martes, 11 de julio de 2023

Louise Gluck

 


Cuando era una niña pequeña, creo, de unos cinco o seis años, organicé un concurso en mi cabeza, un concurso para decidir el poema más grande del mundo. Hubo dos finalistas: The Little Black Boy, de Blake, y Swanee River, de Stephen Foster. Caminé de un lado a otro por el segundo dormitorio en la casa de mi abuela en Cedarhurst, un pueblo en la costa sur de Long Island, recitando, en mi cabeza como prefería, el inolvidable poema de Blake, y cantando, también en mi cabeza, la inquietante y desoladora canción de Foster. Cómo llegué a leer a Blake es un misterio. Creo que había algunas antologías de poesía en casa de mis padres entre los libros sobre política e historia y las muchas novelas. Pero asocio a Blake con la casa de mi abuela. Mi abuela no era una mujer estudiosa. Pero estaba Blake, Las canciones de la inocencia y la experiencia, y también un pequeño libro de las canciones de las obras de Shakespeare, muchas de las cuales memoricé. Particularmente me encantó la canción de Cymbeline, probablemente sin entender ni una palabra, pero escuchando el tono, las cadencias, los imperativos sonoros que fueron emocionantes para una niña muy tímida y temerosa. «Y tu tumba será célebre». Así lo esperaba.

Las competiciones de este tipo, por honor, por grandes recompensas, me parecían naturales; los mitos que fueron mi primera lectura se llenaron de ellos. El poema más grande del mundo me pareció, incluso cuando era muy joven, el más alto de los grandes honores. Esta era también la forma en que mi hermana y yo estábamos siendo criadas, para salvar a Francia (Juana de Arco), para descubrir el radio (Marie Curie). Más tarde comencé a comprender los peligros y las limitaciones del pensamiento jerárquico, pero en mi infancia parecía importante conferir un premio. (…)

Estaba segura de que Blake de alguna manera era consciente de este evento. Entendí que estaba muerto, pero sentí que seguía vivo, ya que podía escuchar su voz hablándome, disfrazada, pero era su voz. Sentí que me hablaba solo a mí o especialmente a mí. Me sentí singular, privilegiada. También sentí que era Blake con quien aspiraba a hablar, con quien, junto con Shakespeare, ya estaba hablando.

Blake fue el ganador de la competición. Me sentí atraída, entonces como ahora, por la solitaria voz humana, levantada en lamento o anhelo. Y los poetas a los que volví a medida que envejecía eran los poetas en cuya obra desempeñaba, como oyente elegido, un papel crucial. Íntimo, seductor, muchas veces furtivo o clandestino. No poetas de estadio. No poetas hablando consigo mismos. (…)

Blake me estaba hablando a través del niño negro; él era el origen oculto de esa voz. No se le podía ver, del mismo modo que el pequeño niño negro no fue visto, o fue visto de manera inexacta, por el desprevenido y despreciativo niño blanco. Pero sabía que lo que decía era cierto, que su cuerpo mortal provisional contenía un alma de luminosa pureza. Lo sabía porque lo que dice el niño negro, su relato de sus sentimientos y su experiencia, no contiene ninguna culpa, ningún deseo de vengarse, solo la creencia de que, en el mundo perfecto que le han prometido después de la muerte, será reconocido por lo que es, y en un exceso de alegría protege al niño blanco más frágil del repentino exceso de luz. Que esta no sea una esperanza realista, que ignore lo real, hace que el poema sea desgarrador y también profundamente político. La rabia herida y justa que el niño negro no puede permitirse sentir, de la que su madre trata de protegerlo, la siente el lector o el oyente. Incluso cuando ese lector es un niño.

lunes, 10 de julio de 2023

Victor Kuppers


 

 Chuang Tzu, el más destacado discípulo de Lao Tzu, una vez soñó que era una mariposa. Cuando despertó, se preguntó si ahora no sería una mariposa soñando que era Chuang Tzu. Nadie pudo robarle ese sueño, tampoco, y así Chuang Tzu vivió feliz y contento hasta el fin de sus días. Las mariposas son seres hermosos pero distan mucho de estar seguras. Tienen una vida corta y plagada de peligros. Basta con algo tan nimio como unas gotas de lluvia o una ráfaga de viento para sentenciarlas a muerte. Por no hablar de los pájaros, los murciélagos, las hormigas y los gatos que las ven como comida rápida. Las mariposas parecen frágiles y vulnerables, revoloteando de acá para allá con sus sutiles alas entre miríadas de riesgos. Sin embargo, las mariposas monarca migran seis mil kilómetros —desde Canadá hasta una recóndita zona del sur de México— para reproducirse. Lo consiguen sin la menor garantía de seguridad. ¿Cómo así? Porque las sostiene el Camino. Tú también puedes hacerlo. Sueña que eres una mariposa. Y cuando la mariposa duerma, deja que sueñe que es tú alcanzando tu meta en la vida. Mientras tú y la mariposa estéis soñando, el Tao te acercará a tu destino. Cuando ambos despertéis, comprobarás que esto es cierto. Si las mariposas buscaran seguridad, no llegarían a México ni soñarían que son Chuang Tzu. Si buscas seguridad, podrías perderte las magníficas oportunidades que surgen —gracias al Tao— de la propia inseguridad.

