octubre de 1968 se corrió la final de los 200 metros planos. Tommie Smith ganó el oro rompiendo el récord mundial (19.83 segundos) y John Carlos se quedó con el bronce. El segundo lugar lo ocupó un atleta australiano, Peter Norman.
Al llegar el momento de la premiación, Smith y Carlos decidieron utilizar la gigantesca vitrina mediática de las Olimpiadas para denunciar la situación de los derechos humanos en su país. Cada elemento de su vestimenta en el podio fue un símbolo cuidadosamente elegido:
Los puños en alto con guantes negros: El brazo derecho de Smith representaba el poder negro (Black Power); el brazo izquierdo de Carlos, la unidad de la América negra. Al tener solo un par de guantes (propiedad de Carlos), decidieron compartirlo; por eso uno levanta la mano derecha y el otro la izquierda.
Los pies descalzos con calcetines negros: Una metáfora visual para denunciar la pobreza extrema que sufrían millones de afroamericanos.
La chamarra desabrochada y el collar de cuentas: Carlos llevaba la parte superior de su uniforme abierta en solidaridad con los trabajadores de cuello azul y los obreros. El collar que portaba era un tributo a las víctimas de los linchamientos y ejecuciones sumarias que la historia oficial ignoraba.
El tercer hombre: Peter Norman
Un detalle crucial de esta historia, que a menudo se pasa por alto al observar la fotografía, es el atleta blanco en el segundo escalón. Peter Norman no fue un espectador pasivo. Al enterarse de lo que sus compañeros planeaban hacer en los vestidores, Norman decidió apoyarlos de inmediato.
Los tres atletas portaron en el pecho el botón del Proyecto Olímpico para los Derechos Humanos (OPHR, por sus siglas en inglés), una organización que inicialmente había contemplado un boicot total a los juegos para exigir mejoras civiles reales. Fue el propio Norman quien sugirió que Smith y Carlos compartieran el único par de guantes disponibles tras notar el dilema en los vestidores.
Las consecuencias inmediatas
La reacción institucional fue fulminante. El presidente del Comité Olímpico Internacional (COI) en ese momento, Avery Brundage —un personaje sumamente cuestionado que no había tenido objeciones con los símbolos nazis en los Juegos de Berlín 1936—, consideró que el gesto era una "violación flagrante a los principios apolíticos del espíritu olímpico".
"Si gano, soy estadounidense, no un estadounidense negro. Pero si hago algo malo, entonces dirán que soy un negro. Somos negros y estamos orgullosos de serlo. La América negra entenderá lo que hicimos esta noche".
— Tommie Smith, en la conferencia de prensa posterior a la carrera.
El tiempo terminó dándoles la razón histórica. Décadas más tarde, la Universidad de San José (donde entrenaban) erigió una estatua gigante inmortalizando el momento. Cuando Peter Norman falleció en 2006, tanto Tommie Smith como John Carlos viajaron a Australia para cargar su féretro, unidos por un lazo político y humano que comenzó con un minuto de silencio en el Estadio Olímpico de la Ciudad de México.

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