La frase es un homenaje a la curiosidad intelectual. Nos dice que no somos seres de una sola dimensión; que nuestra biografía no se compone solo de lo que hemos hecho, sino también de todo aquello que hemos imaginado y leído. En última instancia, vivir y leer son dos formas distintas, pero complementarias, de explorar el universo.
Para un autor que exploró la invención de realidades (como en La invención de Morel), esta frase es una declaración de principios.
Para Bioy, el pensamiento es una acción. Si la vida es una aventura de los cuerpos, la lectura es la aventura de la conciencia. Ambas son igualmente arriesgadas porque ambas nos transforman.

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