John Maxwell

Como muchos jóvenes de esa época, Truett se alistó en el ejército. Cuando en 1945 fue licenciado, estaba listo para buscar su oportunidad. Lo que lo atraía era echar a andar un restaurante, y su sueño era trabajar con Ben, uno de sus hermanos. Después de haber aprendido algo sobre el negocio, juntaron un poco de dinero, ubicaron un local en Hapeville, Georgia, en el lado sur de Atlanta, montaron un restaurante y lo abrieron con el nombre de «Dwarf Grill» (posteriormente Dwarf House). Estaba abierto las veinticuatro horas del día, seis días a la semana, y aunque requería una increíble cantidad de trabajo, empezó a dar ganancias desde la primera semana. Pero no pasaría mucho tiempo antes que Truett enfrentara el primero de una serie de reveses importantes.
La primera vino solo tres años después que abrieron el restaurante. Dos de los hermanos de Truett iban en una avioneta privada que se accidentó camino a Chattanooga, Tennessee. Ambos murieron. Es duro perder a un socio. Perder a dos hermanos fue horrible. Truett estaba deshecho. Una vez que se repuso del golpe emocional, siguió adelante solo. Un año después, contrató a Eunice, la viuda de Ben, para que trabajara con él en el negocio y unos meses más tarde, abrió su segundo restaurante. En ese momento las cosas iban bastante bien. Hasta que una noche lo despertó una llamada telefónica. Se había declarado un incendio en su segundo restaurante. Corrió para ver qué podía hacer, pero cuando llegó vio que el fuego lo había destruido todo. Eso, en sí, ya era malo. Peor era que prácticamente no tenía seguro. Dentro de unas cuantas semanas, Truett tuvo otro revés desalentador. Descubrió que tenía pólipos en el colon, los que tendrían que ser extirpados. El momento no podía ser más inadecuado. En lugar de reconstruir el restaurante, tuvo que internarse. Una operación se transformó en dos y, para su desánimo, tuvo que estar varios meses alejado del trabajo, una eternidad para un comerciante energético como era él.
¿Qué hace un empresario cuando tiene que permanecer en cama durante meses? Si se trata de Truett Cathy, sale con una idea de un millón de dólares. El tiempo que la enfermedad lo mantuvo alejado del frente de su negocio lo inspiró para darle vueltas a un nuevo concepto. A él siempre le había gustado el pollo; de hecho, había sido parte importante del menú de la Dwarf House. Por un tiempo, el restaurante había incluido en el menú pechuga de pollo sin hueso. ¿Qué pasaría, se preguntó, si tomo la pechuga del pollo, la sazono y la frío y la relleno con los condimentos apropiados? La respuesta es el emparedado «Chick-fil-A» y el comienzo de la cadena personal de restaurantes más grande del mundo.
Hoy, Truett Cathy es reconocido en la industria de la comida rápida como el inventor del emparedado de pollo. Chick-fil-A opera más de novecientos restaurantes a través de los Estados Unidos y su sede principal la tiene en la parte sur de Atlanta, en un edificio de doscientos mil pies cuadrados construido en un terreno de setenta y tres acres. En el año 2000 llegó a ser una compañía multimillonaria. Es una de las operaciones más exitosas en el negocio de los restaurantes, vendiendo millones de emparedados de pollo e innumerables galones de su famosa limonada recién hecha. El negocio sigue creciendo. Pero nunca habría llegado a ser lo que es si Truett Cathy no hubiese experimentado los reveses que le sobrevinieron, si no hubiese mantenido su perspectiva, y se hubiese dado cuenta que unas pocas experiencias negativas no hacen el fracaso.

domingo, 9 de julio de 2023

Jose Saramago



"No creo en Dios y no me hace ninguna falta. Por lo menos estoy a salvo de ser intolerante. Los ateos somos las personas más tolerantes del mundo. Un creyente fácilmente pasa a la intolerancia. En ningún momento de la historia, en ningún lugar del planeta, las religiones han servido para que los seres humanos se acerquen a Dios. Por el contrario solo han servido para separar, para quemar, para torturar. No creo en Dios, no lo necesito y además soy buena persona".

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Pascal Mercier

 PROFUNDEZAS INCIERTOS. INCIERTAS PROFUNDIDADES. ¿Se esconde un secreto bajo la superficie del accionar humano? ¿O los hombres son exactamente así como los muestran sus actos, que están a la vista de todos? Es curioso en grado extremo, pero la respuesta cambia dentro de mí con la luz que cae sobre la ciudad y el Tajo. Si es la luz hechicera de un deslumbrante día de agosto, que resalta las sombras nítidas, de contornos precisos, entonces la idea de que pueda existir una profundidad humana oculta me resulta inusual, como si fuera un espejismo extraño, hasta un poco conmovedor, semejante a la ilusión óptica que se produce cuando miro por mucho tiempo las ondas que despide el brillo de esa luz. Si, por el contrario, en un día nublado de enero, se alza sobre la ciudad y el río una cúpula de luz de un gris monótono que no arroja sombra alguna, no tengo certeza mayor que ésta: todo accionar humano no es más que la expresión absolutamente incompleta, ridículamente inútil, de una vida interior oculta de profundidad insospechada, que intenta llegar a la superficie sin poder lograrlo. Mi criterio es extraña y perturbadoramente incierto; a esto se agrega una experiencia que no ha cesado de inundar mi vida de una inseguridad destructiva desde que cobré conciencia de ella: vacilo del mismo modo en este tema, cuya importancia ningún otro puede superar, cuando se trata de mí mismo. Cuando estoy sentado en mi café preferido, bañado por el sol y escuchando la risa cristalina de las senhoras que pasan, siento que todo mi mundo interior está pleno y me es conocido hasta el rincón más íntimo, porque está constituido por estas sensaciones placenteras. Si en ese momento una capa de nubes cubre el sol y despoja a ese instante de su hechizo, de su ilusión, percibo entonces con total seguridad que hay en mí profundidades y abismos de los cuales podrían brotar cosas insospechadas aún, capaces de arrastrarme consigo. Entonces me apresuro a pagar mi cuenta y busco de prisa alguna distracción, con la esperanza de que el sol vuelva a aparecer y le haga justicia a esa superficialidad tranquilizadora.

sábado, 8 de julio de 2023

Carmen Serdán



 Muerte y resurrección de Carmen Serdán

Por: Alejandro C Manjarrez 

Carmen Serdán estuvo muerta durante varias horas.

Tenía dieciséis años cuando conoció el inframundo y regresó a la vida. Ese día su madre la encontró tendida en la cama con el brazo izquierdo caído sobre el piso de duela. La vio plácida. Estaba excepcionalmente hermosa. Daba la impresión de haber entrado al sueño que por ser eterno se llama muerte. Tenía una insólita y acentuada hermosura en el rostro que proyectaba esperanza. De repente, sin saber la causa, la señora Alatriste supo lo que había ocurrido; aspiró profundo para poder gritar las palabras que se agolparon en su mente:

— ¡Mi hija está viva!

La breve soflama de María del Carmen Alatriste devolvió la esperanza a los integrantes y amigos de la familia Serdán; reverberó en el interior de la casa como si fuesen ecos de los truenos que presagian tormenta. Todos corrieron hacia donde estaba la joven declarada muerta por un médico mediocre, diagnóstico que en instantes se transformó en el chisme que recorrió las calles de Puebla: “Se murió la señorita Carmen Serdán”, fue la noticia que llegó hasta los oídos de Luis Cabrera Lobato: al escuchar estas terribles palabras Cabrera sintió que se abrían las lozas de piedra de la calle, el piso que soportaba su cuerpo.

Luis salió corriendo de su casa rumbo al domicilio de la familia Serdán. Iba desesperado con la sorpresa incrustada en su pecho. En el trayecto imaginó la sonrisa de Carmen e incluso escuchó el tono de su voz cuando ella le respondió a uno de sus constantes requiebros: “Es usted muy exagerado Luis. Aprecio en lo que vale su amistad”. Para no pensar en la tragedia, Cabrera se acogió a la popular esperanza: “Sólo es un chisme —dijo para sí—. Ella tiene que estar viva. Su madre no la dejaría morir”.

