Debemos tener paciencia de jardinero y voluntad de herrero.
Hay
quienes quieren que la vida florezca al ritmo de sus deseos.
Siembran
hoy y mañana escarban la tierra para ver si la semilla ya despertó.
Pero
la naturaleza no entiende de impaciencias.
El árbol ignora los
calendarios humanos.
Crece en silencio, debajo de la tierra, mientras
nadie lo aplaude.
Por eso debemos tener paciencia de jardinero.
El
jardinero sabe esperar.
Conoce el misterio de las estaciones.
Riega sin
garantías, cuida sin certezas, confía sin pruebas.
Hay días en que solo
ve barro.
Días en que la lluvia arruina el trabajo de semanas. Días en
que parece que nada ocurre.
Sin embargo, sigue. Porque ha aprendido una
verdad antigua: las raíces siempre trabajan en secreto antes de que
aparezcan las flores.
Pero la paciencia sola no basta.
La tierra puede ser fértil, pero el mundo también exige fuego.
Ahí entra la voluntad del herrero.
Mientras
el jardinero espera, el herrero golpea. Una y otra vez.
El hierro llega
a sus manos duro, torpe, resistente. Ningún martillazo parece
suficiente.
Sin embargo, el herrero no discute con el metal.
Lo
enfrenta.
Lo calienta, lo golpea, lo vuelve a golpear.
Sabe que la forma
hermosa que imagina está escondida dentro de aquella masa oscura y que
solo la disciplina puede liberarla.
La vida pide ambas virtudes.
Paciencia para aceptar que ciertas cosas necesitan tiempo.
Voluntad para seguir trabajando mientras el tiempo hace su parte.
Quien
posee solo paciencia corre el riesgo de quedarse contemplando el campo
sin sembrar.
Quien posee solo voluntad puede terminar rompiéndose contra
el mundo por querer arrancar los frutos antes de temporada.
La
sabiduría consiste en unir las manos del jardinero con las del herrero:
una mano que riega y otra que golpea; una que espera y otra que actúa.
Porque
todo lo valioso se parece a un árbol forjado en fuego.
Crece lentamente
y, al mismo tiempo, se construye a fuerza de perseverancia.
Y
quizás esa sea una de las definiciones más bellas de la madurez:
aprender a trabajar como herrero mientras se espera como jardinero.
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