Diría que muchas de las formas por las que hoy enfermamos
tienen un origen corporativo, un origen casi capitalista.
Funcionamos, además, con esta noción bizarra, que al final
deviene verdadera, de que nuestros cuerpos realmente no
importan.
Dr. DANIEL LIEBERMAN
El análisis del Dr. Daniel Lieberman —antropólogo evolutivo de la Universidad de Harvard y autor de obras clave como La historia del cuerpo humano y Ejercício— no es puramente ideológico, sino biológico y evolutivo: muestra cómo las estructuras del capitalismo moderno y el desarrollo corporativo han creado un entorno que choca frontalmente con el diseño de nuestra especie.
A este fenómeno se le conoce en la medicina evolutiva como enfermedades de desajuste evolutivo (mismatch diseases).
El análisis de esta desconexión entre nuestro cuerpo y el sistema socioeconómico actual se puede desglosar en los siguientes puntos fundamentales:
1. El entorno corporativo y el secuestro del diseño evolutivo
Durante millones de años, la evolución esculpió un cuerpo humano diseñado para la escasez y el movimiento constante. Los cazadores-recolectores necesitaban moverse entre 9 y 15 kilómetros diarios para sobrevivir, y las calorías eran difíciles de conseguir.
El capitalismo de consumo y la estructura corporativa entendieron este diseño y lo convirtieron en un modelo de negocio altamente lucrativo. El sistema actual está diseñado para el confort y la sobreabundancia:
La industrialización alimentaria: Las corporaciones maximizan la palatabilidad (sabor) combinando azúcares refinados, grasas y sal a bajo costo. Evolutivamente estamos programados para devorar estos nutrientes escasos; corporativamente, nos los sirven en bandeja a cada esquina, provocando epidemias de diabetes tipo 2, obesidad y resistencia a la insulina.
La mercantilización de la comodidad: Automatizar el movimiento (elevadores, automóviles, entregas a domicilio, trabajos de escritorio) reduce el gasto energético. Lo que evolutivamente era un éxito (ahorrar energía), hoy es una condena de sedentarismo.
2. La noción bizarra: El cuerpo como una máquina desechable
La percepción de que "nuestros cuerpos realmente no importan" —o que importan solo como herramientas de producción— se alinea con la lógica de la hiperproductividad. En el esquema capitalista actual, el cuerpo es a menudo tratado bajo una dualidad perversa:
Por un lado, es un insumo: Se le exige rendir más allá de sus ritmos circadianos naturales (privación de sueño, estrés crónico por cortisol alto, jornadas sentados frente a pantallas). El cansancio se patologiza o se parcha con estimulantes (café, bebidas energéticas).
Por otro lado, es un nicho de mercado: Si el entorno corporativo te enferma, el complejo farmacéutico y del bienestar (wellness) te vende la solución. En lugar de cambiar el entorno que causa el estrés o el sedentarismo, se comercializa el remedio para paliar los síntomas. Nos volvemos consumidores dependientes de por vida para mantener a flote un cuerpo dañado por el propio estilo de vida.
3. Las "Enfermedades de Desajuste" y la paradoja moderna
Lieberman señala que hoy morimos y enfermamos por causas muy distintas a las de nuestros ancestros. Ya no sufrimos mayoritariamente por traumas físicos o infecciones agudas, sino por enfermedades crónicas no transmisibles.
La paradoja radica en que el sistema trata estas condiciones como "inevitables consecuencias del envejecimiento", cuando en realidad son consecuencias del entorno construido:
| Enfermedad de Desajuste | Causa Evolutiva | Presión Corporativa / Capitalista |
| Diabetes Tipo 2 / Obesidad | El cuerpo almacena grasa eficientemente para épocas de hambruna. | Disponibilidad 24/7 de alimentos ultraprocesados hipercalóricos y baratos. |
| Problemas cardiovasculares | Diseñados para mantener arterias limpias mediante el flujo sanguíneo del ejercicio diario. | Trabajos sedentarios de oficina y estrés psicológico crónico sin salida física. |
| Depresión y Ansiedad | El cerebro usa la ansiedad como alarma física ante amenazas reales e inmediatas. | Aislamiento social, pantallas, competencia laboral y bombardeo de dopamina artificial. |
| Problemas ortopédicos crónicos | Pies y espalda evolucionaron para terrenos irregulares y posturas dinámicas. | Calzado hiperamortiguado que debilita el pie y sillas ergonómicas que apagan el core. |
Conclusión: El cuerpo sí importa, pero no cotiza en bolsa
La tesis implícita en la cita es que hemos construido un sistema económico que considera el mantenimiento del cuerpo biológico como una externalidad. Al igual que el capitalismo industrial a menudo ignoró el daño ambiental para maximizar el beneficio a corto plazo, el capitalismo de consumo actual ignora el "daño ambiental interno" de nuestro organismo.
Para Lieberman, la solución no es un retorno utópico a la Edad de Piedra, sino una toma de conciencia política y social: entender que la salud no es solo una decisión individual o un asunto de "fuerza de voluntad", sino el resultado directo de un entorno corporativo agresivo contra el que nuestro cuerpo, simplemente, no está programado para competir.
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