El viaje al inframundo
Carmen pudo percibir el movimiento y la preocupación de su agitado hogar. Quiso ponerse de pie pero la catalepsia le impidió moverse. No podía abrir los ojos. Se sentía paralizada y con la sensación de estar volando en la negrura del inframundo. En ese estado de semiinconsciencia ingresó a un túnel negro donde pudo percibir pequeños brillos y chocar con uno que otro ectoplasma, luces y formas que se cruzaban en su camino. Algo o alguien parecían llevársela de la mano hacia esa extraordinaria experiencia. Carmen pudo ver a lo lejos una intensa luz que mostraba la salida de aquella enorme y a la vez estrecha oquedad. Hizo el intento de avanzar hacia el resplandor pero una extraña y poderosa fuerza se lo impidió. Ya no pudo volar ni caminar ni moverse. Tuvo la sensación de que su cuerpo estaba sometido por muchas manos, algunas jalándola hacia la oscuridad de la vida, y otras empujándola hacia el brillo de la muerte.

Carmen dejó de luchar. Decidió esperar a que esa fuerza sobrenatural tomara la decisión final, sentencia que ella ignoraba. Fue en aquel momento cuando cesó la tensión de esas manos que sentía como si estuviesen asidas a su cuerpo, como si tratasen de transmitirle algunas visiones sobre su propio futuro. Entonces se vio a sí misma vestida de blanco y trepada en una nube arengando al pueblo: “¡Ya no vivan de rodillas!”, les gritaba frenética mientras blandía el rifle que llevaba en la diestra. Cesó su entusiasmo cuando en su vestido apareció un rosetón rojo. Asustada, tocándose el orificio del hombro por donde brotaba la sangre que produjo aquella creciente mancha, miró a su alrededor y entre los cadáveres pudo distinguir a sus hermanos Máximo y Aquiles, este último soportando el cuerpo inerte de un hombre llamado Francisco I. Madero.

La resurrección
Luis Cabrera entró a la casa buscando a la señora Alatriste cuya estatura y cabellera negra resaltaban de entre las decenas de amigos y familiares que la acompañaban.
—Doña María, ¿dónde está su hija? —preguntó con la angustia reflejada en su rostro pálido.
—En la recámara contigua. Ella duerme. Estoy esperando que despierte.
—Pero es que…
—No es cierto, Luis. Cálmese. El médico se equivocó. Es un chambón. Ella sigue con vida. Venga vamos a verla. Antes de que usted llegara percibí que movía su dedo meñique —le confió bajando la voz a manera de confidencia.
Carmen Alatriste tomó de la mano al joven abogado para conducirlo a la habitación donde reposaba la hermosa jovencita. Antes de llegar a la cama, Cabrera soltó la mano de la señora desviándose hacia el mueble donde había visto un pequeño espejo que parecía estar esperándolo. Enseguida, sin dar explicaciones, lo colocó cerca de la nariz de Carmen, como lo había hecho el médico que la declaró muerta. Esperó hasta percatarse de la leve sombra reflejada en el vidrio azogado.
—Tiene usted razón señora, su hija está viva —dijo Luis a la madre de su amiga—: Debe ser un ataque de catalepsia[1] —concluyó sin poder ocultar su expresión de felicidad.
En ese momento, como si lo hubiera escuchado, Carmen abrió los ojos; miró el rostro de su amigo y le dijo: —Tuve una horrible pesadilla.
—Nosotros también —condescendió Cabrera impresionado por la mirada profunda de la joven—. El suyo fue un mal sueño que para nuestra felicidad ya terminó…
—Gracias Luis, pero lo que yo soñé apenas empieza y no acabará hasta que…
—Ya no diga nada —la interrumpió Cabrera para no escuchar lo que parecía un presagio fatal. Supuso que ambos, tal vez, un día de tantos podrían encontrarse en alguno de los espacios que el destino reserva al amor—. Descanse porque le espera un futuro glorioso —le dijo.
—Ojalá que esa gloria a que se refiere no sea tan sangrienta como la de mi pesadilla —insistió ella dándole a su cara la expresión de la pesadumbre que acompaña al mal augurio.
Luis Cabrera ya no quiso hablar. Intuyó que Carmen Serdán tenía un destino distinto al suyo. Lo lamentó. En ese instante su cerebro registró las escenas fugaces que la inteligencia de la heroína acababa de transformar en energía. “Quizá esté impresionado con las lecturas de Poe”, se dijo a sí mismo con la intención de desechar esa experiencia déjà vu.

El presentimiento
Años más tarde, ya muertos Aquiles y Máximo Serdán en la refriega de noviembre de 1910, Luis Cabrera recordó el sueño-pesadilla de Carmen Serdán. No había podido quitarse de la mente el impacto que lo marcó con el sello de los hermanos Serdán, víctimas de la corrupción política del porfiriato. Con esas imágenes rebotándole en la cabeza, Cabrera Lobato escribió a Francisco I. Madero:

Todos hemos sentido las consecuencias de la Revolución; pero nos hemos resignado a sufrirlas en la esperanza de que trajera consigo algunos bienes en medio de tantos males. Usted, señor Madero, tiene contraída una inmensa responsabilidad ante la Historia, no tanto por haber desencadenado las fuerzas sociales, cuanto porque al hacerlo, ha asumido usted implícitamente la obligación de restablecer la paz, y el compromiso de que se realicen las aspiraciones que motivaron la guerra, para que el sacrificio de la Patria no resulte estéril…
En otros términos, y para hablar sin metáforas: usted que ha provocado la Revolución, tiene el deber de apagarla; pero guay de usted si asustado por la sangre derramada, o ablandado por los ruegos de parientes y amigos, o envuelto por la astuta dulzura del Príncipe de la Paz, o amenazado por el yanqui, deja infructuosos los sacrificios hechos. El país seguiría sufriendo de los mismos males, quedaría expuesto a crisis cada vez más agudas, y una vez en el camino de las revoluciones que usted le ha enseñado, querría levantarse en armas para la conquista de cada una de las libertades que dejara pendientes de alcanzar…

No lo dijo Cabrera, pero en las entrelíneas de su carta sugirió que el destino de Madero podría ser el mismo que el de Aquiles y Máximo.

Como si fuese un manantial, la sangre que había soñado Carmen Serdán siguió manando de otros cuerpos hasta fecundar el territorio nacional: produjo muchos rosetones; hubo cientos de miles de ellos cuyos brillos bañaron de rojo el cielo mexicano.

Carmen y Luis —ambos enamorados de las ideas sociales— habían sido escogidos por el destino para no formar parte de la estadística necrológica de la Revolución. Gracias a ese designio los dos siguieron manifestando sus conceptos “subversivos”, en muchos casos valiéndose de sus propios seudónimos: Marcos Serrato ella; y Blas Urrea, él.

La familia Serdán empezaba así el trayecto hacia el destino que les trazó su padre Manuel Serdán: promover la democracia aun cuando se enfrentaran al poder que Porfirio Díaz usaría para gobernar durante tres décadas, primero como una esperanza de progreso y después, como lo dijo el poeta Ramón López Velarde, como el “edén subvertido”...

