viernes, 28 de agosto de 2026

 


Este fragmento de Alfredo Zitarrosa condensa una idea profundamente rioplatense y latinoamericanista: la identidad propia no se afirma contra los demás pueblos, sino junto a ellos.

Cuando dice:

"Mi pueblo no es argentino, ni paraguayo ni austral; se llama 'Pueblo Oriental' por razón de su destino"

está reivindicando la singularidad histórica de Uruguay. "Pueblo Oriental" era el nombre con que se conocía a los habitantes de la Banda Oriental, la región que daría origen al Uruguay. Zitarrosa reconoce que existe una identidad propia, una historia particular y un destino nacional específico.

Pero inmediatamente evita que ese patriotismo se convierta en nacionalismo excluyente:

"Pero recorre el camino de sus hermanos amados"

El pueblo uruguayo tiene su propio nombre, pero comparte la misma travesía histórica que los demás pueblos de América Latina. La independencia, las invasiones, las dictaduras, la dependencia económica, las luchas populares: son experiencias comunes.

La estrofa adquiere un tono claramente político cuando habla de:

"el de tantos humillados"

Aquí aparece una mirada de solidaridad con los sectores oprimidos. No se refiere únicamente a países, sino a los pueblos que han sufrido explotación, colonialismo, pobreza o subordinación. Es una visión muy cercana al pensamiento artiguista y a las corrientes latinoamericanistas del siglo XX.

La imagen final es la más poderosa:

"el de América morena la sangre de cuyas venas también late en su costado."

"América morena" simboliza la América mestiza, indígena, negra, popular; la América que no suele aparecer en los discursos de las élites que soñaban con parecerse a Europa. La referencia a la sangre recuerda inevitablemente la idea de una historia compartida, de heridas comunes y de una misma vida circulando por distintos cuerpos.

La metáfora es hermosa: Uruguay es un costado de un cuerpo mucho más grande llamado América Latina. Tiene autonomía, pero la sangre que lo alimenta proviene de las mismas venas que recorren todo el continente.

En pocas líneas, Zitarrosa consigue algo difícil: afirmar una identidad nacional sin caer en el chauvinismo. Su mensaje podría resumirse así:

Somos uruguayos, sí. Pero antes que nada formamos parte de la misma historia, las mismas luchas y la misma sangre de América Latina.

Por eso el poema tiene también un eco artiguista. José Gervasio Artigas imaginaba una confederación de pueblos libres antes que pequeñas patrias enfrentadas entre sí. 

Zitarrosa, más de un siglo después, transforma esa idea política en una imagen poética: un pueblo con nombre propio, pero con el corazón latiendo al ritmo de toda América morena.

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