domingo, 10 de mayo de 2026


 Charles Baudelaire escribió una frase pequeña como una daga de terciopelo:
“Lo bello es siempre extraño.”
o también:
“La belleza siempre contiene algo de rareza.”

La palabra bizarre en francés no significa únicamente “raro” en el sentido caricaturesco. Tiene algo de desvío, de anomalía fascinante, de aquello que rompe la simetría cómoda del mundo. Baudelaire no está diciendo que toda rareza sea bella; está diciendo que la verdadera belleza nunca es completamente domesticable.

Piensa en ciertas personas hermosas que no encajan del todo: una mirada demasiado melancólica, una sonrisa torcida, una cicatriz, una voz rota. O en ciudades lluviosas, canciones incómodas, cuadros que parecen enfermos y vivos al mismo tiempo. La belleza perfecta aburre rápido; la imperfección magnética hipnotiza.

Baudelaire fue uno de los primeros en encontrar poesía en lo decadente, en lo urbano, en lo oscuro. 
“La belleza no vive en el mármol impecable; vive donde algo se rompe.”

Por eso tantas obras inolvidables tienen algo perturbador:
la sonrisa de la Mona Lisa,
los personajes deformes de Francisco de Goya,
el surrealismo de Salvador Dalí,
o incluso ciertas canciones de David Bowie que parecen venir de otro planeta y aun así te entienden mejor que tu vecino.

La rosa perfecta de plástico jamás tendrá el encanto de una flor real medio marchita sobre una mesa después de una fiesta. Ahí hay tiempo, desgaste, mortalidad. Ahí respira la belleza. 

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