*Tomado de mi libro Confidencias del poder

[1]Alatriste, Sealtiel, artículo en el periódico Reforma. Año 2000.


BORGES Y SABATO SOBRE LAS NOTICIAS:

Borges: -Esas reuniones… Recuerdo que podíamos estar toda la noche hablando sobre literatura o filosofía. Era un mundo diferente. Ahora, me dicen, se habla mucho de política. Pero a la gente le interesan los políticos. La política abstracta no. Nuestras preocupaciones eran otras…

Sabato: -Yo más bien diría que en aquellos encuentros hablábamos de nuestra pasión: la literatura, la vida… Pero no porque no nos preocupara la política; a mí, al menos.

B.: -Es que no se hacía ninguna referencia a los diarios, a las noticias cotidianas, fugaces…

S.: -Sí. Tocábamos temas permanentes. La noticia cotidiana se la lleva el viento. Lo más nuevo que hay es el diario, y es lo más viejo al día siguiente.

B.: -Claro, eso está escrito para ser olvidado. Nadie piensa que deba recordarse lo que está escrito en un diario. Ellos mismos se encargan de borrarlo al día siguiente. Eso no puede ser muy importante, ¿no? Un diario, digo, se escribe para el olvido, deliberadamente para el olvido.

S.: -Dígame si no sería mejor publicar un diario cada año, cada siglo tal vez. Quiero decir: cuando sucede algo verdaderamente importante, nuevo. ¿Cómo se puede pensar que haya hechos trascendentes todos los días?

B.: -Es que no se sabe de antemano cuáles son. La crucifixión de Cristo fue importante después, no cuando ocurrió.

S.: -Imaginemos un título a toda página: "EL SEÑOR CRISTOBAL COLON ACABA DE DESCUBRIR AMERICA".

B.: -Como yo nunca he leído un diario, siguiendo el consejo de Emerson…

S.: -¿Quién? Ah… Emerson. Yo casi no los leo. Apenas cuando considero que algo es importante. 

(...)

Fuente: Mistoria

viernes, 7 de julio de 2023

 La historia comienza cuando la división de la General Motors que fabrica los autos Pontiac recibió una curiosa reclamación de un cliente: “Esta es la segunda vez que les envío una carta y no los culpo por no responder. Puedo parecerles un loco, pero el hecho es que tenemos una tradición en nuestra familia que consiste en comer helado después de cenar. Repetimos este hábito todas las noches, variando apenas el sabor del helado, y yo soy el encargado de ir a traerlo. “Recientemente compré un nuevo Pontiac y desde entonces las idas a la heladería se han transformado en todo un problema: siempre que compro helado de vainilla y me dispongo a regresar a casa, el carro no funciona. Si compro de cualquier otro sabor, el carro funciona normalmente. Pensarán que estoy realmente loco y no importa qué tan tonta pueda parecer mi reclamación, el hecho es que estoy muy molesto con mi Pontiac modelo 99”. La carta generó tanta gracia entre el personal de Pontiac que el presidente de la compañía acabó recibiendo una copia. Decidió tomar en serio la reclamación y mandó a un ingeniero a entrevistarse con el cliente. Para cerciorarse del problema, fueron juntos a la heladería en el Pontiac. El ingeniero sugirió comprar helado de vainilla, para verificar la reclamación, y efectivamente el automóvil no funcionó. Otro empleado de la General Motors volvió en los días siguientes, a la misma hora, hizo el mismo trayecto y sólo varió el sabor del helado. El auto funcionó normalmente. El problema se convirtió en una obsesión para el ingeniero, que comenzó a hacer “experimentos” todos los días, anotando cada detalle. Después de dos semanas llegó al primer gran descubrimiento: cuando el cliente escogía helado de vainilla, gastaba menos tiempo en su compra porque ese helado estaba muy cerca del mostrador. Examinando el vehículo, el ingeniero hizo un nuevo descubrimiento: como el tiempo de compra era mucho menor en el caso del helado de vainilla, el motor no alcanzaba a enfriarse. Por eso los vapores del combustible no se disipaban, impidiendo que el arranque del motor fuese instantáneo. A partir de ese episodio, la General Motors cambió el sistema de alimentación de combustible del Pontiac e introdujo una modificación en todos los modelos. El autor de la reclamación obtuvo un auto nuevo, y además el arreglo del que no funcionaba cuando iba a comprar helado de vainilla. La General Motors distribuyó un comunicado interno, exigiendo a sus empleados que tomen en serio todas las reclamaciones, incluso las más extrañas: puede ser que “una gran innovación esté detrás de un helado de vainilla”.


 

jueves, 6 de julio de 2023

Nuccio Ordine

 


Basta con leer la conmovedora carta que Albert Camus dirige a su maestro de Argel, Louis Germain, para entender de qué modo un magnífico y apasionado docente cambió la vida de un estudiante nacido en el seno de una familia paupérrima. Tras llegarle la noticia de la concesión del premio Nobel de literatura, Camus siente la necesidad de dar las gracias a su madre con un afectuoso telegrama, y a continuación, el 19 de noviembre de 1957, a quien había hecho posible su formación escolar. Sin padre (muerto en la guerra), el pequeño Albert se había criado gracias al sacrificio de su madre (casi sorda y analfabeta) y de su abuela. Y precisamente contra la opinión de esta última, que empujaba al nieto a encontrar de inmediato un trabajo con el que ganarse la vida, Germain lo preparó gratuitamente para que pudiera optar a una beca en el liceo Bugeaud de Argel. Camus tenía apenas once años. Treinta y tres años más tarde, al recibir el más prestigioso reconocimiento destinado a un literato, siente el apremio de expresar todo su afecto al educador que le había ofrecido la oportunidad de llegar a ser lo que era:

 Querido señor Germain:

 Esperé a que se apagara un poco el ruido que me ha rodeado todos estos días antes de hablarle de todo corazón. He recibido un honor demasiado grande, que no he buscado ni pedido. Pero cuando supe la noticia, pensé primero en mi madre y después en usted. Sin usted, sin la mano afectuosa que tendió al niño pobre que era yo, sin su enseñanza y su ejemplo, no hubiese sucedido nada de todo esto. No es que dé demasiada importancia a un honor de este tipo. Pero ofrece por lo menos la oportunidad de decirle lo que usted ha sido y sigue siendo para mí, y de corroborarle que sus esfuerzos, su trabajo y el corazón generoso que usted puso en ello continúan siempre vivos en uno de sus pequeños escolares, que, pese a los años, no ha dejado de ser su alumno agradecido. Lo abrazo con todas mis fuerzas.

