martes, 1 de septiembre de 2026

 Piensa en un jugador de béisbol novato que gana 500.000 dólares al año. Es, según cualquier definición, rico. Pero pongamos que juega en el mismo equipo que Mike Trout, que tiene un contrato de 430 millones de dólares a doce años. En comparación, el novato está sin blanca. Pero ahora fijémonos en Mike Trout. 36 millones de dólares al año es una cantidad increíble de dinero. Pero para entrar en la lista de los diez gestores de fondos de inversión libre mejor pagados en 2018 tenías que ganar al menos 340 millones de dólares en un año.   

Esas son las personas con quienes Trout y compañía podrían comparar sus ingresos. Y el gestor de fondos que gana 340 millones al año se compara con el top cinco de gestores de fondos de inversión libre, que en 2018 ganaban por lo menos 770 millones de dólares. 

Esos gestores top pueden fijarse en personas como Warren Buffett, cuya fortuna personal aumentó en 3.500 millones de dólares en 2018. Y alguien como Buffett podría fijarse en Jeff Bezos, cuyo patrimonio neto aumentó en 24.000 millones de dólares ese mismo año: una cantidad que equivale a más dinero por hora de lo que aquel «rico» jugador de béisbol ganaba en todo un año.

La conclusión es que el techo de la comparación social es tan alto que en la práctica nadie lo alcanzará jamás. Lo que significa que es una batalla que nunca se puede ganar, o que la única forma de ganarla es no librarla ya de entrada: aceptar que puedes tener suficiente, incluso si eso es menos de lo que tiene la gente a tu alrededor. 

Morgan Housel 

 Suele decirse que los griegos inventaron la tragedia, pero esta afirmación es cierta sólo desde el punto de vista del arte. La verdadera tragedia nació mucho antes, con el aliento del primer ser humano que llegó a la vida, este lapso que va de una inexistencia a la otra. Nada éramos antes de nacer y nada seremos después de morir, al menos desde el punto de vista psicológico. Eso que llamamos «Yo» cada vez que hablamos de nosotros, contiene nuestra memoria consciente e inconsciente, las herencias emocionales que nos aguardaban aún antes de que naciéramos, las huellas que nos ha dejado la infancia, y los miedos y deseos que hoy nos condicionan, alientan y definen. 

Nos ha tocado habitar un tiempo breve y complejo que al universo parece importarle bien poco, y sin embargo es lo único que tenemos. 
La vida sólo es tiempo. Por eso, quien juega con nuestro tiempo juega con nuestra vida.

Gabriel Rolón 

 Villa cabalga todavía en el norte, en canciones y corridos; Zapata muere en cada feria popular; Madero se asoma a los balcones agitando la bandera nacional; Carranza y Obregón viajan aún en aquellos trenes revolucionarios, en un ir y venir por todo el país, alborotando los gallineros femeninos y arrancando a los jóvenes de la casa paterna. 

 Todos los siguen: ¿adónde? Nadie lo sabe. Es la Revolución, la palabra mágica, la palabra que va a cambiarlo todo y que nos va a dar una alegría inmensa y una muerte rápida. Por la Revolución el pueblo mexicano se adentra en sí mismo, en su pasado y en su sustancia, para extraer de su intimidad, de su entraña, su filiación.

Octavio Paz, El laberinto de la soledad 

Archivo del blog

Buscar este blog