 Muy poco después, el 10 de diciembre, Camus dedica al mismo Germain el discurso pronunciado en la ceremonia de Estocolmo, en el que afirma con la máxima claridad que la misión principal de un escritor debe ser hablar por cuenta de quienes, sufriendo en silencio, no pueden hacerlo. Emocionado, el docente reconstruye, a su vez, la antigua relación con su «simpático hombrecito» en una carta datada el 30 de abril de 1959:

 Mi pequeño Albert:

 He recibido, enviado por ti, el libro Camus , que ha tenido a bien dedicarme su autor, el señor J. Cl. Brisville.

 Soy incapaz de expresar la alegría que me has dado con la gentileza de tu gesto, y no sé cómo agradecértelo. Si fuera posible, abrazaría muy fuerte al mocetón en que te has convertido y que seguirá siendo siempre para mí «mi pequeño Camus».


Konstantino Kavafis



Cuando emprendas tu viaje a Itaca
pide que el camino sea largo,
lleno de aventuras, lleno de experiencias.
No temas a los lestrigones ni a los cíclopes
ni al colérico Poseidón,
seres tales jamás hallarás en tu camino,
si tu pensar es elevado, si selecta
es la emoción que toca tu espíritu y tu cuerpo.
Ni a los lestrigones ni a los cíclopes
ni al salvaje Poseidón encontrarás,
si no los llevas dentro de tu alma,
si no los yergue tu alma ante ti.

 

Pide que el camino sea largo.
Que muchas sean las mañanas de verano
en que llegues -¡con qué placer y alegría!-
a puertos nunca vistos antes.
Detente en los emporios de Fenicia
y hazte con hermosas mercancías,
nácar y coral, ámbar y ébano
y toda suerte de perfumes sensuales,
cuantos más abundantes perfumes sensuales puedas.
Ve a muchas ciudades egipcias
a aprender, a aprender de sus sabios.

 

Ten siempre a Itaca en tu mente.
Llegar allí es tu destino.
Mas no apresures nunca el viaje.
Mejor que dure muchos años
y atracar, viejo ya, en la isla,
enriquecido de cuanto ganaste en el camino
sin aguantar a que Itaca te enriquezca.

 

Itaca te brindó tan hermoso viaje.
Sin ella no habrías emprendido el camino.
Pero no tiene ya nada que darte.

 

Aunque la halles pobre, Itaca no te ha engañado.
Así, sabio como te has vuelto, con tanta experiencia,
entenderás ya qué significan las Itacas.

 


miércoles, 5 de julio de 2023

Mario Alonso Puig

Yo creo que los seres humanos tropezamos cien veces sobre la misma piedra por falta de humildad. La humildad es, para mí, la virtud más grande que existe porque es para una persona, probablemente, de vivir plenamente, que no es la modestia, no es el ser una persona así apocada, es la humildad de corazón. Cuando una persona es realmente humilde, y no lo digo por mí, porque desafortunadamente no lo soy, pero sí por personas con las que he estado, grandísimos seres humanos con una humildad aplastante, son personas que tienen mentalidad de principiante, es decir, puede ser un Premio Nobel y te está escuchando como si fuera un alumno tuyo, ¿pero yo que le puedo enseñar a este hombre? Pero está plenamente ahí. Cuando comete un error, lo que más le interesa no es buscar culpables, ni en él, ni en ella, ni en los demás, sino averiguar qué es lo que ha pasado. Es una mentalidad mucho más científica, interesada, curiosa, que una mentalidad enjuiciadora, porque creo que cuando una persona es humilde y tropieza con una piedra, está dispuesta a reconocer que ha tropezado con una piedra y no a intentar ocultarse ante sí misma o ante los demás que ha sucedido. Porque creo que cuando una persona es humilde y tropieza con una piedra, se deja asesorar, pregunta, escucha, pide ayuda y se deja ayudar. Creo que nuestra soberbia nos mata literalmente. No queremos aceptar las cosas como son, queremos que sean a nuestra medida, queremos que la vida se pliegue a nuestros deseos, por eso no fluimos con la vida. Cuando aparece algo que no nos gusta, nos preguntamos por qué, en lugar de para qué, y todo eso creo que es lo que hace que nos cueste aprender. Si yo lo llevara a una metáfora, creo que la vida se vive en plenitud cuando el que pilota el coche es la conciencia y en el copiloto va el ego, pero cuando el ego es el que pilota, te puedes tropezar cien, mil, cien mil y nunca aprenderá.

 Un maestro de construcción ya entrado en años estaba listo para retirarse a disfrutar su pensión de jubilación. Le contó a su jefe acerca de sus planes de dejar el trabajo para llevar una vida más placentera con su esposa y su familia. Iba a extrañar su salario mensual, pero necesitaba retirarse; ya se las arreglarían de alguna manera. El jefe se dio cuenta de que era inevitable que su buen empleado dejara la compañía y le pidió, como favor personal, que hiciera el último esfuerzo: construir una casa más. El hombre accedió y comenzó su trabajo, pero se veía a las claras que no estaba poniendo el corazón en lo que hacía. Utilizaba materiales de inferior calidad, y su trabajo, lo mismo que el de sus ayudantes, era deficiente. Era una infortunada manera de poner punto final a su carrera. Cuando el albañil terminó el trabajo, el jefe fue a inspeccionar la casa y le extendió las llaves de la puerta principal. “Esta es tu casa, querido amigo —dijo—. Es un regalo para ti”. Si el albañil hubiera sabido que estaba construyendo su propia casa, seguramente la hubiera hecho totalmente diferente. ¡Ahora tendría que vivir en la casa imperfecta que había construido!

martes, 4 de julio de 2023

Alvaro Neil

 Yo estaba en el desierto de Sudán y me había quedado sin agua. Y les pregunté a unos chicos que estaban por ahí si había agua. No en su lengua, porque no la hablaba, pero… Estaba muerto de sed. Y me llevaron al desierto, hicieron un pozo y había agua. Y me dieron agua. Y cuando quise pagarles, se rieron. Porque ellos debieron pensar: «¿Cuánto te podemos cobrar a ti por un litro de agua en el desierto? ¡Millones!». Porque el valor de las cosas no lo da el mercado, lo da vuestra necesidad. Esa botella de agua en el supermercado vale 0,80, pero en el desierto, a 49 grados… Hubiera pagado mucho dinero. Mucho dinero que estuve a punto de perder. Una vez yo tenía un bote de plástico con 500 euros dentro, guardados, escondidos, con una especia alrededor que olía muy mal. Si alguien abría mis alforjas para robarme y abría el bote, lo iba a dejar porque olía mal, pero dentro estaban los 500 euros. Qué listo, ¿eh? Pero no me di cuenta que un día, cocinando, había hecho un fuego y huelo a plástico quemado. Digo: «¡No! ¡El bote! ¡Estoy quemando 500 euros!». Lo vi, le di una patada, lo salvé y digo…
Decía un escritor: «El dinero solo es dinero cuando se gasta». No os obsesionéis con el dinero. A lo mejor lo más importante en la vida no vale dinero. Puede que sea vuestra familia, vuestros amigos, un abrazo… El sol por la mañana no vale dinero. Lo más importante de la vida no vale dinero. Vale atención, vale que le deis las gracias, como hemos hecho al principio, de respirar y de estar aquí. Ahora sí ha llegado vuestra alma. Lo veo y me alegro.
La gente piensa que yo estaba loco. He terminado la vuelta al mundo, he vuelto a mi ciudad para ver a mis amigos y decirles: «¿Os acordáis de aquel que dijo que iba a dar la vuelta al mundo? Aquí está. He estado 13 años. ¿Y vosotros qué habéis hecho en 13 años?». En 13 años han pasado muchas cosas. Alguno se separó, otro está feliz con su mujer. Yo he dado la vuelta al mundo. No creo que sea una locura perseguir tus sueños. La locura es irte a la tumba sin vivir tus sueños. El cementerio está lleno de soñadores, de gente que quería, pero… Id a por vuestro sueño. No importa que os digan que es una locura. Si tú crees en ti, nada ni nadie podrá detenerte.

 «Qué pensamiento tan pequeño puede llenar toda una vida», escribió el filósofo Ludwig Wittgenstein. Y la vida de Mendel parecía estar, efectivamente, llena de pensamientos muy pequeños. Sembrar, polinizar, florecer, arrancar, desvainar, contar, repetir. El proceso era sumamente tedioso, pero Mendel sabía que los pequeños pensamientos a menudo florecen en grandes principios. Si la inmensa revolución científica que se había extendido por Europa en el siglo XVIII había tenido un legado, era este: las leyes que rigen en la naturaleza son uniformes y universales. La fuerza que movió la manzana de Newton de la rama a su cabeza era la misma que guiaba a los planetas en sus órbitas celestes. Si también la herencia obedecía a una ley natural, era probable que esa ley determinara la reproducción tanto de los guisantes como de los humanos. El jardín de Mendel era pequeño, pero él no confundió su tamaño con el de su ambición científica.




lunes, 3 de julio de 2023

Ousman Umar

En «NASCO: Feeding Minds», tal como indica su nombre, fomentamos la educación, la formación y la información en el origen del problema. Después de todo lo que he vivido me di cuenta que la falta de formación y de información es el cáncer del primer mundo, de nuestra sociedad actual. Nunca en la historia de la humanidad habíamos tenido acceso a la información como hoy. ¿Por qué tantas personas siguen muriendo por falta de formación y de información? NASCO se fundó en el año 2012 después del fracaso de conseguir apoyo del ministro de Educación ghanés. Yo diseñé el proyecto. Fui a picar puertas, obviamente allí en Ghana, y costó mucho llegar a hablar con el ministro Educación. Me dijo que no tenía doce mil euros, que es lo que costaba comprar cuarenta y cinco ordenadores, dos profesores, mesas y poner en marcha la prueba piloto de «NASCO: Feeding Minds». No tenía ese dinero el ministro, pero me hizo un gran favor porque gracias a su negatividad me di cuenta que yo soy el ministro de Educación de Ghana. Soy el presidente del mundo. Soy el secretario general de la ONU, igual que tú. Somos los presidentes de nuestro mundo.
Nadie va a venir a solucionar problemas para ti, solo depende de nosotros. Y si soy el ministro de Educación de Ghana, es mi responsabilidad que hayan ordenadores en, al menos, una escuela. Así que al volver… trabajaba como mecánico y tenía ocho mil euros en la cuenta, pero no llegaba. Les pedí a dos amigos que me prestaran dinero. Fui a Ghana, compré cuarenta y cinco ordenadores, contraté a dos profesores, compré los muebles que hacían falta y pusimos en marcha el aula informática en 2012. El 12 de septiembre de 2012 abrimos las puertas de esta aula informática. Al volver a España me di cuenta de que una cosa es sentirse millonario y otra es ser millonario. Yo me siento millonario, sin duda, no tengo límites. Pero claro, no soy millonario, hay que sea realista. Así que puedo comprar ordenadores para una escuela, pero no podré seguir comprando para todas. Incluso los primeros sueldos de los profesores, los pagaba de mi sueldo. Empecé a hablar con empresas y me di cuenta de que cada cuatro años las empresas cambian sus equipos informáticos. Les pido que me cedan este material informático. Nos dan un apoyo económico para que podamos enviar este material hasta allí y montamos proyectos sociales para o en nombre de las empresas.

Gary Cox

 Algunas personas viven casi constantemente atormentadas por su miedo a la muerte, y algunas incluso están preparadas para hablar al respecto. Samuel Johnson admitió tener un miedo terrible a su propia muerte, a su propia agonía, mientras que Thomas de Quincey, en Confesiones de un inglés comedor de opio, cuenta cómo incluso los días de verano más espléndidos y animados le inducían el pensamiento de la muerte. «La prodigalidad exuberante y desenfrenada de la vida, como es natural, impone con mayor fuerza a la conciencia la idea antagónica de la muerte y la esterilidad invernal de la tumba» (Confesiones de un inglés comedor de opio, págs. 133-134). La novela de Philip Roth Elegía es el relato inquietantemente objetivo acerca de un hombre anciano que afronta la irremediable debilidad de su salud y la cruda realidad de que solo puede esperar el olvido. La preocupación de Lev Tolstói por la muerte y el sentido de la mortalidad queda reflejada en su gran novela Anna Karénina, especialmente en los pensamientos y miedos de Liovin, un personaje íntimamente inspirado en el propio Tolstói. Liovin está presente en el lecho de muerte de su hermano Nikolái. Tolstói describe la muerte lenta y agónica de Nikolái con un escalofriante detalle existencial. Es una de las escenas más conmovedoras y desconcertantes de la literatura, a pesar de ser un relato brutalmente sincero de una agonía corriente y cotidiana.

Los padecimientos, cada vez más intensos, iban teniendo sus consecuencias y preparándole para la muerte. No había postura en que el dolor no le agobiara, no había instante en que se olvidara del dolor, no había parte o miembro de su cuerpo que no le doliera y torturara. Los recuerdos, las impresiones, los pensamientos de ese cuerpo despertaban en él la misma hostilidad que el cuerpo mismo. Ver a otras personas, oírlas, incluso sus mismos recuerdos, todo era para él motivo de tormento. Los que le rodeaban así lo sentían y, sin proponérselo, renunciaban a moverse libremente, a hablar, o a expresar sus deseos ante él. Toda la vida del moribundo se reducía a una sensación de dolor y al deseo de librarse de ella. (Anna Karénina, pág. 695)

El desgarrador relato de Tolstói sobre la muerte de Nikolái es especialmente aterrador para cualquier lector que vea en él un posible relato de su propia muerte. Cuesta imaginar que un lector pueda evitar pensar: «Si no muero de repente en un accidente, así es más o menos como serán mis últimos días y horas. Alcanzaré un nivel de sufrimiento físico y mental mucho más intenso que cualquier enfermedad o resaca que haya experimentado nunca. Tan solo los niños, en su ingenuidad y confusión juvenil, temen estar muertos. Lo que yo temo es el terrible proceso de morir. Tener que esforzarme tanto en alcanzar el olvido cuando me siento tan mal». Pero también hay muchas personas que no ven en el relato de Tolstói más que la muerte de Nikolái, y no la suya propia

domingo, 2 de julio de 2023

Ra l p h W a l d o Em e r so n


 

En toda obra genial reconocemos nuestros propios pensamientos rechazados. 

Terry Eagleton



 Marx tenía una fe apasionada en el individuo y grandes recelos ante los dogmas abstractos. No le interesaba el concepto de la sociedad perfecta, desconfiaba de la noción de igualdad y no soñaba precisamente con un futuro en el que todos y todas vistiéramos monos de trabajo con nuestro número de carné de identidad estampado en la espalda. Lo que él aspiraba a fomentar era la diversidad, no la uniformidad. Entre sus enseñanzas tampoco figuraba que los hombres y las mujeres fuesen juguetes impotentes en manos de la historia. Era más hostil hacia el Estado que los conservadores de derecha y concebía el socialismo como una profundización de la democracia, y no como un enemigo de esta. Su modelo de vida buena estaba basado en la idea de la autoexpresión artística. Creía que algunas revoluciones podían triunfar de forma pacífica y no se oponía en modo alguno a la reforma social. Tampoco circunscribió estrechamente su atención a la clase obrera manual, ni entendió la sociedad en términos de dos clases totalmente polarizadas. No convirtió la producción material en un fetiche. Antes al contrario, creyó que debía prescindirse de ella en la medida de lo posible. Su ideal era el tiempo libre, no el trabajo. Si prestó una atención tan constante a lo económico fue precisamente con el propósito de disminuir el poder de ese ámbito sobre el conjunto de la humanidad. Su materialismo era perfectamente compatible con las convicciones morales y espirituales profundas. No escatimó elogios hacia la clase media; para él, el socialismo era heredero de los grandes legados de aquella: la libertad, los derechos civiles y la prosperidad material. Sus opiniones sobre la naturaleza y sobre el medio ambiente estaban, en su mayor parte, asombrosamente avanzadas a su tiempo. No ha habido más acérrimo adalid de la emancipación de las mujeres, la paz mundial, la lucha contra el fascismo o la libertad anticolonial que el movimiento político alumbrado por su obra. ¿Ha habido alguna vez un pensador más caricaturizado?

viernes, 30 de junio de 2023

Antonio Gramsci



ODIO a los indiferentes. Creo, como Friedrich Hebbel, que «vivir significa tomar partido». No pueden existir quienes sean solamente hombres, extraños a la ciudad. Quien realmente vive no puede no ser ciudadano, no tomar partido. La indiferencia es apatía, es parasitismo, es cobardía, no es vida. Por eso odio a los indiferentes. La indiferencia es el peso muerto de la historia. Es la bola de plomo para el innovador, es la materia inerte en la que a menudo se ahogan los entusiasmos más brillantes, es el pantano que rodea a la vieja ciudad y la defiende mejor que la muralla más sólida, mejor que las corazas de sus guerreros, que se traga a los asaltantes en su remolino de lodo, y los diezma y los amilana, y en ocasiones los hace desistir de cualquier empresa heroica. La indiferencia opera con fuerza en la historia. Opera pasivamente, pero opera. Es la fatalidad, aquello con lo que no se puede contar, lo que altera los programas, lo que trastorna los planes mejor elaborados, es la materia bruta que se rebela contra la inteligencia y la estrangula. Lo que sucede, el mal que se abate sobre todos, el posible bien que un acto heroico (de valor universal) puede generar no es tanto debido a la iniciativa de los pocos que trabajan como a la indiferencia, al absentismo de los muchos. Lo que ocurre no ocurre tanto porque algunas personas quieren que eso ocurra, sino porque la masa de los hombres abdica de su voluntad, deja hacer, deja que se aten los nudos que luego sólo la espada puede cortar, deja promulgar leyes que después sólo la revuelta podrá derogar, deja subir al poder a los hombres que luego sólo un motín podrá derrocar.

Ángela Becerra

"Dejaron de mirarse con el alma y comenzaron a verse con los ojos. Se empezaron a descubrir las pequeñas arrugas de los comportamientos indebidos". 

 El primer paso hacia la conciencia es prestarle mucha atención a tu cuerpo. Poco a poco, uno se va poniendo en estado de alerta ante cada gesto y cada movimiento. Ya medida que te vas haciendo consciente, empieza a ocurrir un milagro: dejas de hacer muchas cosas que antes hacías. Tu cuerpo se encuentra más relajado, tu cuerpo está más entonado, una profunda paz empieza a prevalecer incluso en tu cuerpo, una música sutil vibra en tu cuerpo. Después, empiezas a hacerte consciente de tus pensamientos; hay que hacer lo mismo con los pensamientos. Son más sutiles que el cuerpo y por supuesto, también más peligrosos. Y cuando te hagas consciente de tus pensamientos, te sorprenderá lo que ocurre en tu interior. Si pones por escrito lo que está ocurriendo en cualquier momento, te llevarás una gran sorpresa. No te lo vas a creer «¿Esto es lo que está ocurriendo dentro de mí?» Sigue escribiendo durante solo diez minutos. Cierra las puertas con llave y cierra también las ventanas para que nadie pueda entrar, para que puedas ser completamente sincero y enciende el fuego para poder tirar al fuego lo que escribas; así nadie lo sabrá aparte de ti. Y después sé absolutamente sincero; ponte a escribir lo que esta pasando dentro de la mente. No lo interpretes, no lo alteres, no lo edites. Limítate a ponerlo en el papel sin adornos, tal como es, exactamente como es. Y al cabo de 10 minutos, léelo. ¡Verás una mente loca por dentro! No somos conscientes de que esa locura fluye constantemente como una corriente subterránea. Afecta a todo lo que tiene importancia en tu vida. Afecta a cualquier cosa que hagas; afecta a todo lo que haces, afecta a todo. ¡Y suma de todo ello va a ser tu vida.! Así pues, este loco debe cambiar. Y el milagro de la conciencia es que no necesitas hacer nada, aparte de hacerte consciente. El fenómeno mismo de observarlo hace que cambie. poco a poco, el loco va desapareciendo. Poco a poco, los pensamientos empiezan a ajustarse a cierta pauta. Su caos desaparece, se van convirtiendo en algo más parecido a un cosmos. Y una vez más, una profunda paz lo domina todo. Y cuando tu cuerpo y tu mente estén en paz, verás que están sinfonizados uno con otro, que existe un puente. Ahora ya no corren en diferentes direcciones, ya no cabalgan en diferentes caballos. Por primera vez hay acuerdo, y ese acuerdo constituye una ayuda inmensa para trabajar tercer paso: hacerte consciente de tus sentimientos, emociones, estados humor. Esta es la capa más sutil y más difícil, pero si puedes ser consciente de los pensamientos solo tienes que dar un paso más. Se necesita una conciencia un poco más intensa para empezar a meditar sobre tus estados de humor, tus emociones, tus sentimientos. En cuanto eres consciente de estas tres cosas, todas se unen en un único fenómeno. Y cuando estas tres cosas sean una sola, funcionando perfectamente al unísono, canturreando juntas, cuando puedas sentir la música de las tres -se han convertido en una orquesta-, ocurre la cuarta. Lo que tú no puedes hacer ocurre por sí solo, es un regalo de la totalidad. Es una recompensa para los que han hecho estas tres cosas. Y la cuarta cosa es la conciencia definitiva que lo despierta a uno. Uno se hace consciente de la propia conciencia, esa es la cuarta cosa.- Eso te convierte en un buda, un ser despierto. Y solo en ese despertar llega uno a conocer lo que es la bienaventuranza. El cuerpo conoce el placer, la mente conoce la felicidad, el corazón conoce la alegría, la cuarta cosa conoce la bienaventuranza. La bienaventuranza es el objetivo, y la conciencia es el camino que lleva a ella.

jueves, 29 de junio de 2023

Aldous Huxley



 "La mayoría de los hombres y mujeres llevan vidas tan penosas, en el peor de los casos y tan monótonas, pobres y limitadas en el mejor, que el afán de escapar, el ansia de trascender de sí mismo, aunque solo sea por breves momentos, es y ha sido siempre uno de los principales apetitos del alma.."



Lou Marinoff

 BUSCADOR: ¿Qué es exactamente el Tao? GUÍA: No puede definirse. BUSCADOR: ¿Eso lo convierte en algo imaginario? GUÍA: No, pues reside más allá de la imaginación. BUSCADOR: ¿Qué cabe de decir de él, entonces? GUÍA: Es una llave maestra. Abre muchas puertas. BUSCADOR: ¿Qué clase de puertas? GUÍA: Todas las que son buenas. La puerta a la felicidad. La puerta a la comprensión. La puerta al éxito. La puerta al amor. La puerta a la comunión. La puerta a la plenitud. La puerta a la serenidad. La puerta a hacer de este mundo un lugar mejor en vez de un lugar peor. BUSCADOR: ¿Quién tiene esa llave maestra? GUÍA: Todo el mundo la tiene, pero casi nadie es consciente de ello. BUSCADOR: ¿Puedes hacerme más consciente? GUÍA: Puedo intentarlo. Quizá sea capaz de ayudarte a ver el Camino, o a oírlo, o a sentirlo, pero no tengo modo de verlo ni oírlo ni sentirlo por ti. Para ser más consciente, debes abrir tu ojo interior, tu oído interior, todos tus sentidos interiores. Tal vez pueda ayudarte a abrirlos, pero no los puedo abrir por ti.

miércoles, 28 de junio de 2023

Existe un chiste que cuenta que dos hombres estaban en el bosque tomando un picnic. Estaban muy relajados, riendo, cantando, contando anécdotas. Se descalzaron, se estiraron en el suelo... De pronto escucharon un ruido. Un enorme oso se acercaba hacia ellos. El primero salió corriendo de inmediato, descalzo, desplazándose con dificultad. El otro se sentó se colocó los zapatillas mientras el otro le gritaba: "corre desgraciado" ahí viene el oso. Su compañero le miró y le contestó: "no necesito correr más rápido que el oso, tan sólo necesito correr más rápido que tú".

Bukowski


 

Una y otra vez, a lo largo de los años, como asesor filosófico en Nueva York, he atendido a clientes que tenían éxito en lo material pero que no eran felices en lo personal. Estos clientes eran hombres y mujeres profesionales. Entre ellos había abogados, analistas financieros o trabajadores del sector sanitario. Todos tenían profesiones bien remuneradas y, sin embargo, vivían estresados e infelices, atrapados en la vasta red urbana del gran Nueva York. ¿Qué buscaban al consultar con un filósofo? Ante todo, afirmación. Estos clientes estaban a punto de efectuar un cambio de vida de mucho calado, al borde de renunciar a agresivos estilos de vida urbanos a cambio de relajados estilos de vida rurales; en el umbral de convertirse en floristas, paisajistas o médicos de medicina holística. Acudían a un filósofo para explorar las virtudes de la transformación que tenían intención de emprender, para deliberar sus pros y contras y para averiguar si yo (como algunos de sus familiares y amigos) pensaba que estaban locos por plantearse algo semejante. Las más de las veces se llevaron una sorpresa agradable cuando les dije que a mí me parecían bastante cuerdos. La única parte de locura era la cantidad de tiempo que habían tardado en alcanzar aquella fase. Muchos de estos clientes se pusieron después en contacto conmigo para confirmar que su vida había cambiado enormemente y, además, para mejor. Los seres humanos somos criaturas tan adaptables que podemos acostumbrarnos a casi todo, incluso a estilos de vida estresantes, para luego cometer la equivocación de pensar que llevamos una vida normal.

martes, 27 de junio de 2023

Pita Amor

Filológicas on Twitter: "#UnDíaComoHoy del 2000 muere Guadalupe ...
Sus poemarios sorprenderían al mundo literario. El primero se tituló Yo soy mi casa y fue publicado en 1946 con un corto tiraje por la editorial Alcancía, de los historiadores Edmundo O’Gorman y Justino Fernández. Ellos publicaron también su siguiente libro, Puerta obstinada (1947), al que siguió Círculo de angustia (1948). Estas obras le alcanzaron para ser considerada poeta, aunque algunos no creyeron que ella escribiera tales versos y atribuyeron su autoría a Alfonso Reyes, quien replicó: “Nada de comparaciones odiosas: aquí se trata de un caso mitológico”.

Pita entonces se creyó con derecho a todo y que nadie podía rechazarla, aunque el propio O’Gorman la corrió de una fiesta en la que pretendía opacar a la diva María Félix. En 1953 llegaron sus Décimas a Dios, su poemario más celebrado. Era su época de esplendor, cuando podía declamar: “Shakespeare me llamó genial/ […] García Lorca, la grandiosa/ y yo me llamé la Diosa”; cuando se unía “mi belleza a mi genio” y los artistas se placían en retratarla desnuda, de Diego Rivera a Juan Soriano, de Raúl Anguiano a Cordelia Urueta.

Idea Vilariño

Estoy aquí en el mundo, en un lugar del mundo esperando,...
Escribo
pienso
leo
traduzco veinte páginas
oigo el informativo
escribo
escribo
leo.
Dónde estás
dónde estás.

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